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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 29 de diciembre de 2014

CUATRO años de bloggera



Cuatro años bloggeando, aunque se me conoce muy poco y realmente no es ese mi objetivo. Tampoco es mi intención andar entre rankings, ni recibir premios bloggeros que nunca termino de entender quien lo hace y porqué se entregan…

Cuando comencé a escribir fue por una necesidad personal. Descubrí que hacerlo me sentaba bien y así, fui convirtiendo este espacio en una especie de confesionario.

Como en anteriores años, llegadas estas fechas, hago este comentario: que no sé a quién llegan mis escritos excepto a unos pocos incondicionales que se manifiestan con sus comentarios.
Pero realmente poco importa tener muchos o pocos seguidores si a quien le pueda llegar algunas de estas palabras escritas, en cualquier momento, le han servido de algo.

Hace poco, en una entrevista en la radio, me preguntaban sobre qué escribía en mi blog. Y le dije que de todo lo que me causaba emoción, fuera del tipo que fuera, aunque mayoritariamente sobre lo que más suelo escribir últimamente es acerca de lo que me apasiona y se ha convertido en el leit motiv en esta etapa de mi vida: el hecho de ser DOULA.

Bastante a menudo pienso en qué triste es que se pierdan las experiencias de algunas personas realmente sabias. Personas con experiencias de vida maravillosas, duras, apasionadas, tristes, entrañables… experiencias vividas, al fin y al cabo.
Creo que conociendo otras historias podemos bajarnos del pedestal en que nos subimos sin ser conscientes. O emprender un camino sin necesidad de ser guiados. O darnos cuenta de que somos seres humanos, mortales al fin y al cabo, y que nuestra mochila de experiencias la cargamos con aciertos y con errores… y que no pasa nada por ello.

Cuatro años que han pasado volando. Escribiendo, mejor dicho. Y aunque no soy muy prolífica sé que este espacio ya ha cumplido con creces su cometido.


Gracias a quien, en algún momento y por casualidad, se dio una vuelta por aquí para no volver.  A quien vino, se quedó y al tiempo, se marchó. A quien entra y sale periódicamente. Y gracias, especialmente, a quienes seguís estando. Vosotros ya sabéis


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Reflexiones en Nochebuena. Soledad.


 A mí me gustan estas Fiestas, siempre me ha gustado celebrar la Navidad en familia.
Cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas, cantábamos villancicos, bailábamos, tocábamos panderetas y zambombas, nos juntábamos con mis primas ¡lo pasábamos genial!
Luego, cuando mis hijos eran niños, también nos juntábamos en casa de mis padres con mis hermanas y sus maridos, y mis sobrinas. Y seguíamos cantando villancicos. Mi hija, mi hermana Cristina, mi sobrina Yolanda tocaban la guitarra. Íbamos a la Misa del Gallo y seguíamos cantando ¡Cómo me gustaba!
El otro día en casa de mi madre escuché una casette grabada en aquellos años, con canciones, risas… ¡qué bien estábamos! Y cuánta nostalgia sentí…

Pero, por ley de vida, las situaciones cambian y algunas personas ya se han ido para no volver (mi tíos, mi padre…) y los hijos crecen. Y tienen pareja. Las cosas ya no son lo que eran…

Y esta Nochebuena, por primera vez en mi vida no habrá jolgorio, ni voces, ni risas compartidas... Marido y yo estaremos solos. Vamos a cenar el uno juntito al otro… con la casa en silencio, vacía.

Sé que habrá quien me lea y pensará que no tengo derecho a quejarme pues habrá quien esté realmente solo y en peores condiciones. Y si, es cierto. Pero eso no quita para que yo sienta esta soledad…

Hace un momento ha venido mi hijo Pau, el pequeño, el que todavía el año pasado estuvo con nosotros y hace pocos meses vive con su pareja. Ha venido a por ropa. Y no he podido evitar que se me empañaran los ojos al ver cómo se marchaba sabiendo que no iba a volver a dormir…
Y no tengo el síndrome del nido vacío, sino que como he dicho antes, me gustan estas Fiestas y echo de menos a mis hijos. No creo que sea nada del otro mundo.

Todos los años y especialmente desde que falleció mi padre, hemos intentado mantener la familia junta en esta noche especial, pero este año los astros han perdido su alineación y nos hemos dispersado… y aunque mañana nos juntaremos dieciocho a comer, recogiendo a personas de por aquí y por allá, siento en lo profundo de mi corazón que no es lo mismo…

Esta tarde, después de cuatro horas en la cocina preparando diversos guisos para mañana, he parado y he venido a confesarme, porque siento que la tristeza me sube por la garganta.

Así es que escribo y suelto sin saber dónde irán a parar estas penas mías, sabiendo que mi familia no se va a enterar porque ellos no suelen ser lectores habituales de mi blog. Sabiendo que esta soledad es mía y yo me la tengo que comer. Y conectando de nuevo con esa sensación por la que ya he pasado en alguna otra ocasión: la de la soledad profunda, esa que se agazapa y se asoma cuando menos lo espero. Pero como ya la reconozco, no me asusta, y le permito que asome para recordarme que, al fin y al cabo, todos estamos solos en este mundo porque la verdad está en nosotros mismos, no el exterior ni en las personas que nos acompañan.
Pasaré este sentir en silencio (no me gusta que nadie me compadezca ni quiero utilizar esta sensación mía a modo de chantaje para que no me dejen sola…) y sé que saldré refoltalecida.

Es como si la Vida me recordara, de vez en cuando, que venimos a este mundo a solas… y nos vamos en soledad, aunque estemos acompañados.



Feliz NAVIDAD


Sí. Feliz Navidad ¿por qué no?  Asombrada me he quedado al leer por ahí que no está bien desear Feliz Navidad en espacios públicos. Y francamente, me parece rizar el rizo demasiado. Porque si yo siento la Navidad y la vivo a mi forma, de la manera que creo he de hacerlo, mis deseos los hago extensivos. A todo el mundo. No me importa si creen en lo mismo que yo, o no. O practican cualquier otra religión o son agnósticos, o ateos.

Mis deseos son de Paz, de Amor, de Felicidad. Pero AHORA y siempre, y aunque pueda parecer un tópico, quizás estos días sean la excusa para recordar que está bien decirle a los demás que pensamos en ellos. Y que los amamos. Por el simple hecho de SER. Y de EXISTIR.
Así es que ¡FELIZ NAVIDAD! Como quiera que la vivas.


Con Amor. 


domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Necesario y/o Complementario?



Visité a M. en un pueblo cerca de Valencia, en el sur. Su casa está orientada hacia la montaña, en un entorno privilegiado. Era la segunda vez que nos encontrábamos.
Está embarazada de su primer bebé, en su tercer trimestre de embarazo. Quiere un parto sin intervenciones y se está preparando para recibir a su niña de la mejor forma.
Es muy curiosa sobre todo aquello que le pueda ayudar en este proceso, así que me pide le facilite información complementaria a la que recibe en su centro de salud. Yo no soy personal sanitario, desde luego,  pero tengo suficiente formación, herramientas y recursos para hacérsela llegar… hasta donde me toca.

Cuando comenzamos a charlar, me suele contar cómo ha estado en este tiempo que no nos hemos visto, cómo avanza físicamente su embarazo, cómo se siente emocionalmente...

