“Mi parto, el nacimiento de mi hijo, comenzó un viernes a las 12 h de la noche, dos días después de su fecha prevista. Como si se hubiese querido esperar el fin de semana. Acababa de apagar la luz después de leer una novela en la cama, y allí vino la primera contracción. A la vez un pequeño “crack”, rotura de la bolsa, pero solo un poco, lo justo para acompañarme con pequeños chorros cálidos durante todo el parto...
...Hacia las 6 h de la mañana acudí al hospital. Concha, mi doula, me esperaba allí. Me asignaron una habitación y al cabo de un rato hasta trajeron el desayuno, del cual yo no toqué ni un bocado, por la náusea que me invadía después de cada contracción...
...Sin embargo, al cabo de poco, ya en la sala de dilatación, estaba de 3 cm. Y allí pasamos el día, Concha, mi bebé, y yo...
...Lo mejor fue la presencia de Concha, la luz en un camino largo, a veces estrecho, empinado y lleno de piedras.
Lo peor, las constantes monitorizaciones, que me obligaron una y otra vez a estar tumbada...
...En esa sala, yo me desdoblé en dos, la Mariona física, dentro del cuerpo, unida a la tierra, que vivía el dolor y no pensaba, solo sentía. Y la Mariona racional, que veía todo desde el exterior, fijándose en todo, para no perder un solo detalle de este momento tan valioso. Y mientras una Mariona sufría, gritaba y sudaba, empapada de líquido amniótico, deseando parir ya, la otra, serena, la animaba y tranquilizaba.
“Ha dicho que vaya a la ducha... es imposible que llegue hasta allí, duele demasiado... claro que llegarás, poco a poco, te sentirás mejor… ¿Sentarme en la pelota? Imposible... sí, tu puedes… ¡Uiii!, me está viendo el culo medio hospital, a ver si me tapo... pero qué más da el culo si duele tanto… El móvil, donde está, tengo que avisar a mis padres... ¿tengo padres?... creo que Concha me lo va escondiendo para que no me distraiga con él… Un tacto, no puede ser, voy a gritar a la matrona que ni se le ocurra, esa zona no se puede tocar... no sirve gritarle, lo va a hacer de todas formas... Es injusto, ella toca a mi hijo y yo no... ¿tiene pelos en la cabeza, o es calvito? ¡pero qué mareo y qué náuseas… ! ¿Cómo puede ser que Concha no haya comido nada? estará muerta de hambre…ahora no hay contracción respira y duerme un poco... ¡pero si duele todavía!… Sí, Concha, vete a cenar tranquila... ¿pero ¿cómo le dices que se vaya, si me voy a morir en cualquier momento?"
...Los 3 cm se convirtieron en 4, en 5, en 6 y en 7, a centímetro por hora. Un parto de libro según Concha. Y allí la cosa se atascó. Por tener que estar tanto tiempo tumbada, parece...
... ¡¡Ahhhhhhhhhh!! ya todo me parecía una única contracción. “Qué bien, contracciones productivas”, me animaba Concha. “¿Eso significa que las otras eran para nada, tanto dolor?”, pensaba yo.
Llegué a 9 cm, y para entonces parecía que el bebé ya estaba sufriendo, así que al final me llevaron al quirófano. Para hacer un análisis del ph en la cabecita …” tendrás que estar 5 minutos quieta… ¿cómo?, eso es completamente imposible… es que estos análisis lo hacemos normalmente con epidural… ¿pero para qué me lo dice? ”… yo estaba acojonada…” ya no puedo más”, le decía a Concha “Entonces es que vas a parir pronto” decía ella. Y tuvo razón, cómo no.
...Y cuando me lo dieron a los 5 minutos, todo cambió como de la noche al día: ningún dolor, solo felicidad, y una infinita incredibilidad de que algo tan perfecto había salido de mi vientre.
El parto fue duro y largo, pero para mí ha sido el mejor parto del mundo, porque en él nació mi hijo, precioso. Eso sí, tener un acompañamiento de una persona con experiencia, una doula, fue esencial.
Sin ella, la vivencia habría sido muy diferente, de eso estoy segura".
"Lorena llegó el 12 de Noviembre de 2018, pero en realidad, había llegado hacía ya mucho tiempo…llegó primero en mi deseo de tenerla, tan soñado y ansiado, que cuando se hizo realidad, me dejó por unos días en una sensación de incredulidad… un “no me lo puedo creer”, un test de embarazo positivo....
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...Mi mente, mi cuerpo, ella y yo… sabía que este embarazo iba a ser distinto, deseaba poder apresarlo, disfrutarlo y dejarme fluir, soltar… Aun así, aun sabiendo desde la mente lo que era esencial, caí en los brazos del estrés más de una y cien veces… y aun así, lo logré, pude traerla al mundo de la mejor forma que fui capaz… Y por ello me doy las gracias, por confiar en mí misma… y le doy las gracias a ella por saberlo todo antes de nacer… por conocer el camino a recorrer y por darme la fuerza para parirla… y le doy las gracias a él, a Alex, quien siempre suscribió mis palabras sobre el cómo y el porqué, y que me acompañó a su forma, que se volcó en estar para todo, el día que Lorena quiso nacer, cuidando la intendencia y acompañando a Leo para que transitara con naturalidad y alegría la llegada de su hermana.
Así que pronto estuvo todo trazado: Lorena nacería en casa… Ahora sólo faltaba decidir quién me acompañaría en este empeño… y claro, ahí estaba Concha, Amama Doula, compañera de formación, mujer fuerte y maternal, en quien sabía podía descansar y confiar… Para mí fue esencial tenerla como doula… todavía recuerdo nuestro primer encuentro, en una cafetería de Ruzafa… siempre sutil, discreta, con las palabras justas, con su cariño, con su presencia… ella misma fue quien me orientó en la búsqueda de una matrona que atendiera partos en casa.
Una voz dulce al otro lado del teléfono: esta era Teresa, mi matrona. Siempre con su capacidad de calmar mis miedos y disipar mis dudas. Conocernos fue más adelante, pero nuestras conversaciones telefónicas ya estaban llenas de feeling y conexión. Y con Teresa, también llegaron Carina y Carol: un equipo de tres matronas, que, junto a Concha y Alex, se convirtieron en el gran equipo, sencillamente genial.
... Lorena quiso estar dentro de mí más allá de la semana 40, y también más allá de la 41. Es curioso cómo la alegría de saber que ha tenido el tiempo necesario para madurar todos sus órganos, se va transformando de un momento a otro en expectación e incertidumbre…
Y así fue, nació el 12 de noviembre, en la semana 41+4, porque era su momento y el mío...
.....Me sorprendió a la vez, pues inevitablemente comparé con el parto en el que nació Leo, en el cual acabé con inducción por rotura de membranas sin tener apenas contracciones y, aunque estuve 24 horas esperando para ver si podía iniciar el parto sin inducción, apenas conseguí borrar el cuello del útero…
... 03:30 Me despierta el dolor intenso de una contracción. Me levanto al baño. Me siento en el W.C. y me agarro al lavabo. Viene otra contracción… trato de tranquilizarme… siento emoción... siento que por fin llega el momento. Decido volver a la cama… necesito descansar y acumular todas mis fuerzas.
... 06:00 Ya no aguanto más en la cama. Me levanto y pienso en si debería avisar ya. Decido esperar un poco. Ya se encargará Alex de avisar a la familia cuando sea el momento. Sigo con contracciones, comienzo a soltar la voz… a decir la “ahhh”… suave, casi en silencio, en el salón… hace tan pocas horas estaba con la pelota y ahora ya otra vez aquí… comento en el grupo de whatsap del grupo de Perinatal que la fiesta está comenzando, e Ibone me responde rápidamente y enciende su vela… siento la conexión con lo femenino… comienza el baile de fotos con velas que se encienden en diferentes geografías, traspasando fronteras y océanos… y me siento agradecida de poder sentir el calor y la conexión con ellas.
06:59 Aviso por el grupo que tenemos las matronas, Concha, Alex y yo, de que ya estoy comenzando con las contracciones. Lo grabo intentando mostrarme tranquila, pero el dolor es intenso… me vienen dudas de saber si es mucho o poco…. ¡ay que incertidumbre…. Llamo a Concha… ella siempre me dice que la llame… Le explico. Me dice que parece que va comenzando... Que en una hora la vuelva a llamar para ver cómo va la cosa...
