.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Linaje de mujeres


El pasado fin de semana hicimos un encuentro de mujeres, un Círculo formado por las DOCE mujeres que pertenecemos al mismo linaje familiar.
Encabezado por mi madre, la mayor de todas quien con sus 86 años estuvo feliz y emocionada al encontrarse unas horas exclusivas entre sus hijas (61,58,48), nietas (37,36,31,11), biznieta (4), sobrinas (51,43), resobrina (hija de sobrina, 10).

La feliz idea partió de la mayor de mis primas hermanas, hija de nuestra amada Alegre y hermana menor de mi madre, quien marchó hacia un viaje sin retorno hace poco más de tres años.
Nos reunimos en un pueblecito cerca de Valencia, en un hotelito familiar donde compartimos cena, alojamiento y desayuno. Posteriormente, el domingo, se unieron los miembros varones y el resto de la familia para celebrar el santo de mi madre… y mío.

Conforme pasan los años cada vez soy más consciente de vivir el momento presente, y como -por ley natural- mi final se va acercando, tengo la intención de disfrutar del aquí y ahora.  Y ésta era la mejor de las ocasiones para retomar esos lazos familiares que, sin saber por qué… o a sabiendas de que a causa del quehacer diario con sus prisas y “obligaciones”, lo urgente no nos deja hacer lo necesario.

Así, nuestra intención era reunirnos después de cenar en una de las habitaciones y estar atentas a lo que fuera surgiendo…
En un pequeño altar, con dos velas encendidas y un ramo de flores, no faltaron las fotografías de mi abuela, madre de mi madre, y de esa hermana-madre-tía-abuela que todavía permanece en nuestros corazones.   E hicimos un círculo sentadas en las camas.  Las tres niñas de estaban sorprendidas y expectantes.

Quiero señalar un curioso comentario que hicieron dos de los hombres de la familia (sin saberlo entre ellos) “hace años, os hubieran quemado por brujas”  ¡ja, ja, ja!  Por juntarnos a charlar, a reírnos, a abrazarnos…

Y la situación comenzó a fluir. Cada una desde su ser más íntimo expresó, compartió aquello que el corazón le dictaba: descubrimiento, agradecimiento, reconocimiento… amor. Hacia las mujeres que habían compuesto y aún, a día de hoy,  forman nuestro linaje. Pronto las lágrimas hicieron su aparición, se palpaba en el ambiente la emoción más pura. Mis hermanas, mis sobrinas, mis primas, mi madre, yo… todas tuvimos unas palabras que no deseaban ser contenidas, que expresaban distintos y particulares sentimientos.

Fue curioso como las niñas en un momento determinado y casi de forma imperceptible, se acurrucaron en los regazos de sus respectivas madres, abrazadas, calladas… hasta que integraron lo que estaba sucediendo y se fueron a su habitación a jugar, a dormir cuando se cansaron.
Nosotras, las mujeres adultas, nos quedamos regocijándonos con este encuentro y haciendo el propósito de instaurarlo como algo periódico.

He necesitado de una semana para integrar lo vivido. Los primeros días al comenzar la semana, no fueron fáciles. Recuerdos cercanos y algunos más lejanos, acudían y pretendían quedarse conmigo a pesar de yo no permitírselo. Poco a poco he ido recobrado la normalidad y mis emociones han vuelto a su equilibrio.

Soy consciente desde hace bastante tiempo de lo importante que es la relación entre las mujeres de la familia, entre esa línea de mujeres
que una tras otra forman nuestro linaje.  Lamentablemente, y a través de mi experiencia con mujeres, veo que no siempre es así y que permanecen heridas más allá del tiempo.

En breve, acudiré a un seminario respecto a un tema que tratará el nacimiento de una mujer como madre tras el parto de su hijo o hija. Es mi deseo, mi anhelo, que las mujeres asistentes sean conscientes de esta situación y por su bien y por el de sus hijxs, estén dispuestas a sanar sus heridas desde el amor más incondicional. Porque haberlas… haylas.


domingo, 8 de diciembre de 2013

¿Necesito una Doula?




Resulta cuanto menos curioso que sin ser –todavía- una profesión reglada y homologada, cada vez somos más las Doulas en este país, y por lo que puedo ver, el tema es igualmente extensivo allende fronteras.

Ya lo he comentado en varias ocasiones. Desconozco los motivos por lo que cada cual llega hasta aquí,  pero de seguir a este paso y con la evidente bajada de la natalidad, en breve habrá un número importante de nosotras que seguramente no llegará a hacer, profesionalmente, un acompañamiento en mucho tiempo.