En esta ocasión, me comentó que había comenzado clases de yoga para embarazadas, y matronatación.  Lo decía con poca ilusión  y eso llamó mi atención.
Poco a poco y sin invadirla, le pregunté por qué había tomado esa decisión, si se sentía bien con ello, si sentía que le aportaba beneficios… y algo cabizbaja me dijo que no, sino que le causaba ansiedad tener que acudir a las clases…
Me dijo que, en un principio pensó que sería bueno para ella y para su bebé,  que si iba a yoga estaría más tranquila, pero es consciente de que a mitad de la clase se siente incómoda y agobiada, con lo que no consigue relajarse y sale de allí casi peor que cuando ha entrado.
Con el tema de la matronatación le sucede algo parecido. Ella practica natación desde hace muchos años y se siente fenomenal con lo que hace, pero en esta piscina especial para embarazadas… no se siente cómoda tampoco…

Lo cierto es que tuve que respirar antes de seguir hablando. Porque yo practico yoga (de manera intermitente los últimos tiempos…) desde hace 17 años y soy consciente de los beneficios que me aporta esta práctica junto a la respiración y la relajación. Pero también he de decir que me he encontrado con personas que lo han dejado porque las alteraba más, porque no era lo que necesitaban
Así es que seguimos charlando y la futura madre me dijo que, además le suponía mucho agobio porque salía de trabajar y se desplazaba a otro pueblo, y también le suponía un esfuerzo económico tener que pagar las dos clases.

Con la mano en el corazón, le dije que tenía compañeras que eran profesoras de yoga para embarazadas a las que quería mucho,  que conocía a bastantes personas queridas que se movían en este tema…  pero que,  por encima de todo, hiciera lo que su cuerpo y su espíritu le pidieran, que conectara con ella misma y se dejara llevar por aquello que, simplemente, le hacía sentir bien al margen de recomendaciones y demás…

Y comenzamos una reflexión con la que llegó a una determinación, se dejaría las clases “especiales” y haría lo que realmente le gustaba, caminar por la montaña donde se relajaba de manera instintiva y seguir con sus clases de natación en la piscina normal hasta donde pudiera llegar.
La sentí aliviada, francamente.  Luego dijo que agradecía mucho la reflexión porque ella no se lo había planteado, sino que se había dejado llevar por lo que una mayoría le recomendaba, por lo que le decían debía de hacer cualquier mujer embarazada…

Siendo que es una mujer muy sincera y comunicativa, sentí que había hecho lo correcto. Y desde esta comunicación honesta y asertiva entre Doula y mujer embarazada, aún me compartió algo más…

Estando cerca el parto, había comenzado las clases de preparación en su centro de salud de referencia. Se lo habían recomendado…
La profesional encargada del tema, una señora cercana a la jubilación, comentó varias cosas de los protocolos que ella –la madre- consideró obsoletas. Así, le preguntó sobre el hecho de clampar el cordón de manera tardía para dejar pasar toda la sangre al bebé y la señora le contestó que eso era una tontería, que toda la vida se había cortado enseguida…
¡Ja, ja! Me dijo que se tuvo que morder la lengua, pero aún así y cuando salió el tema de las posturas… ella preguntó si no sería mejor que la mujer pariera de la forma que le pedía el cuerpo especialmente si era en una postura vertical… a lo que la profesional en cuestión le respondió que eso era una moda de cuatro hippies… y que sólo faltaba que se tuvieran que tirar al suelo para atender los partos.
Y cosa rara en esta mami, se calló y no volvió a decir ni mu… con el firme propósito de no volver más.

Pero el tema es que se sentía incómoda porque, claro, lo recomendado era ir a las clases de preparación…

Y volvimos a reflexionar. Ella tiene claro lo que una Doula es y lo que puede aportarle… y poco a poco, charlando juntas, llegó a la conclusión de que si estaba conmigo, yo le aportaba la información y el refuerzo que necesitaba ¿por qué tenía que ir a unas clases de supuesta preparación si le estaba tirando por tierra todo aquello en lo que ella se había informado, todo aquello en lo que ella creía mejor?

Yo no digo a una madre lo que debe de hacer o lo que no, sino que ha de ser ella la que saque sus conclusiones y tome sus determinaciones, pero confieso aquí que estoy totalmente de acuerdo con esta reflexión.
Sé que hay profesionales que preparan unas clases fenomenales, completas, empáticas, amenas y en torno a las recomendaciones que marca la OMS en temas de partos y nacimientos.  Pero también sé que algunas no están en esta línea y que lo único que hacen es confundir a las mujeres embarazadas. Pero vaya, igual que a la hora de elegir un hospital donde parir, es responsabilidad de la mujer elegir la preparación al parto a la que acudir… O no ir, si no lo considera necesario.

Estas cuestiones me rondaban por la cabeza y unidas a alguna más, han activado mi despertador interno y hoy domingo, me he despertado super pronto. Y me he puesto a escribir tras reflexionar…

Y en este punto me pregunto ¿Realmente es necesario acudir a tantos sitios cuando una mujer está embarazada?
Yoga prenatal, matronatación, pilates para embarazadas, canto prenatal, cárnatico y y nosécuantascosasmás…

Creo que está bien que haya una oferta de actividades que una embarazada puede hacer para sentirse mejor y creo que cada cual debe de hacer aquello que le guste y le gratifique.
Pero de eso a tomarlo como una obligación creyendo que el embarazo y el parto serán mejores si se hace tal o cual cosa… francamente hay un trecho.

Es indiscutible que es bueno cuidar el cuerpo. Y la mente. Y las emociones. Pero cada una en la disciplina que se sienta bien, o en nada. Porque el cuerpo de una hembra mamífera está preparado para llevar el embarazo y para afrontar el parto, el nacimiento. Y el bebé intrauterino sabe qué y cuándo debe hacer. Eso es para mí lo más importante: la conexión, la comunicación, la serenidad,  el amor que la madre manifiesta a su cría antes de nacer. La confianza en el cuerpo, en el proceso que se ha repetido desde que la vida es vida… y la confianza en que todo será como deba de ser.

Todo lo demás, considero que es complementario.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista en la radio


El pasado viernes día 28 de octubre, acudí a una radio local en un pueblo de L’Horta Nord en Valencia, Radio Rabosa, en Almassera.  Su frecuencia de onda es muy limitada con lo cual no se pudo escuchar más allá de las poblaciones colindantes... 

Conocí a Ángel a través de una entrevista que hizo a una compañera de otra asociación relacionada con la maternidad, de la que también soy socia. Me puse en contacto con él y le dije lo interesada que estaba en dar a conocer aquello en lo que me estoy moviendo, una actividad que me llena de energía y que llevo a cabo con todo el amor y la pasión que soy capaz. Quería que las ondas transmitieran que soy Doula.  Y lo que NO hago.

Contactamos por correo electrónico antes del verano, pero por distintas causas ajenas a la voluntad de Ángel –cosas de la tecnología- no habíamos podido dar lugar a esta entrevista hasta ahora.
Llegado este viernes, por cierto un día gris y muy lluvioso, me desplacé con Marido hasta este pueblo situado a poco más de media hora de mi casa. Bajo la lluvia esperé unos minutos a que llegara Ángel y nada más presentarnos, la calidez de su voz me dijo que todo iba a ir bien.

Para mi sorpresa, Ángel no es periodista, sino enfermero y hace esto por afición. Antes de nuestro encuentro, se había informado de quienes somos las Doulas y preparó la entrevista a su criterio, con las preguntas que él consideró más interesantes.
Sentada en la mesa, con los auriculares puestos y viéndole a través de un cristal, recordé años atrás cuando también acudí a una entrevista en otra radio local, pero en esta ocasión era la Secretaria de una Asociación de cactófilos. Y hablé largamente de este tema, de cactus y suculentas, claro.

