Sabrás que soy doula y acompaño maternidades desde 2010, aunque tal vez no sepas que, estando segura de que nací para esto, no me lo plantee hasta que fui abuela de mi segunda nieta, en 2009.
Desde 1976, madre a jornada completa de tres hijos (una chica y dos chicos). En aquellos años mi prioridad eran ellos.
Dejé mi trabajo bien remunerado para CRIAR. Porque quise y pude hacerlo. Entonces no se me ocurrió que podría hacer otras cosas: mis días de madre no me llevaban a más cuestionamientos. Ni sé cómo habría podido hacer algo más porque he sido de hacer los cuatro viajes al cole, las compras en el mercado, las comidas caseras, las tardes en el parque, los cumpleaños en casa... etc etc. Full time!
Cómo además Marido trabajaba todo el día, asumir médicos, tutorías, reuniones, deberes...era algo que no me costaba hacer, ni me plantee que no pudiera o debiera hacerlo a solas.
Así pasaron los años de crianza. Y fue fácil. Cuando me decían que tenía
"suerte" con mis hijos, me cabreaba mucho: no era suerte, era un
currazo, era presencia, escucha, paciencia y algún grito también.
Sé que me he equivocado en cosas, aunque asumo que hice lo que pude con lo que
tenía y sabía. Y no me he castigado por ello ni me considero mala madre ¡para
nada!
Tengo tres hijos adultos responsables, cuidadores y amantes de sus familia y eso, me enorgullece. Algo habré hecho bien.
Hoy volvería a hacer lo mismo. Esa fue y sigue siendo mi manera de entender la crianza, porque a pesar de mi falta de información y mis errores de base, siempre seguí mi instinto protector (aunque hay quien dice que el instinto maternal no existe).
Cuando nació mi nieta en 2009 y comencé a estudiar para acompañar a mujeres madres, se me abrió otro mundo. Mis hijos estaban criados, no me necesitaban, disponía de todo mi tiempo y podía dedicarme de pleno a lo que me apasionaba.
Terminé la formación de
doula y me asaltó una gran carga de responsabilidad. Pensar que iba a acompañar a otras mujeres en momentos tan importantes de sus
vidas, me imponía mucho respeto y necesité digerirlo.
No tuve un proyecto tal cual se puede entender, no tenía un espacio físico, ni
posibilidades. Sólo sabía que quería acompañarlas. No dirigir, ni aconsejar y,
mucho menos, "ayudar" si no me pedían algo expresamente, sino ser compañera de camino,
apoyo, testigo, "escuchadora" y traductora de sus miedos, deseos y
emociones...
No era -ni es- mi intención ofrecer preparación al parto, ni talleres para loquesea, no hacer terapias ni divulgación por redes, no dar charlas magistrales... No, lo mío sólo era y ES acompañar cuerpo a cuerpo. ESTAR. Embarazo, parto, lactancia, puerperio y duelo, y algún proceso de reproducción asistida que surge de manera puntual.
Me hice unas tarjetas de visita y fui dejándolas en espacios que consideré amables con la certeza de que tal y como salía por la puerta, las tirarían a la papelera.
Empecé a ofrecer talleres para dar a conocer qué era una doula y quien era yo. El primero lo di en un Centro de Salud de la Seguridad Social. Me llamó una matrona que todavía no sé cómo dio conmigo ¡Sí, una matrona, más mayor que yo y con muchos años de experiencia! Me presentó como una figura 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮 𝘆 𝗺𝘂𝘆 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 para las mujeres embarazadas.
Por cierto que había bastantes y de allí salió el primer acompañamiento completo que hice como doula: el de una de las asistentes que aún no estaba en cinta: "Me ha encantado todo lo que has dicho, cuando me quede embarazada te llamaré". Y lo hizo a los tres meses...
Comencé una etapa de intenso
activismo. Me uní a varias asociaciones: apoyo a la lactancia materna, por el
derecho al mejor parto, por el trabajo y la unión de las doulas, hasta que
apareció el "burnout"... más que quemarme me abrasé, y lo dejé todo.
A día de hoy me presento como doula libre e independiente donde quiera que
vaya, sin temor a miradas reprobatorias...
Hice muchas más presentaciones en espacios de maternidad que apenas comenzaban
y que, a día de hoy, han desaparecido.
Saqué una Formación de Doulas en Valencia y duró cinco promociones. Demasiado purista, terrenal, y frente a la oferta de formaciones muy adornadas y, además, on-line, no pude competir...y se acabó.
En 2015 después de terminar la formación en Salud Mental Perinatal, (hoy
Fundamentos en Salud Mental Perinatal) comencé a dinamizar Círculos de
Maternidad en diversos espacios cedidos cuando apenas se conocían con esa
exclusiva finalidad, ya que lo que predominaba eran los grupos de apoyo a la
lactancia.
Esto lo he llevado a cabo como un
voluntariado, sin cobrar ni obtener nada a cambio...más que los abrazos, las
risas, las confidencias, los llantos ...de tantas y tantas mujeres que por los
Círculos pasaron.
Lamentablemente, por falta de espacio accesible con facilidad y debido la 𝘤𝘰𝘮𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘥 que
aportan las RRSS y los grupos de WhatsApp, algún año no he conseguido llevar a
cabo un Círculo de Maternidad presencial, aunque no he desistido de ello...
El próximo mes de junio hará dieciséis años que terminé la formación inicial de doula... porque de ahí
surgieron otras que consideré apropiadas para llevar a cabo los acompañamientos (puedes encontrarlas en mi perfil).
Formaciones, congresos, ponencias, participación en mesas redondas, entrevistas en la radio... Siempre para dar a conocer a las doulas, hasta que un día decidí que, puesto que no las conozco ni comparto criterios con todas, dejaría de hablar del colectivo para hacerlo de aquellas que conozco y, evidentemente, de la Doula que 𝘆𝗼 𝘀𝗼𝘆.
Algo que digo y afirmo es que de acompañar solamente no se puede vivir, al
menos yo, que no he cobrado servicios porque he considerado que no podía
hacerlo dada la situación económica de la familia.
Al menos yo, que he establecido un justiprecio tal, que justo alcanza para
cubrir tiempo invertido y desplazamiento, porque quiero que sea así para
facilitar el acceso a toda mujer que desee una doula.
Al menos yo, que no ofrezco nada más que acompañamiento con amor y compasión...
También es cierto que mi enfoque, dadas
mis circunstancias personales, no ha sido el de un negocio, sino el de ofrecer
un servicio fácilmente
alcanzable.
Estoy convencida de que ser doula ha sentirse como algo muy vocacional, para hacerlo desde el amor y un profundo respeto hacia cada una de las mujeres que acompañamos.
No voy a juzgar a nadie. No me voy a juzgar. 𝗖𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗼𝘂𝗹𝗮 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗘𝗦. Y por
eso hay una doula para cada mujer que quiera ser acompañada.
Las vivencias, los aprendizajes, la experiencia adquiridas es la verdadera
riqueza obtenida y eso, es impagable.
En los últimos años, ser doula ha sido MI proyecto de vida y lo sigue siendo, aunque ya me estoy planteando dejarlo.
Acompañar a las personas sin querer dirigirlas requiere de escucha, confianza, paciencia, valores y actitudes que me hacen sentir bien, que me llevan a sentirme en paz, conmigo y con las demás.
Afortunada y agradecida. Ese es mi mantra💜

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