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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Consciencia y agradecimiento



Esta mañana me he despertado con una sensación de prisa. Era algo interno que, sin embargo, sentía físicamente. He respirado profundamente varias veces para aquietar mi mente y después, con plena consciencia he descifrado lo que mi cuerpo quería decirme…

He conectado con este 2016 que finaliza y, desde mi parte más racional, he considerado que realmente, mi año termina y comienza el día en que nací. Que esta celebración de fin de año y bienvenida al año nuevo solamente se da en mi cultura. Que en otras, como la china, el año se mide de otra manera… y ese pensamiento, ciertamente, me ha tranquilizado.

Aún así y puesto que estaba en calma, he dado un repaso, a grandes rasgos,  a lo acontecido en estos 365 días. Y he sido consciente de lo afortunada que soy a pesar de mis miedos, de mis cabezonerías, a pesar de mis dudas, a pesar del cansancio emocional que en ocasiones paraliza mi cuerpo, a pesar de las molestias físicas que también van apareciendo…

Y aceptando mi parte más humana, tomo conciencia de lo poco que necesito para reafirmarme en quién soy aquí y ahora, en este momento presente.  
Y sé que YO no necesito de textos que me digan qué hacer para alcanzar mi meta. 
Que YO no necesito de rituales para despedir el año y abandonar lo malo, que YO no necesito ritos de acogimiento al año que se acerca.
Que YO, lo que necesito ES no perderme hacia fuera y buscarme hacia dentro.

Y soy consciente de que a pesar de las situaciones desagradables que el destino va aportándome, mi vida tiene sentido en el acompañamiento, en cualquiera de sus formas y personas.

Y siento el agradecimiento todos los días porque puedo levantarme de un lecho cómodo y comenzar la jornada en una casa confortable y con un desayuno nutritivo. Ese ya es el principio de la toma de conciencia, porque podría haber nacido en un lugar donde las guerras y las hambrunas no permiten que las personas sean mínimamente felices. Y quiero darme cuenta para no caer en la negación de lo cotidiano.

Siento agradecimiento por lo que mi consciencia me está permitiendo hacer. Mi constante búsqueda personal y el crecimiento que ello me aporta. Llegar a cumplir años alerta a todo lo bueno que la vida me depara y mirar también a lo menos bueno, que inevitablemente, también forma parte de mi día a día.

Agradecimiento por todas las personas que me acompañan en este camino sin retorno. A esas mujeres de amor incondicional que siempre tienen el gesto y la palabra amable. A esas profesionales empáticas y respetuosas que trabajan de manera firme por el cambio. A esas madres que, a pesar de todo el descrédito en torno a esta figura, siguen llamándome para que sea su Doula.

Agradecimiento también a esas personas que han mostrado su lado más oscuro, que han mostrado esa grieta que enturbia sus almas. Porque por ellas, una vez pasado el desencanto y la rabia,  no siento más que compasión al no haber luz en sus corazones.

Y no voy a nombrar una por una todas esas pequeñas cosas que me hacen ver la grandiosidad de la Vida porque sería una parrafada demasiado larga, porque sería seguramente… imposible.


Me quedo aquí. Mis deseos de felicidad y bienestar para todas las personas de buena voluntad. 




lunes, 26 de diciembre de 2016

¿AMIGAS?



Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro. ¡Y qué cierto es! Y que para contar a las AMIGAS y a los amigos que poseemos, basta con los dedos de una mano… y en ocasiones, aún sobran dedos. Cierto también.

Buscando en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, son varias las acepciones que salen de la palabra amistad, y me voy a quedar con ésta que es la que más se ajusta a lo que quiero comentar.

1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona,  que nace y que se fortalece con el trato.

Es curioso que en la era de la información y de las redes sociales, la sensación de soledad sigue estando presente en muchas personas. Tal vez porque se cree que amigos son todos esos perfiles que están al otro lado del dispositivo, tal vez por la carencia de tiempo real para mantener un contacto físico y una presencia,  tal vez porque haya un error de concepto de lo que es un verdadero amigo…

Con el paso del tiempo, es lógico que surjan amores y desamores, sin embargo,  la amistad verdadera prevalece aún con los contratiempos que puedan ir surgiendo.

Hay mucho escrito sobre el valor de la amistad entre mujeres y lo que puede suponer la producción masiva de oxitocina en momentos especialmente difíciles. De hecho, hay una palabra que me encanta y que define esta situación entre mujeres: sororidad. "La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre MUJERES, el percibirse como iguales que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión".

Y es que, efectivamente, la complicidad, ayuda, respeto, empatía entre mujeres consigue, incluso, salvar vidas.