Ángel comenzó la entrevista poniendo una canción para mi desconocida (lo cierto es que ando bastante desconectada de estos temas musicales…). Después de escuchar la música y tras unas respiraciones profundas, comencé a hablar, respondiendo con calma y seguridad a lo que el entrevistador me preguntaba.
Un poco sobre mí, de cómo llegué a esto. De qué hacemos las Doulas y por qué las madres nos buscan. Sobre lo que otras personas pueden aportar o no. Sobre nuestras competencias y la incomprensión por parte de un sector de la sociedad. Sobre el tema del intrusismo y la relación con otros profesionales de la salud. Sobre la posibilidad de ser reconocidas y homologadas. Sobre el asociacionismo,  Al Caliu, la Asociación de Doulas de la Comunidad Valenciana, la Asociación Española de Doulas…

Lo cierto es que cuando nos dimos cuenta, había pasado una hora y la entrevista estaba llegando a su final. ¡Se me había pasado en un suspiro!  Y se me había quedado mucho por decir… Pero vaya, el tiempo pasa rápido y no se puede estirar más, por lo que me quité los auriculares dando por finalizada esta experiencia. 

Aquí os comparto el enlace desde donde podréis escucharla completa si os apetece, desde el minuto 6:45 hasta casi el final, una hora aproximadamente.

Nos quedamos charlando apenas cinco minutos más, pues Ángel tenía trabajo inmediato, pero aprovechó el momento para contarnos que además de enfermero, la profesión que le da de comer, él es cantautor, que da recitales en los que no cobra nada y que todo lo que recauda va a parar a una asociación de damnificados de una terrible enfermedad, incurable y prácticamente desconocida: esclerosis lateral amiotrofíca.  Cuando me lo dijo,  los vellos se me erizaron pues conozco a una entrañable y maravillosa mujer que la está padeciendo, y sin evitarlo, unas lágrimas rodaron por mis mejillas. Me acordé de ti, querida Caliope.  Y sentí que mi paso por esa emisora había sido doblemente provechoso.

Como comento en la entrevista, suelo dar gracias por todo lo que la vida me concede y sé que esta ha sido otra ocasión en que el regalo obtenido merece ser agradecido.

Gracias Ángel.  Gracias a la Vida… que me sigue dando tanto.



viernes, 14 de noviembre de 2014

La señora Carmen y el tarot.




Que venimos a la tierra con un plan de vida, que las cosas suceden porque han de suceder, que nos toca pasar ni más ni menos lo que necesitamos para nuestra evolución… las teorías me las sé. Y es fácil, desde fuera, hablar y decirlo con ánimo de tranquilizar, pero una cosa es verlo en los demás y otra cosa es vivirlo…

Por aquella época, nuestra situación económico-laboral era muy delicada. Con tres hijos pequeños, el hecho de tener la nevera vacía produce una angustia que solo comprende quien pasa por ello. Y necesitas escuchar que todo va a ir bien,  que todo tiene un final.

Me hablaron de una mujer que "tiraba" las cartas. Siempre me ha producido cierta reserva este tema pues sé de buena tinta que, aunque es cierto que existen personas con facultad para ver más allá, también hay mucho charlatán y mucha gente aprovechada.

Pero esta señora parecía distinta, algo la hacía muy especial.
De entrada, vivía en medio del campo en un lugar cercano a la ciudad pero que yo ahora no sabría ni cómo llegar, en una casa sencilla, llena de recuerdos, sin luz eléctrica y donde ella, junto a su marido y sus perros, comían de lo que cultivaban. Trabajaba con baraja española y no cobraba por su servicio, pidiendo la voluntad a quien ella veía que podía.
Había sido enfermera durante muchos años en una zona de África donde conoció a su marido, un británico viudo y padre de cuatro hijos pequeños. Ella ejerció como madre durante todos los años que la vida les concedió para estar juntos.

A la primera visita me llevó una amiga, la que me había hablado de ella. La señora Carmen era inteligente,  habladora, abierta, te ofrecía lo que tenía…
Nos sentamos en un lado de la mesa del comedor cubierta de papeles y trastos. 
Consultaba siempre a las personas una a una, no quería interferencias. Mi amiga se quedó fuera mientras yo charlaba con ella.

Entre nosotras había una jarra con agua fresca, dos vasos, un bol con caramelos y las cartas de su ajada baraja española…
Me preguntó cuatro cosas, apenas le dije nada de mí, de los míos, de lo que me preocupaba… Y comenzó a hablar de sus cosas mientras barajaba. Me hizo cortar las cartas, descruzar las piernas... E hizo una tirada.

Yo no entendía nada pero me habló del trabajo de mi marido ¡del futuro trabajo!, de cada uno de mis hijos… 
Yo apenas decía nada, ella se reía y hablaba sin parar… hasta que se perdía. Y me contaba su vida en África, en el hospital donde había trabajado y comenzaba a divagar, su mente se iba… y de repente, se paraba en seco y me preguntaba que por donde iba. Y continuaba. 

Ahora me hablaba de mis padres, de algún miembro más de mi familia… y me contaba una historia de algún hijo de su marido, y volvía a la mía… y así hasta que me dijo que ya no podía decirme más.  Pero ya me lo había dicho todo… sin darnos cuenta había transcurrido más de una hora.
Entró mi amiga que estaba fuera, la señora Carmen nos contó varias historias de sus perros, le di algo de lo que mi voluntad me permitía y nos marchamos.

Durante la vuelta a casa apenas dije palabra, estaba asimilando hasta qué punto sería cierto todo cuanto ella me había dicho. Estaba en estado de shock. 

Solo se lo conté a una amiga que estaba en situación similar a la mía.  Llamó a la señora Carmen para ir a visitarla, para que le diera también un poco de esperanza. Y a riesgo de perderme por el camino, la llevé a su casa.
La saludé y como era conocedora de la condición de no estar presente mientras consultaba a otra persona, me quedé fuera jugando con sus perros y charlando con su marido.

El señor hablaba poco español lo cual me facilitó practicar mi inglés con él. Debía de haber sido un hombre atractivo en su juventud pues todavía era alto y conservaba el brillo en sus ojos azules. Era muy amable, hablaba lentamente para que pudiéramos entendernos. Le pregunté qué hacía el en África cuando se conocieron y me dijo que él había sido una especie de 007, había sido un agente secreto pero hacía mucho que se había retirado. Y no quiso seguir hablando del tema. Como mostré interés por las hortalizas que tenía plantadas, nos metimos en el campo de cultivo y me las fue mostrando: acelgas,  cardos, alcachofas… y me dijo que por esa época del año, solamente tomaba alimentos blancos: nabos, coliflor, leche… y lo cierto es que no llegué a comprender por qué.

Cuando mi amiga terminó, pasé a despedirme de la señora Carmen, tan risueña y tan amable como la había conocido un tiempo atrás… pero me dijo que estaba delicada de salud, que le dolía mucho el vientre…

Mi amiga y yo nos fuimos a casa cargadas de hortalizas recién cortadas: acelgas, cardos y alcachofas.

Por el camino, me compartió sus impresiones: ella estaba tan sorprendida como yo la primera vez que había ido. Ambas comentábamos hasta que punto serían ciertas las predicciones de esta buena mujer…

Yo no volví más a consultar a la señora Carmen, pero mi amiga sí que lo hizo y por ella me enteré que a los pocos meses, la señora Carmen había fallecido y el esposo había regresado a África donde estaban sus hijos.

Han pasado muchos años y lo cierto es que no sé a santo de qué hoy he recordado esta historia, pero puedo decir que se ha cumplido TODO lo que ella me dijo. Y que lo que no se ha cumplido todavía, se está desarrollando en la manera que predijo.

