Huracán interno



Algunas veces creo llegar a un punto en que ya me da igual todo… entro en una burbuja de sentimientos encontrados en los que se me apodera la tristeza al ver la realidad que me rodea. Y siento que me quedo paralizada, esperando a ver qué sucede…

Por mi cabeza pasan imágenes, ausencias, algo que podría hacer y no hago, masacres, secuencias de experiencias, guerras inútiles, cosas que podía haber hecho y no hice, pérdidas, política corrupta que lleva a los países a la miseria, palabras que debía haber dicho y no dije, luchas de poder, recuerdos, injusticias, situaciones que me gustaría solucionar, momentos que no sé gestionar...

Poco a poco una especie de melancolía me invade y me deja bajo mínimos, al ralentí, cual si de coche viejo se tratara. A veces, aparecen algunos dolores físicos ya olvidados para recordarme que no baje la guardia…

Y tengo ganas de llorar. Muchas. A veces me dejo llevar y derramo algunas lágrimas a escondidas. Otras, respiro y desde el abandono dejo que las ganas pasen sin prestarle más atención.

Sin embargo sé que es un proceso a vivir, a integrar... No es la primera vez y no será la última porque forma parte de mí. Es como si me sumergiera en un pozo profundo donde necesitara entrar de vez en cuando para SENTIR esas otras realidades, aquellas que precisamente por no depender de mí no debería ni prestarles atención.

Y recuerdo de nuevo a mi padre cuando me comentaba su pre-ocupación por sus seres queridos, por su mujer, por sus hijas, por sus nietos… por las cosas que pasaban en el mundo.  Y recuerdo cuando yo le decía que eso no le correspondía a él,  que él debía de encargarse de gestionar su vida de la mejor manera. Y recuerdo que me decía que no sabía hacerlo de otra forma, porque su familia era SU vida…

Si, reconozco estos momentos y cada vez los acojo con más aceptación y con más serenidad a pesar del desgaste de energía que me supone cuando estoy en pleno trance. Es como si dentro de mi sucediera una transformación porque una vez pasado el huracán, me siento fuerte, poderosa y capaz. Para volver a mi vida cotidiana, para seguir en la brecha. Con lo que tengo y con  lo que la Vida me trae. Para seguir llorando cuando tenga ganas y para seguir dando gracias. Por todo.


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