Es por ello que me entristece sobre manera cuando alguien se deja llevar por comentarios ajenos, por versiones deformadas de los hechos,  por conceptos fuera de contexto…

Porque una verdadera amiga está siempre, aunque no la llamen a diario.
Porque una verdadera amiga pregunta y se informa de primera mano.
Porque una verdadera amiga no da pie a bulos,  no cree en ellos y mucho menos, los propaga.
Porque una verdadera amiga pregunta directamente a la persona cuestionada, escucha, abraza y llora con ella si es necesario.
Y porque una verdadera amiga, si tiene que elegir, no lo duda.

Os estaréis preguntando a santo de qué escribo esto ahora. Evidentemente no voy a dar detalles pero sí, algo ha sucedido que me lleva a esta reflexión y, por qué negarlo, a este desencanto y tristeza. Y no ha sido en propia carne en esta ocasión como sucediera hace años y como conté en esta entrada, sino que le ha sucedido a una persona de mi entorno cercano.

Lo curioso es que de pedestales altos también se cae la gente y lo que en un momento dado se juzga, se critica y se desprecia, puede volverse en contra.

En fin, no voy a alimentar más a este fantasma. Con estas palabras lo miro y lo dejo marchar. ¡A lo hecho, pecho! Y borrón y cuenta nueva porque, a lo largo del Camino, tal y como unas personas se van, otras llegan y sin duda, para mejorar en las relaciones y para beneficio del  propio crecimiento interior.

Solo deseo que este mensaje llegue a quien tenga que llegar y con la mano en el corazón SIENTA y escuche...





viernes, 23 de diciembre de 2016

Felices FIESTAS, como quieras que las vivas.





La verdad es que dando una mirada al panorama mundial, poco apetece echar las campanas al vuelo. Entre las guerras y genocidios, las masacres, las hambrunas y la constante violencia machista que está saliendo a la luz,  el futuro es cada vez más incierto. Y eso, me entristece.

Sin embargo, me niego a entrar en la negación y el oscurantismo, por lo que desde YA os hago llegar mis mejores deseos de felicidad y prosperidad en estos días del año que termina, y para los venideros. Para siempre, vaya.

Porque para mí, lejos de ser un tópico, estas fiestas navideñas y los días siguientes hasta el 6 de enero, siempre han sido motivo de alegría, de encuentro familiar, de compartir horas y sobre todo, de buenos deseos para aquellas personas que amo. Y también para las que no conozco.

Las redes sociales entran en todas las casas y ya voy viendo los mensajes de negación. Que si las fiestas son un montaje comercial, que si la religión es nosécuantascosas, que si a los niños se les vende una mentira… ¿y qué? ¿O acaso todxs somos tan conscientes y coherentes que nuestros actos están revestidos de la más pura y auténtica verdad?  Y en todo caso ¿de qué verdad?  ¿La tuya o la mía?

Quienes me conocéis sabéis que la palabra respeto es una de mis preferidas. Evidentemente no voy a pedir respeto hacia el hombre machista y asesino que se carga a una mujer porque ésta necesita alejarse de él para poder vivir. No voy a pedir respeto para los países ávidos de poder que fabrican y venden armas para que la gente se mate y así obtener pingues beneficios. No voy a pedir respeto para los gobernantes megalómanos que desean controlar el mundo. No voy a pedir respeto para muchas situaciones que no lo merecen...

Me voy a quedar, ahora,  en lo cercano, en lo que tengo aquí al lado. Y voy a pedir lo mejor que le pueda suceder, lo que necesiten y pidan,  o lo que simplemente les dé fuerza para seguir adelante en esos días aciagos.  Y es por ello que pienso en esos niños que sí tienen una ilusión y por muy pequeña que sea, merece ser tenida en cuenta. Por esos adultos que cultivan una tradición y se reúnen en torno a una mesa la Nochebuena o el día de Navidad. Por esas personas que, aún siendo de otro credo, celebran estos días a su manera. E incluso por ti, que no crees en nada.

Voy a seguir pidiendo por una Paz Mundial por muy utópico que parezca. 
Voy a seguir pidiendo por el sentido común, la coherencia y la humanidad en los gobernantes que manejan los hilos. 
Voy a seguir pidiendo por todas las mujeres que este año han sido ASESINADAS a manos de una persona que en algún momento amaron. Y para que dejen de producirse estos hechos aberrantes.
Voy a seguir pidiendo por todos los niños del mundo que están viendo truncada su infancia a consecuencia de los desastres, tanto humanos como naturales. 
Voy a seguir pidiendo por todas esas mujeres que se enfrentan a un parto violento a causa del desconocimiento y la poca profesionalidad de quienes las atienden. 
Voy a pedir por todos los bebés que nacen en condiciones poco humanas que les marcarán de por vida.
Y voy a pedir, con todas mis fuerzas por los míos. Por mi familia, por mis amigxs, por las personas de mi entorno.

Que el espíritu de la Navidad pueble TODOS los corazones y nos colme de Paz, Amor, Salud y Prosperidad.


Sí. A ti también te incluyo, aunque no creas en estas cosas.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

40 años de MATERNIDAD dan para mucho...