Cuando la señora Carmen echaba las cartas de su baraja, se paraba y decía en voz bajita “me dicen que…” algo a lo que yo no prestaba demasiada importancia.
No he buscado más explicación a estos sucesos.  A día de hoy sé muchas más cosas del mundo de lo desconocido de las que sabía entonces.  La aceptación de los hechos es lo que me da confianza.  Tal como comentaba al principio, las cosas pasan porque tienen que pasar. 
Punto y seguido…



lunes, 3 de noviembre de 2014

El jodido (con perdón) miedo al "EGO".


Algo que a menudo repiten las madres que acompaño, tras el nacimiento fisiológico y normal de sus bebés, es que sin mí compañía no lo habrían conseguido.  
Y aunque siempre les digo que son ellas las protagonistas, que ha sido su trabajo en armonía con el bebé que llevaban dentro -porque estoy convencida de que así es-  cada vez me replanteo más este tema.

Hace unos días, departiendo sobre nuestras cosas de Doulas con Liliana Lammers, yo dije algo así como que en cada acompañamiento sentía que recibía más de lo que daba.  Ella, reflexiva y serena, tal cual es,  dijo que su sentimiento no era ese, que ella es consciente de que recibe mucho pero también sabe que da mucho, que es algo recíproco, y que se siente en equilibrio.

Quizás desde el miedo inculcado al tan temido ego, no sea capaz de reconocer lo que supone mi compañía a lo largo de todo el proceso de parto, incluso durante el embarazo, para una madre en situación de vulnerabilidad, ya sea su primer hijo o su cuarto.
Cuando una mujer decide ser acompañada por una Doula, algo en su interior le dice que así ha de ser.

La madre a la que he acompañado esta semana pasada también me dijo al poco de haber parido, que sin mi no lo habría conseguido, porque sintió mi presencia como si fuera su guardiana, que gracias a que estuve pendiente de que se cumplieran sus deseos, de que su plan de parto fuera consultado y respetado, de mi diálogo e interactuación con el personal sanitario...  gracias a la afirmación con mi mirada cuando ella, en momentos de desconcierto me buscaba los ojos, pudo llegar al feliz nacimiento de su hija, sin ningún tipo de medicación ni de intervención, justo como ella deseaba, como había decidido que nacería su hija.

Entiendo a todas las madres asustadas y temerosas por sentirse solas (aunque tengan a algún acompañante).
Entiendo el pánico si no tienes a quien te explique que tu proceso apenas ha comenzado y que tienes todo el tiempo necesario por delante, sin mirar relojes ni intentar acelerar nada;  alguien que te diga que tus vómitos son normales y los recoja sin ningún tipo de reparo;   si no tienes cerca quien comprenda tus rugidos sin asustarse, que vea de buen grado tus movimientos salvajes y felinos sin juzgar ni reprimir…   
Entiendo la falta de seguridad y confianza que, aun sabiendo racionalmente que está  ti, en estos momentos recuperas  y tienes presente  con solo mirar a quien durante algún tiempo te lo ha ratificado…
Entiendo y sé que es fácil tirar la toalla y decir que hagan con una lo que los otros quieran cuando las fuerzas flaquean y el miedo atenaza…

Y sinceramente, yo me pongo en su lugar y las comprendo. Entiendo todo esto y mucho más.

La Doula es la MUJER que está presente sabiendo qué necesita la madre y qué ha de aportarle, sea mucho o sea nada, formando parte de un tándem con ella, con los profesionales que la atienden, sintiéndose parte integrante de un equipo en pos de lo mejor para ese nacimiento.

Y entonces, cuando dejo atrás ese miedo, reconozco que sí, que tal vez las cosas no habrían sido igual, que tan vez cualquier mujer habría abandonado antes de llegar al final, que no habría conseguido su propósito. 
Y acepto sin el jodido miedo al ego que, posiblemente, sin mi PRESENCIA no habría sido lo mismo y no lo habría conseguido. Con lo que ACOJO, con mi ego y con humildad,  que SÍ, que recibo tanto como doy. 


lunes, 27 de octubre de 2014

Doulas: individualidad, grupos, asociaciones




Me desenvuelvo bastante bien entre las redes sociales y cada vez voy conociendo a través de este medio a más compañeras Doulas. Cada una desde su entendimiento, decide hacerse ver bien a través de un blog, de una web, de facebook… y de esa forma nos vamos “conociendo”, enterando de cuántas y quienes somos.

Ser Doula no es una profesión reglada ni homologada, eso lo sabemos todas. Y ello da pie a que cada cual ofrezca en sus formaciones aquello que le resuena o aquello en lo que se mueve según sus creencias. Y sinceramente, esto está haciendo mucho daño al colectivo antes de que podamos conseguir un reconocimiento oficial. Porque hay una gran confusión, porque no se tienen las limitaciones claras, porque se están mezclando conceptos y actuaciones en cuanto a lo que es ESTAR acompañando a una mujer.

Dando una vuelta por ahí, por el mundo virtual, veo a Doulas que se ofrecen como terapeuta florares, como facilitadoras de Reiki, como renacedoras,  como reflexólogas, añadiendo a su curriculum tantos cursos y títulos que desvirtúan lo que realmente es una Doula. Porque sinceramente y desde el corazón, una Doula como tal NO necesita nada de esto.

No voy a decir que desestimo estas terapias y otras más, no lo haré porque yo, como Concha en mi vida íntima y particular, recurro a ellas cuando es necesario. Pero como Doula  no voy ofertándolas en mis acompañamientos.

Cuando las Doulas salimos de la formación y según la línea que ésta haya seguido, estamos tan empoderadas que nos creemos con la potestad de ir sanando a toda mujer que acuda a nosotras… y no negaré que yo también lo he creído y que en un momento dado así lo haya podido transmitir. Pero conforme pasa el tiempo y la experiencia me va curtiendo, soy consciente de la realidad cual es.

Y aunque sigo formándome en cualquier cosa que pueda considerar una herramienta,  tengo la consciencia de que lo hago para mi propio uso y crecimiento, no para venderme como Doula y para ofrecerlo a las mujeres, porque si soy y ejerzo como Doula… no soy más que eso. Con toda humildad y en voz alta lo digo.
Sé que con estas palabras puedo crearme enemigxs, es algo de lo que soy consciente y a lo que estoy acostumbrada por decir lo que siento, pero ha llegado el momento de decir basta a tanta  parafernalia, a tanta iluminación, a tanto endiosamiento… a la hora de decir que somos Doulas. Porque lo nuestro es dar apoyo y acompañar. Y para ello no se necesita apenas nada, más que ser conscientes de cuál es nuestra función y desde donde la realizamos.

Repito hasta la saciedad que confío en que la unión hace la fuerza, así que apenas terminada mi formación como Doula, me inscribí en un listado de Doulas que daría pie a un par de asociaciones a nivel nacional.
También y en cuanto tuve conocimiento de que en mi comunidad se estaba gestando la creación de una, pasé a formar parte de ella.

Llegado este punto me planteo cómo habiendo tantas Doulas hay tan pocas socias en asociaciones legalmente constituidas, teniendo la sensación de que se huye de colectivos donde encontrar apoyo y respaldo, donde conseguir información y recursos.  Y tras un intenso análisis he llegado a la triste conclusión de que si voy a mi aire, no me tengo que comprometer con unos estatutos y con un código ético… con lo que puedo hacer Reiki, danzar a la luz de la luna, invocar a los espíritus, hacer sanaciones y terapias de todo tipo… y nadie me controla, nadie me puede decir nada porque no tengo ningún tipo de compromiso ni de cumplimiento mínimamente deontológico…

Parece que estos días se ha reanudado la caza de brujas sobre las Doulas, este eterno debate que solo tiene lugar en nuestro país, que solo se comprende desde el desconocimiento y el temor infundado a la pérdida de competencias y por ende, del trabajo de un colectivo que para mi, merece todos los respetos y que además considero el más apropiado para acompañar a las mujeres, en los procesos de nacimiento y especialmente en el terreno fisiológico: el de matronas.

