Abuelos: criando más allá de los 60




Me remoto a hace más de 40 años. Marido trabajaba en una gran empresa de muebles, era Jefe de Producción y Director de Personal. Tenía un salario decente.  Yo, por mi parte, trabajaba como Secretaria de Dirección en la financiera de un gran banco y, aunque era algo que no me satisfacía, mi jornal era… medio decente. Teníamos que vivir, pagar un piso de alquiler y una hipoteca que ir amortizando.

Estando en esta empresa me quedé embarazada. Marido y yo hicimos planes para cuando naciera el bebé (no sabíamos qué era, no existían las ecografías). Por deseo mío y de común acuerdo, decidimos que yo dejaría este trabajo para quedarme en casa y CRIAR, cuidar del bebé y de los venideros.
Yo no sabía de la existencia de Bowly y su teoría del apego, no sabía nada de Reich, ni que existía Nils Bergman y sus estudios sobre los primeros 1000 días, no sabía nada de crianza… me dejaba guiar por mi deseo de ser madre y por lo que mi cuerpo mamífero me pedía.

Mi madre, mujer sabia donde las hubo, un día en su casa me dijo estas palabras Nena, si necesitas trabajar para comer, yo me quedaré con tu criatura, pero si no es así, no lo haré.  No sacrificaré mi tiempo y mi vida para que tú vivas mejor”. Mi madre no trabajaba fuera de casa, tenía 50 años. Y no olvidaré jamás estas palabras.
Ella no sabía lo que nosotros habíamos decido, así es que al decírselo me respondió que podría contar con ella siempre, pero de forma puntual, no por obligación. Y ciertamente, no me falló nunca.

Así, era yo quien llevaba y recogía a mis hijos del colegio. La comida en casa y por la tarde, la merienda y la hora de parque. Nos juntábamos las madres, todas jóvenes, con los críos. Mientras ellos jugaban, nosotras hablábamos de crianza, de nuestras cosas ¡arreglábamos el mundo!  De vez en cuando se veía a algún abuelo, o abuela que recogía a alguien…

Pasaron los años y quedé embaraza de mi tercer hijo. La situación laboral y económica en mi casa había cambiado drásticamente. Por necesitad tuve que buscar trabajo y, siendo mujer casada y madre de tres hijos, imposible encontrar un horario compatible, así es que los empleos a los que podía acceder eran de comercial a tiempo parcial. Como digo, y siendo que era absolutamente necesario ingresar dinero, accedí a vender lo que fuera: seguros (comisionista), joyería (machaca), ropa de bebés (comisionista) y finalmente, libros de texto de una editorial conocida, siendo también mi remuneración en forma de comisiones.

Y vuelvo atrás para recordar a una señora que vivía en mi escalera. Era muy mayor, le faltaba un riñón y cojeaba. Sin embargo, todos los días llevaba a su nieto al colegio, ¡hacía los cuatro viajes! Iba gritándole al pequeño ¡date prisa! ¡llegaremos tarde! ¡hazme caso o se lo diré a tu madre!...  Su hija, trabajaba fuera de casa y tenía un buen empleo…

Debido a mi nueva situación "laboral" tuve que llevar a mi hijo pequeño a la guardería con apenas dos años, y además dejarlo a comer porque era necesario aprovechar mi tiempo al máximo.  Recuerdo con tristeza irme a trabajar llorando la mayoría de días: por dejar a mi hijo tantas horas solo y por hacer algo que no me gustaba.

Hago un paréntesis para indicar que nunca me gustaron estos trabajos de ventas, pues me sentía en la obligación de crear una necesidad para que las personas compraran algo que quizás no pudieran pagar, o no necesitaban… lo pasaba realmente mal.

Mi trabajo en la editorial consistía en visitar centros educativos, institutos, colegios, guarderías… tanto públicos como privados, con el fin de mostrar los libros de texto y que, desde el Consejo Escolar, decidieran “colocar” esta editorial.