Esa misma tarde tenía revisión en el ginecólogo. Cuando me miró vaginalmente me dijo que posiblemente nos veríamos por la noche. No me realizó la maniobra de Hamilton. Mi cuerpo ya estaba en funcionamiento para parir al que sería mi primer hijo (no sabíamos su sexo). Era el martes 13 de diciembre de 1976. Yo tenía 24 años. Se acercaba uno de los momentos más esperados de mi vida: ser madre. El día 14 a las 7,00 h am nació mi hija, la personita que me volcó a un cambio de vida intenso, muy intenso…

A partir de ahí los años han pasado volando. Me pongo a evocar y no siento el tiempo transcurrido en mis carnes a no ser que mire a mis hijos… tan mayores, tan adultos, tan cuidadores de sus propios hijos e hijas…

Y le doy marcha a la máquina del tiempo, hacia atrás…

Y recuerdo mi primera lactancia feliz gracias al apoyo de mis matriarcas, mi madre y mi abuela.  Las noches sin tregua con la teta, las primeras papillas delante de toda la familia que el abuelo grabó con su cámara súper 8…

Y los otros hijos deseados, mis dos chicos.  

Las noches de insomnio (¡Si hubiera sabido lo que sé ahora sobre el sueño infantil!)  
Las tetas doloridas con grietas sangrantes “aguanta hija, que él mismo te las curará” me decía mi madre. (¡Si hubiera sabido lo que sé ahora sobre lactancia materna!)
Las visitas al pediatra, las vacunas… porque no cabía cuestionamiento al respecto. Los primeros pasos, las caídas, chichones, puntos en la barbilla y en las cejas...  La elección de guardería, la búsqueda de colegio,  las idas y venidas, los cuatro viajes. Buscar el equilibrio en la alimentación, las comidas y las cenas caseras y ricas. La merienda en el parque todos los días. Y muchas, muchas lavadoras con los pañales de tela.

La ausencia de tiempo para mí y Marido…

Los jodidos deberes. Los primeros “controles”. Años de fiestas de cumpleaños en casa con muchos amigos y la mejor tarta siempre hecha por mamá.
Las salidas a la montaña, excursiones a los Pirineos. “Lo que se aprende en la cuna se olvida en la tumba”. Eso queríamos su padre y yo.

Y llegadas a urgencias. Muchas.  Clavícula rota, tobillo roto, brazo roto, tibia rota, muñeca rota. Fémur roto… y mes y medio de hospitalización por algo más serio. El trasplante. Y luego la silla de ruedas. Y las muletas. ¡El mayor dolor como madre es ver sufrir a un hijo y no poder hacer nada más que sonreír y ocultar tu miedo! Apendicitis de urgencia. Neumotórax de urgencia. Y todo pasa… hasta que el dolor emocional acumulado, aparece.

Y llega el Instituto. Los miedos cambian. Nuevas amigas, nuevos amigos. ¿Quiénes serán? Las calificaciones. Las pocas ganas. Estudiar, es para ti, es tu futuro. Matrícula de Honor. Selectividad, no pasa nada, es un examen más, tú puedes.  

La adolescencia… ni ellos mismos se aclaran, ¡qué voy a hacer yo!  y me rompo por dentro, porque no sé por dónde tirar. Siento que haga lo que haga y diga lo que diga, todo está mal. ¡Tan fácil que era siendo pequeñitos!

Primeras salidas nocturnas y esperando tras la ventana. El corazón acelerado y el miedo oculto que quiere hacer la puñeta. Confía, es responsable, sabe qué hacer… y aún así, taquicardia.

Primeras parejas, primeros corazones rotos, primeros desengaños. Parece que mamá no sabe nada… ellos creen que mamá no se entera cuando a mamá no se le escapa nada… veo sus caras y siento sus hormonas… yo he pasado por lo mismo aunque no lo sepan… todavía.

¡Dios que duro es esto! En la otra vida, si la hay, no quiero ser madre, lo digo porque así lo siento… Y luego me lamento de lo que he dicho. Y lo lloro amargamente.

Y ahora la Universidad. Otro paso. Se sienten mayores. ¿Han elegido bien su carrera?  Es su futuro, no lo pienses, apóyalosel Pepito Grillo saliendo al paso.

Primera Erasmus. Primer abandono del hogar a los 21 años. Voy leyendo todo el día a G. Jalil Gibrán y su poema “los hijos no son tus hijos… son los hijos de la vida” hasta aprenderlo de memoria. No puedo mostrar mis sentimientos, soy madre, soy fuerte… aunque por dentro esté rota. Y siguen en su mundo universitario, sus parejas, su vida que cada vez siento cómo se aleja más de la mía. Y segunda salida de casa con 23 años.

Me conformo pensando que yo me marché de casa con 22 para casarme y quiero ponerme el lugar de mis padres porque, hasta ahora, ni lo había pensado.
Que es ley de Vida. Que los hijos han de abandonar el nido materno. Que estoy feliz por ellos...  ¡si, lo sé! El tema es llevarlo dignamente.