... 07:57 Recibo un whatsap de Concha que me dice “Salgo de casa. En 30 minutos estoy ahí”. Algo le ha hecho intuir que debía venir ya. Y en ese momento, me doy cuenta de que me siento mejor así, si viene ya… Quiero controlar el tiempo de las contracciones, pero no estoy para eso… sé que son frecuentes… no sé si demasiado… respiro y sigo con la “ahhh”.
08:30 Llega Concha. Me siento más tranquila. El dolor es intenso, pero me permite recibirla y explicarle más o menos cómo estoy. Por un momento es como si me desconectase del cuerpo por el mero hecho de saludar y explicar brevemente… “me estoy saliendo del proceso” me digo… y me doy cuenta de mi intento de control y mi tendencia a analizar… y vuelvo a mi cuerpo, y me olvido de lo demás. Concha me abriga, acondiciona la temperatura de la habitación y la noto presente. Me tranquiliza pensar que ella está aquí. Y de pronto, vuelvo al dolor y llega otra ola.
08:48 Vocalizo la “ahhh” poco a poco, soltando el cuerpo. Estoy de rodillas en el suelo y el cuerpo apoyado en la cama. Sé que Concha está detrás de mí. Me coloca una manta sobre el cuerpo para que entre en calor.
09:15 Las contracciones son cada 3 minutos y bastante intensas…sigo con la “a” cada vez más fuerte. Una parte de mí se preocupa por si despierto a Leo… sé que Alex se encargará de cuidarle y cuidar que viva este momento de la mejora manera. Vuelvo al cuerpo. Entre contracción y contracción respiro, y tengo la sensación de que casi me duermo. Alex y Concha están ahí, conmigo en la habitación. Menos mal que están ahí, conmigo…
...........
09:50 El dolor se hace difícil de sostener. Noto mi voz más salvaje. Ahora ya son gritos fuertes y me sorprendo de la forma en que el grito sale adelante…
... 10:47 Llega Carol. ¡Qué bien, refuerzos! Ya solo falta Teresa quien llegará un poco más tarde. Noto que están a mi alrededor, que todo va bien. Van avanzando con la intendencia de la piscina. Y yo sigo notando presión y vocalizando la “ahhh”. Alex me abraza, me sostiene, me da algún beso. Qué bien sentirlo cerquita. No recuerdo bien si es ahora, o antes o poco después, entra Leo en escena de forma abrupta. Abre la puerta de la habitación y dice algo así como “os voy a poner una multa”. Está algo confuso… yo pienso en mis “gritos” y me pregunto si le habrán despertado (más tarde me dirá que la multa era porque me estaba llamando y no iba a buscarle, y que pensó que me había ido y que casi lloró del susto, ¡ay mi niño). Le explico que estoy con la palabra mágica, con la “ahhh” que me ayudará a que pronto nazca Lorena. Lo vive con naturalidad. Alex le acompaña a desayunar.
11:15 Llega Teresa. Vivo su llegada con especial emoción. Teresa me transmite tanta calma… Es como un ángel. Sé que todo va a ir bien…
... Cada vez estoy más en mi mundo, y el resto fuera. “Esto ha de pasar por mí… ¿y si no puedo?”. La mirada de Teresa frente a mí me tranquiliza. “Lo estás haciendo muy bien” … me dice.
Me recuesto de espaldas. Manos cuidadosas me miman… una cucharada de miel me endulza la boca. Un paño caliente en mi frente me ayuda a descansar… es tan intenso todo lo que estoy viviendo… Alex me acompaña al otro lado de la piscina. Leo va y viene. Y pregunta y me ve en la piscina. Yo no quiero que se asuste. Y en un momento de extremo dolor le pido a Alex que se lo lleve. Siento que necesito estar tranquila. No puedo preocuparme ahora de cómo le llega todo lo que está viviendo. Quisiera abrazarle y calmarle, pero no puedo. Estoy trayendo al mundo a Lorena y esto es muy intenso… ni siquiera sé si podré mantener la calmar yo misma… y ahí están ellas y Alex para hacerlo. Me animan con su presencia, me calmo con el calor del agua. Me preparan una infusión, y me la dan… qué sensación sentirme tan cuidada… y es que es tan importante reponer fuerzas. Necesito conseguirlo por ella, por Lorena.
... Sigo empujando. Noto sus manos ayudándome, protegiendo mi periné. Y llega al fin ese momento, el momento en que ya noto que los pujos hacen que Lorena esté a la vuelta de la esquina. Me señalan que no empuje ahora. Comienzo a notar el aro de fuego… y noto cómo quema mi vagina. Y justo ahí es cuando me dicen que no empuje… y aguanto hasta que viene de nuevo la ola y por fin en el siguiente pujo sale su cabeza… ¡ahí está! Siento que ha pasado lo peor. Ahí está su cabecita. ¡¡¡Ya la veo… es tan emocionante!!! ¡No puedo creer que esté ahí!
Le digo a Alex que le pregunte a Leo si quiere ver a su hermana nacer. Alex vuelve a la habitación con Leo, y justo en ese momento, vuelvo a empujar y sale su cuerpecito, que yo misma coja y acerco a mi pecho. Son las 14:05. Estoy llorando y riendo, exhausta y más viva que nunca. Miro sus manitas, y sus ojos. Está tan despierta. Y ahí en mitad de las aguas nos encontramos por primera vez.....
...Carol me acerca a Lorena al pecho. Yo quería que reptara espontáneamente, pero es cierto que en ese momento me va bien que la ayude… quizás porque la noto inquieta y pienso que cuando se encuentre con el pecho se calmará. Le cuesta algo engancharse al principio, pero en cuanto lo hace, ya no para. Y ahí me quedo. Con ella, con todo mi amor y con toda su presencia. Llenándolo todo de luz, en nuestra habitación, en nuestra cueva.
Y así fue el nacimiento de Lorena.
Y Concha, mi querida Doula, acompañándome desde el principio hasta el final… mimando cada momento y asegurándose de que tanto yo como Lorena estuviéramos bien. Cuidando a Leo, y a Alex también…
Y así, cuando llegó mi madre a hacer de madre, Concha le pasó el testigo, y tanto mi madre como mi padre, emocionados al vernos a su nieta y a mí en tal estado de climax, en nuestra habitación, en nuestra cama...
...Así fue el día que nació Lorena. Con una llegada dulce y tranquila, sin prisas, con amor… En penumbra, pero llena de luz. Entre aguas y entre mujeres. Pude vivir lo que significa respetar y dejar hacer al cuerpo, pude experimentar la confianza en mí misma, en mi cuerpo y en las personas que me acompañaron tan amorosamente. Las palabras justas, la ayuda justa… la presencia silenciosa de poderosas mujeres… que tuve la suerte de escoger para acompañarme a dar a luz a Lorena. El parto de Lorena en casa me hizo sentir mamífera, unida con la madre-tierra. Capaz, potente y con una impactante sensación de salud, de bienestar…
Por eso y por mucho más, parir en casa fue un gran regalo que siempre quedará impreso en la memoria celular de cada recoveco de mi cuerpo. Gracias, gracias, gracias…"
“La llegada al mundo de mi bebé fue animalmente suave y dulcemente salvaje… Desde el inicio de la gestación, la fuerza de la unión femenina (en forma de círculo de mujeres) me acompañó.
En Brasil, (donde viví buena parte de mi embarazo) poco antes de saber que estaba embarazada, comencé a formar parte de un grupo de mujeres muy conectadas con el sagrado femenino. Algunas de ellas doulas y activistas por el parto respetado. Gracias a ellas, comencé a abrir los ojos a una realidad, la de volverse madre, que para mi era absolutamente desconocida.
A partir de mi embarazo, comencé a darme cuenta de la desconexión tan grande que tenemos con la maternidad. Desde el desconocimiento absoluto de cuestiones básicas, hasta extraños rechazos a cuestiones tan naturales como dar de mamar a tu cría. Enseguida entendí que quería vivir el embarazo y, sobre todo, el parto de forma natural, sin parafernalia innecesaria.
Decidí, con mi pareja, volver a casa, a Valencia para que mi bebé naciera en familia. No obstante, aquí no conocía a ninguna mujer embarazada o madre que hubiese recorrido el camino que yo buscaba, el de un embarazo y parto consciente y natural. Gracias a San Google, encontré el blog y referencias de Concha. Aún sin tener referencias personales (que generalmente son las más valiosas para mi) decidí contactar con ella. Me encontré con alguien muy amable al otro lado del teléfono. Cuando finalmente pude conocerla en persona, supe que había dado con la persona correcta.
