Cuando los bebés deseados no llegan...


Desde mi más profundo convencimiento, creo que ser madre ha de ser una opción libre y conscientemente escogida. La maternidad no es siempre un camino de rosas, pues especialmente,  si una camina a solas se puede encontrar con muchas espinas.

Tanto la mujer que deviene madre en un momento de su vida como la que decide no serlo nunca, tiene una circunstancia personal que la conduce a ello. Con mayor frecuencia,  al hablar sobre maternidad nos dirigimos hacia aquellas que ya están embarazadas o que tienen hijos pequeños. Sin embargo, hay otro núcleo de población que aún con gran deseo no consiguen ser madres. A ellas me dirijo hoy.

Hace casi dos años, una joven que sigue este blog me envió un mensaje para que nos conociéramos. Quedamos a tomar un café y estuvimos charlando de su deseo de ser madre y de otras cosas que giraban en torno al tema. Fue una tarde agradable, la verdad. Nos despedimos contentas de habernos conocido, sin más trascendencia, o eso pensaba yo.

Y hace unos días, volví a recibir un mensaje suyo. Seguidora también de mi página de Facebook, me dijo que  cuando yo escribía o compartía algo,  me dirigía a las emociones de las mujeres que ya son madres con lo cual.,  ella que no lo era todavía –y no por elección propia- se sentía invisible y sola, emocionalmente hablando. Y tenía toda la razón del mundo. Le agradecí que me llevara a esta reflexión y le prometí que escribiría sobre este tema.

Recuerdo cuando muy joven pensaba en ser madre. Mis ciclos menstruales eran irregulares y desde la falta de información que había en aquel momento, me agobiaba mucho pensar si por esa causa no podría concebir hijos. Y sentía una angustia terrible por lo que hoy me pongo en la piel de las mujeres que están en búsqueda de su bebé. 

Muchos años después en que la Vida me ha traído hasta este mundo del acompañamiento emocional a las mujeres embarazadas, he empezado a encontrarme con esa realidad de no verse cumplido el deseo de ser madre, de ser padre. Mujeres, hombres… parejas con grandes ilusiones por tener hijos, que no lo consiguen de forma espontánea. Y hay tantas circunstancias que lo impiden como personas son.

Cuando una pareja decide que ha llegado el momento de ser padres,  ve cómo pasa el tiempo y el embarazo no llega, comienza a cuestionarse muchas cosas. Excepto en algunos casos en que una enfermedad haya dejado secuela de esterilidad en alguno de los dos y sean conocedores de esta circunstancia, lo primero es enfrentarse a la inevitable pregunta ¿por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? Y se empieza a buscar respuestas…

No voy a centrarme en las posibles causas por las que un embarazo no llega a producirse porque no soy médico ni es un tema en que yo entre. Me quedaré con una solamente, aquella en la que las dos partes están perfectamente sanas, sin ninguna causa aparente que impida una fecundación y posterior anidación que desarrolle el embarazo. Porque tal vez sea éste el peor diagnostico a asimilar. Tal vez porque las cuestiones que se plantean y que llegan a atormentar a esta pareja, especialmente a la mujer que quiere embarazarse,  van más allá de nuestra comprensión racional…

Pasado un tiempo y tras la evidencia de que algo no está funcionando como debiera, comienzan las visitas médicas. Y los exámenes para averiguar qué pasa. Y así, los ilusionados padres entran en una espiral de soledad, de palabras técnicas, de visitas y pruebas programadas que aumentan su ansiedad,  que no facilitan el proceso hasta llegar a un posible diagnóstico y al inicio de un tratamiento protocolario frio y deshumanizado,  si lo hubiere,  y si los deseosos padres deciden asumirlo.

En bastantes ocasiones se empiezan a encontrar problemas con la Seguridad Social que pone unos límites: por edad, por sexualidad… y comienzan sus cálculos para ver de qué forma su economía puede soportar los tratamientos en clínicas privadas nada asequibles para la mayoría de bolsillos. Y su angustia se incrementa con este escollo económico.

Y sí, como decía esta joven el otro día, se sienten solas e invisibles porque no tienen con quien compartir esta frustración, no tienen a quien decirle la rabia que sienten y el dolor que las traspasa.

Porque en las más de las ocasiones, sus amigas ya son madres. Su familia la machaca con preguntas. Los vecinos y hasta la panadera le dice que ya es hora, que no se lo piense tanto que luego no podrá cuando quiera...

Y es que la gente, en ocasiones, es imprudente al hablar de ciertas cosas y se olvida el respeto hacia estas situaciones de los demás desde el desconocimiento de la realidad, no viendo cómo se merma su autoestima, cómo comienzan a tener problemas en su alimentación y sueño, cómo su humor se ve afectado y cómo la tristeza va haciendo mella en sus vidas.

Tampoco se ve cómo suele aparecer la depresión después de haber pasado por situaciones de duda, de miedo e incluso de ira. E incluso como la relación de pareja y su sexualidad se ve afectada.

Recuerdo a una mamá que me comentaba que el mero hecho de tener que hacer el amor en determinado día y hora la inhibía por completo y que a su pareja le hacía sentir como un semental reproductor, llevándolos a los dos a unos momentos de frialdad que dificultaba todavía más el acto sexual que debía de llevar a la fecundación.

Algunas de las mujeres que he conocido que han pasado por procesos de reproducción asistida han manifestado su soledad y su incomprensión, pero no todas lo viven así, sino que aceptan todo lo que les dicen y pasan por ello sin cuestionamientos, incluso viendo a los médicos como a los dioses que les proporcionan su ansiado hijo. Y creo que, una vez más, si la mujer no expresa su sentimiento abiertamente, quienes estamos cerca y dispuestas a escuchar, poco podemos hacer.

Porque se suele ocultar esta circunstancia, porque emocionalmente no están en situación de hablar, porque la vergüenza y el miedo al fracaso las apabulla. Y se callan y viven sus momentos duros en solitario y con tristeza.

No voy a profundizar en este tema porque es muy delicado y yo no soy una experta. Simplemente aporto lo que me llega, mis sentimientos en esta mañana.

Y quiero decir a las mujeres que inician un proceso de esta envergadura que busquen ayuda, que vean la forma de tener a su lado a una persona que las pueda escuchar sin juicios, que las acompañe sea cual sea el camino que transiten. Que estén siempre que las necesiten, que encuentren esa persona que les pueda proporcionar un pañuelo para enjugar sus lágrimas y un abrazo reconfortante.

Para Carolina. Con todo mi cariño, admiración y respeto.





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