Todavía tengo a uno en casa, el pequeño. El que siempre sonríe, el que siempre dice que todo está bien. El que todos los días me pregunta ¿mamá… cómo estás?

Y el tiempo transcurre inexorablemente. Primeras parejas estables. Primer nieto: Ibai  ¡Y nuevo vuelco a mi vida!

Nido definitivamente vacío. El tercero se marcha a vivir con su chica, con 26 años y los dos todavía terminando sus carreras. Es su elección, no hay más que aceptar y apoyar. Mis bendiciones también para ellos.

Retomar el tiempo de pareja con Marido, volver a re-conocernos ahora tras un tiempo de mirar hacia fuera… y descubrir una nueva vida, una nueva y distinta versión del amor y del sexo en su fase madura. ¡La vida no se había terminado!

La abuelidad me despierta sombras. Me hundo en un pozo sin fondo. Necesito ayuda y la busco. Tres años de terapia y vuelve a salir el sol. Y encuentro otro sentido a mi vida…

Segundo nieto: una niña. Por ella, por Naia, y todo lo que supone en el linaje de mis mujeres encuentro el camino que marcará mi nuevo rumbo: mi formación como Doula.
No queda nada de la Concha que era, mis padres y mis conocidos me lo dicen. Se ha abierto un camino sin fin, sin retorno…

Y mi nieto Adrián me reafirma, es el tercero.

Este nuevo transitar tiene otro sentido, la consciencia está presente en cada acto, el sentir desde el corazón me facilita el tránsito. Aceptar, valorar, agradecer…

Disfruto de mi abuelidad, mis hijos y sus parejas me lo permiten y yo lo agradezco. Mis nietos forman parte de mí, me devuelven la risa, me vuelven a los juegos, a la infancia de mis hijos…

Y la abuelidad me sigue reafirmando en MI maternidad… y jodidamente, sigue sacando sombras para ver todo lo que no he hecho bien, o todo lo que podía haber hecho mejor. Y me duele. Y acepto que siempre he hecho lo mejor con lo que he tenido, con lo que he sabido, con la manera que viví mi infancia y con lo que mis padres me transmitieron.

Y nace Vera, la pequeña de los cuatro. Y ella, si saberlo,  me sigue alentando a esta búsqueda incesante.

Para ellos soy la YAYA, no soy su madre. Eso siempre lo he tenido muy claro porque mis hijos son sus padres: Laura, Manuel y Pablo.

Cuarenta años de maternidad dan para mucho, es la historia de casi toda mi vida.  Y no me ha costado pedir perdón a mis hijos por el daño que haya podido causarles. Y lo hemos hablado, y lo hemos llorado… y lo hemos sanado.

Parece que cuando los hijos son pequeños todo el mundo gira alrededor de ellos y de una misma, en cambio la perspectiva que aporta el paso del tiempo y la madurez que aporta la edad desde la consciencia, me hacen ver ahora, que todo no es más que un rito de paso en esta vida terrenal.

Y que la maternidad no es un camino de rosas porque no está exenta de espinas. Y que "mis hijos criados, mis dolores doblados".  Y que seré su madre hasta que me muera.

Y me duele, aunque lo evite, cuando se magnifica sobremanera la maternidad, esta etapa que eligen vivir algunas mujeres, y lamento cuando se le da un halo de irrealidad. Porque sí, es muy bonito y muy gratificante el amamantar, colechar, portear… pero eso no es ser madre, eso son prácticas que facilitan el contacto y en ocasiones favorecen el vínculo (que no siempre, especialmente si se hace de manera maquinal…).

Ser madre es mucho más y hoy en día con la pérdida de referencias, de tribu, de familia, y a pesar de toda la información que circula por ahí, las mujeres continúan viviendo su maternidad muy en solitario… en una soledad profunda que en peor de los casos afecta a su psique, a su alma…

Porque como le escuché decir a Ibone Olza, “se ha magnificado la maternidad y se ha institucionalizado la soledad”.

Y ahora, recordando a mi padre, puedo decir con la cabeza bien alta, el corazón bien grande y el alma bien serena que, yo ya he llegado aquí. Que con cuatro nietos que me recuerdan todos los días lo que me queda por hacer, quiero darles las gracias a estos tres hijos adultos y responsables por haber sido mis grandes Maestros, igual que doy las gracias a mi compañero de camino por los años que llevamos juntos compartiendo risas... y llantos.

Igual que doy gracias a la Vida que me sigue dando tanto…




lunes, 5 de diciembre de 2016

El acompañamiento de la Doula en el bienestar de las madres


                         "Cuidando la salud mental de las madres"                               Madrid, 3 de diciembre de 2016
                           
                  Ponencia: El papel del acompañamiento de la Doula                      en el bienestar de las madres

Con motivo de la celebración de esta primera Jornada, fui invitada a participar para aportar mi experiencia como Doula. Y puesto que quiero visibilizar esta figura al máximo, aquí os dejo la mayor parte de mi exposición.


