¿Por qué cuesta tanto entender lo que hago?




Cuando me preguntan qué hago durante los acompañamientos a madres y respondo que NADA, la gente se queda ojiplática ¿nada? ¿entonces qué sentido tiene tener una doula? ¿para eso se estudia? ¿y por eso se paga?

Puede que tenga que cambiar mi respuesta para poder “venderme” mejor, pero lo cierto es que, si algo tengo muy claro, es la sinceridad con que debo de presentarme.

Cuando digo que no hago nada es porque yo no hago preparación para la maternidad, ya que, cada mujer es un mundo y como tal vivirá y se enfrentará a su embarazo, parto y posterior crianza: lo hará como es ella y con las herramientas que cuente con cada hija o hijo que traiga al mundo, al ser todos y cada uno, distintos también en su esencia.  

Y porque además es un proceso cambiante donde no hay dogmas ni valen reglas, donde las situaciones se resuelven en el momento, donde en cada ocasión se utiliza un recurso.  ¿Te imaginas que antes de respirar tuvieras que recordar cómo hacerlo? ¿Y cada vez que necesites orinar leer un manual? ¿O hacer una preparación para que tu corazón lata a mejor ritmo?

El embarazo y el parto son procesos fisiológicos normales y es por ello que, cuidando la salud física y emocional, transcurren sin apenas necesidad de “ayuda externa”.

Tal vez sería más cómodo y tendría más clientas” si ofreciera grupos de preparación a la maternidad y muchas cosas para hacer pero como digo, no confío mucho en ello además de considerar la individualidad como algo prioritario, pues cada mujer es única y lo que a una le puede servir, a otra no.

Así es que ya tenemos un punto aclarado: acompaño a la mujer (pareja, familia) de forma individual, acompaño en el camino que ella ha elegido, estoy a su lado, ni delante, ni detrás, validando sus elecciones, sus emociones, sus sentimientos… respetando sin juicio, escuchando sin contradecir, aportando la información que requiere –ni más ni menos- y procurando que ese camino que ha elegido, sea lo más confortable posible para que lo transite en plenitud.

No ofrezco preparación ni tratamiento psicólogico porque no soy psicóloga, ni terapeuta.  Si durante el acompañamiento detecto alguna emoción, algún trastorno o situación que pueda influir directamente en su bienestar (y para esto sí estoy preparada por mi formación en Salud Mental Perinatal) lo que haré es proponerle, con mucho cuidado y cariño,  la visita a una persona cualificada en estas cuestiones. Acudir o no, será solamente de su incumbencia, por tanto, ella tomará la decisión, y yo, esté de acuerdo o no, la respetaré.

Tampoco ofrezco preparación física, ni movimientos, respiraciones, posturas, etc.  porque no estoy cualificada para ello y porque, a la hora de parir, cada mujer responde de una forma y lo habitual es que lo “estudiado” se olvide y el cuerpo elija lo que en ese momento necesita así es que, respeto la elección de cada mujer a la hora de cuidar su cuerpo, su estado físico. Puede hacer Yoga, Pilates, matronatación, o sillón-ball.  Lo que ella quiera y en lo que se sienta más cómoda. No seré yo quien elija por ella.

Yo creo que, después de leer lo anteriormente expuesto ya puedes hacerte una idea de lo que es una doula, o mejor… de lo que yo, como doula, ofrezco.  Porque sí que hay doulas que hacen cosas, pero este no es mi tema.

El acompañamiento emocional se basa en estar atenta a las necesidades de la mujer acompañada, ofrecerle un espacio de escucha, ofrecer una presencia incondicional, ofrecer un tiempo a su disposición. Ofrecer una mirada cálida, una escucha activa, un abrazo sincero…
Acompañar es no juzgar, no cambiar sus decisiones, no mentir ni prometer lo que ni es cierto, ni se puede garantizar que ocurra, es respetar sus elecciones aun sabiendo que, tal vez, no sean las mejores o las que nosotras tomaríamos…
Acompaño estando junto a esa mujer que me ha elegido para compartir camino, ya sea en su embarazo, parto, posparto, situación de duelo… y en el momento que ella precise.

No diré que mi manera de vivir el “douleo” sea la mejor, pero sí puede que no sea la más ¿vendible? Sin embargo, es la forma con la que me siento cómoda conmigo misma, es la manera más honrada de ofrecer mis servicios, es la forma que siento, desde el fondo de mi corazón, que puedo aportar lo mejor de mí en cada situación.

Como mi amiga Regi me enseñó, voy a utilizar una metáfora.

Me reflejo como una tienda pequeña de un barrio humilde, ofreciendo buenos productos, pero sin una operación de marketing detrás que me haga muy visible, como puede ofrecer una cadena multinacional de comercios. En la pequeña tienda de barrio, te atienden con cariño y esmero, te escuchan, invierten su tiempo en complacer tu deseo de modo que cuando compres, te vayas satisfecha y valores la relación calidad precio para que puedas volver en otra ocasión y, además, recomendarla a tus amigas.  No digo que en una gran cadena de autoservicios los productos no sean buenos, pero… es otra cosa ¿o no?

Pues eso, que después de darme una vuelta por las redes ¡hacía tiempo que no entraba! se me ha montado esta película en la cabeza y aquí está el guion, a ver qué tal acogida tiene.

¡Hasta la próxima!






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