Testimonios-Relatos de partos

En esta página iré plasmando las experiencias de algunas mujeres que han sido acompañadas por mí durante su embarazo, en su parto, en su lactancia, en procesos de maternidad... 
Algunas han querido relatar sus vivencias en primera persona y plasmar estas historias en mi blog.  Otras han preferido que lo hiciera yo de mi propia mano.
El objetivo es que otras mujeres lleguen a conocer el por qué tomaron esa decisión y cuáles fueron los resultados.

Comenzaré con el testimonio del nacimiento de mi nieta Naia y aunque yo no era doula "oficialmente",  sí lo era en mi corazón.. No lo contó mi hija sino que lo hice yo en otro blog donde escribía entonces ya que no había comenzado a publicar en este mío. 

Las que aquí aparecen, quieren compartirlas con vosotras, por tanto cuento con su permiso… Las que no lo han hecho, también están en su derecho. Gracias a todas ellas. 




Me gustaría relataros el parto de mi hija Laura, por supuesto con su consentimiento. Comienzo diciendo que yo siempre he querido estar presente en un nacimiento, pero el destino no me lo había permitido hasta ahora.

Hace 24 años, mi hermana quiso que la acompañara en el parto de su hija. Estuve con ella en la sala de dilatación de una clínica privada, pero se complicó y terminó en cesárea. Hace 7 años, mi otra hermana me ofreció el ver nacer a su hija, pero una preeclamsia lo impidió y le practicaron una cesárea de urgencia. Y en el nacimiento de mi primer nieto, por otras circunstancias, no pude estar. Así es que mi gran deseo permanecía frustrado.

Laura se quedó de nuevo embarazada y en esta ocasión sí que iba a estar con ella cuando naciera su hija. Fue un momento de gran alegría cuando me lo dijo pero también me sentí atemorizada por si no era capaz de  contener la emoción llegado el momento.

En este segundo embarazo las contracciones de encajamiento habían empezado muy pronto. La fecha prevista de parto era el día 4 de agosto y como su vientre había alcanzado un gran volumen, algo le hacía pensar que no iba a llegar a término. Yo intentaba tranquilizarla diciéndole que mis tres embarazos sí que habían llegado hasta el final, e incluso más.

Aunque ella estaba más calmada, lo cierto es que a partir de la semana 38, por las noches creía que había llegado el momento porque empezaban las contracciones más continuas, pero al llegar el sosiego del sueño nocturno, se paralizaban. El día 4 por la tarde, las contracciones eran más fuertes y aún así, se fue con sus hermanos a pasear después de cenar. Sobre las 3:30 h de la madrugada me despertó: “mamá, que ya nos vamos”.

Confieso que a pesar de que confiaba en que todo iba a salir bien, me invadió el temor. Durante el viaje íbamos charlando y Laura estaba muy serena, sus contracciones eran cada vez más fuertes y más seguidas –cada 3 minutos-  y ella empezaba a sentir el momento que estaba por venir. Viendo su estado le comenté que era posible que ya hubiera alcanzado algunos centímetros de dilatación y que ésa era una parte del camino que habría adelantado.

Llegamos a la clínica, donde ya la estaban esperando, a las 5:15 horas. La monitorizaron para ver el estado de la niña, la matrona le hizo un tacto y ya estaba 4 cm dilatada. Como el parto había iniciado y todo andaba bien, le dieron su habitación, se puso una ropa cómoda y mientras su marido buscaba aparcamiento, nos salimos a la sala para charlar con las matronas. Me conmovía verla tan consciente, tan serena, tan segura. Estaba radiante. Cuando venían las contracciones, ya cada 2 minutos, cerraba los ojos y se callaba. Luego continuaba charlando haciendo movimientos para relajar la pelvis.

Como las contracciones eran cada vez más fuertes y más rápidas, la matrona le aconsejó que se diera una ducha calentita. Yo le echaba el agua por la zona lumbar que en ese momento ya le estaba molestando bastante y de repente me dijo: “¡tengo ganas de empujar!”.

Entonces me di cuenta de que iba muy rápida y salí para llamar a las matronas.
Bajamos al paritorio y Laura se colocó en la gran pelota que allí había para relajar la zona del perineo pero el parto estaba muy acelerado y la matrona le preguntó CÓMO QUERÍA PARIR.

Mi hija se metió en la bañera con agua caliente que le relajó al momento. Su marido estaba en todo momento pendiente de ella: la abrazaba, la besaba, le ofrecía bebida isotónica. Yo estaba callada, expectante, poniendo la consciencia en el momento que estaba viviendo.
Laura se puso de rodillas, apoyando sus brazos en el borde de la bañera, abrazándose a Natxo, su marido.

Como le estaba doliendo bastante la zona lumbar, me permitió darle un suave masaje y así me sentí más cerca, más unida a ella. En un momento la abracé…

Una de las matronas, Nuria, le tomaba el latido cardíaco a la niña. Todo seguía bien y muy rápido. Comenzaba el momento del expulsivo y Ágata, su matrona le controlaba con un espejo y una linterna a través del agua. Entonces vi cómo rompía aguas y cómo a continuación se veía el pelo de la niña.

Unos empujones más y a las 9:25 de la mañana nació Naia.

Preciosa, muy grande, rosadita… y entonces mi hija, Laura, lloró de alegría. Se la puso al pecho enseguida, pasado el tiempo justo su papá le cortó el cordón umbilical, Raquel la cogió para atenderla y mi hija se colocó en una especie de “chaise-longue” donde la matrona terminó de arreglarla.
Pasados unos 30 minutos Laura subió a descansar en su habitación en una silla de ruedas.

Contado de esta manera se describe una situación fisiológica. Pero es necesario narrar con todo detalle el ambiente de amor y de respeto que allí se respiraba.
El paritorio era un espacio con una luz tenue, con una música suave, con una decoración sencilla y agradable, con los colores de la vida, con el silencio del entendimiento sin palabras.  Lejos de lo que supone un hospital, aquella parecía una sala de un balneario, de una casa de reposo. Sin apenas instrumentos médicos a la vista, más que lo necesario. Sin olor a hospital. Sin ruidos ni gente entrando y saliendo… sin presiones ni exigencias.

Mi hija estaba guapísima rodeada de todo el cariño que le podíamos ofrecer dos de sus seres queridos: su marido y su madre. Pudo parir como quiso y mostrarse como era, como lo requería el momento, sin miedos, sin pudores. Se estaba comportando como una verdadera mamífera. Mi hija no gritó, no voceó, simplemente aullaba. Era precioso oír esa especie de gemido, era un sonido que llegaba a lo más profundo de mis células, era un sonido maravilloso, ancestral.
Ágata Nuria las matronas, Raquel que atendió a la niña y una chica holandesa que estaba de prácticas, fueron profundamente respetuosas en todo momento. Hablaban lo justo y en susurros. Estaban pendientes de mi hija, pero sin intimidar.

Tras acabar el parto, me comentaron que habían asistido a muchos, como era lógico, pero que en pocos habían observado tanto amor, tanta comunicación y ternura. A una de ellas, cuyo nombre no voy a decir, le saltaban las lágrimas cuando lo comentaba. Y me aseguraron que sabían que no era fácil para una madre ver parir a su hija… sin derrumbarse.

Como he comentado anteriormente, yo me mantenía alerta e intentando pasar desapercibida. Sólo en un momento del expulsivo, cuando vi a mi hija ya muy cansada le dije unas palabras que me salieron de lo más profundo de mi corazón: “ahora Laura, comunícate con tu hija y dile que esté tranquila, que todo va bien, que su mamá la cuida y que no tema en salir”.

Algo instintivo me dijo, desde el primer momento, que mi presencia y mi apoyo servirían para ayudar a mi hija, a que el parto se desarrollara más rápido y mejor que cuando nació su primer hijo. Y me gusta pensar que así ha sido,  sin ningún tipo de arrogancia.