Me llamaba mucho la atención cuando a la salida de las guarderías, sobre todo, (entonces se llamaban así), en vez de encontrar a madres, ya empezaba a encontrar abuelos, o abuelas, que iban a recoger a sus nietos o nietas. Y me rompía el corazón ver como los pequeñines salían preguntando por sus mamás…

Y ahora me vengo al momento presente en que, a la salida de los colegios, apenas encuentro a madres, sino que son abuelos y abuelas quienes recogen a los niños y a veces, se quedan en el parque con el consiguiente desasosiego que eso causa al estar pendiente de los chiquillos que corren de aquí para allá y parece que nunca los encuentras… y luego, se los llevan a sus casas, incluso les dan la cena para que, cuando llegue la madre de trabajar (en la inmensa mayoría de ocasiones), agotada, con pocas ganas de milongas, se lleve a sus hijos a casa y siga con la tarea de baños, pijamas y cama…

Los tiempos han cambiado, evidentemente.  No diré si para mejor o para retroceder en calidad de vida.  Cada cual que mire su situación y si tiene tiempo y valor, que la analice.


La introducción de la mujer al mercado laboral ha llevado a grandes cambios sociales, sin duda alguna. Cambios que han afectado a la estructura familiar, a los hijos y sobre todo a los abuelos, cuando los hay. 
Comprendo que una mujer que ha dedicado unos años de su vida a estudiar una carrera universitaria para lograr un buen puesto de trabajo, no quiera renunciar a ello. Comprendo que, si necesita que le echen una mano, ha de buscar quién pueda hacerlo. Sin embargo…

Me pregunto si somos los abuelos quienes hemos de volver a criar una vez ha llegado nuestro tiempo de descanso laboral, después de haber superado, como hemos podido, las vicisitudes que la vida nos ha dispuesto en las crianzas de nuestros propios hijos.

Me pregunto qué se están perdiendo estas criaturas al no poder disponer del tiempo de sus padres y/o madres, de esas comidas en casa, de esas meriendas ricas y caseras, de esas horas de parque…


Las abuelas sobre todo, y como reminiscencia de una educación patriarcal, no tienen valor para decir a sus hijas (o nueras) que NO.

No voy a generalizar porque, como en mi caso sucedió, habrá quien necesite trabajar para subsistir. Sin embargo, vivimos en una sociedad consumista, no podemos negarlo. Trabajamos para comprar, para pagar, para gastar… y en este tema, habría que considerar también la cuestión del cuidado auxiliar de los hijos cuando ambas partes de la pareja, trabajan fuera de casa. 
Y los abuelos y abuelas, que queden para el disfrute mutuo, para compartir tiempo de juego y de cariño.

Conozco casos de tener dos sueldos muy decentes que se emplean en cambiar de móvil, de TV, de coche, de ir de viaje... a costa de seguir utilizando el tiempo de los abuelos para el cuidado de los pequeños.  No diré que haya abuelas y abuelos que lo hagan de buen grado, pero también es cierto que, cuando hablo con mujeres de mi edad que están en esta situación, el cansancio y la desgana solo se comenta entre iguales, o sea, entre nosotras… porque ¡que me diría mi hija (o hijo) si supiera lo que pienso!

En fin, no voy a alargarme mucho más.

Para las feministas, sobre todo las más radicales, seguro que soy una retrógrada.

Para las que tienen la tendencia a ver en todo un juicio… me importa un rábano lo que piensen.

Transmito una realidad que veo desde hace años, y que va en aumento. La maternidad tardía y la situación de la mujer en un mundo laboral con la mentira de la conciliación, lleva a que sean los abuelos quienes vuelvan a criar cuando ya no es su tiempo.

Si quieres dejar una opinión, te lo agradezco. Pero eso sí, no acepto descalificaciones ni falta de respeto. Si no te gusta lo que has leído, es porque tal vez tienes algo que revisar.

Con amor.

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