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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Apatía y desánimo. Porque es Navidad.


Mi árbol de Navidad todavía está desnudo. En un lado del salón espera a que sus ramas sean decoradas con las bolitas de colores, con las tiras doradas, con los lazos rojos… pero no tengo ganas. Se acercan unas fechas que me han sido muy queridas, que las he disfrutado mucho y sin embargo, este año las enfrento desde la apatía.

Ahora mismo vengo de casa de mi madre. Ella sigue decorando su casa a pesar de los 89 años que cumplirá a principios del año que viene. Estando allí he recordado cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas y venía toda la familia… mis tíos, mis primas, y bailábamos y cantábamos y lo pasábamos fenomenal. 

Más tarde, cuando mis hijos eran pequeños también nos juntábamos con mis hermanas y sus hijas. Cristina, la pequeña de mis hermanas tocaba la guitarra con mi hija y mi sobrina Yolanda y cantábamos villancicos junto a mis padres. Después íbamos todos juntos a la Misa del Gallo. Mis padres eran felices y nosotras también. Hoy, algunas de esas personas ya no están, se fueron por varias circunstancias y su ausencia está presente…

Son tradiciones que se viven y se recuerdan. Que se pierden. Y que se lloran.

Hoy lunes 21 todavía no sé que voy a hacer para cuando el día de Navidad venga toda la familia a mi casa a comer. Ni tengo ganas de pensarlo. A veces me gustaría cerrar los ojos y que fuera el día siguiente de Reyes con el fin de recobrar la normalidad, lo cotidiano… pero apenas hemos comenzado con las compras, las comidas, los encuentros… y me siento agobiada.

Porque también pienso en todas las personas que están saliendo de los países en guerra y se van a encontrar con una Navidad fría, desangelada, sin un bocado extra que llevarse a la boca, sin una cama caliente donde reposar, sin un árbol decorado donde encontrar sus regalos… Pienso en esas personas que se están dejando el pellejo por lograr un modo digno de pasar sus días y que dejan atrás país, familias, recuerdos y vida.

Veo la opulencia en otros lados. Veo el ansia de poder y las mentiras de los políticos. Veo cómo en el país que vivo van a continuar con los desahucios, la sanidad y la enseñanza en precario. Cómo vamos a seguir con una ley que no ampara a las mujeres víctimas de malos tratos, ni a las que quieren vivir su maternidad de forma consciente. Veo una situación económica donde seguirá haciéndose rico el que más dinero tenga y donde los pobres cada vez serán más pobres.  Veo tantas cosas que no me gustan…

Y me desanimo. Y quisiera cerrar los ojos para no ver nada. Pero es Navidad. Y he de sobreponerme aunque en estos momentos conecte con una soledad profunda, con la soledad que sienten todas las almas errantes, conecto con la tristeza del mundo… y me deshace la pena. Me desgarra el dolor ajeno. Y siento frío interno. Pero es Navidad.

Sé que estos momentos forman parte de mi presente y acepto como tal esta angustia que me sobrepasa, y me permito sentirme así y expresarlo porque, a pesar de lo afortunada que soy por todo lo que tengo, lo que hago y las personas que me rodean, estas emociones irrumpen en mi alma a modo de huracán. Siento que he de vivirlas y sobrepasarlas de la mejor manera. Sé que forman parte de mi naturaleza humana y por eso las acojo.

Sé que soy afortunada por lo que tengo, que soy amada y por ello doy gracias a la Vida con cierta frecuencia. Pero eso no quita que vea y escuche este perfil que, en momentos puntuales, también conforma mi ser.

También sé que estas emociones, una vez transcendidas darán paso a otras, las que me llevarán a ir al mercado a comprar lo mejor arreglo a mis posibilidades para preparar una deliciosa comida donde disfrutar junto a mis hijos, mis nietos, mi madre, mi marido… mis seres queridos.


Sé que decoraré el árbol de Navidad con las bolas de colores y los lazos rojos, y que pondré villancicos aunque mis hijos y mis nietos no los canten.  Que empaquetaré regalos y que disfrutaré cuando los abran. Que me hartaré de guisar, de fregar, de limpiar cuando todo acabe. Y sé que lo haré convencida y a gusto porque entonces estaremos todos contentos. Porque es Navidad.






lunes, 14 de diciembre de 2015

LOBA. Sentido crítico.




Esta tarde he estado viendo la proyección de LOBA, en Valencia. Y me he tomado el interés de tomar notas para poder aportar cuál es mi visión de este documental y de los comentarios que ha habido posteriormente en el debate porque creo necesario hacer ejercicio de un sentido crítico.

Tengo que decir que nada de lo que he visto me ha sorprendido. Tal vez porque soy Doula y desde mi formación y experiencia en acompañamientos sé que la violencia en el nacimiento es algo habitual. La violencia que se nos muestra en el documental es una realidad innegable a pesar de las grandes diferencias que hay entre las situaciones presentadas en el mismo y las que se viven en cualquier hospital español, y concretamente, en la Comunidad Valenciana.

Es de agradecer que comience con testimonios de mujeres que han sentido en carnes propias cómo su parto ideal se ha ido al traste, mujeres “cesareadas”. Historias como estas y tan reales se pueden leer en la página de El Parto es Nuestro. Y se pueden escuchar en cualquier espacio íntimo y respetado que se le conceda a una mujer para poder hablar… Aún así, es de agradecer como digo,  que hayan sido valientes al compartir sus heridas, es un comienzo inquietante.

