Nadar CONTRA corriente



Hace tiempo que me di cuenta de lo difícil que puede ser nadar/andar contra corriente. Pero mi tendencia innata a seguir confiando en que todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario, me impulsa a continuar metiéndome en berenjenales de los que luego, y por esta manía mía de hablar claro y no reír las gracias cuando no las considero tales, termino saliendo mal herida.

Estamos inmersos en una inercia que nos mantiene dentro de determinados grupos, bien por compartir pensamiento, bien por tener las mismas actividades físicas, bien por movernos en un sentir igualitario.

Y todo va bien mientras eres una más. Y mientras acatas el hacer de la mayoría dominante. Y mientras mantienes tu voz en los mismos decibelios que la del resto.

Pero ¿qué pasa cuando manifiestas alguna diferencia de criterio? ¿Qué pasa cuando piensas por tu cuenta e intentas actuar libremente también? ¿Qué pasa cuando tienes diferente visión de las cosas que el resto de los integrantes?

Fácil. Rápidamente eres cuestionada, señalada,  apartada… y todo aquello que en un momento era válido, pasa a ser cuestionado, mirado con lupa e incluso vilipendiado.

Así somos la raza humana, y así nos va.  Parece que aquello de “estás conmigo o estás contra mí” no tiene su justo término medio.

Lo malo de todo esto es que, volviendo al refranero, soy uno de esos animales que tropieza con la misma piedra… a pesar del dolor producido por los golpes, a pesar de los moratones que me recuerdan que ande con pies de plomo. Pero vaya, forma parte de mi naturaleza y andando camino es como aprendo, como crezco. Y si para ello he de pasar por esto de nuevo, será que no he entendido bien la lección…

Continuaré y apartaré las piedras del camino como buenamente pueda. No hay más,  porque no me resigno a conformarme con ser igual al resto. Si he de hablar… hablaré, aunque continúe mi sendero en solitario, pero no diré aquello que no es cierto para mí, aquello que no siento...
Así es y así será.


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