.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Más RESPETO, por favor.



El que ser Doula no sea una profesión ni reconocida ni homologada no quiere decir que quienes lo somos no merezcamos respeto, hacia lo que hacemos y hacia nuestra persona en sí.
Porque en este papel de Doulas estamos justo al lado de la madre que nos ha escogido libre y conscientemente para que la acompañemos en SU proceso de maternidad, sea cual sea.

Recientemente he tenido varias entrevistas con madres y padres que buscaban una Doula… Y al preguntarme sobre el acompañamiento hospitalario en el momento del parto, me vino a la mente este hecho pasado.
Vuelvo a este blog-confesionario para relatar algo que sucedió hace algún tiempo. Reconozco que me dolió en cuanto al desprecio hacia la voluntad de unos padres, hacia mi figura de Doula y  por el menoscabo que sufrí como persona acompañante con una parte física y terrenal innegable.

Hago un inciso para comentar que, aunque pueda parecer extraño, bastantes más hombres de lo que se cree NO quieren estar presentes justo en el momento del nacimiento de sus hijxs, por muchos y variados motivos. Desde esta corriente en la que se pretende que madre y padre compartan a partes iguales una serie de obligaciones y responsabilidades, algunos padres se sienten obligados a presenciar el parto de su compañera sin ser capaces de decirles que no por temor a no ser comprendidos. Pero también bastantes mujeres NO quieren que sus parejas estén presentes y no son capaces de verbalizarlo… 
Esto ES una realidad.

Cuando contactó conmigo esta futura madre, me dijo que, entre otras cosas, esperaba de mí que estuviera con ella en el parto pues su marido NO quería estar presente y ella TAMPOCO quería que él estuviera a su lado. Ambos lo tenían muy claro, hablado y requetehablado. Y así lo hicieron constar en SU plan de parto que habían entregado en el hospital y donde figuraba que yo (con nombre y apellidos) estaría con la madre hasta que el bebé hubiera nacido que sería cuando entraría el padre.

Desde que llegamos al hospital, estuvimos los tres en la habitación. El padre entraba y salía, yo permanentemente junto a la mujer, para lo que ella pudiera demandar. Simplemente aportando presencia y tranquilidad, pues era que ella necesitaba.

Cuando la bajaron a la sala de dilatación-paritorio, yo estuve con ella y como las horas transcurrían lentas, su pareja entró en una ocasión mientras ella estaba todavía bastante serena, saliendo al poco para que entrara yo y permanecer allí hasta el final acordado.

La madre estaba llegando al final del proceso de parto, la matrona pendiente del bebé que estaba coronando y yo con ellas. De pronto entró una mujer con batablanca, altiva y maleducada, pero nunca supimos quien era –pues tan siquiera se presentó ante la mujer que estaba siendo protagonista del nacimiento de su hijx- y se puso a darle conversación a la matrona. Ésta, muy discreta, intentaba no seguirla pero aquella otra insistía y le hablaba de cosas que nada tenían que ver con la situación, y además, lo hacía a voces.

El bebé no terminaba de descender y el ginecólogo decidió trasladar a la madre al paritorio-quirófano por si había que instrumentar (ventosa). La madre les pidió que me permitieran ir con ella, pero yo sabía, por experiencias en circunstancias similares, que no puede ser hasta que confirman que todo está yendo bien, que no es necesario intervenir y entonces sí que me permiten el acceso junto a la madre.
La matrona le dijo que enseguida me llamarían, pero la susodicha batablanca, me dijo de forma tajante usted se queda”  y supe que NO volvería a estar junto a la madre en lo que restaba de parto.

Apenas habían pasado cinco minutos cuando batablanca  vino a preguntarme por el padre y a decirme que la madre quería que estuviera con ella. Sinceramente lo puse en duda y le pregunté a la mujerencuestión  si esas eran palabras de la parturienta, y me dijo que si, tajante ella. Yo insistí ¿está usted segura de que esas palabras han salido de su boca? Y me dijo “sí, dígame donde está el padre porque va a entrar él en el paritorio”.
Le respondí que estaba en la habitación, esperando según lo acordado.
Se fue, lo llamó por teléfono, el bajó asustado, nos cruzamos por el pasillo, me preguntó nervioso qué estaba pasando, le dije que lo desconocía y desapareció… pasados unos 20 minutos, como no sabía nada de qué estaba sucediendo, me marché a mi casa.