"Hola. Me llamo Concha Villarroya, soy madre de una chica y dos chicos,  y abuela de cuatro nietos.  Y soy Doula.  Feliz por pertenecer a la primera promoción de la Formación en Salud Mental Perinatal Terra Mater.
Gracias a Isabel Fernández del Castillo y a Ibone Olza. por haberme invitado a participar en esta Jornada para aportar desde mi experiencia.

Puesto que acompañar como Doula no es una actividad oficialmente reconocida ni homologada, no voy a ser corporativista y no hablaré por todas las Doulas, sino que lo hago por mí y por aquellas con las que coincido en criterios.

Quiero decir, para quien no lo sepa, que la Doula es una mujer con experiencia y formación para acompañar emocionalmente a otras mujeres en procesos de maternidad, y cuando digo acompañar quiero decir estar junto a ella, sin cambiar sus decisiones y sin interferir en su proceso sea cual sea.

La Doula no actúa como psicóloga ni terapeuta aunque sea esa su titulación, por tanto su acompañamiento no es con intención de sanar ni de cambiar o corregir conductas.

Soy Doula porque amo lo que hago y porque estoy convencida de que la mujer en momentos como estos, ha de ser acompañada por la persona que ella elija, sin imposiciones, sin concesiones…

Las mujeres que quieren contar con una Doula durante su maternidad son mujeres informadas que saben lo que quieren y se hallan en distintas circunstancias: mujeres que tienen a su pareja lejos, madres solteras por elección,  parejas que no quieren estar presentes en el nacimiento de sus hijos, mujeres que no quieren que sus parejas estén presentes o simplemente mujeres que quieren estar acompañadas por otra mujer de su confianza. La mayoría de las que yo he acompañado han sido mujeres con estudios universitarios. De cualquier modo, todas buscan una figura maternante,  y en mi caso creo que influye la edad, mi experiencia como abuela, mi experiencia de vida…

Aunque algunas mujeres comienzan a estar con una Doula desde la búsqueda de su embarazo, lo más habitual es acompañar durante la gestación, en el parto, en el establecimiento de la lactancia y en el puerperio inmediato.  Hay mujeres que no contemplan los primeros meses del posparto como fase a cuidar, quizás porque se ha hablado poco de él, quizás porque una vez el bebé está en el mundo la madre pasa a segundo plano.

El estado emocional de la mujer va a influir en que su maternidad sea gozosa o no, y especialmente va a marcar su parto pues, lejos de las preparaciones al parto convencionales que se suelen hacer,  lejos de las clases de yoga, pilates, matronatación o cualquier otra disciplina física aplicada con el fin de conseguir un “buen parto”,  es la mujer con sus emociones, su historia,  la relación con su madre, la situación de sus heridas personales… quien será responsable inconsciente del funcionamiento del parto y posparto inmediato. Y me temo que esto no se contempla como se debería ya que en demasiadas ocasiones las expectativas se centran en el hospital, en el médico o en la matrona elegidos, en el plan de parto,  en cualquier preparación anteriormente citada… incluso en el acompañamiento de una Doula. Y nada más alejado de la realidad.  Creo que el parto es el momento de la verdad y que, citando a Gayle Peterson (1)  cada mujer pare como vive.

Y tengo el sentimiento de que, generalizando, en las mujeres hay un miedo a indagar en sus vidas cuando algo no funciona bien, especialmente durante la maternidad.

Volviendo a mi manera de actuar como Doula, quiero decir que cuando me encuentro en una situación que va más allá del mero acompañamiento, tengo por costumbre remitir a un profesional cualificado, ya que poseo a mi alrededor personas expertas en varias disciplinas: una IBCLC en el caso de problemas con la lactancia que excedan de mi competencia como asesora, una enfermera nutricionista cuando se presenta alguna situación relacionada con hábitos de alimentación, una fisioterapeuta cuando se trata de algo relacionado con el suelo pélvico, y una psicóloga perinatal para casos de posibles psicopatologías en la perinatalidad.

Antes de formarme en Salud Mental Perinatal, me llamaron la atención situaciones de las mujeres que acompañaba que me indicaban que algo no marchaba bien. Después de la formación, he revisado esos mismos casos y estoy convencida de la necesidad de ayuda.

