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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Adiós verano. See you later, family!





Mi temperamento y mis características físicas me llevan a gozar más del verano que del invierno, a pesar de que en mi ciudad los veranos son muy húmedos y los inviernos no son demasiados fríos.


Aún así me siento mejor con el calorcito, con llevar poca ropa, con el sol y los baños de agua… y especialmente conviviendo con familia de otra forma mucho más intensa.



Tenemos la gran suerte de poder disfrutar de una vivienda familiar en un pueblecito cerca de la ciudad donde, a pesar de la poca distancia la mayor altura sobre el nivel del mar hace que la temperatura sea distinta, más seca, menos húmeda,  por lo que las noches son más frescas y se duerme mejor. 
Allí hemos pasado los veranos varias generaciones de mi familia por parte de madre, ya que esta casa la construyeron mis abuelos en 1957.

Es la casa familiar que también acoge a mis hermanas cuando vienen de visita con los suyos, a mis primxs que viven en otra Comunidad y que también aparecen de vez en cuando para pasar algunos días con nosotros, especialmente si está mi madre.

Los últimos veranos están resultando muy importantes. Este agosto de 2014, ha sido muy especial: ha nacido mi nieta Vera y ya por eso va a ser uno de los que van a quedarse en el pódium de los principales. Como en agosto de 2009 cuando nació mi otra nieta, Naia y en julio de 2010, cuando nació Adrián, mi segundo nieto varón.

Este año, a mediados del mes de julio ya estamos allí parte de la familia. Mi nuera Esther está muy embarazada y soporta mal el calor, así es que Marido y yo nos marchamos al pueblo con ella, con mi nieto Adrian y con su papi, mi hijo, quien está en plena actividad laboral debido a su ocupación de bombero forestal en el cuerpo de emergencias.

También mi madre permanece con nosotros unos días.

Al poco,  acude mi hija Laura con los niños, Ibai y Naia. Mi yerno Natxo también está trabajando, con lo cual son inevitables las idas y venidas a la ciudad.


La casa se convierte en un cuartel general… rápidamente se llena de juguetes por doquier, patinetes, muñecos, bicicletas, cocinitas, cochecitos, puzles, cromos, peonzas, pinturas, cuentos, piezas de construcción… amén de pelotas, gafas y demás cacharritos para jugar dentro de la piscina, todo de los niñxs. Pero también ando recogiendo camisetas, bañadores, gorras, chanclas... de los adultos.

No puedo evitar acordarme de mi padre cuando me decía que él lo tenía todo ordenado y cuando llegábamos nosotras con los niños la casa se convertía en un gallinero… ¡ja, ja, padre!  De nuevo te doy la razón,  la historia se repite. Es el ciclo de la vida…

Los niños se lo pasan en grande jugando con la tierra, haciendo hoyos en el huertecillo, utilizan mis utensilios de jardinería para plantar y  regar con la manguera quedando calados hasta los huesos…

Filomena la tortuga y Órnix la cobaya, comparten espacio, agua  y comida…

Inevitable pasar las primeras horas de la mañana recogiendo trastos del medio e intentando poner un mínimo de orden… al menos hasta que los niños estén levantados.

Aprovechamos el buen tiempo para hacer salidas familiares, para hacer excursiones pero especialmente para disfrutar de los niños y aunque siendo muy sincera, muchas noches termino agotada… son momentos que yo atesoro, que Marido vive intensamente, ya que los niños están en otro papel, en otro momento porque son ellos los auténticos protagonistas.



Los ratos en la piscina, las subidas al Penyagolosa, al Montrotón nuestro monte totémico que los chiquillos esperan ansiosos para subir con el yayo año tras año…

Las comidas familiares fuera de casa, los juegos en el campo, celebrar el cumpleaños de Naia en el jardín, con los primitos hijxs de las primas de mamá… generaciones tras generaciones…

El nacimiento de Vera que a poco que nos descuidamos tiene lugar en el jardín…  Y los primeros días de su vida, del puerperio de su madre vividos en tribu.




Momentos familiares, algunos mágicos, otros cansinos, unos de tensión y muchos de auténtico disfrute. Así hemos llegado hasta finales de agosto, donde el agotamiento comienza a hacer huella e inconsciente (o muy conscientemente) cada cual necesita volver a recogerse en su casa, en la unidad de su familia, en las características de sus rutinas... 


Septiembre se inicia y los niños comienzan sus escolarizaciones encantados.
Marido ocupa parte de su tiempo gozando mientras descarga las fotografías a nuevas carpetas en el ordenador, algunas de ellas pasándolas a papel para cambiar las de los portarretratos donde vemos cómo van creciendo los niños año tras año…  
Mis hijos e hijas retoman sus compromisos laborares.
Esther se dedica casi en exclusiva a vivir su posparto, amamantando a Vera y a atender la llamada de Adrián.



La Universidad también ha comenzado, Pau terminará este año su carrera y María continua con su doctorado.
Y así va trascurriendo el mes, yo voy reorganizando casa y armarios acompañando a la mami a sus médicos, atendiendo a nuevas llamadas y poniendo a punto mi agenda.



El otoño comienza en un par de días a pesar de las altas temperaturas que aún tenemos en Valencia.  Y como dice Marido, cuando menos nos demos cuenta estaremos en Navidad. Y otro años más. Con mucho vivido, con mucho compartido, con más aprendido, con más arrugas y algún kilo acumulado.

Pero recordando dar Gracias a la Vida porque tengo motivos para ello.


Y gracias a Marido por ser el reportero oficial de la familia y por sus magníficas fotografías, testimonios de valor incalculable.

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