Esta es la narración de unas emociones. Y viendo las fotografías, entenderéis la profundidad de estos sentimientos míos que os acabo de contar.

Doy gracias a la Vida por esta oportunidad que me ha dado. Y quiero agradecer a mi hija, con todo mi amor,  haber confiado en mí y permitirme compartir con ella este momento tan íntimo. Y también quiero agradecer a Natxo su cariño y su respeto hacia mí.

Naia, agosto de 2009 
Leer relato completo El parto de mi hija Laura
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"Durante los nueve meses tuve la suerte de ser acompañada por Concha. Con ella me sentía comprendida y reafirmada, lo cual fue muy importante para mí ya que mis padres no compartían mi visión sobre el embarazo y sobre todo no compartían ni entendían la manera en  que yo quería parir a mi hijo. Por suerte tengo una pareja maravillosa con la que fui cogidita de la mano en estos nueve meses, siempre de acuerdo y con un alto grado de compenetración. Y además la tenía ella que en su papel de Doula supo mantenerse siempre a mi lado, Podía hablarle de cualquier cosa, de cualquier miedo y ella sabía cómo ayudarme. Me sentía en sintonía con ella. Es una mujer dulce, cariñosa, sincera…Sabe contener en la medida en que tú lo necesitas. Te ayuda a encontrar en ti la valentía, el coraje, la autoconfianza que necesitas…

En el momento del parto por ciertas circunstancias no estuvo presente pero sí permaneció a nuestro lado en las primeras contracciones, con cariño y con amor me sostenía. Llegado el momento supo dejarnos solos y al final mi hijo nació como él quiso.

Por muchas cosas le doy las gracias, por su apoyo incondicional, por su empatía y por todo su amor y ternura. Porque es una mujer llena de vida, conectada a la naturaleza del ser femenino y con mucho que enseñar" 

E.L. Adrián, julio de 2010
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“Cuando pienso en todo lo que ha pasado y cómo ha pasado, todavía se me ponen los pelos de punta. El parto de Mónica ha sido como un regalo del cielo, pero no ha sido un regalo, no, ha sido un trabajo largo e intenso.

Mis dos partos anteriores fueron provocados, yo tengo ciclos largos y mis embarazos son largos, con fecha corregida, aún así me plantaba en la semana cuarenta y dos. Ni señales del más mínimo movimiento y, claro, al tratarse de partos hospitalarios de ahí no te dejan pasar.

Esa experiencia no lo quería repetir por nada del mundo, yo quería sentir lo que era ponerse de parto, que mi hija decidiera cuándo quería nacer porque ese es el momento exacto, sentir el poder y la fuerza de mi cuerpo pariendo, confiaba plenamente en mi capacidad para hacerlo y esta vez tenía que ser así porque era mi última oportunidad.
Lo que realmente me preocupaba, más que dónde parir, era el ponerme de parto yo sola, si me ponía yo sola sabía que al hospital llegaría en el último momento.

Siendo yo psicóloga, hice un largo camino junto a mi Doula: reafirmar la confianza en mi misma, en mi capacidad como mujer y como mamífera de parir, con visualizaciones, del embarazo y el parto, trabajo intenso de “la niña herida”, afirmaciones, relajaciones y hablar, y hablar y hablar… y divagar  y divagar… y soltar, y soltar, y soltar… y muchas más cosas.

Concha llevaba mucho tiempo diciéndome que hasta que no supiera la nota, Mónica no vendría, yo tenía que dejar todo zanjado para su llegada y estar a su entera disposición… y así fue.  Dos días después de todo esto, cuando las hormonas del estrés y los nervios empezaron a mermar Mónica dijo que era su hora…

Cogí la pelota y empecé a mover la pelvis, seguí paseando hasta que decidí que llegaba el momento de vestirme. Las contracciones ya me obligaban a agacharme y mi cabeza empezaba a estar en otro planeta, fue cuando Javi llamó a Concha, él registraba las contracciones, duración e intervalos y mientras mi querida Doula me hablaba y me transportaba a mi playa, la que durante meses habíamos estado visualizando, lo recuerdo como entre sueños, era tranquilizador y relajante.

Creo que nunca voy a sentir nada igual, el empoderamiento que sentí al tener a mi cría entre mis brazos, después de una experiencia tan bestial, animal, salvaje, indescriptible con palabras. No necesitaba nada ni a nadie, yo podía parir sola, me sentía con total confianza, no tuve miedo en ningún momento, sabía que todo estaba bien. Mi tiempo junto a Concha había dado sus frutos.

El paso de mi Doula por nuestras vidas ha marcado un antes y un después,  vivir una experiencia de forma tan intensa como yo viví mi parto, rompiendo mis propios moldes, tenía que dejar huella. Ha sido una experiencia enriquecedora, no sólo el parto, sino todo el proceso de acompañamiento durante el embarazo, de crecimiento personal, de empoderamiento. A raíz del nacimiento de mi hija me enfrento a la vida desde otra perspectiva.
Por eso Concha siempre va a formar parte de nuestras vidas, nos unen muchas cosas y siempre hemos tenido un feeling especial, algo con lo que conectamos. 

Siempre he dicho que para mí ella es LA DOULA, todo lo que representa, una mujer con un bagaje, con una experiencia vital, conectada con la vida, con la tierra y con el Universo, madre de tres hijos y abuela de otros tres nietos a los que adora.
Además no es casual que la vida le está llevando por el camino para el que está hecha, “su camino”, lleno de experiencias, todas enriquecedoras, que seguro la devienen en una mujer cada vez más sabia, si cabe

De nuevo gracias Concha, mil veces gracias, siempre gracias.  Te queremos. Ruth y Mónica".

R.G. Mónica, octubre de 2012

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“Yo me sentía pletórica, feliz. ¿Te acuerdas Concha cuando te lo dije después de la reunión en la asociación de lactancia? ¡Qué afortunada soy! Siempre recordaré las palabras que me dijiste y que me sirvieron para reafirmarme en lo que yo sentía y darme fuerzas para continuar con este especial embarazo. 

El contar contigo en este periodo de mi vida ha sido un regalo inolvidable, desde aquel día en las escaleras de Sina,  hasta el día y momento del nacimiento de Mara, cuando hablábamos por el móvil. ¿Te acuerdas? ¡Qué hermoso! Aunque no estuvieras conmigo físicamente en la sala de partos, lo estabas conmigo energéticamente.

Sentada, sin correas, sin episiotomía, consciente y con las hormonas en pleno apogeo, escuchando y sintiendo en cada contracción cómo bajaba Mara y se abría mi flor de loto cantando AAAAAAA…. Y cuando creía que ya no podía más, que me partía de dolor, la matrona me dijo que ya estaba allí “Coge a tu Mara, sácala y tómala en brazos…”

¡¡El momento más emocionante de mi vida!! ¡¡Dios, qué sensación tan maravillosa en mi cuerpo y mi alma!! Cogerla por las axilas, sacándola de dentro de mí y ponerla sobre mi cuerpo…Eran las 22:15 h. 
Después de dos horas los tres solos, subimos a la habitación… recuerdo que te llamé y te di las gracias, y a todas las mujeres que me habían dado fuerzas y me habían ayudado con su sabiduría. Estaba eufórica, con un chute de energía que no había tenido en mis otros dos partos. Cuando me levanté de la cama pude ir al baño, pude andar, no me dolía nada… ¡qué maravilla la sensación de estar entera, sin cortes…!

No tengo suficientes palabras de agradecimiento, eres MI DOULA, mi confidente, mi amiga, mi madre, mi pilar en esta etapa de mi vida.  Sin ti no hubiera llegado a suceder lo que sucedió. Tú me diste la fuerza y despertaste en mi la sabiduría para continuar hacia delante con unas ganas que nunca antes hubiera imaginado.