... Durante el embarazo tuve, en general, una buena experiencia con el personal médico que me atendió, fueron siempre correctos y (salvo alguna excepción) recibí buen trato. Pero el Sistema es el que es y siempre me iba de la consulta médica con dudas sin resolver, dudas nuevas y medio atontada y agobiada por lo rápido que deben trabajar estas personas. La matrona de la Seguridad Social con la que tuve el seguimiento era tan profesional y eficiente como fría y distante.
En un momento de tantos cambios a todos los niveles, incluso siendo bien tratada, me habría sentido muy desamparada de no haber podido contar con los cuidados de mi doula, sin ese calor humano y la tranquilidad que transmite una mujer con experiencia.
... No sé, no quería vivir lo que entendía que era el viaje iniciático al mundo de ser madre, un momento tan decisivo en mi vida, cubierta de sondas, en camilla, sin poder moverme como yo quisiera y con un camisón horrible que solo dejara mi culo al aire. Tras mucha lectura y trabajo con Concha me fui preparando para el parto que quería.
Nuestro parto comenzó de madrugada, cuando rompí aguas, tuve la sensación de que un río bajaba entre mis piernas. Era el momento, me metí en la ducha y viví un momento de euforia maravilloso. No tenía dudas, mi bebé llegaba. Llamé a Concha y se vino a casa en medio de la noche.
... La presencia de Concha, firme y tranquila, sus cuidados: el calorcito en la espalda, sujetándome el pelo, el agua calentita, su voz suave… Me ayudaron a entrar en el ¨planeta parto¨ y ahí me quedé, sin noción del tiempo, sintiendo la intensidad del dolor en cada contracción y la serenidad de la pausa entre cada una de ellas, meciéndome con su ritmo en la pelota, en el suelo, en el sofá. Me entregué a lo que venía, a la experiencia de abrir mi cuerpo para que llegara mi bebé. Me concentraba en permitir a mi cuerpo abrirse, en las visualizaciones que habíamos practicado unos días antes.
Era una experiencia nueva, pero la sentía a la vez antigua, natural, una vieja conocida… mi instinto iba guiándome. Somos mamíferas, y en el parto se me hizo más evidente que nunca. Estuvimos todos tranquilos, viviendo lo que estaba pasando con calma. Sabíamos que iba a ir todo bien. En un momento dado, las contracciones se hicieron muy muy intensas, estaba claro, había que salir ya.
... Salí como pude del coche y Concha me ayudó a llegar a urgencias. Ese corto trayecto por el pasillo se me hizo eterno. Me hicieron pasar directamente y me reconocieron las matronas. No recuerdo bien ese proceso, sé que fueron todas super amables y tranquilizadoras. Desde el principio me hicieron sentir bien y que estaba en buenas manos.
Me hicieron el primer tacto (muy molesto, pero me fueron explicando por qué se hacía y pidiendo disculpas por el dolor) y nos dijeron que estaba de 8 cm. Me sorprendió lo rápido que iba todo… de ahí pasamos al paritorio. Leyeron mi plan de parto, confirmaron conmigo que quería parir sin anestesia (o al menos intentarlo) y me ofrecieron una silla de parto, pelota, la camilla… vamos, todo lo que quisiera. Lamentablemente no se pudo evitar que me pusieran una vía (que acabé quitándome sin darme cuenta durante la fase final del expulsivo).
...Así parí, a cuatro patas, agarrada de la mano de mi pareja, asistida por dos matronas increíbles a las que estoy tremendamente agradecida por el trato tan respetuoso, amable y divertido que nos dieron.
Acompañada también por mi doula, cuya presencia constante me hizo sentir enormemente tranquila y serena.
Pude parir como quería, con mis tiempos respetados, entre personas amables, con mi voluntad y mi cuerpo respetados… con amor.
...Eso me garantizó libertad para concentrarme únicamente en el parto, en gestionar el tremendo dolor, el darle la bienvenida a mi hija. Tras dos hora en el paritorio, las matronas me indicaron que tocara la cabeza de mi bebé, ¡ya asomaba! Un esfuerzo final, una, dos, no sé cuántas contracciones más, hice fuerza con todo mi ser y me ayudaron a que fuera yo la que cogiera a mi bebé en cuanto salió por completo.
En cuanto tuve a mi niña conmigo se me olvidó completamente el esfuerzo y el dolor (muchas mujeres me habían dicho eso, pero no me lo terminé de creer hasta que lo viví). Se inundó todo de mi bebé, de una ternura y una felicidad como nunca había vivido.
...Recuerdo ese momento con mucho cariño, comiendo almendras y anacardos (me entró un hambre voraz) que me daba mi pareja, con la bebé entre mis brazos, llorando de emoción y con una sensación de bienestar profundo (¡oxitocina al poder!). Las dos horas nos parecieron veinte minutos, pero tocaba salir, nuestra hija había nacido y poco a poco la iríamos presentando a nuestra familia y amigos.
...Contar con una doula, contar con una mujer como Concha (que sigue cuidándonos y ocupándose, informándonos sobre todo tipo de temas que necesitamos) fue clave para parir como quería hacerlo. Sin miedo, confiando en mi cuerpo y mi bebé. Mi agradecimiento y cariño son enormes.
Gracias y mil veces gracias, por tu amor, por tus cuidados y dedicación Concha. Tú has hecho posible que este parto haya sido tan feliz. Te queremos, gracias por estar conmigo, con nosotros, en este momento tan hermoso de nuestras vidas”
"En Abril de 2017 tras unas Pascuas muy familiares, me quedé de nuevo embarazada, era mi tercer embarazo, mi segundo bebé.
Hoy después de un año y 15 días encuentro un momento para poder escribir mi relato de parto.
Tras hacerme el test de embarazo y confirmar que venia de camino, informé a mi marido, a mi familia y como no, a Concha, mi doula.
Pasé un embarazo buenísimo y muy bonito porque me acompañó muchísimo mi hijo mayor, Izan, quien para entonces tenia cuatro añitos y sus razonamientos eran bellísimos… “mamá, este bebé me conoce… mamá el bebé me oye… mamá, yo te ayudaré con el bebé, te daré los pañales y le cogeré…” y se montaba sus historias y diálogos preciosos con el bebé.
Cuando llegaba del cole: mamá, ¿el bebé ha preguntado por mí? Y yo le respondía “si cariño, me ha dado unas pataditas y me ha preguntado que dónde estabas” ¡Jajaja, qué inocente mi chiquitín, y qué bonito!
...Estaba ansiosa por verlo. Iba pasando el tiempo de embarazo y parecía nueva ¡jajajaja! Cada dos por tres comentándole a mi doula si eso era así, las dudas me inundaban…
...Mi fecha probable de parto era para el 7 de enero y me apuré a prepararlo todo para la nueva llegada y para preparar los regalos de Papá Noel del mayor, a pesar de que en casa nos gustan más los Reyes Magos… y este año tal vez las pasábamos en el hospital, así que pasamos las Navidades y Alejandro seguía dentro de mamá.
...Nos levantamos, desayunamos y mi marido se bajó a trabajar para tenerlo todo listo para la comida del día de Reyes…
Cómo no, era una mañana fresquita, propia del mes, le preparé el desayuno a mi hijo y me tumbé porque sentía contracciones… Algo me decía que hoy sería el día y llamé a mi mamá a las 10 de la mañana y le dije: Mami vente a por Izan que necesito estar sola.
La mañana iba marchando como tocaba, contracción tras contracción, yo hablando con mi bebé y dándole fuerzas y ánimos para que supiera que su mamá estaba ahí, preparada, apoyándole y bailando al son de su movimiento. La mañana fue tranquila, mi casa se oscureció, el móvil se apagó y yo estaba en mi mundo, relajada y tranquila, pero a la vez nerviosa por saber cómo sería el parto, cómo sería mi precioso bebe…
...A eso de as 17:00h llamé a mi doula. Concha llevo todo el día con contracciones cada X minutos, ya ni lo recuerdo… Raquel, olvídate del reloj y céntrate, cuando creas conveniente me avisas e iré….
