LOBA. Sentido crítico.




Esta tarde he estado viendo la proyección de LOBA, en Valencia. Y me he tomado el interés de tomar notas para poder aportar cuál es mi visión de este documental y de los comentarios que ha habido posteriormente en el debate porque creo necesario hacer ejercicio de un sentido crítico.

Tengo que decir que nada de lo que he visto me ha sorprendido. Tal vez porque soy Doula y desde mi formación y experiencia en acompañamientos sé que la violencia en el nacimiento es algo habitual. La violencia que se nos muestra en el documental es una realidad innegable a pesar de las grandes diferencias que hay entre las situaciones presentadas en el mismo y las que se viven en cualquier hospital español, y concretamente, en la Comunidad Valenciana.

Es de agradecer que comience con testimonios de mujeres que han sentido en carnes propias cómo su parto ideal se ha ido al traste, mujeres “cesareadas”. Historias como estas y tan reales se pueden leer en la página de El Parto es Nuestro. Y se pueden escuchar en cualquier espacio íntimo y respetado que se le conceda a una mujer para poder hablar… Aún así, es de agradecer como digo,  que hayan sido valientes al compartir sus heridas, es un comienzo inquietante.

En España no está legalizada la figura de la partera. Es muy bonito ver cómo en México las parteras tradicionales han transmitido su sabiduría a sus hijas, a las mujeres de su comunidad y cómo han sido las que han perpetuado el respeto en el nacimiento… hasta que llegaron los doctores y los hospitales. Y cómo la directora del documental ha ido indagando e intentando reconectar con esa sabiduría ancestral de estas mujeres indígenas. Pero sinceramente creo que hace un poco los dientes largos a las mujeres que no van a parir de esa forma idílica.

El documental incide demasiado en el parto domiciliario. Y me parece bien. Hace 28 años yo misma quise parir a mi tercer hijo en casa, pero no pudo ser porque no había una matrona que me asistiera. Hoy en día que sí que hay matronas que atienden parto domiciliario, sin embargo es una opción que no todas las mujeres se pueden permitir por el tema monetario, ya que no está subvencionado por el Estado y la situación económica es la que es. Y también porque o bien la pareja o bien la familia, desde su miedo,  presionan para que no sea de esta forma.

Nos presenta una terrible realidad hospitalaria, tanto en Francia como en México y en Cuba. Aquí no es muy distinta. Los hospitales tienen sus protocolos y las mujeres DEBEN de informarse de ellos de primera mano para que luego no vengan las sorpresas… o el “yo no sabía”.  Y la violencia obstétrica se practica en todo el mundo.

Ha hecho hincapié en la importancia del acompañamiento del padre y esto me rechina, la verdad, porque no todas las mujeres que van a parir tienen una pareja, ni todas las parejas son apropiadas para el acompañamiento. Y hay que tener en cuenta que muchos hombres no quieren entrar al paritorio y que muchas mujeres no quieren que sus hombres estén allí.  NO, la mujer ha de estar acompañada por quien ella quiera.

Entonces, a la vista de todo esto ¿qué deben de hacer las mujeres? ¿Resignarse a que tengan suerte y les toque un turno de matronas formadas con otra conciencia y que atiendan de forma respetuosa? ¿Parir en casa en contra de la familia e incluso de la propia pareja?

Creo que ante todo hemos de ser realistas y ver las cosas que hay para ponerles nombre. Y aceptarlas para poder cambiarlas. Todo yin tiene su yang, como toda luz tiene su sombra.

Como ha comentado una de las participantes, los hospitales se van “modernizando” cada vez con más tecnología, pero por el contrario están reduciendo personal, matronas en concreto. Y las hay que llevan mucho tiempo y, o tienen conceptos erróneos sobre cómo ha de ser un parto respetado, o no se reciclan. Con lo cual, una mujer que va a parir a un hospital se lo juega a cara o cruz, dependiendo del turno.