A.S.   Mara, septiembre de 2012
Leer relato completo  Mi PARTO deseado
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"Quiero compartir mi experiencia de embarazo, parto y puerperio junto a una Doula, pues para mí ha sido una experiencia maravillosa.

Conocí a Concha aproximadamente un año antes de concebir a mi niña. Asistí a una charla sobre Doulas en el centro de salud de un pueblo vecino. Al acabar, recuerdo que pensé: me encanta cómo habla, qué dulce, qué segura…Yo quiero parir junto a ella...
ESTABA EMBARAZADA y me puse en contacto con ella. Acordamos que al aparecer las primeras contracciones la llamaría, ella acudiría a mi pueblo pues queríamos alargar al máximo la dilatación en casa para evitar un ingreso prematuro en el hospital.

Cada vez me sentía más segura, cómo dice Concha, más empoderada...
...Realmente su compañía me calmaba. Ingresé sobre las once con contracciones rítmicas cada ocho minutos. Hacia las cinco de la mañana empezaron las contracciones “de verdad”. Había conseguido dormirme pero éstas me despertaron, vaya que si lo hicieron. Desperté a Concha, aunque no estoy segura de si pegó ojo...

... Sin duda, mi epidural era mi Doula. Empecé a temblar y vomitaba. Concha me explicó que era normal y me animó a meterme debajo de la ducha. Qué maravilla, pensé, qué alivio sentía mientras mi Doula me rociaba con agua bien caliente la espalda. Lo estaba haciendo bien, pero estoy segura que sin ella hubiese sido otro cantar...

...A partir de este momento, tengo grandes lagunas en mi memoria. 
Mi Doula me animó a levantarme, a caminar y a hacer sentadillas, recuerdo que me dijo que quedaba muy poco para conocer a mi pequeña y entonces, reaccioné y me levanté, fui al baño a vomitar y comencé a llorar. Levanté la vista y vi la cara de mi Doula, me rodeó con sus brazos y con mi cara entre sus pechos me dijo: “lo estás haciendo genial preciosa y no sabes lo guapa que estás”. Rompí a llorar de alegría.

...Por fin, mi hija asomó la cabecita y de repente, todo el cuerpecito fuera.  Sentí su olor a vida, la tibieza de su cuerpo... se paró el tiempo.  Al cabo de unos minutos, el cordón dejó de latir y dije con alegría que fuera la tía Concha quien lo cortara. Y así lo hizo, emocionada le dio la bienvenida a la Vida. Alumbré la placenta y me curaron unos pequeños desgarros superficiales. Ni me enteré, ¿dónde había quedado el dolor, el cansancio y el sufrimiento? ¡Qué momento más mágico!.

Desde mi experiencia, invito a todas las mujeres a buscar su Doula. Ella me recordó la fuerza de las mujeres, la sabiduría de nuestros cuerpos y esa inteligencia Superior que se expresa en cada aliento de vida. Me ayudó a convertirme en MADRE y me recordó cómo volver a sentirme HIJA".   

L.F.  Irene, noviembre de 2012
Ver relato completo Relato de un PARTO, el nacimiento de Irene.
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"…Una luz en mi camino, que también había elegido el mismo Hospital,  me animó en la elección y me habló de que ella tenía una Doula, una figura que yojamás había oído de su existencia y me quedé con la historia y con la fuerza y tranquilidad que me transmitió esta chica.  Tras meditarlo decidí llamar a la Doula de Laura. 
Tuve el parto que yo quería natural, feliz, con alegría y amor en todo momento. Ahora me siento una mujer más fuerte y empoderada que antes y me gusta recordar mi parto, a veces hasta me río sola de muchos momentos graciosos, me encanta la fuerza y la mamífera-animal que saqué de mi interior. Fue mágico y poderoso…

Agradezco a Concha, por toda su sabiduría, fuerza, ternura y por el apoyo emocional y espiritual desde que la conozco. Y a Laura Fabra por haberse dirigido a mí y por la recomendación de contactar con una Doula".   

L.S. Iara, diciembre de 2012
Leer relato completo  Relato de mi PARTO
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 “No sabía qué era una Doula y fue mi maestra de Reiki quien durante mi embarazo me habló de esta figura de mujer.  Le hice muchas preguntas y decidí buscar a una porque quería ser consciente y conocedora de todo lo que me pasaba durante el proceso, quería saber donde dar a luz de la forma más natural, pues era una de mis preocupaciones.  Tenía claro que no quería una cesárea, y tras la pérdida de mi primer bebé, quería que este fuera MI EMBARAZO.

Conocí a Concha, mi Doula, buscando por Internet.  Cuando nos encontramos me pareció una mujer con mucha experiencia, que era lo que yo buscaba.  Una mujer que fuera madre y que supiera de lo que hablaba. Mi Doula me transmitía mucho cariño…
 Lo que más me gustaba de ella era su sinceridad, que tenía respuesta para todo con datos fiables, las múltiples opciones y posibilidades que me ofrecía... pero sobre todo, su atención.

A la hora de plantearme el parto mi marido no quería acompañarme. Yo no quería que entrara ningún familiar y tras el contacto constante con mi Doula decidí que era la mejor persona para que me acompañara porque me daba mucha confianza y paz.  Sabía que con ella a mi lado iba a estar atendida y que lo hacía con mucho amor… más que por el dinero.
Después de comentarlo con ella supe que era lo mejor. Mi pareja me apoyó,  y mi madre y mi suegra entendieron que mi opción era esa.  Era mi decisión por la sabiduría y el trato que recibía de ella.
Durante el proceso de parto me sentí muy cómoda. Y SEGURA. En todo momento me acompañó y estaba pendiente, al principio durante unas horas en casa, de las contracciones. Cuando llegamos al hospital se ocupó lo primero en buscarme una pelota y cuando comenzaron las contracciones fuertes, empezamos un baile juntas… fue inolvidable.
Además se compaginó muy bien con mi marido, el cual me dio su cariño y apoyo incondicional y me vino genial tenerlos a los dos, cosa que no había imaginado nunca. Cuando me ofreció pasar a la ducha fue un momento para mi mágico, luego me trajo avellanas para coger energías. Cuando pase a dilatación estuvo en todo momento pendiente de mí,  de los monitores y del ritmo cardiaco del nene…. 

Sé que sin ella a mi lado no hubiera aguantado todas las horas,  esas 43 horas de trabajo desde las primeras contracciones hasta que nació mi hijo.
Ahora recomiendo una Doula siempre que tengo oportunidad, es más recomiendo a Concha, mi Doula a las mujeres embarazadas que tengo cerca.
Creo que ha sido la mejor inversión para mí y para mi hijo, de hecho quiero formarme como Doula y poder ejercer algún día…”

R. B. Izan, julio de 2013

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En mi segundo embarazo contacté con una Doula porque en mi primer parto no me había enterado de lo que me hubiera gustado enterarme, había sido medicalizado, intervenido.  Y en esta ocasión quería parir a mi hijo de forma consciente y sin medicación alguna.
En el centro de salud que me correspondía no encontré una profesional que me gustara y tampoco sabía si podría atenderme emocionalmente cuando lo necesitara… y en el hospital, me tocaría una matrona totalmente desconocida y con la que tampoco sabría cómo me iba a relacionar.
Quería una persona a mi lado con quien hablar siempre que me apeteciera, quien me escuchara sin juzgarme, quien me gratificara con su presencia en el momento la necesitara. Quien apoyara mis decisiones y me facilitara la información complementaria que iba necesitando. Sin consejos gratuitos y sin ánimo de salvarme de nada…
Mi decisión fue en todo momento informada, consciente y respaldada con el apoyo de mi marido.
Este es el relato de mi parto, del nacimiento de mi hijo Noah.
Carol Castillo.

 “Sentir, eso es lo que yo quería en mi parto, en el nacimiento de mi hijo Noah, y así fue.