...Mi madre estaba asustada porque era la primera vez que estaba conmigo en el momento previo al parto. La luz de las velas marcaba mi horizonte cuando desvanecía…
...A eso de las 19 h aparece Concha por mi casa, sin que hiciera falta llamarla. Tras unos minutos de charla y de tomar asiento, me espía desde la silla del comedor. Me observa para ver en qué punto estoy… Mientras, tranquiliza a mi madre que está muy asustada, quien le dice: “Es que la veo sufrir y eso no me gusta” Tranquila, Carmen, Raquel va muy bien, ella sabe lo que tiene que hacer y lo está haciendo fenomenal.
...Los gritos cada vez se hacen mas sonoros y me cuelgo del sofá como puedo cada vez que viene una contracción. A eso de las 22h viene mi hijo Izan que quiere dormir en casa con mamá y su padre se acuesta con él.
¡No puedo maaassss! Pasan las horas y sigo yendo a más ¿cuándo va a parar? ¿Concha cuando nos vamos? Cuando tú me digas Raquel.
Eso era sobre las 23:30 h
¡Me cago en todo, no puedo más! Mientras, Concha me abanica, me da agua y yo siento que estoy llegando al final… Concha no quiero que me pase como con Izan y estar esperando tantas horas….
¡No puedo más Concha…llama a mi padre que se quede con Izan! ¡Carmen, nos vamos! ¡Alejandro, levántate que nos vamos!
...Sobre las 00:00 h aprox llegábamos al hospital de Manises y a lo lejos una enfermera me pregunta que como estoy ¡jajajaja como si no se viera nena! ¡¡estoy de parto!!
Paso a la sala donde las matronas me atienden y mientras hacen sus preguntas yo solo quiero sentarme en el baño para relajar las contracciones y me dicen que no, que a la camilla para un tacto ¡Dios que dolorrrr!
...De ahí no pude moverme. Recuerdo a mi doula dándome su mano y ahí es todo un poco borroso, ya me metí en mi mundo donde mis gemidos y mis gritos era lo único que escuchaba. Recuerdo que Concha me dijo que necesitaba al baño, la cogí fuertemente del brazo y le dije: ¡de aquí no te mueves! un miedo horroroso a perderla durante unos minutos me inundó. La matrona me aconsejó: en la siguiente contracción vamos a respirar y soltar el aire. Recuerdo girarme y mirarla y decirle: ¡discúlpame, pero soy de gritar…!
...Concha llamó a mi madre para decirle que ya estaba coronando y luego salió a llamar al papá, entró Alejandro, sentí sus caricias y ella se quedó fuera.
El amor que en ese momento sentí es imposible de describir ¡¡Ya estás aquí cariño mío, mi amor, mi cielo, mi todo! ¡Ya estás aquí, eres bellísimo!!
Era la 01:22 h exactamente.
...Alejandro se enganchó enseguida al pecho, con alguna pequeña molestia al principio. Concha se fue a casa y pasamos la noche muy tranquilos los tres, sin visitas.
...Quiero dar las gracias a mi familia por el apoyo recibido.
A mi madre, que aguantó como una jabata esos momentos a mi lado.
Al Hospital de Manises por trabajar como lo hacen.
Y, cómo no, a mi Doula, por estar ahí, siempre.
A.M. Renée 20 de agosto de 2019
Leer relato completo en Mi segundo parto en casa: nacimiento de Renée
"Esperábamos a este bebé al que sentíamos como parte de la familia y ese gran regalo que podíamos hacer a su hermanita Chloé. Esta vez, queríamos estar acompañados no solo por unas matronas, sino también por una doula que supiera validar nuestros sentimientos, así como apoyarnos para que pudiésemos gestionar esta parte tan olvidada en cuanto a partos, la parte emocional, pues ahora iba a haber una diferencia muy grande con mi primer parto, mi hija iba a necesitar a alguien que estuviese con ella. Tal vez podría necesitar mi marido, alguien que le diera tranquilidad, y esa sería Concha, una doula de confianza que encajaba perfectamente en ese rol. Chloé la estuvo llamando “yaya” durante ese día. Siempre la había llamado “Concha”, pero ese día decidió que era algo más…
...El acompañamiento emocional (antes, durante y después del parto) es algo que puede influir en cómo se desarrolle el proceso y eso lo teníamos muy claro, tanto Bruno como yo...
...Contado todo esto, empezaré a relatar el nacimiento de Renée desde el día anterior a su llegada...
17 de agosto de 2019
...Durante el paseo, las olas venían y me hacían recordar mis últimas lecturas de Ibone Olza, Casilda Rodrigañez y Laura Perales… mujeres que empezaban a susurrarme "se acerca el momento, vívelo, que luego pasa rápido y se echa de menos". Yo sonreía y me apoyaba en Bruno, miraba tiernamente a Chloé, que ya venía dándole las buenas noches y los buenos días a la barriguita de mamá, mientras le decía cariñosamente “vamos Nené, que te estamos esperando”. Esas mujeres me recordaban que bailara esas olas, “relaja el útero, no temas, recuerda esa rana, esa medusa ondulante, deja que tu cerebro primitivo coja las riendas de tu cuerpo y disfrútalo, sobretodo gózalo.”...
18 de agosto de 2019
...3:00 a.m. Llevo un buen rato con olas intensas en la cama, esta postura no me deja sobrellevarlo tranquilamente, además empiezo a sentir un poco de ansiedad, como si ese “gran día” hubiese llegado. Bueno, realmente y en teoría había llegado, hoy era la fecha probable de parto y tanto yo como mi primera hija, habíamos sido muy puntuales y habíamos llegado el día previsto. Renée no iba a ser menos...
...6:00 a.m. He estado controlando las contracciones con el cronometro y vienen cada 15 minutos más o menos. También he ido a despertar a Bruno (me siento un poco sola) y me pregunta si quiero que llame a Concha, nuestra doula. A él no se lo cuento, pero han empezado a venirme algunos miedos, he recordado mi primer parto y pasar por la intensidad de ese momento se me hace un poco cuesta arriba, he dormido poco y me gustaría descansar, sé que la presencia de Concha me va a hacer estar más tranquila, ella me conoce bien y, además, necesito esa energía de mujer experimentada que me transmite paz....
...07:30 a.m. Concha ha llegado, le ha dicho a Bruno que se acueste y siga descansando (le necesitamos con energías para estar con Chloé) y llevamos dos horas mientras vienen olas cada 15/12 minutos… Yo solo tengo ganas de hablar y me siento muy consciente, me da la sensación que al igual que en mi primer parto, voy a empezar a frenarme con la luz del sol....
Llevo las contracciones bastante bien, Concha me aconseja que me centre y desconecte, me ayuda a encontrar una postura que me alivie el dolor ¡increíble! La postura acompañada de unos movimientos desde la vagina, abriendo y soltando, me hacen sentir y exteriorizar un gemido que está más cercano al placer sexual que al dolor), se lo cuento todo entusiasmada a Concha, sonríe y asiente. Empieza a entrar el sol, ella cierra las persianas, yo las abro…
...12:00 p.m. Ha llegado Teresa, hemos escuchado su corazón y después de hacer una palpación en mi pelvis, nos hemos dado cuenta que la cabecita está muy alta todavía. Al realizarme la maniobra de “manteo” he sentido como una bola en mis riñones. . Efectivamente la bola que siento en mis lumbares significa que el bebé está en posterior y choca con el hueso de la cadera, por eso no baja y está todo un poco frenado...
No quiero que termine. Y quiero quedarme sola.
Esta idea empieza a resonar en mi cabeza...
1:30 p.m. Mientras Bruno se marcha con Chloé, tenemos más de dos horas seguramente para hacer una sesión de reflexología, y además pienso en una ducha y una siesta como algo que realmente necesito. Me apetece charlar,
...Teresa piensa como Concha, que debería desconectar, pero estoy muy emocionada, tenía muchas ganas de que llegara este día y le cuento con ilusión a la matrona, que las contracciones las estoy disfrutando, que ciertas posturas me ayudan a sentirlas de un modo mucho más suave y que si las bailo mientras suelto el aire como si me desinflara me ayuda a interiorizarlas, estoy viviendo este preparto desde la consciencia, y me gusta. Lo estoy disfrutando y aunque parezca mentira, no quiero que vaya rápido....
...3:30 p.m. ¡Estoy sola, lo he conseguido!
