Durante el tiempo que permanecí en una asociación de
apoyo a la lactancia, estuve acudiendo al Hospital General de mi ciudad como voluntaria para apoyar, en el inicio de su lactancia, a las madres que
querían amamantar.
Al llegar a la habitación, la mayoría de las
ocasiones me encontraba en la mesilla un biberón para darle al bebé aún
sabiendo que la madre quería lactar. Además de esta cuestión, injerencia absoluta en el establecimiento
de la lactancia materna, el tema era
que las madres se desesperaban al ver que sus bebés no se lo tomaban todo… y les
tenía que explicar, para tranquilizarlas, que el estómago del bebé era del
tamaño de una canica y que en el transcurso de los siguientes días iría aumentando,
por tanto era lógico que no se lo tomara todo porque NO le cabía, entre otras razones.
Este tema, además de la frecuencia de las tomas, el
dolor al amamantar, las posturas, el piel con piel… entre otras cosas, era
sobre lo que mayormente yo incidía.
Salía de allí con esta pregunta rondando mi mente: si
yo, como voluntaria, sin formación sanitaria, estudio y me reciclo, y tengo
conocimiento de estos mínimos ¿cómo el personal sanitario del hospital no lo
sabe? Y si lo sabe ¿por qué repite
siempre los mismos errores?
Mis sospechas se confirmaban al acudir a
formaciones y congresos: la asistencia de profesionales que trabajaban
directamente con recién nacidos era mínima, por no decir nula. Mayormente, quienes estábamos allí éramos asesoras voluntarias
en asociaciones, y madres, sin más.
Aquella época pasó y ahora mi tiempo y mis formaciones transcurren cara al
acompañamiento emocional. Sigo estudiando y me sigo formando en aquello que
considero de importancia para estar junto a la mujer que así lo quiera. Por
ello, el reciclaje y la adquisición de nuevos
conocimientos que escojo, vienen de fuentes con demostrada experiencia tanto
profesional como formativa y personal. Y
los temas en los que me interesa abundar para el acompañamiento emocional, son basados
en el estudio y la evidencia, principalmente. Tema aparte es en lo que, a
título personal, me interese.
Una de las cosas buenas que han sucedido a lo
largo de mi vida, que han sido muchas, ha sido el haberme formado como DOULA para ACOMPAÑAR a mujeres que así lo
deseen en su tránsito hacia la maternidad. Y otra elección muy reciente de
la que estoy disfrutando de forma consciente y emocionada, es haberme
introducido en la formación de Salud Mental Perinatal que organiza Terra Mater y
que coordinan y dirigen Isabel Fernández del Castillo e Ibone Olza.
Esta formación está estructurada en tres bloques y
va a transcurrir a lo largo de un año. Lo cierto es que solamente he asistido a
tres clases todavía y de forma presencial desplazándome a Madrid una vez al
mes… pero puedo decir que, desde el primer día, siento que ha sido una elección
acertada y de la que voy a sacar mucho, mucho provecho, tanto personal como
profesional.
Soy
consciente de que mi mundo no es la psicología perinatal porque no he estudiado
para ello, por tanto, ni puedo ni quiero encaminarme hacia esta disciplina.
Sin embargo, considero importante e incluso necesario para estar junto a una
mujer en situación de vulnerabilidad, el profundizar en temas psicológicos que
influyen directamente en la manera de vivir el embarazo y que tendrán relación directa con la forma en que se va
a desarrollar el parto, dando paso a una determinada vivencia del posparto, la
lactancia y la crianza en su conjunto.
No voy a detallar lo que ocurre en cada día de
formación porque no toca, pero si quiero comentar sobre esta última en la que
tuve el privilegio de conocer y escuchar a Nils Bergman, médico nonatólogo de reconocido
prestigio por su investigación con los recién nacidos, quien nos expuso con
todo lujo de detalles el concepto de madre canguro y los avances que supone esta “simple” práctica para el mundo de la
neonatología.
Escribo esta entrada en domingo noche, varios días después de integrar lo escuchado, lo visto y
lo sentido porque, fue tan intensa la información y tan profunda la emoción, que el
día siguiente de la clase lo pasé con dolor de cabeza por no encontrar el
interruptor del off y poder desconectarme…
Desde la primera fila en la que me senté para no
perderme detalle, iba sintiendo como en algún momento se me entrecortaba la respiración
poniéndome en lugar de esos bebés
que estaban en las incubadoras y sintiendo en lo profundo de mi alma, su
soledad.
“Los bebés no están en las incubadoras
porque están mal. Están mal porque están en las incubadoras”
Estas palabras de Nils Bergman se repiten
en mi cabeza cual mantra temible y poderoso.

No sé con exactitud cuántas somos las personas que
estamos realizando esta formación de
Terra Mater, pero en este seminario en concreto, el número de personas que
presencialmente lo seguíamos, superó con creces a los días anteriores, y en la
modalidad on line, rondó las 200 inscripciones.