Siento que me enfrento a molinos de viento, que me embarco en historias de caballería  al defender aquello en lo que creo y al intentar transmitir a estas profesionales: que no nos han de temer, que no somos su competencia, que nos somos intrusas y que como yo, hay bastante Doulas que estamos en estrecha colaboración trabajando, aportando y debatiendo para dignificar esta figura de mujer que ha existido siempre y que puede estar codo a codo con cualquier otro profesional. Pero creo que para ello hemos de cambiar conceptos, aclarar ideas e ir con la cabeza bien alta, sin nada que esconder y desde donde nos puedan conocer como lo que somos, mujeres que ACOMPAÑAMOS a otras mujeres, mujeres Doulas.




jueves, 23 de octubre de 2014

El PARTO de Carol, nacimiento de Noah.



Algunas de las mujeres a las que acompaño quieren dejar su testimonio para hacer constar que su decisión fue tomada libre y conscientemente. Y para que otras mujeres sepan que no están tan solas…
Gracias, Carol, por el privilegio de haber estado –de estar- a tu lado y darme la oportunidad de seguir aprendiendo como mujer, como madre, como abuela… y como Doula. Este ha sido un perfecto trabajo en equipo. 


En mi segundo embarazo contacté con una Doula porque en mi primer parto no me había enterado de lo que me hubiera gustado enterarme, había sido medicalizado, intervenido.  Y en esta ocasión quería parir a mi hijo de forma consciente y sin medicación alguna.
En el centro de salud que me correspondía no encontré una profesional que me gustara y tampoco sabía si podría atenderme emocionalmente cuando lo necesitara… y en el hospital, me tocaría una matrona totalmente desconocida y con la que tampoco sabría cómo me iba a relacionar.
Quería una persona a mi lado con quien hablar siempre que me apeteciera, quien me escuchara sin juzgarme, quien me gratificara con su presencia en el momento la necesitara. Quien apoyara mis decisiones y me facilitara la información complementaria que iba necesitando. Sin consejos gratuitos y sin ánimo de salvarme de nada…
Mi decisión fue en todo momento informada, consciente y respaldada con el apoyo de mi marido.
Este es el relato de mi parto, del nacimiento de mi hijo Noah.
Carol Castillo.

 “Sentir, eso es lo que yo quería en mi parto, en el nacimiento de mi hijo Noah, y así fue.

En Septiembre del  2012 mi hermana hacia unos días que había tenido a su segunda hija, Alba María ,  y yo estaba con bastante dolor de riñones
Unos meses antes me había hecho un seguro privado porque tenía claro que quería parir en un hospital, que aunque no fuese de la seguridad social me respetasen a mí y a mi futuro hijo, entonces  decidí irme al hospital privado a que me dijesen porque tenía ese dolor de riñones. Me hicieron varias pruebas, un test de embarazo y me llamaron estando en la sala de espera para dame resultados. A la consulta pasamos mi marido, mi hijo Eric y yo y ahí nos dieron la noticia.
-¡Enhorabuena, estas embarazada!

Nuestra cara fue un mapa, sobre todo la de mi marido, no pensábamos que me quedaría embarazada tan rápido pues solo hacía un mes que me había bajado la regla desde mi último embarazo. No lo esperábamos, aunque una vocecilla dentro de mi me decía que es posibilidad ahí estaba y por ello el dolor de riñones, no me había parado a escucharla hasta que la médica nos comunico la noticia.
Se me fueron todos los males y comencé a conectar con mi niño. ¡Feliz, muy feliz!

El embarazo fue muy bueno, hice todo lo que me apetecía aunque ya me había planteado como sería cuando parí a Eric .Quería contratar a una doula y sin decir nada a nadie quedé con la que tenía previsto para ser acompañada, para cerciorarme de lo que yo quería…
Una vez hablé con ella me quedó más claro que ella estaría presente en mi embarazo pero todavía no sabía si estaría en el parto.

Hablé con Alejandro y tengo que decir que su reacción fue más positiva de lo que yo esperaba. Su respuesta fue que si era lo que yo quería, adelante.  Se lo dije a mi hijo, hable con él.

Los días pasaban y mi tripa crecía con mi pequeño dentro, de vez en cuando le hablaba  pero todavía no notaba sus movimientos.
Quedé con mi Amama, mi doula. Era la segunda vez que quedaba con ella, esta vez ya empezaríamos a hablar de sentimientos, momentos, sensaciones, dudas… de mi hijo.

Yo seguía sintiendo, de eso fui muy consciente, tenía claro que no quería perderme ni un minuto, y así lo sigo haciendo a fecha de hoy.

Llegó un día sobre los cuatro meses de embarazo que decidí con quien quería estar el día que mi hijo decidiese nacer y sería en compañía de mi Amama, quería que ella me acompañase a seguir el camino y que mi marido y mi madre estuviesen apoyando y cuidando de Eric mientras yo ayudaba a Noah a nacer.

Durante el embarazo yo hablaba mucho con  Eric, le explicaba muchas cosas sobre Noah, y le avisaba cada vez que se movía. El me ponía la mano, arrimaba su cara, me daba besos en la barriga… era como que estaba conectando con su hermano.

Las reuniones con mi Amama me daban más fuerza, le explicaba muchos de mis sentimientos y ella me respondía con sus conocimientos como doula, eso tengo que decir que me hizo crecer como mujer a parte de cómo madre y mujer que va a parir. Gracias a toda la conexión que tuve en mi embarazo y a resolver dudas que se me planteaban he comprendido muchas cosas de la vida, me siento más mujer, más madre, más hija, mas persona.

Recuerdo que lloraba estando embarazada, era como que las lágrimas salían de dentro porque me desbordaba toda la energía y alegría que había en mí.

Casi todo el embarazo me lo pasé sentada tipo india, las clases de preparación al parto con Carmen Maria, la matrona de Benimamet también me ayudaron, aparte de ayudarme en el parto me ayudaron en la relación con mi marido… en situaciones nuestros estados de ánimo nos pasaron factura. Él venía conmigo a todas las clases que podía y fue perfecto porque habían muchos papas y Carmen María siempre sabe sacar lo bueno que hay en uno mismo.
Esas clases eran diferentes a las que yo había asistido en mi anterior embarazo. A mí me ayudaron muchísimo porque fisiológicamente había cosas que no me había planteado y cada espacio de duda que habitaba en mi era resuelta por ella. Era un apoyo más para mí.

Miraba a mi alrededor y todo lo veía perfecto, incluso lo no perfecto era perfecto porque no era perfecto. Estaba tan en mi planeta embarazo que se me pasó ir a la matrona, a los controles de embarazo, dos veces pero me daba igual, sabía que todo estaba perfecto sin que nadie me lo dijese.
Se acercaba la fecha del nacimiento y mis últimos encuentros con Amama fueron más intensos todavía si cabe, yo estaba radiante y feliz aunque mi barriga ya pesaba y empezaba a aflorar el cansancio.  A ella también se la veía feliz por yo estar feliz.

El martes 28 de mayo según los médicos, yo salía de cuentas. Estaba en la semana 40. Días antes había estado en el hospital para que me pusiesen las correas, yo sabía que no tenía contracciones pero me apetecía ir a esa revisión, quería oír fuerte el corazón de Noah. Me apetecía.  El hospital era el de Manises, donde decidí que pariría.

El fin de semana anterior a la fecha prevista de parto había estado conectando con Noah, diciéndole que me faltaban pocos días para estar preparada y comencé a hacer la maleta para cuando tuviese que ir al hospital.