...Voy a darme una ducha, me miro en el espejo… ¡qué imagen! Me veo hermosa, mientras me viene una ola, me observo, la redondez de mi barriga, mis caderas haciendo círculos, mi cuerpo desnudo y mis cabellos blancos sueltos, si pudiera me haría una fotografía con los ojos. Esa imagen me hace sentir poderosa, capaz, bella, en armonía…
... Me siento fresca y relajada, como una nube que es llevada por ráfagas de suave viento...
4:00 p.m. He dormido, a pequeños ratitos interrumpidos por contracciones que no llevaba muy bien en posiciones horizontales, ya ni siquiera parece que pueda llevarlas bien a cuatro patas, necesito andar.
Me levanto y miro el móvil, veo sin desbloquearlo que Bruno me ha enviado la ubicación en directo (eso significa que está de camino), en veinte minutos está en casa. Mientras camino hacia el comedor de forma lenta, me viene una ola… la bailo… llego al comedor… otra… me agarro al piano, ¡¡aaaaaahhhhhhhhhhmm! (suena como si hubiese tenido un orgasmo, sonrío).
...4:15 p.m. Me voy a la cocina, Bruno me prepara el vaso de gazpacho y continúa haciendo cosas tranquilamente. Después de decirle que “hoy Renée cena con nosotros”, me cojo de la torre que tiene Chloé para desayunar, me agarro de los barrotes y empieza otra ola… la bailo, la respiro, esto sigue… y de repente, como en esas películas en las que ves como un barquito navega por un rio tranquilo y serpenteante, de golpe aparece una gran catarata que cae en picado sin apenas avisar....
Así caí al suelo, todavía agarrada de los barrotes de madera, y apretándolos con fuerza, desde mis entrañas y empujando sin poderlo controlar, grité, más bien gruñí – ¡Llama a Cooooonchaaaaaaa! - Bruno me mira desconcertado - ¿Qué pasa cariño?, no puedo hablar, solo gruñir, ¡Llamalaaaas a tooodaaaaaaas! ¡estoy empujaaaandooooooo!
Bruno coge los móviles y empieza a enviar mensajes al grupo de WhatsApp que tenemos con nuestra Doula y las matronas. Chloé me mira de pie sin decir nada. Empieza la fiesta…
4:22 p.m. Camino como puedo hasta el baño, me siento en el wáter, pues he notado que se me sale todo por todos los orificios y aun me da por pensar en no ponerlo todo perdido. Me cuesta sentarme y quitarme las bragas, Bruno me ayuda mientras continúa enviando mensajes, tiene un móvil entre la oreja y el hombro y con el otro escribe. Yo me meto la mano derecha como intentando tactarme para ver cómo va por ahí adentro, noto la cabeza al final de mi vagina…
- ¿Que pasa mami? - tengo a Chloé a mi lado, eso es justo lo que deseaba, que mi hija viera nacer a su hermanit@, llevábamos planeando el parto varios meses, quería que Chloé lo viviera, incluso teníamos la piscina montada, todo preparado…
Pero Renée había decidido que nos iba a cambiar los planes, que iba a romper nuestros esquemas. - ¡Que ya viene Renéeeeeeeeeeeeeee!- Mientras gritaba notaba como su cabecita iba bajando a través de mí. - ¿Quieres un besito? ¿Tienes pupa? – Dios mío, la quiero tanto… - ¡Despueeeeeeeeeeeeees! – y entonces le entra la risa. Para tener dos años y medio, estuvo a mi lado, acompañándome y dándome amor como el que nadie me hubiese podido dar.
Bruno se acerca y me dice – Cariño, no puedes tenerlo aquí (el wáter) – yo, haciéndole señas con el dedo, solo puedo decirle “aquiiiiii, aquiiiiii” (estoy pensando, a ver quién me mueve de aquí ahora)...
...4:28 p.m. Bruno intenta hacer un vídeo para enviar a las matronas de como Renée está coronando, pero en ese momento estoy en pleno “aro de fuego”, y a través del móvil ve como la cabeza ya está afuera. Teresa está hablando con él, le oigo decirle que ponga unas toallas en la cama y me pongo a gruñir – ¡Sueloooooo, suuueeeeelooooooo! – No puedo hablar, tan solo me da para gruñir palabras mientras empujo...
...4:30 p.m. …le miro a los ojos – ¡cógelo! – estoy de cuclillas, agachada, mientras la última ola desliza a nuestra pequeña hacia este mundo. Bruno la toca tan solo para ayudarme a ponerla sobre mi pecho y me siento sobre las toallas… Chloé nos mira y le cuesta acercarse, le doy y me da ese besito que habíamos pospuesto y me sale del alma un ¡¡no me lo puedo creer!!.
A partir de aquí, el tiempo se diluye… Aparece Carol, Teresa… y Concha…
¿Qué ha pasado?
Están sorprendidas, Concha no puede contener las lágrimas. Nosotras cuatro, estamos en éxtasis… Puede que hayamos vivido la experiencia más increíble de nuestras vidas. Ha sido perfecto, justo como tenía que ser, puede que ellas piensen que no han llegado a tiempo, pero yo no dejo de pensar que así era como yo quería que sucediera. Necesitaba estar sola, necesitaba desconectar, no sentir a nadie pendiente de mí, nadie con quien hablar (no me puedo contener cuando tengo con quien hacerlo...), y llegar a relajarme hasta llegar a un estado de consciencia alterado que fue la clave en este parto.
He vivido mi parto de una forma íntima e intensa, va a quedar grabado en mi (y en nosotr@s) para siempre.
Chloé dice cada vez que entra alguien, - ¡hay un bebé! ¡hay un bebé! ¡la mamá de Chloé! – ella lo sabe, ha nacido un bebé y ha salido de su mamá.
...Renée nació desmontando mis esquemas, demostrándome lo maravilloso que puede ser estar abierta a la vida, sin miedos, confiando y disfrutando, porque, aunque parezca imposible hablar de disfrutar durante un parto, escribo este relato recordando cada una de las sensaciones que tuve. En ningún momento sentí miedo, tampoco diría que fue doloroso, sino intenso. Durante ese momento me venía a la cabeza la siguiente idea: repetiría mil veces si pudiera este proceso, esta maravilla de la Naturaleza, perfeccionaría la forma de llevarlo a cabo, sentiría infinitas veces la vida en pleno apogeo...
...Así que antes de salir de este estado en el que me encuentro estos días, escribo el relato del nacimiento de mi leona, con la idea que cada vez resuena más y más en mí....
...El cuerpo de la mujer es una máquina preparada con todo lo necesario para realizar este milagro. Lo único que necesitamos es tomar consciencia de él, escucharle y dejarle hacer, sin prisas, sin artificios, sin expectativas y sobretodo sin pensar, desconectar para conectar"...
M.Z. Mora. 13 junio de 2019
"Han pasado poco más de tres meses desde que nació Mora. Poco más de un año desde que me enteré de que estaba embarazada. En el medio, me mudé de país. A veces pienso que Mora vino a acompañarnos en el viaje, en una mudanza y una transformación total de identidad.
Ya mucho antes de quedar embarazada había decidió que quería un parto fisiológico, amoroso y consciente.
...Necesitaba a una mujer que me acompañara como si fuese mi madre, una mujer con la que conectar.
Conocí a Concha en esta búsqueda. Apenas hablé con ella me sentí contenida y bien acompañada, guiada e informada, pero con libertad de elegir sin ser juzgada...
Días antes de que el parto se desencadenase, me sentía distinta, estaba segura de que el momento estaba llegando y el dolor lumbar empezó a aparecer. Miro fotos de esos días anteriores y mis gestos, mi piel y la enorme panza hermosa, así lo anunciaban.
...Empezó una madrugada con lentas y suaves contracciones. Me desperté en la...
Apenas me desperté le escribí a Concha contándole. Era 12 de junio. Ese mismo día por la tarde temprano a eso de las dos de la tarde volvieron las contracciones. Subí a la habitación y la oscurecí. Empecé a meterme dentro mío...
...Nos quedamos solas en la habitación, ella era una presencia silenciosa casi invisible pero que me daba seguridad, confianza y contención. Empecé a sentir más intensidad en el cuerpo, a vocalizar la A, la O, a necesitar estar en cuatro patas. Me iba agarrando y desplazando por la habitación. En un momento le dije a Concha que estaba lista para ir al hospital...
