Diosas de la mujer madura (las mías)



Viernes 4 de julio, 2014

De repente de das cuenta de que te estás quedando sola, de que aquellas personas que estaban al loro de lo que decías, que enseguida compartían, que tenían el dedo fácil para el “me gusta”… hace tiempo que no aparecen, que no se pronuncian. Y piensas qué habrá sido de fulanita, o por donde andará menganita. Aquellas que estaban prontas a comentar, ahora han hecho mutis y por el foro. Cierto es que otras llegan y, en cada caso, se vuelve a comenzar un ciclo de “relaciones” en la red que cubren unos fugaces momentos de expansión.

Ando releyendo el libro de Shinoda Bolen “Las diosas de la mujer madura” y cada vez que lo hago, encuentro nuevas explicaciones a esta furia que bulle en mi interior, a esta necesidad de ir con la verdad, con “mi” verdad. Y descubro que andar diciendo ciertas cosas, incomoda y lo mejor es hacer como que no pasa nada y desaparecer. El otro día, en la consulta del médico leía: “En la tercera etapa de su vida se enfada con todo lo que ve y la sobrepasa como persona. Dirigirá su rabia, por consiguiente, hacia la injusticia, la estupidez, el narcisismo, las adicciones, la negligencia y la crueldad que afectan a los más desfavorecidos, o bien hacia los males sociales a los que los políticos y las instituciones hacen caso omiso”  y he subrayado este texto, como otros muchos a lo largo de todo el libro.

También he marcado: “Buscar la verdad en lugar de seguir en la ignorancia o ampararse en la negación, o bien decir la verdad en lugar de permanecer en silencio, son decisiones críticas que hemos de tomar cuando nos encontramos en una encrucijada…”

“Las personas, en ocasiones, creen que no son capaces de afrontar la verdad y por ello se adaptan, a menudo evitándola y recurriendo a la racionalización, a la negación o las adicciones que nos hacen insensibles a ella. Únicamente cuando una mujer ha aprendido a través de la experiencia que puede afrontar la realidad, se convierte en una mujer sabia como Hécate…”  Y no digo que yo sea una mujer sabia, pero estas palabras también han merecido mi atención.

En fin, a la vista está que ando muy removida por ciertas cosas relacionadas con este sentir mío de Doula. Y esta situación me ha hecho conectar con la realidad de que a nadie le gusta oír aquello que no quiere escuchar.  Quizás por eso -más bien estoy segura de ello-  este libro ha vuelto a caer en mis manos y está desvelando muchas actitudes a las que no he sabido poner nombre. Actitudes mías que influyen en la manera de relacionarme con los demás, y de cómo los demás se relacionan conmigo…

“Una mujer con Metis es probable que descubra que la tercera etapa de su vida está plena de satisfacciones. No abriga ilusiones sobre sí misma ni sobre los demás, y no pierde de vista la realidad, sin mostrarse cínica o ingenua. Ha encontrado y valora una sabiduría femenina y maternal que le permite expresar la faceta emotiva y protectora de sí misma…”

Estoy devorando el libro, casi literalmente hablando. A cada página encuentro una señal, un mensaje en el que me veo, que parece estar escrito para mi… y me sonrío hasta cuando voy en el metro, con el libro abierto y el lápiz en la mano mientras subrayo: “Cuando una mujer decide entonar el grito de ¡ya está bien! descubre la fuerza interior y la responsabilidad que conlleva esta decisión. A partir de los cincuenta, las mujeres, individual y colectivamente, empiezan a darse cuenta de que los cambios hay que provocarlos, y que son ellas las que deben encargarse de hacerlo…” 

“A medida que envejecemos durante la tercera etapa de la vida, las preocupaciones de las mujeres a menudo trascienden el círculo de su familia inmediata y se traslada a una comunidad mayor, donde hay muchos más motivos por los cuales enfurecerse.  Si se tropiezan con los males de la incompetencia, la negligencia o el abuso de autoridad, pueden convertirse en la diosa Kali, blandir un cuchillo en la mano, y si hay suerte, la cabeza del malhechor o criminal, en la otra…”

He llegado a casa inmiscuida en esta información, que como he dicho, ya había leído y que, seguramente por no ser el momento apropiado, me había pasado desapercibida.  Y me he quedado ronroneando cual gato casero en las faldas de su dueña… hasta que he puesto la comida al fuego y me he venido rauda al ordenador.

Podría estar copiando algunos de los párrafos más que he señalado, pero no voy a copiar el libro entero. 

Si estás -o no- en esta tercera etapa, la de la mujer madura, y te apetece leerlo, hazlo. Pero tal vez se te escapen las cosas como a mí me ha pasado en anteriores ocasiones, tal vez porque suceden cuando es el momento, o como me dijo en una ocasión mi querida Estavidaloca, la preciosa brujilla de Vallecas “Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro”.  


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