Cuando acompaño como Doula a mujeres embarazadas, se establece un lazo de intimidad y de sinceridad que no suelen establecer con otras personas, y en ocasiones, ni siquiera con su pareja.  Me cuentan cosas que no les dicen ni sus madres ni su mejor amiga…

A menudo me encuentro con que a las mujeres les cuesta darse su propio espacio, tal vez por el tipo de educación o tal vez como consecuencia de haber minimizado los cambios emocionales durante los procesos de maternidad. Me encuentro con mujeres que dan prioridad a lo que las parejas quieren por encima de sus propios deseos…

Otra de las situaciones que me encuentro es que la mujer, a pesar de que sepa que algo no funciona bien, rechaza la terapia. Cree que es algo pasajero, que ella podrá solucionarlo… y hay casos en los que se mantienen en situaciones angustiosas. Hay algún mecanismo por el que rechazan la ayuda exterior…

Y veo con frecuencia que es muy difícil que una mujer busque ayuda si no es consciente y no quiere hacerlo. Lo veo en los acompañamientos y lo veo en otros círculos.

Las mujeres que he acompañado hasta el nacimiento, han parido como ellas han deseado, en partos naturales no medicalizados excepto en dos casos que solicitaron anestesia epidural. Todas relatan satisfacción al haber tomado la decisión de este acompañamiento que en ningún momento interfirió en la relación con su pareja, con su familia. Puedo decir que se han sentido refortalecidas como mujeres desde un mayor autoconocimiento y confianza.

Desde mi trabajo final en el curso de Salud Mental Perinatal, coordino un Círculo de Maternidad en mi ciudad donde se les da a las mujeres que quieran venir la oportunidad de hablar de sus partos, de sus lactancias, de sus experiencias tanto si han sido traumáticas como si han sido placenteras. Es un circulo sin intenciones terapéuticas pero que cumple un importante papel: el de hablar, de soltar aquellas cosas que no pueden comentar en otros ámbitos, incluso a veces ni a sus parejas.

Destaco que muchas de las mujeres que han venido son extrajeras que están sin red de apoyo real. Allí han llorado contando sus experiencias, su soledad social y familiar, su soledad profunda…

Mujeres con perdidas gestacionales que me han pedido una cita a solas porque se han tragado su dolor sin poder hablarlo con nadie. Mujeres que han descubierto que sentirse mal no es lo normal luego de haber parido, que se dan cuenta de que amamantar no duele cuando llevaban tiempo con grietas sangrantes. Mujeres que no saben a quién contarle todas estas cosas que sienten porque en algunas ocasiones que han ido a la matrona les han dicho que no tienen tiempo para atender llantos cuando hay 40 mujeres en espera, o que sus propias parejas les dicen que por qué lloran si todo está bien y tienen un bebé precioso… mujeres que solo querían que alguien las escuchara sin juicios y las abrazara.

Y es que en el acompañamiento cara a cara, cuerpo a cuerpo, se abren canales de comunicación donde las mujeres manifiestan lo que sus almas se callan.

Como he dicho al principio, desde que he terminado la formación en Salud Mental Perinatal, tengo muchas más herramientas para comprender mejor las emociones de las mujeres a las que acompaño.

Creo que la detección temprana de ciertas situaciones facilita el acceso a la intervención profesional y por eso, ahora doy más importancia, si cabe, a una buena gestión de acompañamiento durante todo el proceso.

Gracias por vuestra escucha".


(1)  Gayle Peterson, MSSW, LCSW, PhD es una terapeuta familiar especializada en el desarrollo prenatal y familiar. Vive en California (EEUU) Ella forma a profesionales en su modelo de asesoramiento prenatal y es la autora de "Un parto más fácil", "Parto normal" y su último libro, "Making Healthy Families". Sus artículos sobre las relaciones familiares aparecen en revistas profesionales. Es una experta frecuentemente citada en las revistas populares como el Día de la Mujer, maternidad y la crianza de los hijos. Ella es un miembro clínico de la Asociación para el matrimonio y terapia familiar y  con la Asociación Nacional de Trabajo Social.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Violencia OBSTÉTRICA (otra vez)



Hace tres años escribí este texto.  Si bien podía haber hecho una entrada nueva, la copio tal y como la publiqué porque, realmente y a pesar de los intentos, los cambios han sido pocos.

Hay mujeres que siguen siendo infantilizadas, se siguen haciendo prácticas desaconsejadas, se sigue separando a los bebés recién nacidos de sus madres... y se sigue prohibiendo que las mujeres que lo desean estén acompañadas por sus doulas en SUS partos y,  francamente, a veces me siento predicando en el desierto.

Aún así, mientras me quede voz y capacidad para escribir, seguiré diciendo alto y claro lo que está sucediendo...

"Como mujer que me interesa el proceso de llegada a la vida, me ocupo en procurar el mejor nacimiento a los nuevos seres, informando, apoyando y acompañando desde un punto de vista emocional a la madre que así lo desea en su parto.  Por ello, quiero hablaros de otro tipo de violencia: la violencia obstétrica.

