Me encontró a
través de una amiga suya a la que yo estaba acompañando en el embarazo. En la
primera cita acudió con su marido y su perro, Río, un hermoso Golden retriever.
Nos tomamos una infusión y desde entonces que no hemos perdido el contacto.
Nos íbamos
encontrando de manera periódica, en su hogar. Siempre que Martino, su marido,
podía se unía a nosotras. Hablamos de
muchas cosas, no solo de maternidad. Y eso nos acercó todavía más.
No tenía ningún
miedo al parto, estaba informada y preparada, tanto física como emocionalmente.
Llegado el momento, yo estaría con ella, con ellos, en un hospital privado
donde el respeto a sus deseos y el buen trato, tanto profesional como personal,
estaba garantizado.
El día del
parto la acompañé en su casa durante los pródromos hasta que decidió que quería
ir al hospital.
Su bebé no
estaba bien colocada, no estaba en la mejor postura y a pesar del buen trabajo
de la matrona ayudándola con la biodinámica y de la ginecóloga atenta a
cualquier señal que indicara alarma, la
criaturita comenzó a dar señales de cansancio…
El parto fue
vaginal, largo, duro y la bebé, por otras razones, necesitó unos días de
permanencia en la UCIN. Aun así, Julie comenta lo positivo de su experiencia
porque se sintió respetada, atendida, cuidada, en buenas manos, con buena
compañía. Y eso, sin duda, sea como sea el parto y el nacimiento, marca la
diferencia.
Agradecida por acompañarla y por haber conocido a su familia y a la familia de Martino, cuya gratitud acogí con respeto y mucho cariño.
Julie me ha enviado
estas palabras para que las comparta en mi blog.
“Hace unos
años, tomé un curso para mujeres emprendedoras donde todas eran doulas, excepto
yo. La verdad es que tardé en entender su rol, pensaba que la palabra “doula”
era una forma alternativa de referirse a las matronas.
Fue entonces
cuando comprendí que las doulas hacen un trabajo muy sutil y complementario al
de las matronas.
Cuando mi
esposo y yo nos mudamos a Valencia ya estaba embarazada. Me considero una
nómada; viví en muchos países, pero ésta era una experiencia nueva para mí, ya
que nunca antes me había mudado estando en ese estado. Hablando con mi amiga
que había hecho la formación de doula, me recomendó buscar una doula en
Valencia para acompañarme, ya que ella estaba en Roma y además embarazada.
Les paso el
relato de cómo encontramos a Concha, lo importante es que la encontramos, y que
desde nuestro primer encuentro supimos que era la persona adecuada para
nosotros. Durante cinco meses nos reunimos regularmente, compartiendo cómo nos
sentíamos, nuestras dudas y preguntas. Encontramos en este espacio co-creado la
oportunidad de conectarnos con el momento mágico que estábamos viviendo.
En las semanas
previas al parto, Concha estuvo presente, pero sin ser intrusiva, brindándonos
orientación y sugerencias, como sesiones de hipnoparto y enseñándome la técnica
del rebozo (que en el trabajo de parto me vino increíble).
Cuando llegó el
momento del parto, Concha estuvo a nuestro lado con calma y discreción, tanto
en casa como en el hospital. A pesar de que las cosas no salieron exactamente
como había visualizado en mi sesión de hipnoparto, yo me sentí tranquila y
confiada gracias a su presencia casi imperceptible cuanto fundamental.
Después del
nacimiento de Luna, enfrentamos algunas complicaciones que nos mantuvieron
separados de ella durante once días. Concha continuó apoyándonos durante este
período complejo, ofreciéndonos su apoyo incondicional a través de mensajes,
llamadas y visitas al hospital.
Ahora que
estamos en casa y Luna está muy bien, seguimos en contacto con Concha y sabemos
que será nuestra doula para siempre. Su respaldo ha sido invaluable y estamos
agradecidos de tenerla en nuestras vidas"
Julie Beretta
Reconnection Facilitator
Nota: fotos subidas con permiso de sus protagonistas
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