En España no está legalizada la figura de la partera. Es muy bonito ver cómo en México las parteras tradicionales han transmitido su sabiduría a sus hijas, a las mujeres de su comunidad y cómo han sido las que han perpetuado el respeto en el nacimiento… hasta que llegaron los doctores y los hospitales. Y cómo la directora del documental ha ido indagando e intentando reconectar con esa sabiduría ancestral de estas mujeres indígenas. Pero sinceramente creo que hace un poco los dientes largos a las mujeres que no van a parir de esa forma idílica.

El documental incide demasiado en el parto domiciliario. Y me parece bien. Hace 28 años yo misma quise parir a mi tercer hijo en casa, pero no pudo ser porque no había una matrona que me asistiera. Hoy en día que sí que hay matronas que atienden parto domiciliario, sin embargo es una opción que no todas las mujeres se pueden permitir por el tema monetario, ya que no está subvencionado por el Estado y la situación económica es la que es. Y también porque o bien la pareja o bien la familia, desde su miedo,  presionan para que no sea de esta forma.

Nos presenta una terrible realidad hospitalaria, tanto en Francia como en México y en Cuba. Aquí no es muy distinta. Los hospitales tienen sus protocolos y las mujeres DEBEN de informarse de ellos de primera mano para que luego no vengan las sorpresas… o el “yo no sabía”.  Y la violencia obstétrica se practica en todo el mundo.

Ha hecho hincapié en la importancia del acompañamiento del padre y esto me rechina, la verdad, porque no todas las mujeres que van a parir tienen una pareja, ni todas las parejas son apropiadas para el acompañamiento. Y hay que tener en cuenta que muchos hombres no quieren entrar al paritorio y que muchas mujeres no quieren que sus hombres estén allí.  NO, la mujer ha de estar acompañada por quien ella quiera.

Entonces, a la vista de todo esto ¿qué deben de hacer las mujeres? ¿Resignarse a que tengan suerte y les toque un turno de matronas formadas con otra conciencia y que atiendan de forma respetuosa? ¿Parir en casa en contra de la familia e incluso de la propia pareja?

Creo que ante todo hemos de ser realistas y ver las cosas que hay para ponerles nombre. Y aceptarlas para poder cambiarlas. Todo yin tiene su yang, como toda luz tiene su sombra.

Como ha comentado una de las participantes, los hospitales se van “modernizando” cada vez con más tecnología, pero por el contrario están reduciendo personal, matronas en concreto. Y las hay que llevan mucho tiempo y, o tienen conceptos erróneos sobre cómo ha de ser un parto respetado, o no se reciclan. Con lo cual, una mujer que va a parir a un hospital se lo juega a cara o cruz, dependiendo del turno.

Se ha hablado de denunciar al hospital que incurre en malas prácticas, cosa que considero necesario para que se produzcan los cambios, pero ¿tienen las mujeres conciencia de que ha habido prácticas incorrectas?  Como decía una matrona,  a pesar de su disponibilidad y de lo que pueden ofrecer para que las mujeres tengan el mejor y más natural de los partos, es desalentador ver cómo entran pidiendo analgesia sin querer enterarse de nada. Y cómo mujeres que no se han informado llegan sin haber comenzado el trabajo de parto con lo que son candidatas a una cascada de intervenciones con todas sus consecuencias.

Se han comentado varias cosas más, como el tema de los derechos y el empoderamiento… Y se ha hablado también de la importancia de permitir que las mujeres hablen y compartan sus partos y sus vivencias, con lo que estoy totalmente de acuerdo y por lo que ofrezco un espacio cada quince días a las mujeres embarazadas, con bebés, con niños… para que puedan hablar, compartir y expresar todo cuanto les inquieta durante su momento.

Reconozco que he estado mordiéndome la lengua para no hablar, tenía bastante para aportar pero en el local había bastantes matronas y he llegado a un punto en que como persona necesito resguardarme… Aún así, y casi al final, he intervenido sin decir quién soy ni qué hago. Y esta es mi reflexión, más o menos lo que he dicho.

El embarazo es el final de un proceso. Toda mujer antes de ser madre, incluso antes de la concepción debería de plantearse por qué quiere tener un bebé. Qué le lleva a ello. Cuál su historia de nacimiento… y conocer el parto de su madre cuando la tuvo a ella. En qué punto está la relación con su propia madre. Indagar en ella misma como mujer y futura madre para ver sus miedos respecto al proceso. 

Informarse verazmente de las pruebas a que va a estar sometida, de la necesidad de ellas y hasta qué punto puede negarse a hacérselas. Informarse de los protocolos de cada centro hospitalario, visitarlo e informarse de casos de otras mujeres que allí hayan parido… 

Desconectar de lo cotidiano para conectar con su cuerpo de mujer y con su bebé intrauterino. Sentir y gozar de su crecimiento en el vientre. Cuidarse. Regalarse. Informarse sobre el proceso fisiológico del embarazo, del parto, del posparto y de qué forma afecta emocionalmente. 

Comentar con su pareja y ver qué quiere de él llegado el momento y aceptar si se lo puede dar o no, esto es, buscar la persona apropiada que la acompañe y la refuerce, sea su pareja, su amiga, su madre o su Doula…

La Naturaleza en su sabiduría infinita nos concede diez meses lunares para hacer un proceso de cambio, de autoconocimiento y de comunicación con ese bebé que sale de nuestras entrañas. Llegado el momento del parto, es la hora de la verdad. Lo que no se ha conseguido… ya no se puede alcanzar. Las cosas serán como tengan que ser.