Se suele dar por buenas aquellas actuaciones intimidatorias realizadas por personal sanitario durante estos procesos antes mencionados. Así, se hacen tactos vaginales innecesarios de forma abusiva y violentando la intimidad de la mujer, se hacen cortes en la vagina sin necesidad y, de la misma forma, violando el derecho de toda mujer a que su cuerpo sea respetado…  Son muchos los protocolos obsoletos que siguen estando en la mayoría de los paritorios de los hospitales españoles anulando la voluntad de la mujer y siendo, de esta forma, vejada e infantilizada.  La mayoría de ellos, dejan graves secuelas tanto físicas como emocionales.

Para que nos hagamos una idea,  este corte en el periné “sin importancia” llamado episiotomía, se sigue realizando en un gran porcentajes a pesar de que la OMS no lo recomienda.  La cesárea innecesaria, la posición en decúbito supino (tumbada de espaladas), la prohibición de la deambulación y de la ingesta de alimentos, la falta de apoyo y atención emocional, las respuestas groseras y airadas, y cualquier situación que a una mujer que está de parto, momento sumamente vulnerable y que necesita de unas condiciones especiales, la hacen sentirse sola, desatendida… y violada en sus más íntimas emociones.

No es cosa poca lo que estoy comentando. Cada vez son más las mujeres que se informan y que hacen valer sus derechos amparados por ley. Cada vez hay más personal sanitario que se pone de su lado e intentan que se produzca el cambio, pero la realidad es que estamos a años luz de otros países donde los nacimientos se producen de forma normal, natural y respetada.


Quisiera que estas palabras mías sirvieran para que quien las lea, se haga un planteamiento de esta cuestión y anime y apoye también, en esta causa.  Las mujeres debemos exigir dignidad, porque la violencia obstétrica, existe"






miércoles, 2 de noviembre de 2016

Senderismo: dinosaurios, barranco, trepada y cueva.



Mi afición al senderismo se había visto aparcada por varias y distintas circunstancias. Desde que en febrero recibí el reconocimiento por los 4.000 km recorridos y contabilizados por Ardillas Club de Senderismo con quien camino desde hace 20 años, no había vuelto a salir al monte.

Este domingo pasado volví a calzarme las botas y a cargarme la mochila a la espalda pues, aunque en principio no tenía previsto salir, a última hora me hice el ánimo y me uní al grupo de personas dispuestas a la aventura. 

Lo cierto es que ya sentía la necesidad, precisaba reconectar con la tierra y con el cielo en su más puro estado, necesitaba un chute extra de todas las hormonas del placer que se producen cuando hacemos algo altamente gratificante y conseguido a través del esfuerzo personal. Lo necesitaba como el respirar,  pues los últimos tiempos no me están siendo nada fáciles de llevar… pero vaya, no voy a ponerme lastimera y voy a contaros cómo transcurrió la jornada.

Como bien indico en el título, la salida prevista consistía en, tras visitar unas huellas que la prehistoria nos ha dejado, realizar un trayecto por un barranco, por el lecho de un cauce natural de agua ¡cuando hay lluvias! y que en este día soleado apenas contenía algunos charcos que, en plenitud, habrían sido unas pozas perfectas para darnos un remojón. La ruta terminaría con la entrada en “La Cova de las Donas” (La Cueva de las Mujeres). Ahora lo pienso y quizás fue este nombre lo que me animó a salir…



El Barranco del Tambuc y La Cova de las Donas se enmarcan en el término municipal de Millares, en la comarca de La Canal de Navarrés , a unos 65 km de Valencia. No estaban lejos de nuestro punto de partida y contábamos con una hora más de luz para iniciar la mañana.


Comenzamos el barranco con el avistamiento de unas huellas fósiles de dinosaurios, algunas visibles y otras imaginables, ya que estaban bastante desfiguradas como consecuencia del deterioro natural que produce el paso del tiempo.  El camino era fácil de andar. Grandes piedras, losas y cantos rodados intercalados con agujeros que contenían un poco de agua residual de las últimas lluvias. No tenía ninguna dificultad y fue amenizado en casi todo el recorrido por la fragancia de los matorrales de plantas aromáticas, lo cual nos sirvió como una sesión de aromaterapia: tomillo, rabo de gato ¡hacía tiempo que no lo encontraba!, lavanda…  Los árboles y arbustos de la zona, proporcionaban poca sombra en un día increíblemente soleado para la época del año en que estábamos y los madroños, con sus frutos maduros, nos aportaron una chispa de energía con su roja carne azucarada.


Fueron diez kilómetros aproximadamente en los que tuve que parar varias veces para ponerme protector solar y beber agua. ¡Realmente hacía calor!

En un momento dado, los coordinadores -una mujer y un hombre jóvenes- se pararon frente a un paredón y nos dijeron que ése era el acceso a la cueva. ¡No me lo podía creer! Una subida  prácticamente en vertical, sin clavijas y sin arneses. Nos comentaron que no entrañaba dificultad técnica y que lo íbamos a subir muy poco a poco ya que había muchas piedra sueltas. Los agarres a las rocas iban a ser nuestros pies y nuestras manos.  Así es que nos pusimos los cascos de los que nos habíamos provisto para evitar accidentes y comenzamos a trepar. ¡Confieso que estaba emocionada pues es algo que me gusta y que hacía demasiado tiempo había relegado…!