“Llegó un día sobre los cuatro meses de embarazo que decidí con quien quería estar el día que mi hijo decidiese nacer y sería en compañía de mi Amama, quería que ella me acompañase a seguir el camino y que mi marido y mi madre estuviesen apoyando y cuidando de Eric mientras yo ayudaba a Noah a nacer.
Gracias a toda la conexión que tuve en mi embarazo y a resolver dudas que se me planteaban he comprendido muchas cosas de la vida, me siento más mujer, más madre, más hija, más persona.

...No sé qué hora sería, era ya 30 de Mayo y los días alargan mucho, todavía era de día. Llegó mi Amama, pude hablar con ella y se puso manos a la obra. Montó mi altar, apagó las luces y puso dos velas, la pequeña y la grande, cerró las cortinas y acabó de acondicionar lo que yo necesitaba. Entonces me sentí llevar todavía más…
Creo que mi Amama seguía “controlando” mis contracciones, no sé ni cómo, ni si las apuntaba… y desde ese momento floté más todavía.
Ella me hablaba cuando lo necesitaba sin yo decirle que lo necesitaba, no recuerdo que me decía pero sé que era como mi “Pepito grillo” al que yo había elegido durante todo mi embarazo sin darme cuenta cómo Noah quería nacer.
Sentí que ella en algún momento también escuchó a Noah...

Mientras Amama entregaba los papeles recuerdo que me cogí al mostrador de recepción del hospital deseando que me llevasen donde fuese pronto para poderme tirar por el suelo, saltar, bailar y seguir en mi mundo.
En la sala estaba con mi Amama,sentía como apretaba algo dentro de mí, presión, fuerza, mucho dolor, pero un dolor bueno, difícil  de explicar, recuerdo que mi Amama me cogió la cara para que la mirara y me dijo “Noah ya está casi aquí”.
...Me desgarre un poco, la matrona me cosió. Estaba temblando, no podía parar de temblar pero estaba tan feliz! Mi Amama me dijo que su trabajo había terminado, le mire a la cara y me sentí orgullosa de haberla elegido. Alejandro me hizo una foto con ella y con mi hijo Noah. Le di las gracias, ella me dio las gracias a mí y al personal del hospital y se fue.

De buena mañana , el viernes, vino mi Amama de nuevo, estuvimos hablando un rato para ver que tal me sentía, no recuerdo qué hablamos porque yo seguía en la nube pero me volvió a alegrar tenerla a mi lado y volví a sentir la buenísima elección que había hecho de elegir a una doula y sobre todo a ella.

A Concha, mi Amama Doula, por hacerme sentir más mujer todavía, por enseñarme y dirigirme a escuchar las voces de mi interior que sin ella no las habría oído y por acompañarme al destino que yo deseaba.
Gracias por todo lo vivido y aprendido con vosotras. Me siento más llena cada día”.

C.C.  Noah, mayo de 2013
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Hola Concha!
Hace tiempo que quería escribirte la experiencia que tuvimos cuando te necesitamos, pero siempre me pongo a hacer otras cosas! Así que ahí va...

Contactamos contigo a través de mi amiga Elvira., ella había tenida un parto natural y una lactancia muy buena con su niña, así que era un referente para mi, pues mis amistades no lo habían hecho o no me transmitían confianza.
El tercer día de la lactancia el dolor de los pezones era insoportable y recurrimos a mi amiga Elvira quien nos recomendó hablar contigo. Al día siguiente ya estabas en casa, desprendías una paz y una tranquilidad que enseguida  nos relajamos ¡Fue maravilloso charlar contigo, despejar dudas y aclarar decisiones! Al fin y al cabo no lo estábamos haciendo tan mal… Realmente un alivio el hablar con una persona que te comprendía y que escuchaba sin interrumpir para dar su opinión ¡como venían haciendo las abuelas! Solo era una mala postura al amamantar y quedó solucionado inmediatamente.

Tus palabras han sido valiosísimas para nosotras y, aunque continuo lidiando con mi madre, me lo he tomado de otra manera.
Recomiendo a todas las mujeres que tengan un acompañamiento por una Doula, sobre todo para sobrellevar mejor la maravillosa experiencia de ser madre.
Muchas gracias por todo Concha.
Besazos de Àngela, Óscar y Leticia.

Febrero de 2014
Leer relato completo  El agradecimiento de unos padres
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Relato el nacimiento de mi nieta Vera con el permiso de su madre, Esther.  En esa ocasión y aún siendo su abuela, mi intención siempre fue actuar como doula y acompañarla desde mi práctica y experiencia en estos menesteres, ya que para eso se confió a mi desde que supo de este nuevo embarazo.

“Estábamos en la casa familiar del pueblo y ella permanecía sola en su nido, casi en penumbra, en la habitación más alejada de todas, en medio del huertecillo. Se la había decorado con los elementos que cuidadosamente había escogido: unas velas, una lamparita con una suave luz roja, la mariposa que le dibujaron sus compañeras durante un precioso ritual... la pelota, su música, sus piedras de colores, su péndulo... aquello con lo que se sentía a gusto...

…Esther comenzó a tener ganas de pujar a los pocos kilómetros de salir de casa. A cuatro patas en el asiento de atrás, vocalizaba, gemía, gritaba... se mostraba como la maravillosa mamífera que es, como cualquier mamífera a punto de parir a SU cría...

…Vera estaba sobre el pecho desnudo de su padre, ambos piel con piel envueltos en oxitocina…   Eran las diez de la mañana y ya en la habitación, bajé a comprarle una napolitana de chocolate…

En varias ocasiones he comentado que NO todas las mujeres necesitan una Doula. Pero cada vez estoy más convencida de que, hacer un viaje bien acompañada es mucho más agradable y seguro, para la madre y para el bebé

Porque si realmente se conociera la fisiología de una mujer embarazada, del proceso de parto y de la lactancia, todas estas personas, incluso las que justifican una cesárea innecesaria, sabrían que una mamífera (y la mujer lo es) para parir, necesita una situación concreta: intimidad, privacidad, seguridad, no sentirse ni observada ni invadida, algunas incluso necesitan soledad, que se respeten sus tiempos… añadido a una buena información y un trabajo personal de concienciación y de conexión con el bebé que nacerá. Y el embarazo es el tiempo para todo esto ya que llegado el parto, lo que no se ha hecho,  se queda por hacer”. 

E. L.  Vera, agosto de 2014
Leer relato completo El nacimiento de mi nieta Vera
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Este es el relato de Tatyana Turchyna. Cuando me llamó por teléfono noté en su voz de mujer extranjera, tal firmeza y seguridad en lo que quería que fue imposible negarle mi acompañamiento.
A día de hoy nuestra relación continúa casi como si fuéramos de la familia. Tal vez al no tener ella a ningún familiar cerca y  nosotros haberle abierto las puertas sin condiciones, ha hecho que ella se sienta acogida y mi familia y yo, nos sintamos satisfechos con esta relación.
Saber de otras historias nos da la oportunidad de abrir la mente, de eliminar prejuicios, de ensanchar el corazón y de sentirse bien, especialmente con una misma.