El debate podía haber dado más de sí, desde mi sentir. Pero cierto es que el tiempo es limitado.

Me quedo especialmente con algo que he recibido esta tarde: un montón de abrazos, de mujeres que voy conociendo y con las que permanece un nexo de unión, algunas que veo habitualmente y otras que aunque las haya visto una sola vez, ha habido algo que ha mantenido vivo el recuerdo.

Como Doula sigo trabajando para que se produzca el reconocimiento a esta profesión. No desde la lucha, sino desde mi mejor hacer y mis testimonios, pues son la mejor prueba.

A pesar de que llevo muchos años en este tema y que el cansancio es real por lo que supone tanta implicación, no voy a tirar la toalla. Soy Doula y acompaño. Y cada mujer seguirá su camino según las decisiones que tome. Estoy convencida de ello y máximo ahora tras haber terminado la formación en Salud Mental Perinatal. Son las emociones quienes moldean las situaciones que envuelven la maternidad. A ninguna mujer se le empodera desde fuera… lo hace ella misma, desde su mirada interior.



domingo, 13 de diciembre de 2015

Una decisión feliz y acertada

Nos presentamos en representación de todas las demás


Cuando me enteré que se ofertaba una formación en Salud Mental Perinatal impartida por Ibone Olza y organizada por Isabel Fernández del Castillo a través de Terra Mater, no tuve ninguna duda de que ese era el complemento que estaba buscando para poder ofrecer un  mejor acompañamiento emocional a las mujeres que me buscan. Porque SOY DOULA.

Hay ocasiones en que me cuesta tomar una decisión, pero otras veces es algo que tengo muy claro a primera vista.

Así es que valorando someramente todo lo que supondría un año de formación a nivel de inversión de todo tipo (emocional, económica, energética…), pronto hice mi reserva de plaza comenzando a sentir mariposas en el estómago. No sabía hasta qué punto esas mariposas se iban a instalar e incluso reproducirse…

Y el año prácticamente ya ha pasado. Este fin de semana hemos tenido el último seminario, la puesta en común de proyectos, el terminar de hilar temas pendientes. Y la despedida, la emoción, los abrazos… el hasta siempre.

Compartir tiempo y experiencias con profesionales de distintas ramas desde la igualdad, el respeto, la tolerancia y el cariño es un ejercicio que debería de hacer, al menos, una vez en la vida cualquier persona que en su trabajo se relacione con semejantes.

Trabajadoras sociales, psicólogas, médicos, enfermeras, terapeutas, matronas… y doulas. Todas juntas, desnudando el alma, de igual a igual, enriquece y nutre. Y nos hace crecer desde la humildad y el reconocimiento a quien tenemos enfrente.

No voy a hablar de la formación en sí porque ya han sacado la segunda edición y es algo que a quien le interese, debe de comprobar por ella misma. Pero sí diré que no es una mera formación a base de contenidos teóricos. Además de éstos basados en la evidencia científica, en estudios contrastados, en artículos y libros de referencia, hemos trabajado nuestra parte personal más intima, algo que es básico desde mi punto de vista para poder estar junto a otras personas desde una perspectiva profesional, ya sea terapéutica o de apoyo, como es mi caso.

Como digo, en cada seminario y respecto al tema tratado hemos hecho nuestro trabajo personal. Le hemos dado la vuelta al calcetín para ver aquello que teníamos dentro. Para sacarlo, mirarlo a la cara, ponerle nombre y si era el caso, sanarlo.

Y esto es algo que considero básico para ser Doula porque no se puede acompañar desde la frustración, la carencia… la herida. La revisión y el crecimiento personal constante nos permite acompañar desde la ausencia de juicio, desde el respeto a cada decisión. Porque voy a decirlo por millonésima vez… acompañar es estar junto a alguien. Sin decidir por ella, sin decirle qué debe de hacer, sin juzgarla y sin querer salvarla de aquello que tal vez sea su camino de Vida.

El fin de semana ha sido intenso… He puesto cara a algunas de las compañeras (me gustaría nombraros a todas pero no lo hago por evitar el riesgo de olvidar algún nombre...) cuyas historias he estado leyendo a lo largo de once meses.

Nos hemos dado personalmente esos abrazos que en tantas y tantas ocasiones nos hemos enviado a través del correo. Hablar. Escuchar. Sentir mis emociones y vivir como en carnes propias las de algunas compañeras. Llorar al escuchar ciertas vivencias, reírnos en círculo y sentir el alma henchidaeste ha sido un fin de semana realmente nutritivo, y tal vez sea esta la palabra que en más ocasiones he repetido en estas horas.

Volviendo en el tren he estado leyendo el libro de Ina May Gaskyn “Partería espiritual” del que escuché hablar en mi formación como Doula  hace unos años. Metiéndome en el libro, en los relatos y experiencias de aquellas mujeres de la caravana por los años 70, mi pensamiento recurrente era lo fácil y lo constructivo que sería enfocar el nacimiento como el hecho más maravilloso en la vida de un ser humano. ¡Qué distinto sería el mundo si se viera este acontecimiento como algo que nos marca de por vida y que decide el futuro de la humanidad!

Al llegar a casa,  a pesar del cansancio pero desde la alegría que traía encima, estuve compartiendo con Marido parte de lo acontecido. Y así nos quedamos un rato abrazados en el sofá hasta que él decidió acostarse.

Antes de irme a la cama suelo desconectar todos los aparatos electrónicos de la casa, incluyendo el teléfono móvil, pero primero hago una última lectura rápida por si hay algún mensaje importante.