Cuando volví por la tarde, la madre me relató la versión de los hechos. Esta batablanca le preguntó a la madre en el paritorio quien era yo y ella le dijo que su Doula y pidió que me dejaran entrar. La señoraequis le insistía en que si no prefería que entrara su marido… y la madre le decía que no, que su Doula… pero terca cual mula ella a lo suyo…”pues es mucho mejor que entre tu marido…”

La madre estaba en el momento del expulsivo, se sentía sola en cuanto a la presencia de personas conocidas y queridas, no sabía qué estaba pasando con su bebé que no terminaba de salir ¡y esta mujerbatablanca insistiendo, machacando en que era mejor que estuviera el marido… ! Finalmente, la madre, cansada y asustada le dijo que entrara alguien, quien fuera, pero por favor que entrara enseguida pues no estaba para discutir más…

Cuando aclaramos lo sucedido, no podía dar crédito. En primer lugar nunca supimos quien era esta señora ni qué autoridad tenía para infantilizar de esta manera los deseos de una mujer de parto, deseos que además estaban por escrito en un documento que tiene cierta fuerza pues es donde se expresan los deseos de unos futuros padres en cuanto al nacimiento de un hijo.

La normativa en los hospitales (excepto en algunos del País Vasco y de Cataluña, más avanzados en cuanto a la humanización del nacimiento) permite que la madre de parto este acompañada por una persona, por la que ella desee.
En esta ocasión yo había sido la persona elegida, y soy Doula, pero podía haber sido una amiga, su madre, una vecina… o la panadera de la esquina. Eso es algo que NO concierne a los sanitarios siempre que la persona en cuestión sea respetuosa con el personal, con las instalaciones, con el proceso, con la madre… y yo lo soy, siempre lo he sido. Por tanto, ha sido esta buenaseñora  quien no ha respetado las normas pero sobre todo, quien no ha respetado a las personas.  Ni a los padres, ni a mí, alguien que acompaña.

Afortunadamente este ha sido un hecho aislado, no me había pasado antes y desde entonces no se ha vuelto a repetir.

Los padres no quisieron hacer averiguaciones de quien había sido este personaje y es algo que a mí tampoco me corresponde. Pasó… y pasó. Lo tomo como una experiencia más, de las que forman grupo junto a las poco agradables.

Cuando se habla de respeto hacemos mención a lo que queremos para nosotrxs mismxs pero difícilmente se puede dar aquello de lo que se carece.  RESPETO es una palabra muy manida, se utiliza muy a la ligera sin pensar en todo lo que puede encerrar. Respetar a una persona es tomarla en consideración, es valorarla y amarla, es aceptarla como es y en sus deseos. Es, en definitiva, tratarla como a una misma le gusta ser tratada.

Por fortuna las cosas están cambiando en el ámbito hospitalario, algunxs profesionales están tomando conciencia de las necesidades de quienes allí acuden por cualquier motivo. Mucho personal sanitario acude a talleres de formación emocional, de tratamiento y de crecimiento personal…

Ojalá que llegue el momento en que cuando alguien entre a un hospital sea atendido con la amabilidad, la dulzura, la atención y el RESPETO que merece.

Yo, en ello confío.


2 comentarios:

  1. Lo que digo yo, el día de tu parto es precisamente el menos indicado para que te toquen las narices. Por eso me voy a un hospital de parto respetado (en el de mi ciudad se dan estas cosas y peores).
    Y es alucinante que una persona cuya presencia está concretada no pueda entrar.
    Yo, aparte del pollo que monto, denuncio al hospital si soy esta madre. A ver por qué si el chaval no quería entrar y la madre no lo quería allí por las razones que fueran nadie contravino ese deseo.
    Increíble.

    19+4

    ResponderEliminar
  2. Increíble!!
    si tuviesen un poco más de valor estos padres ( y seguramente que algunos más que ellos), y hicieron lo que « deberían» de hacer, que es --denunciar, hacerse !!, seguramente que el proceso del respeto y valor hacia DOULAS sería mucho más rápido!!

    ResponderEliminar

Dime tu OPINIÓN, por favor, me interesa y mucho porque saber que a alguien le atrae lo que escribo, me anima a seguir haciéndolo.

Si no usas ninguna cuenta, ELIGE la opción Nombre/URL, luego ESCRIBE tu nombre o nick y deja en blanco URL.
Dale a continuar, escribe tu comentario, pincha en PUBLICAR un comentario...

Gracias por hacerlo.