SABIDURÍA de mujer.



Cada vez con mayor frecuencia, pienso que es una lástima que algunas personas se mueran sin dejar un legado de su vida, sin dejar por escrito sus vivencias, sus experiencias. Mi padre, niño de la guerra, fue una de esas personas, y a pesar de que durante sus últimos años nos contaba muchas cosas, estoy segura de que se llevó otras tantas a la tumba…

Hoy cumple NOVENTA años la madre que me parió. Y a pesar de lo disgustada que está porque ella creía tener diez menos, mi hermana Cristina y yo, nos vamos a comer con ella. También le estamos preparando una celebración familiar -aunque de esta fiesta ella no es sabedora-  con hijas y nietos, y biznietos,  con los hijos de su hermana fallecida, y con una amiga que es más que familia.

Como en casi todas las relaciones madre-hija, yo también he tenido mis más y mis menos con la mía. Tras un largo, profundo y doloroso trabajo personal, llegué a aceptar a mi madre tal y como es, sin pedirle más de lo que puede y/o sabe dar. Así, ahora, puedo decir que la amo tal cual se muestra, con esa parte de niña que todavía mantiene y que manifiesta, en ocasiones,  siendo caprichosa y exigente.

Hoy, al volver la vista sesenta y cuatro años atrás, soy consciente de la evolución de esta mujer que se casó embarazada sin saber nada de niños ni de maternidad, que se quedó preñada sin saber cómo había sucedido, y que ha criado a tres hijas como “Dios le ha dado a entender” según sus palabras.

Hoy, cuando paso la mayoría de mis tardes a su lado, la escucho, la observo, y sobre todo, siento en sus preguntas, respuestas, comentarios… a la mujer sabia que se ha hecho a sí sola, a la sabiduría que ha ido adquiriendo a base de varapalos, de experiencias y especialmente, de lo que ha ido aprendiendo –porque siempre ha querido aprender- de sus hijas. De esas hijas que le hemos hecho de espejo y de donde ella se ha ido nutriendo especialmente los cinco últimos años desde que quedó viuda.

Esta mujer pequeñita, cuya vida de casada no ha sido fácil, es una Maestra para mis hermanas y para mí. Cuando menos lo espero hace un comentario que me deja temblando y que hace que me pregunte de qué forma tan fácil ha llegado ella a conclusiones, a permitir que los acontecimientos sigan su curso… y como además con la edad se pierde la vergüenza, no tiene ningún pudor en decir lo que piensa, sea oportuno o no, volviendo a sacar esa niña que mantiene viva…

No sé si he sido capaz de transmitir lo que siento por esta mujer. Hoy veo a la abuela, a la bisabuela que es, y siento que poco tiene que ver con la madre que yo recuerdo en mi infancia, aquella que necesité y estuvo ausente… y sin embargo, en mi edad adulta y siendo yo madre, no me ha fallado nunca,  ha estado a mi lado respetando y apoyando mis decisiones.

Creo que la vida nos va dando oportunidades para reparar lo que no hemos hecho bien en el pasado y mirándome en el espejo de mi madre, pido a la vida aprender a adquirir parte de esa sabiduría y paciencia que ella muestra.

Con 90 años, mi madre ha superado la edad media de esperanza de vida en las mujeres españolas. Aunque tiene a su familia, la soledad profunda es su compañera, y sabiendo que su momento se acerca, siempre me dice que no tiene miedo, que está preparada para el último viaje, para reencontrarse con su madre y con su hermana…


¡Felices edades, madre! Gracias por haberme parido, por haberme cuidado, por ser mi guía en esta vida. Si hay otra, tal vez volvamos a encontrarnos para seguir creciendo y aprendiendo juntas…





Comentarios

  1. Concha del alma:
    El día que tu madre lea lo que has escrito sobre ella se verá recompensada, aunque solo sea en parte, de todo lo que ha sufrido. Estoy segura de que el dolor enriquece casi más que cualquier otra cosa en este mundo; porque de él se aprende. Y, a fin de cuentas, qué es la vida sino un continuo aprender…
    Me uno a tu “viva la madre que te parió” por ella y, porque sin ella, tú no serías. Así de simple.
    Y gracias por nombrarme sin nombrarme. Para mí vosotros también sois más, mucho más que familia.
    Toya

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    Respuestas
    1. Gracias preciosa. Este ha sido -y sigue siendo- el trabajo de mi vida: aceptar y reconocer. Pues ¿que sentido tiene obtener un regalo y no agradecerlo?
      Y cierto, en parte soy así por ella... (¡la otra parte me la estoy currando! ¡jajaja!)
      Te abrazo Toya del alma.

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