Y en esta ocasión lo hubo ¡y tanto que lo hubo! Me encontré con una entrada en el blog de Ibone Olza del que soy seguidora desde hace tiempo. Creía que ya no podría emocionarme más tras este fin de semana, pero leyendo lo que había escrito esta increíble mujer cuya calidad humana no tiene límite, los vellos se me erizaron y las lágrimas comenzaron a brotar por cuenta propia.

Gracias Ibone. No sé cuántas veces te lo he dicho durante estos meses. Gracias por tu humanidad, por tu calidez, por tu profesionalidad y por tu ternura.

Para mí como persona y como Doula, este texto significa una inyección de fuerza, de ánimo, de soporte para seguir en aquello que tanto amo: acompañar a las mujeres que me llamen.


Y como también comentó Isabel y asintieron todas las compañeras, lo que de las doulas digan por ahí… que se lo lleve el viento.








jueves, 3 de diciembre de 2015

Observación: un ejercicio de aprendizaje


Me considero una buena observadora. Cuando voy paseando por cualquier ciudad me fijo en cómo está estructurada, en sus calles y el mobiliario urbano, cómo está de limpia, los escaparates de sus comercios, lo que ofertan y de qué forma lo presentan… Todo ello me da una indicación de la clase de personas que la habita. Y la tendencia política de sus dirigentes.

Cuando entro en una casa, ver la manera en que está decorada,  la limpieza o ausencia de ella, el orden externo, el interior de los armarios y la forma en que están éstos organizados… me dan una señal de cómo son las personas que en esa vivienda moran. No en vano se dice “tener la cabeza bien amueblada” cuando alguien tiene sus ideas en orden.

Observar a una persona en su totalidad, su aspecto externo, los colores con que habitualmente suele vestirse, la forma de expresarse y de comunicar sus sentimientos, el tono de la voz y la expresión no verbal. La manera de sentarse, de prestar atención, sus manos… también son señales de cómo es esa persona,  o al menos, en qué momento vital se encuentra.

Y no es que vaya por ahí haciendo psicoanálisis, para nada. Me gusta observar sin ningún ánimo, sino simplemente por el hecho de ponerme en situación para establecer una mejor comunicación arreglo a lo que, a bote pronto, puedo percibir. No tengo cien por cien la certeza de acertar siempre, pero pocas veces yerro.

Y a raíz del curso que estoy terminando en Salud Mental Perinatal, todavía he profundizado más en un aspecto muy interesante: la observación de bebés, y de niños. Este trabajo me ha aportado una herramienta muy valiosa pero que no deja de entrañar cierto peligro si no se utiliza de forma correcta. Como todas las herramientas, creo yo.

Observar a los bebés cuando están con sus madres es una experiencia increíble ya que estos suelen mostrar lo que sus madres ocultan. En más de una ocasión, cuando he ido a visitar a una madre con su bebé pequeño y me ha dicho que la criatura parece nerviosa, que no mama bien, que no duerme de manera sosegada… lo primero que me viene es preguntarle cómo se siente ella. Y también todo lo opuesto. Madres que me dicen “Míralo, si es tan tranquilo” a lo que yo les respondo “¡Y cómo eres tú, alma cándida…! Porque un bebé es el fiel espejo de su madre. Nos guste o no.

Es algo increíble estar escuchando a una madre con su bebé al brazo y ver que conforme ella va soltando esas emociones contenidas, el bebé manifiesta a través de su carita, de sus gestos, de su llanto lo que su madre siente.

Cuando una madre solloza, su bebé de una forma sutil tiende a consolarla mediante una sonrisa, una caricia, un gesto. Si la emoción es muy fuerte y la madre llora desconsoladamente, el bebé llora con ella. Cuando ella se serena, su bebé también lo hace. Si ella ser ríe, su bebé también. Son muchas y distintas las señales que, solamente observando, sin necesidad de hablar,  nos va mostrando lo que hay entre este tándem madre-hijo,  unido de por vida y mucho más allá de lo que nuestra visión alcanza.

Como he dicho antes, puede ser un tema peligroso especialmente si se ha leído a Laura Gutman. Porque cuando un bebé, o un niño, se muestran tranquilos, alegres, felices… para la madre es muy gratificante aceptar que su hijo es su espejo. ¿Pero qué sucede cuando se da lo contrario? Cuando no come, cuando no duerme, cuando está “desobediente”… Pues que se siente la carga de la no aceptación,  algo realmente difícil de gestionar.

Y yo no lo llamaría culpa, sino responsabilidad. Porque sí, los niños se miran en el espejo de sus padres y desde su inocencia y naturalidad, muestran y expresan aquellas gestiones que están sin resolver… en los propios padres.

Me parece fenomenal y bueno que los niños se expresen, como puedan y conforme a su edad, cuando están contentos, cuando están felices. Pero que expresen, de igual forma aquello que no les gusta, que les molesta, con lo que se sienten mal, sus rabias y sus frustraciones. Creo que es necesario para un crecimiento sano.

La cuestión está en que para nosotras las madres, y para los padres, es mucho más fácil tener cerca a un niño feliz que “no crea problemas” que a un niño que grita, llora, planta cara y se enrabieta.

Al margen de que la etapa del berrinche y la frustración es algo por lo que algunos niños pasan de forma más virulenta que otros (como el sarampión o la varicela…) por propio temperamento y carácter, el quid de la cuestión está en tener muy claro quién es el adulto para poder estar a su lado, desde la calma, desde el entendimiento de este momento que tal vez, el propio crío ni comprenda.