...Empecé lentamente a volverme hacia adentro, a recuperar el diálogo con mi cuerpo y con Mora que había dado la señal a mi cuerpo para salir
Las contracciones retomaron su ritmo, cada vez más intensas. No lo recuerdo como algo doloroso, solo la sensación de apertura total, de intensidad extrema, de transpiración y de desconexión total con respecto al mundo.
Tenía mucho calor. Concha estaba sentada, apenas observando. Algunas veces me propuso ir a la ducha, con la pelota y mientras me ponía agua caliente en la zona lumbar yo gritaba muy fuerte la A la O, retorcía mi cuerpo.
...abriendo lentamente mis huesos, mis músculos, mi emoción. No me resistí. Me abandoné y me entregué al dolor, a lo que venía, a una fuerza que ya no se iba a detener. Nada me importaba.
Era como si estuviese sola con Mora abstraídas, en un tiempo y espacio que no compartía con nadie y que solo Concha ingresaba en el momento exacto que la necesitaba sin que tuviese que pedirlo. Recuerdo varias veces mirar a Concha y decirle "estoy temblando" "me tiemblan los músculos del cuerpo"... ! Luego, hablando, me dijo que mi voz se había vuelto aullido, gemido, mucho más grave y profunda...
Al salir, creo, me sugirió una posición distinta, subida a la cama, las rodillas abiertas y los pies juntos.
...Cuando bajé de la cama ya no podía cerrar las piernasMientras me llevaban a que me hicieran el reconocimiento, en la silla de ruedas, gritaba porque no podía moverme, quería empujar ahí mismo...
No pude subirme a la camilla y fui directo con la partera (*) a la sala de partos. No pudieron hacerme ningún monitor intermitente. Me subí a la cama y en la misma posición, rodillas separadas y pies juntos, pujé tres veces (cuando lo sentí) y nació Mora. Sólo estábamos Rodrigo, la partera (*) y nosotras dos.
...Yo me sentía como si nada, liviana, radiante, poderosa...
Después de los meses que pasaron y mientras lo escribo me emociono mucho. No sentí miedo y creo que fue gracias a que Concha, Rodrigo y yo teníamos la convicción de que podía hacerlo, ya que mi cabeza se desconectó. Mora y yo estábamos protegidas, dentro de nuestro mundo.
Volvería a parir así una y mil veces. Fue la mejor experiencia que tuve en mi vida. El ritual más poderoso.
Estoy enormemente agradecida, a Mora, a mi cuerpo y a Concha por permitirme transitar esta experiencia que es profundamente emocional, aunque se revele en nuestros cuerpos gestantes y deseantes.
¡Sabemos parir! Pocas semanas antes de parir me acompaño esta frase que leí por ahí...
“Abre tu mente. Abre tu corazón. Abre tu boca. Abre tu vagina”
L.S. Anahí, 20 septiembre de 2019
Finaliza la Semana Mundial por un Parto Respetado 2020 y yo lo hago compartiendo el relato del segundo parto de Laura, quien, amablemente me lo ha enviado desde Colombia para tal fin. Cuando se habla de acompañamiento, quedan muchas lagunas, porque hay muchas maneras de acompañar...
Acompañar como DOULA es estar junto a una mujer de parto, en su estado más salvaje y mamífero, sin intervenir, sin apenas hacer nada, respetando su proceso y sabiendo que, solamente ella junto a su bebé son los protagonistas de esta historia de amor incondicional. Par mí, es un verdadero regalo, un disfrute, una vivencia que yo, como mujer y doula, gozo desde el fondo de mi útero.
Gracias, Laura y Anahí por regalarme esta experiencia. Gracias Samuel, por permitir a tu compañera que llevara a cabo sus deseos.
"ANAHI nació el viernes 20 de septiembre de 2019 a las 4:08 h de la madrugada, tras varios días de estar esperándola. Nació en la semana 41+3, a dos días de inducirme el parto según protocolo, tras todo un proceso de espera, mucha paciencia y de conexión con mi bebé
El 19 de septiembre después de un largo paseo por la playa y de un baño en el mar, sentí que debía guardarme en casa. Desde las 8 pm en la terraza de casa, mientras Samuel hacia de jardinero, yo comencé a conectarme, moviéndome con la pelota de pilates, escuchando una música muy potente, comencé a sentir que venia y entramos dentro de casa, apagamos la luz y encendimos velas y ahí comencé a sentirlo mas intenso, vocalizando con la Aaahh cuando venía la contracción y concentrándome en el proceso de apertura... Seguimos escuchando la música que nos acompañaba y yo confiando en mi poder como mujer.
A las 10 de la noche, llamamos a Concha, mi doula, la de mi primera hija y de la segunda, en quien confio plenamente. Tengo una complicidad muy bonita y una amistad muy especial de más de siete años y le contamos que ya estaba en proceso de parto. Concha llegó cuando las contracciones eran cada 5 minutos y para ese momento la intensidad era alta. Sobre la 1 de la mañana decidimos ir al hospital y cuando llegamos eran casi las 2 am y muy amablemente me recibieron Laura, una ginecóloga y Fran, el matrón.
Pregunté si la casa del partos estaba libre, una habitación única en el hospital con bañera, y diversas herramientas para poder parir naturalmente. Justamente estaba desocupada y me la ofrecieron. Fue el primer regalo. Cuando Fran me hizo un tacto estaba sólo de 3 centímetros y en ese momento me vine abajo porque la intensidad del dolor era tal que pensé que no lo iba a conseguir de forma natural y solicitaría la epidural...
Fran, el matrón lo aceptó sin juzgar pero me comentó que, en ese caso, debería salir de la casa del parto porque era solo para partos naturales.
Muy hábilmente Concha me animo a ir a la ducha, era un espacio muy grande, me desnudeé completamente y comenzó a tirarme agua caliente en la parte baja de mi espalda. El dolor comenzó a aliviarse a través del agua caliente, sentí el impulso de ponerme en cuatro patas como en el primer parto y mientras Concha me tiraba agua caliente, apagó la luz y todo estaba oscuro, logrando entrar en mi mamífera con una rapidez increíble.
Rápidamente me encontré en 8 cm y al rato sentía empujar y era una gran intensidad. Concha me animaba, me daba paz y estaba en el presente y pendiente. A la brevedad, aviso a la ginecóloga que ya quería pujar.
Al momento ya estaba en 10 cm y la ginecóloga me pidió salir fuera de la ducha. Yo no quería moverme de allí, pero me convencieron y me sacaron a la habitación, rendida y confiando, me sentaron en una silla de partos, de media luna, con las piernas abiertas y Laura me indicó que me agarrara a unas cuerdas al techo y así, pujara conforme sintiera la contracción.
Con luz tenue, Concha en mi espalda agarrándome los hombros y el matrón y la ginecóloga tirados en el suelo esperando la llegada de Anahi. Mi cuerpo se inclinaba hacia delante cerrando el paso de Anahi, Concha reclinó mi cuerpo hacia atrás...
Confié en mi misma y en ellas y el y pujé, salió la cabeza y en el siguiente empujón el cuerpo… una explosión de vida y mi bebe estaba encima de mí, sintiéndola en mi piel.
Al momento mi doula salió del paritorio y entró Samuel, mi compañero. Esperaron unos minutos para cortar el cordón umbilical, vi como mi útero alumbraba la placenta y solicite guardármela para poder llevármela.
El parto fue muy respetuoso, como yo lo quería, precioso, consciente, donde yo me sentí apoyada, empoderada, pariendo en vertical, conectada con mi mamífera y mi mujer salvaje, confiando en mi misma y en las personas que me rodeaban".
C.M. Río 22 septiembre de 2021
Otra mujer que ha querido compartirme el relato de su parto tal y cómo lo ha sentido, tal y cómo lo recuerda.
Cuando nos encontramos por primera vez, me dijo que no tenía miedo al parto, sino que temía a los protocolos hospitalarios, a no ser respetada, a no ser tratada como ella quería. Como si tuviera una premonición...
Me habréis visto decir cientos de veces lo afortunada que me siento, porque es verdad, absolutamente. Compartir momentos íntimos, emociones, miedos, ilusiones y esperanzas con una mujer embarazada, estar con ella en su preparto hasta donde los “protocolos” hospitalarios me permiten y seguir a su lado viendo cómo crece su bebé es un regalo de los cielos.