"Me llamo Taty y soy de Ukrania, aunque llevo muchos años en España.
Me quedé embarazada y al no tener familia cerca sentí miedo y desconocimiento respecto a cómo me iba a enfrentar al proceso…

…Contacté con Concha para ver qué disponibilidad tenía y le pregunté por hospitales que tuvieran protocolos de parto respetado pues tenía malas experiencias hospitalarias de cuando era más joven y me aterrorizaba el trato que pudiera recibir…
...Por entonces estaba embarazada de ocho meses.  Llegué a Valencia a mi primera cita con la que sería mi Doula. Y me recibió en el portal del domicilio de la novia de su hijo, donde pasaría los próximos meses…

…Yo estaba emocionada, expectante…

Lo primero que hicimos fue ir al distrito de zona del Ayuntamiento para empadronarme y comenzar a mover los papeles para el Hospital.  Me sorprendió la amabilidad a la hora de facilitarme las cosas de la familia de María, la nuera de Concha,  que siendo personas desconocidas no pusieron ninguna traba. Mi Doula les había explicado la situación en que me encontraba. Esta mujer, Concha, iba a resultar más que una Doula…
…Pasado el fin de semana fui al hospital a llevar los papeles que me habían solicitado. Me recibió el jefe del servicio de Ginecología, le comenté que tenía a una Doula y que estaría conmigo en el parto, y él me dijo que la conocía personalmente. El trato fue muy especial, me preguntó cómo fui a parar allí, no comprendía por qué si, según él no hacían nada especial a otros hospitales...  Y sí que lo hicieron…
…Una vez los papeles en regla, ya pude relajarme. Los días en casa de María y de Pau transcurrían con mucha tranquilidad, me sentía relajada, cuidada, me preguntaban si necesitaba algo, me preparaban  la comida, me incluyeron como si fuera de su familia. Sentía amabilidad, atención, cariño…

…Quedé en varias ocasiones con Concha para hablar sobre cómo me sentía, para hablar sobre el parto que yo quería. Tenía claro que no quería intervención alguna, ni epidural, ni medicación. Quería que mi Doula estuviera a mi lado en el parto, pues mi pareja no quería estar y yo lo había asumido y respetado…
…Amama Doula en todo momento estuvo a mi lado. Me trajo arcilla para rebajar la presión en las piernas y por indicación mía consultó con una homeópata quien me recomendó un tratamiento indicado que me fue muy bien...
…Rompí aguas a las doce de la noche del miércoles 29 a jueves 30 de octubre, tras haber estado trabajando desde mi ordenador portátil.
Se lo dije a María quien estuvo conmigo aportándome calma, fue ella quien llamó a su suegra, mi Doula,  para decírselo.  Vimos que las aguas eran claras y María y Pau controlaron un tiempo mis contracciones, que eran muy espaciadas y todavía indoloras. Llamé al padre de mi hija para decirle que había llegado el momento pero que no cogiera el coche de noche… que viniera al hacerse de día…

…Gorka llegó a mediodía y nos fuimos a dar una vuelta. Me volví a casa en el momento las contracciones comenzaron a ser más fuertes.  Y me encerré en la habitación para no salir hasta la hora de irme al hospital. Mi Doula la había acondicionado... las persianas bajadas, la pelota, las mantas, una velita como toda iluminación…
…En mi pelota y enrollada en una manta, me olvidé del mundo. Las contracciones eran fuertes y seguidas. Yo vomitaba, mi Doula me decía que era normal...
Fue mi Doula quien le dijo a mi pareja que me cogiera para marcharnos pues me negaba a salir de mi planeta, me sentía muy sensible a todo lo externo…
…Me quedé en la sala de dilatación con mi Amama al lado. Me pusieron los monitores para ver cómo estaba mi bebé y controlar la frecuencia de las contracciones. Me sentí agobiada, necesita quitarme las correas y caminar, moverme...
…Comencé a tener ganas de ir a hacer pis y en el water, sentada en esa postura, me sentí cómoda. Entonces Nuria Bixquert, mi encantadora y profesional matrona, me preguntó cómo estaba y le dije que aliviada, que sentía que en una postura así podría parir. Y le dijo a Concha que me iba a traer la silla paritoria…

Estaba en el momento final. Me senté en la sillita. Nuria delante, de rodillas. Diego, un auxiliar que estuvo aguantándome físicamente con la fuerza de sus brazos mientras yo pujaba, me sujetaba por la espalda y hombros. Y mi Doula, a mi lado, dándome la mano…

…Doula, matrona y auxiliar, son equipo de tres grandes profesionales que con cariño y amor la dieron la bienvenida a mi hija.

Ahora hace un poco más de año y medio. Al recordar todo estoy reviviendo otra vez. Estoy llena de emociones muy agradables. Me siento muy feliz y afortunada por poder tener un parto así, como yo deseaba: escuchada, respetada, acompañada por quien quería, atendida en todos momentos y en todos detalles. Y todo esto gracias a mi Doula, Amama de mi hija. Sin ella seria todo distinto, ¡no quiero ni imaginarme lo que podría pasar!

Concha, en alguna ocasión ya te dije y vuelvo a repetir, que gracias a personas como tú aparecen ganas de tener hijos. Y si algún día me quedo embarazada otra vez, (ahora teniendo experiencia, mas conocimiento y mucho aprendido!) aun así, sin ninguna duda voy hacer todo lo posible para que me acompañes en todo proceso otra vez. Fue muy importante tu acompañamiento para mí antes de parto, en el parto y postparto, que dura hasta día de hoy. Gracias Doula!

T.T.  Kira, octubre de 2014
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Durante mi tercer embarazo, mi convencimiento de dar a luz en casa me ha llevado a buscar lo que en mi interior necesitaba para poder atravesar ese proceso. En el camino encontré a personas que me enseñaron el valor transformador del subconsciente, de la palabra, de la compañía. Decidí que ella sería una de las personas que me acompañarían en ese proceso. Nunca imaginé cuán importante sería para  mi su presencia y su energía...
El día 9 de mayo pasó y yo me sentía muy impaciente, irascible, no me soportaba a  mi misma ni a nadie que se atreviera a mandar un infernal mensaje de  móvil para decir: “¿cómo estás?”  Cuando en realidad querían decir: “¿vas a parir ya o qué?”.

...De repente un golpe seco… ¡Pumm! y me despierto, ¡ostras! creo que he roto aguas, me levanto de la cama para confirmar que el líquido que resbala entre mis piernas es líquido amniótico.
...De 8 a 9 h. de la mañana las contracciones son soportables, cada  5 minutos la mayoría, alguna cada 6, otras cada 3 o 2 minutos.
Bueno, hoy es el día. Empiezan las contracciones, suaves como las noches anteriores. Informo a las matronas del acontecimiento, pero no me quiero emocionar, no vaya a ser que con eso de que es de día la cosa se pare, pero como las contracciones continúan, le mando un mensaje a mi doula para que esté preparada pero sin prisas… a ver cómo va esto.
...Decido meterme en la ducha, más por refrescarme que por el calorcito que se supone mejora las contracciones, ¡Uff! en la ducha ya duelen, me pongo de cuclillas, ¡oh! ésta ha dolido. Cuando salgo de la ducha, otra contracción, me tiro al suelo…. ¡Uff!
...Me voy a la habitación, enciendo la lámpara de sal y cierro las cortinas, mando un mensaje a las matronas, esto va rápido… llamo a mi doula: “ya estoy en la puerta” me dice, ¡Uff menos mal!
...Hay un momento de confusión, sé que me subo a la cama pero luego me pongo de pie… de repente y sin haberme dado cuenta de nada mi doula me coge las manos…. Comenzamos a bailar… ¡Qué danza!... un suave balanceo que me mece como el mar…. ¡aaaaaaaahhh! y hacemos círculos con las caderas… Bendita danza… es hasta placentero… Cierro los ojos para no volver a abrirlos.  Me voy lejos, sin mover mis pies anclados en el suelo...