A veces, desde nuestra experiencia personal pasada y con las expectativas tal vez equivocadas, pretendemos que sean nuestros hijos los que comprendan y los que cambien sus actitudes. En este caso yo me cuestiono, de nuevo, si no estaremos imponiendo aquellos patrones heredados de nuestros padres y que nos juramos no repetir cuando tuviéramos hijos…

No soy psicóloga, ni pedagoga. Soy madre, abuela, Doula y estudiosa de lo que la Vida me aporta. Me interesan las relaciones humanas. Me interesa el bienestar de los niños y la salud emocional de estos ya que sus vidas serán su futuro. Y el nuestro.


Hoy ha sido una de esas noches de las que el duende que habita en el  interior de mi cabeza me ha despertado pasadas las cinco de la madrugada. Me estaba dictando esto que termino de reflejar en el ordenador y que no dejan de ser mis observaciones, mis reflexiones de una noche de insomnio.





jueves, 26 de noviembre de 2015

25N. Implicación.


No entiendo yo de muchas temas, pero me pregunto a menudo, hasta qué punto el mundo gira sin más haciendo que las cosas sucedan porque sí. Y de qué manera podemos influir nosotros, los seres humanos, para cambiar los hechos.

Está claro que hay grandes poderes económicos mundiales que mueven los hilos y que por culpa de ellos hay guerras y hambrunas. El ansia de poder es incontrolable.

Sin embargo, en ocasiones puntuales se emprenden acciones a través de colectivos que arrastran desde un deseo de bien hacer, de paz. Y necesito creer que esa fuerza contrarresta, de algún modo, la otra. La dañina. La que nos está destrozando el planeta. El futuro. Y la Vida.

Ayer se celebró el Día Mundial contra la Violencia de Género. También contra la Violencia Obstétrica, un tipo de violencia que se desconoce porque no se ve, porque se da por normalizada. Y en esto me voy a centrar ya que es algo en lo que yo, desde mi lugar de mujer y Doula, estoy aportando un granito de arena.

Como digo, ayer y desde hace unos años, hay un movimiento social que se mueve básicamente por la red.  Mujeres que muestran todo tipo de vejaciones sufridas desde que se quedan embarazadas hasta incluso después de tener a sus bebés. Prácticas que las somete, las humilla, las infantiliza, las descapacita… con todas las consecuencias físicas y emocionales que ello conlleva.  Movimiento social que cuenta, también, con la colaboración de otras personas que no habiendo sufrido esa violencia obstétrica, se solidarizan con sus sufrimientos.

Ayer, viendo todo lo que se estaba moviendo por la red, no pude evitar pensar en aquellas mujeres que habiendo vivido en carnes propias todo este tipo de abuso y sin haber sido conscientes de ello, se hayan dado cuenta de cómo han sido víctimas de esta violencia. Y me pregunto cómo se habrán sentido…  Porque cuando se pone la fe ciega en ciertos profesionales y pasa lo que pasa, lo siguiente es no poder ver-se como necesidad prioritaria de protección. Quizás el tiempo vaya desvelando la barbarie y entonces venga realmente el estado de shock. O quizás la necesidad de protección continúe y una nunca se plantee nada...

Quiero añadir que estoy en contra de todos los días de… (Día de la madre, de los enamorados, del padre, del niño, del abuelo… creo que son movimientos consumistas) en cambio sí que estoy a favor de organizar eventos para visibilizar aquello que se oculta. Y para esto, las mujeres somos únicas. Los movimientos de mujeres arrastran y mueven conciencias, al menos de otras mujeres y ya, de algunos hombres.

Y ayer encontré cantidad de rosas -el símbolo de este movimiento-  por las redes sociales y, dicho sea de paso, creo que podían haber sido muchas más pero comprendo cuan agotador puede ser abandonar la zona de confort. Por ello, nos dedicamos a esperar a que nos den las cosas hechas para luego, decir con la boca bien grande que nos hemos subido al carro…

Se dice que a las personas se les conocerá por sus hechos, no por sus palabras… y es un pensamiento recurrente que me insta a parar y a observar. Observar la implicación y observar los movimientos desde fuera, como si en un juego de ajedrez estuviéramos. Ver cómo se mueven las fichas según con quien se juegue la partida… (Ves, querida Regi como yo también utilizo las metáforas…) y ver quien juega para participar o quien juega con otras intenciones.

Lo triste es que este tema de la violencia obstétrica no es algo lúdico, sino algo bien serio por cuya causa deberían de haber miles y miles de personas que se levantaran, que alzaran la voz y la pluma para manifestarse en contra de ella.

Sinceramente creo que cada cual desde su ámbito de actuación, desde su postura personal y  profesional,  desde la situación en que se halle,  debe de aportar su experiencia, sus vivencias y gritar bien algo que ¡ya está bien! Que el embarazo y el parto es de las mujeres. Que ellas deben de decidir cómo, cuándo y con quien quieren parir. Que los bebés son de sus madres. Que dejen de someterlas a todas esas prácticas que no tienen sentido ni justificación. Que los profesionales que todavía estén instaurados en su postura cómoda y poderosa sin querer comprender y aceptar la neuro-bio-fisiologia de estos procesos como algo normal y natural, deben de cambiar sus creencias para ofrecer lo mejor de su profesionalidad.