La noche del martes se puede decir que no dormí, me encontraba rara pero todavía no estaba segura de estar de parto y decidí descansar el miércoles. Mi vecina Vicky me había dicho que mi otra vecina Marta había llegado muy cansada al parto y yo quería llegar con las pilas cargadas. Llevé a mi hijo Eric a casa de mi madre, y me quedé en casa durmiendo, descansando y comiendo  que era lo que me pedía el cuerpo. Ese día me empecé a dar cuenta de que el momento se estaba acercando, comí dulce, salado, agua, coca cola, fanta, chocolate. Me apetecía comer de todo.

El miércoles por la noche dormí algo mejor, esa fue la última noche que solo dormiríamos los tres con Noah en mi barriga y la recuerdo perfectamente. Eric durmió en medio de Alejandro y mío. Esa noche dormí algo mejor, pero no del todo bien. Jueves, estaba más cansada, y Eric también se quedó ese día con los abuelos, su papá lo llevo por la mañana antes de irse a trabajar. Por la mañana tenia contracciones, tenía claro que Noah estaba a punto de nacer pero solo hice que dejarme llevar durante todo el día, comí, dormí, bebí  y sobre todo lo que me apetecía era estar sola.
Por la tarde recuerdo que ya no tenía hambre, no quería comer nada, solo beber agua.                                              
No sabía cada cuánto tenia contracciones pero pensé en coger la pelota que me había dejado mi madre meses antes y que había utilizado no demasiadas veces. Ya no podía estar tumbada en la cama. Cogí la pelota y empecé a saltar con las caderas bien abiertas pensando en  Carmen María y como yo creía que mi cuerpo más se abriría para ayudar a Noah a nacer.        
Fui al wáter muchas veces, supongo que sería resultado de todo lo que había bebido.

A las 19:45 h decidí llamar a mi Amama y  mientras hablaba con ella para informarle tuve que parar porque me vino una contracción, dejé el teléfono en la cama y baile de lado a lado con la pelota. No sé con quien estaría ella pero oí como decía:     
-¡Esta noche no duermo yo!

Cuando se me pasó,  cogí el teléfono de nuevo y seguí hablando con ella. Me preguntó que cada cuanto tenía contracciones y en ese momento supe al 100% que el parto había comenzado de verdad. Cogí mi diario y anoté la hora de la contracción pasa saber cada cuanto las tenía.

Llame a Alejandro, mi marido. Me dijo que había recogió a Eric y se iba a dar una vuelta al Centro Comercial y le dije que ni se le ocurriera y que viniese para casa, lo necesitaba ya en ese momento.
Seguí con contracciones, no sé cuantas tuve más y llegó Alejandro con mi hijo Eric.
Eric se había dormido, lo llevó a la cama y le dije que apuntara la hora de las contracciones. Yo ya estaba en el comedor con la bendita pelota ¡qué bien me vino! no se qué tal lo hubiese pasado sin ella.
Alejandro se puso cómodo, y empezó a anotar cada cuánto tenia contracciones.
Yo en la pelota apoyándome en la mesa de centro del comedor, Alejandro  túmbalo en la cheslonge, jugando a un juego en el móvil, tan tranquilo, y yo con mis contracciones y ya comenzando a pensar en flores que se abrían, sobre todo flores rojas,
Me duché, tuve un par de contracciones en la ducha. No sé cuánto tiempo estuve en la bañera , pero decidí salir , Alejandro me secó los pies y volví a mi pelota rosa. Eric seguía durmiendo.
No sé qué hora sería, era ya 30 de Mayo y los días alargan mucho, todavía era de día. Llegó mi Amama, pude hablar con ella y se puso manos a la obra. Montó mi altar, apagó las luces y puso dos velas, la pequeña y la grande, cerró las cortinas y acabó de acondicionar lo que yo necesitaba. Entonces me sentí llevar todavía más…

Creo que mi Amama seguía “controlando” mis contracciones, no sé ni cómo, ni si las apuntaba… y desde ese momento floté más todavía.
Ella me hablaba cuando lo necesitaba sin yo decirle que lo necesitaba, no recuerdo que me decía pero sé que era como mi “Pepito grillo” al que yo había elegido durante todo mi embarazo sin darme cuenta cómo Noah quería nacer.
Sentí que ella en algún momento también escuchó a Noah...
Me masajeó, me abrazó, me tapó, me destapó, me dio agua, me dio todo lo que necesitaba, mientras tanto mi marido acudía de vez en cuando al salón para ver si todo seguía bien y darnos cuanto necesitaba.  Tengo que decir que con él tuve todo lo que de un hombre en esos momentos se puede dar, su apoyo, su comprensión, respeto, saber estar, tranquilidad y sobre todo un padrazo que se ocupo de nuestro hijo Eric todo el tiempo que yo no pude hacerlo.

Recuerdo que Eric se despertó con una de mis contracciones que cada vez eran más sonoras.  ¡¡AAAAAAA!! Creo que debió asustarse porque estaba llorando desconsolado. Alejandro lo cogió, lo trajo al salón y Eric me miró, no sabía lo que le pasaba a su madre y lo vi desconsolado. Le dije que a Alejandro mientras tenía a Eric en brazos que me lo acercara para cogerlo, yo seguía subida en la pelota y lo cogí en brazos. Mientras tenía a Eric en brazos le expliqué como pude que Noah nacería y que si quería irse a dormir a casa de los iaios, nunca se había quedado a dormir aunque esta encantadísimo con ellos y le encanta estar en su casa pero en ese momento creo que lo entendió y quiso quedarse con ellos. Tuve una contracción con él en brazos después de haberle explicado como pude lo que pasaba. La contracción fue una ola. Abracé a Eric y el a mí y allá que saltamos la ola los tres. Después Alejandro se fue con Eric y yo seguí en casa con mi Amama. Notaba como Noah seguía  su camino hacia la vida.
Alejandro volvió, me dijo que Eric se había quedado muy contento y que estuviese tranquila y me seguí dejando llevar más todavía.
Empecé a oír sonar el teléfono de casa pero me daba ya todo igual, Alejandro se encargaba de ello, yo solo hacía que mi canto con mandíbula abierta, mi movimientos en la pelota, mis bailes con movimientos de cadera, alzando manos para llegar a los mas alto… y bebiendo agua, mucha agua.
Fui al wáter muchas veces a hacer pis, entre contracción y contracción era como si tuviese que darme prisa en hacer todo lo que quisiese para poder bailar volando en las contracciones.

En uno de los bailes me acordé del grupo de Energia de mis mujeres, un grupo de watshap que había creado semanas antes con las mujeres que habían acudido al ritual que hice en mi casa y de las mujeres que yo quería y pensaba que podrían aportarme energía para cuando me pusiese de parto. Las recordé mirando a las velas que me había encendido mi Amama en casa, velas que miraba cada vez que abría los ojos después de cada contracción subida en la pelota y cogiéndome a la mesa de centro. Cogí el teléfono y les mande un mensaje. El teléfono estaba en silencia pero supe que todas se ponían manos a la obra, con energía para Noah y para mí. ¡Noté tanta, tanta energía!

Pensé en mis abuelas como un pensamiento rápido Y seguí dejándome llevar. Recordé el collar que habíamos preparado una semana antes entre todas pero la cabeza se me iba hacía Noah.