...De cogerle las manos paso a cogerle las muñecas y las olas se hacen más grandes, intensas… cuando creo que ya me han atravesado toda entera, aún continúa un poco más… ¡Concha, duele mucho…!  Déjate llevar,  me dice… fluye con la ola…. Y en mi mente está MI flor, esa que tantas veces he visualizado en mi vagina… abriéndose… ¡Ábrete...!  me grita la mente.    Y me dejo llevar…
...En un momento mi pilar cambia, los brazos de Pablo me sostienen. Ahora veo a mi hombre de otra manera… ese día ES mi muro… un muro que sin hablar lo dice todo tan sólo haciendo una cosa… estar ahí sosteniéndome. Sus brazos se convierten en mi sostén durante varias olas, pero sé que mi doula no está lejos, está detrás de mí, abanicándome y avisando a las matronas de que vuelen…

...Quiero ir al baño, tengo pis y con toda el agua que estoy bebiendo no puedo aguantar… oigo a Concha desde la habitación “Bea, ¿estás empujando?” ¡No lo seeeee…!
...Vuelvo con mi muro que me besa dulcemente… Oxitocina… Oxitocina…
...Noto algo duro moviéndose en mi interior, se que es la cabeza de Pau bajando.  Las piernas me flaquean, ya no puedo estar de pie, me pongo en mi cama a cuatro patas… Duele… ¡¡Aaaaaahhhhhhh!!

...¡Ayy! ¡Concha estoy empujando…! Muevo una de mis manos y busco la suya... ahí está… Me recuerda a la mano de una madre, con la piel suave que da la madurez.  Mi madre no está aquí conmigo pero esa mano ES la de una Madre…

...De repente… sólo siento presión, una presión muy fuerte, mis sonidos son una mezcla de gritos, quejidos  y oigo a la matrona: “Bea, ya está, tócale la cabeza”  ¡Mi chico, mi niño, qué suave…!  Mis sonidos dejan de doler y el amor se apodera de esa habitación “Cógelo que te lo paso” y su cuerpo se escurre de mi interior para llegar a mis brazos, suave, caliente, no llora, está perfecto.  
A las 10:31 h de la mañana, mientras la Xeperudeta sale de su casa y la fiesta comienza, Pau llega a mis brazos para quedarse. 

...Lo he hecho, lo he conseguido, he vencido el miedo, la expectativa, soy grande, poderosa. SÍ, yo, la que se traga las lágrimas si ve a sus hijas pasarlo mal, la que se desmoronó como un castillo de naipes cuando su otro bebé se puso las alas para que Pau llegara a esta vida.
...Y me siento en mi cama, casi sin creerme qué ha pasado. Mi doula me da un beso en la frente, “Lo has hecho, lo has conseguido! ¡Todo está bien! aún resuenan sus palabras en mi mente...

...Sin ti lo habría hecho pero no lo habría vivido, no lo habría bailado, no lo habría gozado... Estuviste ese día en esa habitación, formas parte de mi historia allá donde vayas.  Gracias, Concha, por ser mi Doula.

B.Ll.  Pau, mayo de 2015
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“Querida Concha, han pasado casi nueve meses desde que mi niña nació y como soy una tardona no me he sentado antes para poder darte las gracias. Y son unas gracias muy grandes, porque el escenario no podía ser peor, una cesárea con rotura de útero, y sin embargo trajiste calma, tranquilidad y seguridad, no sólo a mí, sino también a mi familia. 

Aún no sé cómo paraste los temblores de la anestesia, que no me dejaban abrazar a mi bebé, y antes de una hora ya la tenía agarrada al pecho gracias a tu ayuda. No podía creérmelo, la tan deseada lactancia iba a ser real, después del fracaso con mi primer hijo. Pude disfrutar de mi niña de tal forma que recuerdo con cariño la estancia en el hospital (y casi me sorprendo, teniendo en cuenta todas las sondas, el dolor y los pinchazos continuos). Pero es que estabas allí, apoyándome, dándome tranquilidad, orientándonos con mi niña, dándome la seguridad de que tanto ella como yo estábamos en las mejores manos posibles...

Mil gracias Concha por este regalo tan precioso. Ojalá te hubiera encontrado para el nacimiento de mi primer hijo, tantísimas cosas salieron mal, y hubiera sido tan fácil evitarlas contigo cerca..., esta vez me he vuelto a quedar sin saber lo que es parir, pero gracias a ti he experimentado el nacimiento de mi hija como no habría soñado. Gracias, gracias, gracias” 


D.H. agosto de 2015
Leer relato completo Acompañar una cesárea programada
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El parto es el momento más transcendental por el que pasan algunas mujeres.  Las hay increíblemente seguras, poderosas, confiadas.  Este es el caso de esta mamá. He tenido la gran fortuna de estar a su lado desde el principio y por el tipo de parto que ha tenido, creo interesante contarlo aquí.  Tanto ella como su pareja me han dado el permiso expreso para hacerlo.

Como Doula y por principios, sin cuestionar o juzgar lo que cada mujer decide hacer en SU partoyo NO acompaño partos sin personal sanitario.Quizás en otro contexto y en otro país no tendría problema, pero aquí y tal y como está la legislación y las competencias, lo tengo muy claro.  Si no hay una matrona al menos, yo no acompaño en un parto.

Estas son notas aclaratorias para que se pueda comprender fácilmente lo que voy a relatar. Apunto que lo hago con el consentimiento expreso de los padres pues no se me ocurría hacerlo de otra forma.

Ella quería ser Doula y se formó para ello. Nuestra relación se  estrechó cada vez más. Mujer conectada con la tierra, con la Naturaleza. Para ella, integrar los procesos naturales forma parte de su día a día.   Clara y contundente en sus decisiones, la comunicación con ella siempre resulta fácil. Disponible en todo momento, e incondicional.

Un día me llamó para decirme que estaba de nuevo embarazada, estaba feliz pues fue una decisión meditada entre su pareja y ella. Le dije que si quería la acompañaría durante el proceso incluyendo el parto, ese iba a ser mi regalo por el cariño que le tenía.

Durante la gestación se manifestaba tranquila, segura y sin ningún tipo de temor. Conectada en todo momento con su bebé intrauterino y conocedora del proceso fisiológico, cada día estaba más radiante.
Charlábamos cada vez que teníamos ganas, sus conversaciones transmitían calma y seguridad, era una embarazada pletórica.

Quedamos en una ocasión para regalarle una sesión de hipno parto y francamente, sentí que ella estaba por encima de lo que yo pudiera ofrecerle…sin dudas, sin miedos, con confianza en su cuerpo y en el de su bebé, cualquier cosa que le dijera ya estaba integrada en todo su ser.

El embarazo transcurría con salud y en ningún momento me mostró un atisbo de duda, de miedo. Había decidido parir en un hospital. Tenía claro que todo iba a salir fenomenal… que sería un parto rápido y sencillo. De hecho, se repetía para sí misma “creo que no llegaré al hospital”. Tanto ella como su pareja habían decidido estar en casa hasta que sintiera que había llegado el momento de ir hacia el centro hospitalario elegido.  Yo estaría con ellos, y también una amiga matrona.

La madrugada del día que habíamos quedado, me llamó a las 23:58 h.  Me dijo que había roto aguas pero que no tenía ninguna contracción y se iba a dormir, que ya me llamaría cuando hubiera movimiento.  Había llamado también a su amiga matrona quien le dijo que prontito por la mañana acudiría a su casa pues en ese momento no podía dejar a sus niñas.

Y de esta forma tuvo lugar su “parto precipitado”.

…el papá recoge a su bebé y se lo pone a la madre en el regazo. Es la 1:57 h del día 17 de febrero ¡dos horas desde que me había llamado la primera vez!

La cara de esta mujer pariendo, entre risas y gemidos de poderosa hembra mamífera, la expresión de ternura al tener a su bebé en los brazos y su pareja abrazándolos a los dos… esto es algo que nunca olvidaré porque se ha quedado grabado en mi retina para quedarse archivado en mi corazón.

A grandes rasgos este ha sido el parto más increíble que he acompañado y que quizás acompañe en toda mi vida. Pero en el fondo, no me ha sorprendido que sucediera así. Porque nada es gratuito, todo tiene su razón de ser.