Creo que este es el principal objetivo del movimiento en contra de la violencia obstétrica. Y estoy convencida de que cada vez habrá más mujeres que estén dispuestas a trabajar por ello. Es cuestión de implicarse, de hablar, de “mojarse”. Y de unir voces. Cuantas más seamos, mejor.



domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Sabes qué es una Madre de día?


Domingo por la mañana. Marido se ha ido a una larga marcha por la montaña y en esta ocasión no le he acompañado.

En la Asociación de Vecinos de mi barrio hay actividades programadas para todo el día. Busco en el programa por si me interesa algo. Y doy con una charla sobre un tema que conozco y que precisamente por eso me resulta atractiva. El día es soleado, así es que me arreglo y me voy.  Objetivo: las madres de día.

Me informo de dónde va a tener lugar la charrada y me señalan a la persona que la va a dar. Me dirijo a ella, me presento y le digo cuál es la razón por la que estoy allí. Y qué “casualidad”,  la madre de día en cuestión, me conoce por las redes. Nos damos un tiempo de asueto para dar una vuelta hasta que comience su turno.

El ambiente es festivo. Se ha organizado un mercadillo de segunda mano donde se gestiona el trueque. Ropa, libros, juguetes, cachivaches varios… Ojeo, no me paro en nada, algunos objetos llaman mi atención pero no he ido con ánimo de comprar, así es que no me fijo y paso de largo.

La charla va a empezar a las 11:00 h pero hay poco aforo y deciden retrasarla. Finalmente, se anuncia por megafonía que va a comenzar. Como casi siempre que se habla gratis de ciertos temas importantes… somos cinco personas aparentemente interesadas.

Nohe, que así se llama la madre de día, comienza explicando a qué organización pertenece, cuáles son sus criterios, de qué forma trabajan. Habla de su formación con el método de EmilyPikler y el movimiento en libertad, de la teoría del apego de Bowly, de las necesidades básicas en los bebés de 0 a 2 años sobre todo. 
De la observación, de la NO intervención en el juego y en evitar la excesiva estimulación. De las rutinas y los límites necesarios cuando los niños son tan pequeños y necesitan acompañamiento y contención…
De la necesidad del juego libre no dirigido, de los materiales naturales, de dejarles experimentar, darles la posibilidad de que jueguen al aire libre con la tierra, con el barro…

Permitir que experimenten con su cuerpo, que suban y bajen sin transmitirles miedo, que corran y salten sin manifestarles el temor del adulto a que caigan… Confiar en ellos desde la confianza propia.
De la importancia de que reconozcan su cuerpo con el movimiento libre, de la voz y una comunicación clara.

Y la escucho emocionada sabiendo bien lo que dice y convencida de ello porque eso es lo que yo hacía con mis hijos. Sin darme cuenta apenas me he ido muchos años atrás cuando mis hijos eran pequeños y yo iba a todos lados con una manta para dejarlos en el suelo y que se movieran según su necesidad. Nada de parques-jaula, nada de andadores tacataca…  
Recordaba cuando les dejaba los cacharros de la cocina, las cucharas de madera, las tapas… y hacían tambores y platillos con ellos. Cuando me sentaba en el suelo, a su lado,  a observar cómo jugaban y me maravillaba al ver, día a día, sus progresos, sus descubrimientos… Cuando en el parque los observaba en sus movimientos y caían al suelo y se levantaban… ¡cuando íbamos al pueblo y una prima de mi madre me reñía porque decía que los dejaba corretear demasiado libres!

Escuchaba a Nohe y pensaba lo fácil que es cuando hacemos uso del sentido común, de la observación, de la paciencia, de la escucha… porque realmente, un bebé hasta los dos años, no necesita mucho más. No necesita móviles, ni pantallas, ni Pocoyó, ni estimulación temprana que les mantenga con la mente activa y les desconecte de su cuerpecito.

He seguido escuchando a esta madre de día y cuando ha terminado le he dicho que me encanta lo que hace, que me gusta mucho su manera de enfocar esta forma de ganarse la vida, esta profesión que ya está necesitando una regulación antes de que empiecen a aparecer competencias desleales… como ocurre con todo lo que no está reglado.

La he felicitado, la he animado a continuar así y le he pedido una tarjeta para contactarla y que venga a contarnos a Entrenosotras lo que están haciendo ella y sus compañeras.

Y un suceso muy bonito ha puesto la nota de color en la mañana de hoy. Se ha acercado a saludarme una mujer de mi edad que hacía tiempo no veía,  la mamá de un compañerito de mi hijo cuando éste iba a la escoleta con poco más de dos años, una chica con la que llegué a tener muy buena comunicación.

Me ha dicho que “ya se ha enterado de quién soy y de lo que hago” y que le encanta. Que “por casualidad” encontró mi blog y se quedó sorprendida al ver que era yo (en mi barrio e incluso en mi escalera, la gente desconoce a lo que me dedico…). Y me ha hecho mucha gracia el tono de aceptación con que lo decía e incluso que comentara que su hija tenía un niño de 21 meses… que si lo hubiera sabido antes… 
¡En fin! Esas sorpresas que da la vida y que saltan cuando una menos lo espera pero que, como siempre, me reafirman a continuar en el mundo del acompañamiento emocional a las mujeres que así lo decidan.

He regresado a casa con la sonrisa en la boca, paseando y tomando el sol, recargando baterías en un otoño todavía cálido y soleado en esta zona del Mediterráneo donde tengo el privilegio de vivir.