Me di cuenta de que era de noche. No sé ni cómo se hizo de noche me hubiese gustado ver el atardecer pero cada vez tenia más rato los ojos cerrados para dejarme llevar por mis visiones. Cuando cerraba los ojos recuerdo ver las flores, flores rojas, no sé qué clase de flores eran pero Vanesa me había enviado un video que lo visualice en las contracciones muchísimas veces. Vi también un coche rojo de carretas que tiene Eric en casa de mi suegra. 
Días antes había visto un documental de las Maldivas en el que salían unas playas con el agua cristalina.  Pensé en esas playas y yo bañándome en ellas. Vi un jaguar negro corriendo por la selva, vi papel de plata arrugándose antes de entrar al paritorio y por mi cabeza pasaban visiones pero sobre todo tenía muy presente que mi cuerpo se abriera para recibir a Noah.

Hubo un momento en el que las contracciones eran más fuertes todavía, la pelota se me quedaba pequeña, me tiré al suelo a cuatro patas, empecé a tener frío, calor de todo, Amama me arropó con una manta pero me levanté y me la quité porque tenía la sensación de llevar un saco de patatas en la espalda…

Me recordaron que tenía que ir al hospital pero mi cuerpo quería seguir allí, y así lo hubiese hecho pero no había nadie que me pudiese atender en el parto.  Por fin me animé a ir al hospital porque vi que como pasase más tiempo no llegaría.  Amama intentó ponerme unos pantalones pero fue imposible, me puse una chaqueta roja con el camisón y salí al patio, llamamos al ascensor y dentro de él mientras bajábamos al garaje vino la contracción, me cogí a la barra del ascensor y mientras estaba saltando la ola se abrieron las puertas.

Subimos al coche, creo que serian sobre las 23h del día 30 de Mayo, yo en el asiento de delante, Alejandro conduciendo y Amama detrás. El hospital está a 10 minutos de casa pero el viaje fue lo peor, tuve que salir que mi estado en casa para subir como a una montaña rusa, y odio las atracciones. Llegamos al hospital, Amama entregando los papeles mientras Alejandro aparcaba y yo con más contracciones, alguien me dijo que si me quería sentar en una silla de ruedas y conteste creo que gritando:
-¡NOOOOO!

Mientras Amama entregaba los papeles recuerdo que me cogí al mostrador de recepción del hospital deseando que me llevasen donde fuese pronto para poderme tirar por el suelo, saltar, bailar y seguir en mi mundo.

Fui andando hacia los paritorios, otra contracción me vino a la entrada, entre Alejandro y mi Amama me sujetaban de los brazos y me tire al suelo a cuatro patas mientras la matrona o no sé quien era me esperaba  diciéndome que me tomase el tiempo que necesitase.  Las puertas abiertas del paritorio y allí me tiré al suelo, en la entrada, a cuatro patas, hasta que salté la ola. En esa contracción es donde vi el papel de plata arrugándose.

Entré en los paritorios, la matrona me dijo que me cambiara para reconocerme en el potro y le dije que por favor no me hiciese sentarme, ¡Ooootra contracción! Me cambié y me reconoció. Días antes me había caído de una silla y llevaba un hematoma en el culo, la matrona lo vio y me pregunto si me había caído, y como pude le contesté. Tras reconocerme me dijo que estaba de 8 cm y andando y bailando, tocando tierra me fui a la sala de dilatación.

En la sala estaba con mi Amama,  me pusieron vía y antibiótico porque el estreptococo lo tenía positivo, ahí no recuerdo demasiado, sí recuerdo que en una de las contracciones estaba cogiéndome a la cama en cuclillas apoyando las rodillas en una almohada, pedí el gas para ver si las contracciones eras más soportables, la matrona me lo trajo, intente aspirar pero eso era imposible, mi mandíbula quería abrirse y con ese gas y sujetando el tubo con la boca no podía y lo lancé. Noté que la bolsa se estaba rompiendo y vi líquido en la almohada bajo mis piernas. Me hicieron subir a la cama para hacerme tacto a ver qué tal iba y romperme la bolsa, pero la bolsa se había roto. Me puse a cuatro patas, me decían que levantase el culo pero ya me partía de dolor. La matrona dijo que fuésemos al paritorio allí, me senté con las piernas pegadas al pecho y apreté, oía voces pero solo me escuchaba a mí, tantas cosas me decían que creo que no hice caso, sentía como apretaba algo dentro de mí, presión, fuerza, mucho dolor, pero un dolor bueno, difícil  de explicar, recuerdo que mi Amama me cogió la cara para que la mirara y me dijo “Noah ya está casi aquí”.

La matrona me dijo que le tocase la cabeza y con dos empujones más Noah salió, creo que eran las 00:30h del día 31 de Mayo , lo cogí me lo puse pegado a mí, llore, exploté, me desbordé , y sentí, sentí la mayor de las drogas que genera el cuerpo que jamás he sentido, nadé en felicidad. No sé ya quien había en la habitación, minutos antes había llamado a Alejandro y no sé en qué momento entro. A Noah lo cogieron para ponerle un poco de oxigeno con la mascarilla durante unos minutos, vi como Alejandro estaba al lado de él sin quitarle ojo. Salió la placenta, cogí a Noah y no me despegué de él... Cuando lo pegué a mi buscó mi pecho, lo cogió y exploté de alegría, sentí que todo estaba bien, todo.

Me desgarre un poco, la matrona me cosió. Estaba temblando, no podía parar de temblar pero estaba tan feliz! Mi Amama me dijo que su trabajo había terminado, le mire a la cara y me sentí orgullosa de haberla elegido. Alejandro me hizo una foto con ella y con mi hijo Noah. Le di las gracias, ella me dio las gracias a mí y al personal del hospital y se fue.

Yo estaba rebosante de oxitocina, se me salía hasta por los poros más minúsculos de la piel. Estaba deseando que me dejaran sola con mi hijo y su papá.
Nos llevaron a una sala de dilatación, allí me revisaron las constantes, la tensión la tenía bastante baja 3-6 y me pusieron un gotero. Empecé a tener hambre de nuevo mucha hambre y ganas de levantarme para ir al servicio. La enfermera me dijo que tendría que esperar a que el gotero que me habían puesto para subir la tensión me la regulara, no sentí en ningún momento mareo, ni nada por el estilo.
Noah seguía pegado a mí.
Por fin nos llevaron a la habitación 209, serian sobre las 3 de la madrugada el día 31 de Mayo, allí estaba mi madre,  ¡Qué ganas tenia de verla! , la mire y seguí sintiendo…

Eric estaba durmiendo con mi padre y Alejandro fue a por él para llevarlo a casa y dormir juntos para venir al día siguiente a vernos.
Esa noche no pude dormir, miraba a mi madre que de vez en cuando la pobre pegaba una cabezadita,  estaba deseando que llegase la mañana para que Alejandro y mi hijo Eric llegasen y poder estar también con ellos, no paraba de mirar a Noah,  toda la noche lo tuve encina de mí,  desnudos los dos y de vez en cuando las lágrimas inundaban mis ojos de más alegría dejándome llevar por todas las emociones que acababa de vivir y sigo viviendo a día de hoy.
Por la noche también cogí el móvil para comunicar a mis mujeres, mi tribu y alguna más como me sentía. Muchos me contestaron, otros ya dormían. En el grupo de la Familia tenía casi 400 mensajes por leer, menuda cháchara habían tenido todo el rato que el parto había durado. En el grupo de Energía de mis mujeres idem de lo mismo.
Al día siguiente Alejandro vino con Eric, entraron a la habitación y yo seguía con Noah en mis brazos, nunca se me olvidará la cara de asombro que puso Eric, al principio no reaccionaba mirándonos a su hermano y a mí, cuando reaccionó quería cogerlo.

De buena mañana , el viernes, vino mi Amama de nuevo, estuvimos hablando un rato para ver que tal me sentía, no recuerdo qué hablamos porque yo seguía en la nube pero me volvió a alegrar tenerla a mi lado y volví a sentir la buenísima elección que había hecho de elegir a una doula y sobre todo a ella.