Como he dicho en el relato, ésta es una mujer poderosa, segura, sin miedos. Que mira la Vida a la cara. Que se ha preparado para este momento con toda su conciencia. Que se ha informado de los procesos tanto físicos como emocionales que mueven los hilos de un parto y un nacimiento. Y que además, por si fuera poco, llevaba una sutil programación de confianza “creo que no llegaré al hospital”.

No me queda más que agradecer a esta familia el enorme regalo que me han hecho, por permitirme estar a su lado, por darme la confianza de ver nacer a su hijo.  Estar codo a codo con el padre de este bebé,  y ver y sentir su comportamiento me aporta esperanza en los hombres capaces de comprender y de respetar los deseos de su compañera, sean los que sean.  Así se lo dije a él también en el emocionado abrazo que nos dimos una vez ya estábamos instalados en el hospital. Lloramos los dos, abrazados,  porque las emociones contenidas también nos unían en esos momentos. Y es que la Doula, también cuida del padre que se deja cuidar…

A.I.  Greta, febrero de 2016
Leer relato completo  Relato de un parto exprés.
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Este es el relato del parto de Charo, del nacimiento de su hija Lucía y como bien se define ella, ciertamente es una mujer poderosa.   Me lo ha regalado para que lo inserte en este blog con motivo de la 18 Semana Mundial por un Parto Respetado.
De nuevo, he tenido el privilegio de acompañar a una mujer a la hora de dar vida a la Vida  y por ello, me siento agradecida y animada a seguir en este camino del acompañamiento por el que soy doula.

"Y aquí me encuentro al fin, sentada en mi rincón favorito, dispuesta a contarte mi experiencia, mi intensa e irrepetible experiencia. 
Soy madre de tres hijos:
 - Ángel, que vino al mundo tras una inducción fallida (demasiado corta) que terminó en una cesárea innecesaria (al menos en aquel caso), ni siquiera me había puesto de parto, tampoco había cumplido la semana 40 de gestación, pero se aproximaba un puente y sucedió lo que tantas veces ocurre en la sanidad privada, demasiada prisa.
 - Mi bebé estrella que anidó en mi vientre durante diez semanas, una experiencia que fue determinante para todo lo que pasó después.
 - Y Lucia, un nacimiento respetado, acompañado por una Doula y diferente a todo cuanto habíamos vivido hasta entonces.

Decidí mucho antes de quedarme embarazada que tendría una Doula a mi lado si volvía a ser madre, me gustaba pensar en la sensación de sentirme acompañada y sostenida por una mujer con experiencia y respeto, en este mundo donde todos tienen prisa porque nazca el bebé y poco respeto en un momento tan crucial.

Mis dificultades con la lactancia tras la cesárea me llevaron a conocer en una Fiesta de la Lactancia a Concha. Ya la había leído, bueno, había devorado su blog, en el que narra sus experiencias en la vida y con las mujeres a quienes acompaña. Me llegó desde el primer momento, con apariencia serena, con una luz que pocas personas irradian, clara y firme en sus palabras y con unos principios muy definidos. Tiempo después concretamos una cita, me interesaba mucho el acompañamiento, no sabía por qué, pero algo me hacía caminar con los ojos cerrados hacia un destino que apenas imaginaba en aquellos momentos...

...Y entonces llegó el momento, quedé con Concha… empezó este camino de bendiciones que he recorrido por iniciativa propia, con el apoyo incondicional de mi marido y acompañados por ella, nuestra Doula.  Digo nuestra porque nos ha acompañado a ambos, formamos un equipo inigualable, con una confianza y complicidad cuyo recuerdo nos acompañará siempre...

...Concretamos la primera de las citas. Concha me había acompañado durante la pérdida y tras varios Círculos de Maternidad y alguna formación compartida, conocía mi historia en profundidad. Hablamos de lo que sentía, de lo que esperaba, de cómo quería vivir y “prepararme” para aquel momento.... 

...Llegó el momento de entrevistarnos con Concha los dos, fue muy importante ver que mi marido conectaba con ella y confirmar lo que yo llevaba tiempo sintiendo, era nuestra aliada perfecta, nos hablaba con claridad de cada uno de los temas que le íbamos planteando, resolvía nuestras dudas como nadie lo había hecho hasta entonces, fue reconfortante sentir que tanto mi marido como yo teníamos la misma confianza con ella y podíamos hablar de cada cosa de una forma como no habíamos hecho con nadie...

...Nochevieja: yo estaba a punto de salir de cuentas así que decidimos hacer la cena familiar que había prevista en nuestra casa y de la forma más sencilla posible, ya que yo lo había pedido así...

...En cuanto me fue posible hablé con Concha y seguimos a la expectativa de lo que iba a suceder, me encerraba en el baño y le hablaba a mi pequeña diciéndole que estaba preparada y que tenía muchísimas ganas de tenerla en mis brazos...

...Hacia las 00:45 h empecé a notar las contracciones, felicidad de nuevo y un poco de miedo, pues habían empezado muy rítmicas y mi desconocimiento del proceso me asustó. Llamé a Concha sobre las 2:30 h de la madrugada y a las 3:00 h estaba con nosotros en casa. Pasamos la noche entre la pelota y el sofá, con luces tenues, dejando fluir las contracciones y la oxitocina por mi cuerpo… ¡maravilloso!...

...Durante la noche se fueron deteniendo mis contracciones y al alba, definitivamente habían desaparecido, no recuerdo la hora, solo sé que había salido el sol. Hablamos con Concha y decidimos que lo mejor para todos era irnos a descansar, nosotros nos metimos en la cama y ella se fue a casa. Al mediodía comimos los dos, tranquilos, emocionados por lo que estábamos viviendo. Hacia las 16 h empecé a tirar el tapón, me sentí entonces algo abrumada, pues éste era sanguinolento y a pesar de que mi Doula me dijo que era normal, que no había que alarmarse, me poseyó el miedo y decidí ir al hospital...

...Solicitamos hablar con la ginecóloga, ya que Concha le había comentado a mi marido los riesgos que conllevaba un parto instrumentado frente a una posible cesárea. Nuestra idea era detener el proceso y solicitar voluntariamente la cesárea, pues me sentía agotada ya que las contracciones no habían cesado desde la noche anterior y eran cerca de las 8:30 h de la mañana, así que valoramos los pros y los contras para pedir la cesárea...

...Y entonces sucedió lo inesperado, al llegar la ginecóloga, al ver su cara, sus gestos, me dieron calma, me devolvieron la confianza sobre todo sus palabras: “Tranquilos, a tiempo de hacer una cesárea siempre vamos a estar, vamos a esperar 4 horas más…” Al momento apareció ella, Lena, LA MATRONA, a quien le agradezco su saber hacer y su mimo en cada gesto con nosotras.
Lo primero que me dijo, jamás lo olvidare: “Hola, soy Lena, tu matrona y vengo de leerme tu plan de parto”... 

...Estaba en dilatación completa. Lloré, agradecida, feliz, lo íbamos a conseguir, mi marido se mantenía a mi lado en todo momento, y a Concha no la dejaron pasar por los dichosos protocolos, pero sabía que estaba en la puerta de paritorios atenta a cada paso que dábamos...

...Y entonces llegó Concha, y lloré de nuevo, lo íbamos a conseguir, ella me animaba, me decía lo guapa que estaba, me iluminaba con su luz, me cogió la mano y nos miramos a los ojos, nadie nos iba a detener en nuestro objetivo...

...¡Tan solo unos instantes con mi Doula al lado y ya comenzaba a pujar! Concha salió a avisar a Lena, comenzaba el expulsivo: eres una campeona, me decía mi Doula querida y se marchó, respetando todas y cada una de nuestras decisiones, para dejar que mi marido volviera a entrar...