Y antes de que se me escape la emoción que fluye por todas las células de mi cuerpo, me siento a escribir y contarlo, a compartirlo para que si alguien lo lee sepa que antes de llevar a sus chiquitines de pocos meses a una guardería convencional, hay otras opciones que tal vez se adapten más a su forma de entender la crianza, a lo que ellas desean para sus hijos.

Como todo en la vida es cuestión de buscar, informarse, comparar e escoger. Es nuestra responsabilidad como personas, y como madres y padres.




jueves, 5 de noviembre de 2015

Cuando los bebés deseados no llegan...


Desde mi más profundo convencimiento, creo que ser madre ha de ser una opción libre y conscientemente escogida. La maternidad no es siempre un camino de rosas, pues especialmente,  si una camina a solas se puede encontrar con muchas espinas.

Tanto la mujer que deviene madre en un momento de su vida como la que decide no serlo nunca, tiene una circunstancia personal que la conduce a ello. Con mayor frecuencia,  al hablar sobre maternidad nos dirigimos hacia aquellas que ya están embarazadas o que tienen hijos pequeños. Sin embargo, hay otro núcleo de población que aún con gran deseo no consiguen ser madres. A ellas me dirijo hoy.

Hace casi dos años, una joven que sigue este blog me envió un mensaje para que nos conociéramos. Quedamos a tomar un café y estuvimos charlando de su deseo de ser madre y de otras cosas que giraban en torno al tema. Fue una tarde agradable, la verdad. Nos despedimos contentas de habernos conocido, sin más trascendencia, o eso pensaba yo.

Y hace unos días, volví a recibir un mensaje suyo. Seguidora también de mi página de Facebook, me dijo que  cuando yo escribía o compartía algo,  me dirigía a las emociones de las mujeres que ya son madres con lo cual.,  ella que no lo era todavía –y no por elección propia- se sentía invisible y sola, emocionalmente hablando. Y tenía toda la razón del mundo. Le agradecí que me llevara a esta reflexión y le prometí que escribiría sobre este tema.

Recuerdo cuando muy joven pensaba en ser madre. Mis ciclos menstruales eran irregulares y desde la falta de información que había en aquel momento, me agobiaba mucho pensar si por esa causa no podría concebir hijos. Y sentía una angustia terrible por lo que hoy me pongo en la piel de las mujeres que están en búsqueda de su bebé. 

Muchos años después en que la Vida me ha traído hasta este mundo del acompañamiento emocional a las mujeres embarazadas, he empezado a encontrarme con esa realidad de no verse cumplido el deseo de ser madre, de ser padre. Mujeres, hombres… parejas con grandes ilusiones por tener hijos, que no lo consiguen de forma espontánea. Y hay tantas circunstancias que lo impiden como personas son.

Cuando una pareja decide que ha llegado el momento de ser padres,  ve cómo pasa el tiempo y el embarazo no llega, comienza a cuestionarse muchas cosas. Excepto en algunos casos en que una enfermedad haya dejado secuela de esterilidad en alguno de los dos y sean conocedores de esta circunstancia, lo primero es enfrentarse a la inevitable pregunta ¿por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? Y se empieza a buscar respuestas…

No voy a centrarme en las posibles causas por las que un embarazo no llega a producirse porque no soy médico ni es un tema en que yo entre. Me quedaré con una solamente, aquella en la que las dos partes están perfectamente sanas, sin ninguna causa aparente que impida una fecundación y posterior anidación que desarrolle el embarazo. Porque tal vez sea éste el peor diagnostico a asimilar. Tal vez porque las cuestiones que se plantean y que llegan a atormentar a esta pareja, especialmente a la mujer que quiere embarazarse,  van más allá de nuestra comprensión racional…

Pasado un tiempo y tras la evidencia de que algo no está funcionando como debiera, comienzan las visitas médicas. Y los exámenes para averiguar qué pasa. Y así, los ilusionados padres entran en una espiral de soledad, de palabras técnicas, de visitas y pruebas programadas que aumentan su ansiedad,  que no facilitan el proceso hasta llegar a un posible diagnóstico y al inicio de un tratamiento protocolario frio y deshumanizado,  si lo hubiere,  y si los deseosos padres deciden asumirlo.

En bastantes ocasiones se empiezan a encontrar problemas con la Seguridad Social que pone unos límites: por edad, por sexualidad… y comienzan sus cálculos para ver de qué forma su economía puede soportar los tratamientos en clínicas privadas nada asequibles para la mayoría de bolsillos. Y su angustia se incrementa con este escollo económico.

Y sí, como decía esta joven el otro día, se sienten solas e invisibles porque no tienen con quien compartir esta frustración, no tienen a quien decirle la rabia que sienten y el dolor que las traspasa.

Porque en las más de las ocasiones, sus amigas ya son madres. Su familia la machaca con preguntas. Los vecinos y hasta la panadera le dice que ya es hora, que no se lo piense tanto que luego no podrá cuando quiera...

Y es que la gente, en ocasiones, es imprudente al hablar de ciertas cosas y se olvida el respeto hacia estas situaciones de los demás desde el desconocimiento de la realidad, no viendo cómo se merma su autoestima, cómo comienzan a tener problemas en su alimentación y sueño, cómo su humor se ve afectado y cómo la tristeza va haciendo mella en sus vidas.

Tampoco se ve cómo suele aparecer la depresión después de haber pasado por situaciones de duda, de miedo e incluso de ira. E incluso como la relación de pareja y su sexualidad se ve afectada.