Tuve la suerte de poder tener cerca a mi amiga Laura, ella es IBCLC,   el hada de Eric y pronto se convertiría también en el hada de Noah. Vino a verme, me trajo un regalo que había hecho con sus propias manos y me dio la enhorabuena, estábamos las dos contentas de que Noah mamaba bien...
El sábado Noah empezó a hacerme daño cuando mamaba pero por un lado estaba tranquila porque había dado a Noah sin dolor. Pensaba que ese día me darían ya el alta pero por las horas que había nacido Noah no me darían el alta hasta el día siguiente, teníamos pensado pedir el alta voluntaria pero decidimos esperar porque faltaba hacerle una prueba a Noah y lo estaban observando por el tema del estreptococo.

El domingo me dieron el alta, el primer sitio donde fuimos fue a casa de Laura, ella me hizo sentirme más segura, y corregimos posturas de amamantamiento. Un par de veces más a lo largo de la semana fuimos a su casa y al final unos días después de su nacimiento volvió a no haber ningún dolor en los pezones. Laura se había convertido en el hada de Noah también.

Quiero agradecer a mi marido su confianza en mí, su comprensión, todo el apoyo que me dio en muchos momentos y que nos sostenga a mis hijos y a mí cuando yo lo necesito.

A mi madre por su comprensión, por escucharme , apoyarme en todas mis decisiones por ayudarme a cuidar de mi hijo Eric cuando la he necesitado y por andar conmigo en el camino de mi vida siempre de la mano.

 A mi hermana, por ser mi hermana y estar a mi lado aunque sea en la distancia.

 A Concha, mi Amama Doula, por hacerme sentir más mujer todavía, por enseñarme y dirigirme a escuchar las voces de mi interior que sin ella no las habría oído y por acompañarme al destino que yo deseaba.

A mis mujeres, a todas las mujeres de Energía de mis mujeres por transmitirme energía cuando la he necesitado,  por compartir momentos y sobre todo aquella tarde de ritual, de vivencias tan emocionante. Gracias mujeres mis por respetarme en todas mis decisiones y ayudarme a conseguir mi sueño.

A mi tribu, a todas las mujeres de mi tribu que desde antes de que concebir a Noah han estado ahí con sus vivencias, sus experiencias, conocimientos voluntad y cariño.

A Carmen María, la matrona de Benimamet por ayudarme a conectar  también con mi marido aparte de con mi hijo y enseñarme como vivir determinadas situaciones emocionales y físicas con sus conocimientos de matrona y por permitirme compartir. Y porque aún sin pertenecer a ese centro de salud, tuvo la amabilidad de acogerme en su grupo.


Gracias por todo lo vivido y aprendido con vosotras. Me siento más llena cada día.


sábado, 18 de octubre de 2014

ABRAZAR a un drogadicto.



Me gustaría pensar que todas las personas tenemos nuestro lado bueno, además del lado oscuro que evidentemente también está. Y estoy casi segura de que alguna vez en la vida se hacen buenas obras sin ser conscientes.

No creo que yo sea especial en cuanto a cosas que todos hacemos a lo largo de la vida. Pero sí voy viendo que,  en más de una ocasión, se nos brinda la oportunidad de hacer algo… distinto y que el tema –quizás- sea ir con los ojos  ¡y el corazón! abiertos y aprovechar el momento.

Escribí hace unos días sobre unas amigas que dejaron de serlo por una tontería. Esto que voy a contar me sucedió una noche, estando con ellas. Estaba claro que lo que yo hice no encajaba en sus esquemas, pero ya estaba acostumbrada a ser la rarita del grupo.

Era invierno, un fin de semana de tantos y habíamos salido a cenar a un restaurante céntrico. Luego, como solíamos hacer, nos dimos una vuelta por uno de los barrios más de moda para tomar unas copas, un barrio antiguo y característico por su solera y por la mezcla de tribus urbanas que por allí se podía encontrar. El Barrio del Carmen, en pleno casco antiguo.

Íbamos caminando por la calle de los Caballeros, eje central de la zona. Como también era costumbre, los hombres iban por un lado charlando de sus cosas, y nosotras, las chicas, por otro, contando las nuestras y riéndonos a mandíbula abierta.

En un momento dado se acercó a nosotras un chico joven con aspecto de drogadicto, bastante deteriorado. Ellas, mis amigas,  muy disimuladamente se alejaron adelantando el paso… pero yo me quedé escuchando lo que me decía el chaval. Y aunque apenas le entendía,  sí pude saber que tenía hambre.
Me dijo que le diera una moneda para comprarse algo de cenar… o que se lo comprara yo, y me llevó hasta una tasca cercana para que le pagara lo que quisiera, ya que él no sabía cuánto me podía gastar…

Los maridos y el resto de mujeres se dieron cuenta de mi ausencia y se quedaron unos pasos por delante esperando a ver qué hacía... Y entré con él en el bar. Pidió un bocadillo de tortilla de patata y una cerveza, le pregunté si quería algo más y pidió un café con leche.  Me dijo que esa noche tenía hambre…

Yo estaba muy tranquila, en mi interior con ganas de llorar pues el muchacho sería de la edad de uno de mis hijos y cuando esta circunstancia se da, mi corazón se rompe pensando si este muchacho tendría madre…

Una vez hube pagado, salí del bar para reanudar mi camino. Pero vino detrás de mi ¡Señora! me llamó… ¿te puedo pedir algo más?  y le dije que me dijera, que si estaba en mis manos lo veríamos… y me dijo ¿me puedes dar un abrazo y un beso?… hace mucho tiempo que nadie me da uno. E instintivamente se lo di, sin pensar le abracé y le di un beso en la mejilla. El chico me dio las gracias y se metió en el bar para tomarse la cena…

Estoy escribiendo y aún recuerdo emocionada ese abrazo… tan cierto, tan auténtico…

Cuando llegué a donde estaba el resto de mi gente, casi me matan. Me dijeron de todo, que qué valor tenía, que me podía haber contagiado nosequé, que con lo sucio que iba… todos menos Marido, que se quedó callado mirándome con una sonrisa velada…
Yo ni les contesté, simplemente les dije que había hecho lo que había sentido. Y punto.

Al día siguiente se lo conté a mi hijo Manuel quien por aquella época frecuentaba aquella zona con cierta asiduidad. Le describí al chico en cuestión y me dijo que claro que sabía quién era. Me dijo su nombre y que trataba de un heroinómano bastante deteriorado… pero que era un chico que se “enrollaba bien”. 
“Eres de puta madre, mamá”  fueron las palabras que me dijo emocionado mi hijo al darme un abrazo…

Al cabo de un tiempo, Manuel me preguntó un día si recordaba a aquel chaval de la anécdota en el barrio del Carmen. ¡Claro que lo recordaba, cómo olvidarlo! “Pues ha fallecido de sobredosis… mamá, pero se habrá ido con tu abrazo”  Y lloramos los dos.

Quizás soy demasiado confiada, pero estoy convencida de que no hago nada del otro mundo, nada que no haría cualquier persona… cualquier madre que tenga hijos  y que vea un reflejo de ellos en todos los chicos.

Mis hijos han sido afortunados por tener un hogar, una familia, un entorno que les ha permitido ser quienes son. Pero hay muchos jóvenes en situaciones verdaderamente lamentables… y no voy a entrar si ellos se lo han buscado o no, voy al hecho de humanizar la coexistencia y ésta ha sido una pequeña aportación apenas sin importancia frente a grandes hazañas invisibles y calladas que suceden día tras día…