...2 de enero de 2017, 15:08 h. Lena dice: “Dame las manos que ya está aquí, la vas a coger”  y con mis propias manos sujeté a mi hija, dándole la bienvenida al mundo exterior y colocándola sobre mi cuerpo, tal y como tantas y tantas veces había soñado: ¡Qué bonita es, Lucía ya estás aquí, ya estás con mamá, qué bonita eres mi amor! … ella me mira con sus ojos bien abiertos, siento su cuerpecito húmedo y caliente, sobre mí, entre mis brazos ¡lo había logrado!...

...Y aquí termina mi historia,  nuestra historia,  la de una mujer poderosa que decidió tener a su lado una Doula porque así lo sintió, porque con su luz iluminó cada uno de nuestros pasos y nos acompañó en el nacimiento de nuestra hija con respeto, cariño y mucho saber hacer...

...Gracias, Amama, por cruzarte en mi camino, gracias por tus sinceras y necesarias palabras en cada momento, gracias por permanecer a mi lado y no dejar que me rindiese, gracias infinitas por tu cariño hacia nosotras, siempre formaras parte de nuestras vidas de un modo muy especial...

C.B.  Lucía, enero de 2017



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Conocí a Concha unos años atrás, cuando mi hijo Lucas tenía 9 meses. Mi primera maternidad me llevó a plantearme muchas cosas que hasta entonces desconocía.

Empecé un camino que me llevó a ser más consciente de mi cuerpo de mujer, de la maternidad, del embarazo, de la lactancia, de la crianza… fue un despertar hacia mis instintos.

...Y llegó mi nuevo embarazo… Y lo tuve claro. Sería acompañada por mi doula.

...El embarazo fue vivido plenamente con consciencia desde la misma concepción.  Yo tenía mucha información y así lo apliqué en los nueve meses de embarazo.

...Y llegó el día…

...A las diez de la noche llegamos a casa y me puse a crear ambiente en el salón. Preparé mi altar, encendí unas velas, aromaticé con aceites esenciales, colgué la mariposa que mis bellas mujeres me habían pintado el día de mi Blessingway, puse la música que me habían regalado y que tanta paz me aportaba y empecé a hacer movimientos con mi pelota, con mi pelvis, bailaba las canciones… hasta que las contracciones empezaron a ser un poco más fuertes.

...Las contracciones se hacían más fuertes y yo vocalizaba (Aaaaaaaaaa). Habíamos hablado de ello en sesiones anteriores, la relación entre la apertura de la garganta y el cuello del útero, yo también lo había leído anteriormente. La verdad es que este sonido me aliviaba y me ayudaba a no oponerme al dolor.

...En el hospital entramos por urgencias, mi doula me sujetaba para llegar pero las contracciones ya me mantenían doblada y no me dejaban andar. Pablo aparcando y Concha entregando los papeles, mientras yo sentía que las contracciones cortaban mi respiración.

...Mis piernas empezaban a temblar y Gael iba bajando. Hubiese querido que naciera así, de pie, pero la matrona quería que me sentase en la silla de partos para reconocerme y poder comprobar cómo estaba mi hijo. La verdad es que me costó mucho dolor sentarme y mis riñones no soportaban esa posición. Concha se puso detrás para que yo pudiese apoyar y relajar mi espalda.

...Mi hijo llegaba al mundo con el parto que yo había soñado. Intenso, sintiendo mi cuerpo abrirse, la fuerza de la Naturaleza, la Vida. Abrazar a mi bebé, su olor, sintiéndome capaz de todo ¡¡poderosa!! ¡¡como una leona mamífera!!

...Tener a Concha cerca, confiar en mi cuerpo, confiar en el proceso, sentirme acompañada desde la experiencia, ha sido algo único.

...Eternamente agradecida por este acompañamiento, para mi no podría haber sido más especial.
Gracias a mi hijo Lucas por abrir mis ojos a un nuevo mundo. A Pablo por ser un perfecto compañero de vida. A mi hijo Gael por esta bella experiencia.

Y gracias a Concha, mi Doula, por Ser, ¡pero sobre todo por estar!

C.V.  Gael, agosto de 2017 

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Es sabido y estudiado que escuchar, leer relatos de partos tiene efectos positivos para las mujeres, tanto para quienes lo cuentan, como para quienes los leen.

......Muy resumida, esta es la experiencia de una madre primeriza en su parto. Como ella me ha dicho, la finalidad es que otras mujeres sepan que sí se puede, que a pesar de la dureza de los momentos, se puede parir sin epidural ¡y con oxitocina sintética!


Madre primeriza que me llega embarazada de 22 semanas, a través de una amiga suya Doula también. Me pide acompañamiento durante embarazo y parto especialmente.

... En varios encuentros reforzamos esa confianza, esa capacidad mamífera, entre otras cosas. En el último douleo, en semana 35,  aprecio un cambio en su actitud. Dice que ya no tiene miedo y que está de subidón. Su pareja se implica bastante y les digo a ambos que, a pesar de todo lo que están haciendo para dar a su bebé el mejor nacimiento, a veces suceden cosas que no se pueden controlar (esto siempre lo digo). Es decir, no crearse expectativas cara al parto y estar abiertos a lo que pueda pasar.

... Administrada la medicación, su marido se queda con ella en la sala de dilatación. Pero al poco me llama para que pase a estar a su lado hasta que vaya a nacer el bebé, como habíamos acordado.

... Comienza a decir que no podrá. Y le recuerdo, subliminalmente, lo que habíamos hablado en nuestros encuentros: su capacidad, su fuerza, la naturaleza de su cuerpo de mujer, la capacidad del bebé… pocas palabras, mensajes breves…

Las contracciones son realmente intensas, el bebé aguanta muy bien, y pasadas unas horas volvemos a la ducha.

Entra de lleno en planeta parto. Gime. Llora. Grita. Yo la acompaño, la abrazo, le enjugo las lágrimas…

... A partir de ahí está fuera de sí, cada vez más hacia dentro hasta que la matrona le dice que está en completa. En ese momento se pone en cuclillas y se calla. Solamente gruñe y puja. Estamos solas.

Cuando vuelve a entrar la matrona le pregunta en qué posición quiere parir. Ella no la oye y le digo que la mire, que se ha quedado en esa postura y no se mueve… le ponemos la sillita paritoria.

... Parió a los 15 minutos un bebé de 3,100 kg.  Dos puntos por un mínimo desgarro…

Cuando la vi pasadas algo más de dos horas, estaba preciosa con su niña enganchada a la teta, riéndose, y feliz. Tenía vagos recuerdos. Solamente decía que si no hubiera estado a su lado habría pedido la epidural a mitad de camino.

... Sé que si ella la hubiera pedido se la habrían puesto, por eso le pregunté que quería, por eso le preguntó la matrona si llamaba al anestesista. Ninguna de las dos podíamos decidir por ella.

En visitas posteriores me ha comentado cómo ha podido ser así,  cómo había dejado atrás esas dudas que ella pensó le impedirían tener un parto vaginal sin anestesia.  Su marido comentaba lo brutal del parto,  (yo le mantenía informado en todo momento de lo que estaba ocurriendo dentro...)  Sin embargo, ella tenía un trabajo personal bien integrado: confió en su cuerpo y en el de su bebé tal y como tantas veces lo habíamos hablado. Se enfrentó al parto sabiendo que tenía que pasar por ella, que su cuerpo se abría y ella moría, de alguna manera, para que su hija naciera. El trabajo interior que había realizado los meses anteriores dio su fruto, a pesar de que su hija decidió nacer unas semanas antes, a pesar de la sorpresa y el disgusto inicial al romper aguas, a pesar de la oxitocina sintética…

... El nacimiento de esta hija ha marcado un antes y un después en la pareja.  Han sido ellos, su complicidad, su apoyo, sus ganas de hacer lo que consideraban mejor por el nacimiento de su bebita.

Dicen que sin mí no lo habrían logrado.  Pero no es así, yo los he acompañado en el camino que sólo ellos habían elegido. 


C.B. Sara, septiembre de 2017 


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