Así es que con mis bastones plegados, mi casco colocado y varias respiraciones profundas comencé el ascenso, mirando hacia arriba tan sólo lo que un ligero movimiento de cuello me permitía. El calor era sofocante a esas horas del mediodía y en la pared montañosa se notaba mucho más. Cada cuatro o cinco pisadas de ascenso tenía que parar a respirar… Marido, como siempre atento a mis pasos, iba detrás de mí, observando y acompañando sin intervenir si no le pedía ayuda… yo atenta a cada movimiento, a cada piedra que podía soltarse y caer en la cabeza de los compañeros que venías detrás.

Hubo un instante en el que sentí que el corazón se me aceleraba: el esfuerzo, el calor, la tensión en las piernas comenzaban a disparar mi adrenalina… “todo va bien”, me repetía. “tú puedes, ya lo has hecho otras veces, tu cuerpo y tu mente tienen memoria, ánimo, siempre adelante, arriba, un paso más…”. Paré a respirar en varias ocasiones, momentos muy breves pues no quería paralizar la subida del resto de senderistas. 

Os contaré que, justo arriba de mi, marchaba un chico que yo no conocía… iba atento a mi trepada, se paraba, me miraba y me ofrecía su mano por si la necesitaba… ahora lo pienso y me emociona sentir el apoyo callado de una persona desconocida… ¡qué bonito si esto se aplicara en cada situación difícil de la vida…!

Finalmente y cuando mis piernas comenzaban a temblar, llegamos al final de la trepada que daba acceso a la entrada de la cueva. Tuve que sentarme, cerrar los ojos, sentir-me, respirar profundo para que mi corazón retomara su ritmo, beber agua y tomar unos frutos secos para aportar energía rápida. 

Empezaban a hacerse los grupos para entrar a visitar la cueva y preferí quedarme para el segundo…

Durante ese tiempo me senté al exterior de la cueva, dándole la espalda al astro rey, mirando a mi alrededor, respirando y, simplemente, estando. Volví a tomar algo ligero: unas castañas y unas galletas energéticas de avellana. Unos sorbos de bebida isotónica me ayudaron a recuperar sales minerales. Y así, sin darme cuenta, el primer grupo estuvo de regreso.

He de confesar que se me habían ido las ganas de entrar en la cueva, no sabía por qué pero una vez allí no me resultó atractiva, quizá su aspecto oscuro por las fogatas que durante años se habían encendido en ese recinto de entrada, quizá porque el acceso era a través de una estrecha puerta cerrada con rejas, quizás porque sabía la historia de las mujeres que habían estado en la cueva extrayendo duramente la arcilla en tiempos prehistóricos y que por ellas llevaba el nombre, lo cierto es que el segundo grupo comenzó su visita sin mi presencia. Aún así y con Marido, entré hasta las dos primeras salas donde confirmé mi sentir: no me sentía bien allí dentro, con lo que dimos media vuelta y volvimos al exterior.

Esperamos a que regresara el grupo que estaba dentro y comenzamos el regreso hacia el autobús que nos esperaba en un cerro próximo. Una vez sentada y notando claramente el cansancio, me dispuse a cerrar los ojos para no ver las muchas curvas que debíamos de sortear hasta llegar a Millares, donde pararíamos a tomar unas cervezas, costumbre instaurada en el club a lo largo de sus años de aventuras y experiencias montañeras.

Cuando llegué a casa y tras una ducha caliente, me sentí fenomenal. No me dolía nada, mi cuerpo estaba cansado y sin embargo mi mente estaba tranquila, despierta… ¡cuánta falta me hacia recobrar esta sensación!. Tras una ligera cena, me acosté relativamente pronto.

Y para mi sorpresa, al día siguiente no tenía agujetas a pesar de haber estirado al máximo todos los ligamentos de piernas y brazos de mi cuerpo serrano, estaba fresca cual rosa recién cortada. 
No obstante, no puedo decir que no tenga secuelas de la visita a la cueva ¡once picotazos de algún bichejo inmundo me han llevado a necesitar medicación! Los ronchones, más grandes que una moneda de dos euros, y el picor que comencé a sentir el lunes, me han obligado a tomar cortisona muy a pesar mío, pues ni el aloe vera –que es mi remedio para todo- ni un antihistamínico ligero han conseguido bajarme la comezón.


Así es que, bueno, lo doy como “herida de guerra” -que diría mi suegro- como testimonio por el día transcurrido, y espero que poco a poco la hinchazón y el prurito den paso a la normalidad, animándome a pensar en la próxima salida aventurera.


Como siempre, agradecida a Marido por las fotos, la compañía y el respeto y confianza en mis posibilidades.