“Miércoles 22 de septiembre. Han pasado 7 días desde la fecha probable de parto. He hablado mucho con Concha, mi Doula, sobre este tema. La fecha probable de parto es solo eso: probable. Sé que no debo agobiarme, “Río nacerá cuando esté preparado”. Pero yo soy sietemesina, y en algunos países dicen que eso va acompañado de una impaciencia innata que mi hijo pondrá a prueba desde mis entrañas.
A las 21:00 h empiezan las contracciones. Son soportables, las llevo bien, estoy emocionada, contenta, aunque algo dentro de mí sabe que todavía falta mucho. Lilo (mi pareja) duerme, yo no quiero estar sola, y aunque entiendo que él debe descansar porque le esperan muchas horas a mi lado, me enfado. No lo muestro, pero me enfada su calma antes de la tormenta. “¿Cómo puede dormirse?”
Bajo a casa de mi madre, el dolor se hace más intenso, tengo ganas de llorar. Mi madre me cuida, me habla suave, con amor, me acompaña y disimula su preocupación. Yo también disimulo, sonrío y sólo pienso en Concha, sé que con ella no hará falta disimular.
...Íbamos a esperar un poco para no precipitarnos, pero sale la sietemesina que llevo dentro y llamamos a Concha. “Esperemos a que las contracciones sean más regulares“
4:30h “Voy para allá”
Estoy en el sofá cuando abre la puerta con energía suave, le sonrío, me acaricia. “Acuéstate” le sugiere a mi pareja. Me siento mal por mi exigencia previa… que descanse, será lo mejor la noche va a ser larga…
...“¿Ya estoy de parto”? Pregunto. “Estás en preparto” contesta Concha con mucho amor. ¡Dios! Empiezan los primeros miedos, al tiempo que pasa, al cansancio, al dolor, al expulsivo...
...Llega el momento de irnos, Concha y Lilo recogen con prisas, me ayudan a vestirme. Mi madre está abajo, con los ojos a punto de parir lágrimas que me contagia. “Qué hija más valiente tengo” me repite abrazándome. Era el chute que necesitaba. Voy a parir a mi hijo.
...Llegamos al hospital y nos despedimos. Veo en los ojos de Concha su deseo de quedarse conmigo…Me ha acompañado todo el embarazo, ha puesto nombre a mis inseguridades, es la persona que más sinceros “¿cómo estás?” me ha preguntado. Sabe que debemos confiar en un sistema que no siempre nos respeta…
Concha no se va a separar del teléfono en las próximas 18 horas, que es lo que tardará Río en nacer.
...No sé si fue el óxido nitroso o el cóctel hormonal lo que me hizo no recordar las cosas nítidamente a partir de este momento. Tengo “flashes” de besarle las manos a las matronas y de odiar a las ginecólogas que entraban a amenazar con protocolos temporales absurdos.
...De madrugada esa calma ya no es tan absoluta. Empiezan a entrar más, las ginecólogas se impacientan. Ya hemos oído la palabra “cesárea” unas cuantas veces, pero las matronas saben que no la quiero, se han leído mi plan de parto y además no es necesaria.
Me van a poner oxitocina, y epidural. Pienso en Concha. Lilo habla constantemente con ella, y eso me tranquiliza.
“Vale, estoy muy cansada, pero que me pongan poquita, quieto notarlo”.
Concha me decía siempre que vamos a hacer todo los que esté en nuestra mano para que el parto se parezca lo máximo posible a cómo lo queremos, pero hay situaciones que se nos escapan, y ahora con la distancia pienso que la oxitocina y la epidural me salvaron de una cesárea.
La cabeza de Rio no bajaba, estaba de 9,5 cm y se había estancado. El protocolo decía cesárea, pero las matronas me “salvaron” cambiando las horas de los tactos protocolarios, para ganar tiempo.
Después de mucho movimiento, mucha luz, y mucha gente entrando y saliendo del paritorio, llegó la paz, el silencio. Sólo dos matronas que me hablaban suave y me decían lo bien que lo estaba haciendo. Todo iba despacio, sin prisas. Mi hijo estaba naciendo, no me lo podía creer. Me ponen un espejo, veo su pelo. Lo toco. Empujo, empujo. Empujo suave, soplando cuando va a salir la cabeza. “Empujas muy bien” me dicen. Sale la cabeza de Rio. La cara de Lilo es un poema, un empujón más y está fuera. Me lo ponen encima. Resbala mucho y huele raro, no consigo verle la cara. ¿A qué huele? ¿No dicen que los bebés huelen bien? Huele raro, no bien, eso vendrá más tarde. Me da miedo moverlo y todavía no le veo la cara. Me mira, con unos ojos que parece que saben algo que yo no sé.
“Ya está”, pienso, sin saber que esto acababa de empezar…
No sé qué hubiera sido de mi embarazo, mi parto y mi postparto sin una doula, sin Concha. Lo único que cambiaría sería que Concha nos hubiera acompañado también en paritorio, que mi pareja también hubiera tenido a alguien que le dijera que todo estaba bien, aunque yo gritara que me moría, alguien que velara por mi intimidad cuando el paritorio se llenaba de gente...
Mi hijo cumple mañana 4 meses y tengo una historia muy bonita que contarle sobre las Doulas..."
L.A. Vega 11 de octubre de 2021
"Me siento muy afortunada y
agradecida porque pude estar acompañada por Concha y eso me permitió soltar mis
preocupaciones: el cómo sería cuando me costara aguantar las contracciones, el
cómo saber y decidir cuándo ir al hospital, las ideas de cómo colocarme si yo
misma no lo veía claro, qué hacer si surgen imprevistos, si rompiese aguas, si
vienen contracciones muy irregulares, etc. Se dice rápido y ¡se vive
intensamente! Cada minuto del parto y cada día del embarazo con más o menos
preocupación, marca una diferencia abismal.
Aun teniendo un entorno que me
apoyase (pareja, familia, amigos), contar con una persona capacitada
precisamente para dar apoyo, de confianza, y con plena disponibilidad, día y
noche, fue muy enriquecedor
...Así fue también en el
acompañamiento durante el embarazo. Reservar un tiempo de calidad con alguien
con experiencia para pensar en el parto y postparto es muy valioso, y me hizo
estar más centrada y tranquila cuando llegaba el final
...Llegó el día en que empezaron las
contracciones, y saber que contaba con Concha me permitió disfrutar más aún de
todo el proceso
...Saber que vendría otra etapa en
las contracciones en la que ella iba a estar en mi casa me daba fuerza
adicional, la de concentrarme sólo en el siguiente rato, sin preocuparme en
cómo sería más adelante.
Cuando las contracciones subían
de nivel y empezaba a pasarlo peor, llegó ella, y así, en su presencia, las
contracciones se hicieron más intensas y frecuentes, más efectivas.
Recuerdo mirarla con mis ojos de
niña asustada y decirle: "Esta contracción ha sido fuerte. Ya quería que
parara". Sabía que Concha iba a comprenderme sin sufrir por mí.
Fue ella quién me apresuró a ir
al hospital, y yo tenía algo de miedo a lo que quedaba, pero estaba tranquila…
Concha entregó el papeleo
mientras mi marido aparcaba, y yo pude concentrarme simplemente en buscar el
siguiente sitio al que poder agarrarme en cuclillas (que fue la parte de abajo
del mostrador).
Nos despedimos allí (puesto que
al hospital entró mi pareja) y fue precioso poder darle ese abrazo a Concha
lleno de dicha y agradecimiento, con la plena confianza de que todo saldría muy
bien. Fue precioso poder compartir ese momento con alguien a quien había podido
acercarme tanto esos meses atrás.
Apenas dio tiempo a hacerme un
tacto entre contracción y contracción. Bajé corriendo al suelo para ponerme de
rodillas agarrada a los brazos del potro, sintiendo que ya necesitaba empujar
y, así, di a luz en el suelo, gritando, con mi marido alentándome, avisando de
que ya estaba allí la cabeza, ya estaba allí mi niña.
Para mí el acompañamiento
personal es muchísimo más valioso y relevante para los bebés y para nosotras
que tantos objetos o ropas. Tener a una persona con sabiduría y experiencia
como una doula como Concha, es un regalo único que una madre puede hacerse, a
su bebé, a su familia y a sí misma."
M.S. Mario, 15 de agosto de 2022
Leer relato completo en Mi segundo parto ¡ahora en casa!
Su marido me dijo que Mayte llevaba más de cuatro años preparando este parto, justo desde que nació su hija...