Y me pregunto… ¿cuántas de estas personas eran
personal sanitario? ¿Cuántas pediatras, matronas, enfermeras de neonatología…? Podrás
pensar que no me importa, pero no es así, puesto que quienes están en relación
directa con los bebés ingresados son ellas, son los médicos quienes marcan las
pautas y las enfermeras quienes las cumplen. Y son quienes han de saber qué sienten esos chiquitines cuando están
solos en un espacio frio, impersonal, luminoso, solitario… es imprescindible
saber qué sienten y cómo les va a afectar en su recuperación y en su vida
futura, tanto de niño como de adulto…
Conforme Nils Bergman iba hablando y mostrándonos
las diapositivas, un batiburrillo de emociones se movían en mi interior: rabia,
tristeza, pena, dolor…mucho dolor. Y una chispa de alegría y esperanza al ver que
personas como él y como algunas más, están trabajando para mejorar estas
situaciones de nacimientos al límite.
La formación que nos dio fue densa, muy densa. Reacciones
de las hormonas, protocolos, más hormonas, cuidado, medicación, relación del
personal sanitario, más hormonas, situación de los padres, vulnerabilidad,
soledad, miedo, impotencia… el corazón en un puño y las lágrimas
aflorando en más de una ocasión.
De vez en cuando, algo hacía sonreír y recuperar
la esperanza a un grupo de personas que estábamos allí y que representamos a un
colectivo pequeño y denostado: las Doulas. Cuando dijo que durante el nacimiento “el papel
de la Doula es proteger la oxitocina” una tímida sonrisa iluminó mi
cara… y digo tímida porque la otra cara de la moneda, es que algunas personas
no estén dispuestas a compartir ciertos espacios porque hay Doulas. Pero vaya,
este es otro tema.
De cómo un parto traumático afecta a la madre
incluso propiciando una infertilidad secundaria y de cómo influyen los factores
externos para el nacimiento de tantos bebés prematuros. De la etología, pasando
por la neurobiología hasta llegar a la ecoterapia. De la neurobiología del
apego. De la necesidad de la protección mediadora y del apoyo del adulto para
los bebés nacidos en máximo estado de vulnerabilidad. De la importancia de los
primeros MIL (1000) días de un bebé en brazos de su madre… tantos y tantos
conceptos, que tuve que centrar mi mente y bajar el latido de mi corazón para
poder entender, para poder integrar…
Por qué ante ciertos nacimientos surge la cuestión
de cómo serán esos adultos el día de mañana, por qué la ausencia de oxitocina
endógena lleva a carencias emocionales a lo largo de la vida de un ser adulto…
preguntas y más preguntas.
Y ahora vuelvo a la que me hacía cuando era
voluntaria en el grupo de apoyo a la lactancia: si yo, siendo solamente Doula,
me intereso por todo esto para proporcionar un buen apoyo, un buen
acompañamiento a las mujeres que vayan a parir de manera que el parto se
produzca de la mejor forma posible y el bebé tenga el nacimiento que merece, si
yo como mera figura de acompañamiento estoy muy interesada en saber por qué
suceden ciertas cosas… ¿Por qué en TODOS
los hospitales, en los servicios de neonatología no hay unos protocolos que
favorezcan el piel con piel, la presencia y actuación de los padres, que
potencien el cuidado de la madre y del padre hacia ese bebé que los necesita
más que nada en el mundo?
No quiero ser pesimista y quiero confiar en que
las cosas están cambiando, pero la realidad es muy otra según las estadísticas
que podemos ver en este estudio de El Parto es Nuestro. Todavía hay muchas unidades de
neonatología donde los bebés son visitados con horarios rígidos, donde no
permiten a los padres que se involucren en todo cuanto los neonatos puedan
necesitar. Todavía hay muchas madres
que desconocen sus derechos y que temen pedir que se les deje estar con sus
criaturas. Todavía hay demasiada fuerza y demasiado poder en manos de la bata
blanca en general…
Porque, si se sabe que prácticas tan sencillas
como que el bebé esté encima de su madre y/o de su padre, regula su temperatura
y su ritmo cardíaco, se sabe que el bebé prematuro responde mucho mejor a los
tratamientos incrementando su respuesta vital, se sabe que esta colaboración humaniza
el trabajo del personal sanitario que están sometido a un estrés límite en
estas unidades, e incluso en términos de productividad abarata el coste de los
tratamientos… ¿Por qué no se hace en todos
los hospitales? ¿Por qué no se practica la “separación cero”?
A
veces siento que nado en contra de la corriente en muchos planos de mi vida.
Siento las injusticias, la incomprensión,
el egoísmo personal por encima del bien común… y en algunas cosas siento
que he de callar, pero en este tema no estoy dispuesta porque va en ello la
vida de muchos inocentes.
Es
imprescindible que el personal sanitario se forme, se informe, se recicle. Cuando
la vida de otras personas está en sus manos no hay peros que valgan.
Es una gran responsabilidad y les corresponde a ellos tomarla.
Yo
solo soy Doula, y hago lo que puedo.
Agradezco a Nils Bergman y a su mujer, Jill Bergman,
a Carmela Baeza, a Isabel Fernández del Castillo, a Ibone Olza la oportunidad
de aprender junto a ellos.
Agradezco a todas las compañeras de la formación
con las que puedo departir y comentar, la apertura de miras y las ganas de
compartir.
Cambiando
la forma de sentir, cambiaremos el mundo.
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