Se ha hablado de denunciar al hospital que incurre en malas prácticas, cosa que considero necesario para que se produzcan los cambios, pero ¿tienen las mujeres conciencia de que ha habido prácticas incorrectas?  Como decía una matrona,  a pesar de su disponibilidad y de lo que pueden ofrecer para que las mujeres tengan el mejor y más natural de los partos, es desalentador ver cómo entran pidiendo analgesia sin querer enterarse de nada. Y cómo mujeres que no se han informado llegan sin haber comenzado el trabajo de parto con lo que son candidatas a una cascada de intervenciones con todas sus consecuencias.

Se han comentado varias cosas más, como el tema de los derechos y el empoderamiento… Y se ha hablado también de la importancia de permitir que las mujeres hablen y compartan sus partos y sus vivencias, con lo que estoy totalmente de acuerdo y por lo que ofrezco un espacio cada quince días a las mujeres embarazadas, con bebés, con niños… para que puedan hablar, compartir y expresar todo cuanto les inquieta durante su momento.

Reconozco que he estado mordiéndome la lengua para no hablar, tenía bastante para aportar pero en el local había bastantes matronas y he llegado a un punto en que como persona necesito resguardarme… Aún así, y casi al final, he intervenido sin decir quién soy ni qué hago. Y esta es mi reflexión, más o menos lo que he dicho.

El embarazo es el final de un proceso. Toda mujer antes de ser madre, incluso antes de la concepción debería de plantearse por qué quiere tener un bebé. Qué le lleva a ello. Cuál su historia de nacimiento… y conocer el parto de su madre cuando la tuvo a ella. En qué punto está la relación con su propia madre. Indagar en ella misma como mujer y futura madre para ver sus miedos respecto al proceso. 

Informarse verazmente de las pruebas a que va a estar sometida, de la necesidad de ellas y hasta qué punto puede negarse a hacérselas. Informarse de los protocolos de cada centro hospitalario, visitarlo e informarse de casos de otras mujeres que allí hayan parido… 

Desconectar de lo cotidiano para conectar con su cuerpo de mujer y con su bebé intrauterino. Sentir y gozar de su crecimiento en el vientre. Cuidarse. Regalarse. Informarse sobre el proceso fisiológico del embarazo, del parto, del posparto y de qué forma afecta emocionalmente. 

Comentar con su pareja y ver qué quiere de él llegado el momento y aceptar si se lo puede dar o no, esto es, buscar la persona apropiada que la acompañe y la refuerce, sea su pareja, su amiga, su madre o su Doula…

La Naturaleza en su sabiduría infinita nos concede diez meses lunares para hacer un proceso de cambio, de autoconocimiento y de comunicación con ese bebé que sale de nuestras entrañas. Llegado el momento del parto, es la hora de la verdad. Lo que no se ha conseguido… ya no se puede alcanzar. Las cosas serán como tengan que ser.

El debate podía haber dado más de sí, desde mi sentir. Pero cierto es que el tiempo es limitado.

Me quedo especialmente con algo que he recibido esta tarde: un montón de abrazos, de mujeres que voy conociendo y con las que permanece un nexo de unión, algunas que veo habitualmente y otras que aunque las haya visto una sola vez, ha habido algo que ha mantenido vivo el recuerdo.

Como Doula sigo trabajando para que se produzca el reconocimiento a esta profesión. No desde la lucha, sino desde mi mejor hacer y mis testimonios, pues son la mejor prueba.

A pesar de que llevo muchos años en este tema y que el cansancio es real por lo que supone tanta implicación, no voy a tirar la toalla. Soy Doula y acompaño. Y cada mujer seguirá su camino según las decisiones que tome. Estoy convencida de ello y máximo ahora tras haber terminado la formación en Salud Mental Perinatal. Son las emociones quienes moldean las situaciones que envuelven la maternidad. A ninguna mujer se le empodera desde fuera… lo hace ella misma, desde su mirada interior.



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