Ésta ha sido una gran experiencia de acompañamiento para mí pues, aunque todas tienen un rinconcito en mi corazón, acompañar un parto en casa cuando se trata de una mujer tan serena, tan segura, tan confiada… es un auténtico privilegio y una enseñanza de vida.
...“Durante mi primer embarazo asistí a las clases de educación maternal de la matrona e hice musicoterapia, yoga y matronatación para embarazadas, pero tenía miedo y no supe ni quise pedir ayuda ni investigar mucho, confiaba (inocente de mí) en que llegado el momento todo fluiría.
Mi primer parto no fue malo, pero sé que si me hubiera sentido más acompañada hubiera tomado otras decisiones. Ahora sé que el desarrollo del parto tuvo implicaciones directas en el sueño y el nerviosismo de mi cría, y también soy consciente de que si me hubiera preparado de otra manera para tal acontecimiento (sin culparme por ello, ya que no es mi labor, sino la de los sanitarios), el posparto hubiera sido muy diferente.
...Sabía que si en algún momento volvía a estar embarazada estaba en mi mano no volver a caer en los mismos errores.
Buscando y gracias a la recomendación de Laura Perales Bermejo (grandísima profesional), conocí a Concha, mi doula y una maravillosa persona.
Durante el embarazo ella me ha ayudado con todas las dudas que me han ido surgiendo, me ha apoyado en no firmar procedimientos informados del hospital con los que no estaba de acuerdo, aportando mi visión para intentar cambiar las cosas, ha calmado mis miedos, y en especial me ha apoyado en discernir sobre la posibilidad de tener un parto en casa, sin influir en mi decisión, pero aportando información sobre los pros y contras y dándome confianza en mí misma y mi valía como mujer y madre.
Porque sabía lo que no quería, aunque no podía imaginar cómo podía ser, finalmente, mi decisión (nuestra, con mi pareja) ha sido la más consciente que he tomado en mi vida: un parto en casa acompañada por mi marido, mi hija de 4 años, Concha y dos matronas también maravillosas: Teresa Huelga y Sandra Peiró.
Aunque lo que organizas no siempre se vuelve realidad, y la intuición de Concha sobre mi parto, al ser multípara, se confirmó: fluido y rápido.
Y un 14 de agosto, dos semanas antes de lo previsto, inició mi proceso de parto. Ya llevaba unos días muy pesada, pero es que el verano estaba siendo excesivamente abrasador.
...Ya por la noche, sin apetito, pero queriendo acompañar a mi hija en la cena, al no poder sentarme en la silla ni en la pelota es cuando fui consciente de que ya faltaba poco para tener a mi bebé en brazos.
...Qué sensación de dejar fluir tan bonita que no pude disfrutar en mi anterior parto a causa de las prisas y el miedo que me hicieron sentir a pesar de estar todo bien. Ahora todo fluía, con una mezcla de armonía, paz y rapidez, en el momento que tocaba, y sin intervenciones de personal ajeno a mí.
La rotura de aguas puso en alerta a Concha y a Dani. Ahí supe que las matronas no iban a llegar a tiempo, pero, aun así, seguía confiada. Días más tarde mi marido me confesó que se asustó tanto que estuvo a punto de llamar al 112, así que gracias Concha por acompañarle también a él.
...La cabeza ya asomaba y el pequeño estaba realizando los últimos ajustes para terminar de salir. Dani, preparado para coger al bebé en caso de que yo no pudiera. ¡Qué maravilla, poder tocar su cabecita a punto de estar al otro lado de mi piel! Mi niña mirando la cabeza de su hermano (por unos segundos, que tampoco quería perderse el capítulo de la TV). Y entonces, en un último empujón, Mario consiguió salir resbaladizo, pequeño y precioso, como no lo hubiera imaginado nunca. Se me escapó, pero pude cogerlo pasado un simple instante, de las manos de su padre, quitarle el cordón de alrededor de su cuerpo y llevarlo a mi pecho.
¡Qué momento, que felicidad!. Un nacimiento sano, sin mucho dolor, sin intervenciones de desconocidos, segura de mi misma, acompañada por quien quería, y feliz, tan feliz de sentir que yo lo había logrado, que lo habíamos conseguido juntos.
...Cuando llegaron las matronas, tomaron el pulso del cordón, y como todavía latía, dejaron que mi pequeño siguiera respirando y alimentándose por partida doble.
...Como resumen de mi parto, solo puedo sentir agradecimiento y plenitud.
Tengo la imagen de esos últimos minutos antes de ver la cara y el cuerpo precioso de mi bebé, de Concha en lo discreto, de Dani nervioso y de mi hija emocionada en sus cortas visitas.
Una de las dudas en pareja era si queríamos que mi hija estuviera presente. Después de haberlo vivido pienso que fue una decisión de lo más acertada. No sé si ella recordará el nacimiento de su hermano en unos años, pero sé que le ha ayudado a integrar su nacimiento de una forma más natural, y que quizá, en unas décadas, le ayude a vivir sus procesos reproductivos sin tantos miedos culturales ni tabús.
A mí me emociona sentir lo que logré y lo que vivimos en familia.
Y, por último, añadir que te permitas el lujo emocional de poner una doula en tu vida desde el mismo instante en que pienses en quedarte embarazada.
¡Gracias Concha! ....

Y.L. Sara 21 de diciembre de 2022
"La llegada de Sara ha sido un regalo y una bendición tanto para mí como para mi pareja.Después de una pérdida hace más de cinco años, después de muchas pruebas, después de un diagnóstico de endometriosis y someterme a operación, después de visitar a nueve ginecólogos, con un diagnóstico de infertilidad (con la única posibilidad de intentarlo mediante ovodonación y donación de esperma), siempre buscando la oportunidad de quedar embarazada de manera natural... después de todo esto. sucede el MILAGRO.
En mayo del 2022 me hice la prueba de embarazo y aunque tenía un retraso de dos periodos, estaba bastante convencida de que daría negativo y que estos retrasos eran por la endometriosis. ¡Cuál fue mi mayor sorpresa y mi mayor alegría cuando vi que daba positivo!
...Había oído hablar de matronas, parteras y doulas. Al buscar información sobre doulas me encantó que ofrecían un acompañamiento emocional y un apoyo durante el embarazo y el parto, incluso después.
...Durante los meses de embarazo, mi doula venía a casa y yo podía hablar con ella de todas mis dudas y preocupaciones, ella siempre arrojaba luz y calma a mi mente y a mi corazón.
Fue muy tranquilizador para mi tenerla y poder contar con su sabiduría, con su presencia y con su amor. Cada duda, cada temor iba siendo hablado y liberado. Así poco a poco fui cogiendo más confianza en mí, en mis capacidades para dar a luz y traer una nueva vida.
...Agradecer también a mi cuerpo porque todo el embarazo fue muy bien, estaba tranquila y centrada preparándome para el momento más importante de mi vida… conocer a mi hija.
Y llegó ese momento, un 21 de diciembre de 2022, en el solsticio de invierno, mi brujita ya estaba con nosotros.
...El parto fue muy bien y muy rápido, una experiencia brutal para mí, donde conecté con lo más salvaje y poderoso de mi interior. Algo que me hacía gritar durante todo el proceso, gritar, soltar, liberar. Abrirme y fluir con las contracciones.
Recuerdo que la ginecóloga me dijo “ayúdala, ayúdala” refiriéndose a mi peque y eso me emocionó y aun conecte más, para abrirme y dar paso a Sara, incluso mentalmente pensé “venga, peque, nosotras podemos”. Esto no lo había contado a nadie y al ir escribiendo, me ha venido otra vez la sensación y emoción de ese momento.
¡Qué gran momento el traer una vida!, nace un bebé y nace una madre. No lo olvidaré nunca. Y creo que el tener a una doula y más a Concha, a mi lado durante el embarazo y en el parto, me dio esa tranquilidad y confianza de que era capaz de hacerlo, de que yo ya sabía, y de que quería vivir todo esto desde un lugar de serenidad y fortaleza.
Eso es lo que transmite y ofrece Concha, un acompañamiento desde el respeto, desde la escucha, ofreciéndote seguridad y comprensión, para que tú creas en ti y te sientas poderosa. Doy gracias a la vida por haberme cruzado con ella y gracias a ella por la labor tan bonita y necesaria que hace.
Pon una doula en tu embarazo y seguro que conectarás con tu poder interior y, sobre todo, nunca te sentirás sola.
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