Recuerdo a una mamá que me comentaba que el mero hecho de tener que hacer el amor en determinado día y hora la inhibía por completo y que a su pareja le hacía sentir como un semental reproductor, llevándolos a los dos a unos momentos de frialdad que dificultaba todavía más el acto sexual que debía de llevar a la fecundación.

Algunas de las mujeres que he conocido que han pasado por procesos de reproducción asistida han manifestado su soledad y su incomprensión, pero no todas lo viven así, sino que aceptan todo lo que les dicen y pasan por ello sin cuestionamientos, incluso viendo a los médicos como a los dioses que les proporcionan su ansiado hijo. Y creo que, una vez más, si la mujer no expresa su sentimiento abiertamente, quienes estamos cerca y dispuestas a escuchar, poco podemos hacer.

Porque se suele ocultar esta circunstancia, porque emocionalmente no están en situación de hablar, porque la vergüenza y el miedo al fracaso las apabulla. Y se callan y viven sus momentos duros en solitario y con tristeza.

No voy a profundizar en este tema porque es muy delicado y yo no soy una experta. Simplemente aporto lo que me llega, mis sentimientos en esta mañana.

Y quiero decir a las mujeres que inician un proceso de esta envergadura que busquen ayuda, que vean la forma de tener a su lado a una persona que las pueda escuchar sin juicios, que las acompañe sea cual sea el camino que transiten. Que estén siempre que las necesiten, que encuentren esa persona que les pueda proporcionar un pañuelo para enjugar sus lágrimas y un abrazo reconfortante.

Para Carolina. Con todo mi cariño, admiración y respeto.





miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Y cómo confía una en algo que desconoce?


Cuando una mujer está embarazada y comienza a buscar información sobre el parto que se avecina, en ciertos ámbitos lo primero que se le dice es que confíe. Así, tal cual, sin más detalle. Yo también lo he hecho, lo reconozco. “Confía en que tu cuerpo sabe, que tu bebé también, que la Naturaleza es sabia…” bla, bla, bla…

Y sí, eso es así, es cierto. Y está muy bien decírselo a las mujeres porque algunas no necesitan más,  se lo creen y mantienen esa confianza, tal vez porque está en su natural el confiar.

Pero hay otras mujeres que eso no les basta. Y con toda la razón del mundo dicen que no pueden confiar en algo que no saben y además, les asusta… porque sí, todavía se desconocen mucho los procesos fisio-bio-neuro-hormonales de un embarazo, de un parto e incluso, de una lactancia materna.

Hace un tiempo estaba en un taller sobre el parto, acudí porque me habían invitado. Algunas futuras madres hablaban desde el desconocimiento que he comentado antes,  el miedo asomaba con fuerza y desequilibraba su estado emocional.

Recuerdo una mujer en concreto. Hizo un montón de preguntas respecto a cómo iba ella a saber que estaba de parto, cuándo sería el momento de irse al hospital, si rompía aguas, si llegaba demasiado pronto…

Una chica joven que se presentó como matrona, le dijo que ella tenía que confiar en su cuerpo, en su bebé y en el personal sanitario, y nada más. Dijo que ella era madre de dos niñas e insistía en que era necesario confiar en que todo iba a salir bien. Confiar, confiar, confiar…

Lo cierto es que sentí el impulso de responder. Y lo hice.

Desde mi punto de vista, lo primero es la información. Siempre pongo este ejemplo. Cuando alguien se va a comprar un TV, un coche o una lavadora, se informa de las características técnicas, del consumo, de las prestaciones, de la calidad y del precio…

En demasiadas ocasiones, cuando una mujer se queda embarazada apenas sabe qué está ocurriendo en su cuerpo y qué va a suceder, qué está pasando también en el cuerpo y en las emociones de su bebé intrauterino… Apenas tienen información de cuáles son los pasos a seguir, qué hospitales o profesionales se adaptan mejor a su criterio de selección, cuáles son sus derechos en torno a este tema, de aquellas cosas que le pueden hacer en un hospital y  a las que se puede negar con total libertad.

Porque, aunque parezca mentira en la época de la información, todavía quedan muchas mujeres que por diversas causas no disponen de la más mínima.

Dicen que la información es poder.  Para mí es importante, desde luego, pero no es así para todo el mundo. Como he comentado antes hay personas que por naturaleza tienen fe y les es sencillo confiar. Pero otras no y a esas hemos de dirigirnos con mucho cuidado, con mucho respeto porque de lo contrario parece que las tratamos de tontas.

Cuando una mujer que está a punto de parir, cuando una mujer que comienza su lactancia se ve envuelta en dudas, antes de decir a bocajarro que confíe, creo que darle un mínimo de información sobre el proceso puede ayudarle a comprender que sí, efectivamente su cuerpo está preparado, su bebé sabe hacerlo pero que su estado emocional de confianza y seguridad le va a llevar a una determinada situación de la que tal vez dependa el nacimiento, incluso puede que el éxito en su lactancia…

Comprendo que para quienes nos movemos en torno al nacimiento, la ilusión y la emoción por compartir experiencias a veces nos desborda, pero hemos de tener en cuenta a la persona que tenemos delante. Y hacer un ejercicio de escucha activa para saber qué es lo que necesita escuchar, qué es lo que le interesa, qué es lo que le pre-ocupa. Y dar una información clara, concreta y concisa
Sin divagaciones. Porque no sería la primera vez que cuando se sale de una reunión de éstas, una se siente peor que ha entrado, con las ideas todavía más confusas si cabe.


La prudencia ha de ser un ejercicio obligado al hablar de determinados temas. De lo contrario, mejor permanecer calladas.