Y es que ¿realmente TODAS las mujeres necesitan de una Doula en su camino de maternidad? Pues con toda la honradez del mundo, creo que NO. Y lo lamento por Laura Gutman quien dijo  que todas las mujeres merecen una Doula… olvidando añadir que todas las mujeres que la deseen y dadas sus circunstancias personales, la necesiten.

Un tema caballo de batalla entre las asociaciones de Doulas, o al menos en las dos a las que pertenezco, es conseguir una definición exacta y concisa de qué es una Doula. Y velar por el cumplimiento de unas normas dentro de una estricta rigurosidad.  Porque desde este batiburrillo de conceptos, y viendo algunas ofertas… temo que alguien puede pensar que somos “chicas para todo”. De ahí que algunas madres lleguen a confundir o no lleguen a tener claro si una Doula cubre sus necesidades reales, esas que la desbordan y la dejan en una situación de extrema vulnerabilidad,  o anda en busca de una Doula porque alguien se lo ha recomendado, o porque, simplemente… “se lleva”.

Y es que, para mi asombro, se ofertan Doulas y acompañamientos desde los más variados espacios como si de un producto de consumo se tratara.
 “Pregunta por el servicio de Doula” este cartel llama mi atención como si se tratara de un servicio completo en un autolavado.

Entiendo que cada cual ha de darse a conocer y promocionarse como pueda, pero ¿de verdad que transmitimos la esencia de esta profesión por la que algunas estamos moviendo los hilos para que sea reconocida a nivel oficial? Me horroriza pensar que podamos transmitir, erróneamente, una sensación de locas por lo alternativo…

Amiga, mujer que estás leyendo estas palabras: para un momento a escuchar tus emociones, conecta con tus necesidades… estudia la situación desde tu realidad y mira qué es lo que necesitas. Si crees que tal y como te sientes estás bien y no contemplas la presencia , durante una parte de tu trayecto, de otra mujer por muy Doula que sea... sigue adelante sin ella, porque está bien lo que tú sientes.

Si por el contrario sientes miedos, inseguridades y/o dudas respecto a tu posible o incipiente maternidad, si necesitas alguien a tu lado con quien compartir aquello que ronda tu mente y encoje tu alma, si sientes que llegado el momento del parto, el acompañamiento y la contención emocional de una mujer con experiencia en partos te puede ser de ayuda, si prevees que cuando llegues a casa con tu bebé recién nacido te sentirías mejor con la presencia de una mujer que puede estar a tu lado, sin juzgarte y escuchado tu posible llanto como consecuencia del gran cambio que se ha producido en tu vida… si por todo ello SIENTES que vas a necesitar del apoyo de una Doula, entonces sí, busca la que mejor se adapte a ti, a tus deseos, a tus expectativas…

Pero ten siempre presente que la Doula NO es personal sanitario, ni es tabla salvadora de nadie… la Doula es la mujer que te acompañará en el camino que TÚ, y solamente tú, decidas elegir.




jueves, 28 de noviembre de 2013

Sombras y luces del ser humano


Este mes de diciembre próximo hará tres años que comencé a escribir en mi blog.  Nunca antes lo había hecho de manera tan constante, pero de repente se apoderó de mí una necesidad de contar, de transmitir… de compartir parte de mi vida,  de mis experiencias…  y lo cierto es que me he sentido muy bien en ello.

De repente, me di cuenta de que expresándome por escrito me era más fácil sacar aquello que llevaba dentro, aquello que rondaba por mi cabeza y que a la hora de hablar, se me amontonaba en la garganta.

He empleado el medio escrito para comunicarme con mis amigas y amigos, con mis hijos,  con mis hermanas, con mi madre y con mi padre… incluso con mi marido…  escribiendo puedo pensar serenamente lo que quiero decir, puedo darme cuenta de qué es lo que quiero transmitir y, poco a poco, las letras surgen de mis dedos a través del teclado y conforman aquello que, en la mayoría de ocasiones, surge del corazón…

Me comentaba Marido, ayer precisamente, que ya no escribía tanto en mi blog… que qué habría pasado con mis “followers”…¡ja, ja! Y  ahora que lo pienso, es verdad, no escribo con la asiduidad que lo hacía durante este tiempo pasado ¿será porque no tengo nada que decir?

Es cierto que aquella ansia ahora se ha convertido en calma.  Pero como en numerosas ocasiones he comentado, las cosas no ocurren por casualidad…

Esta mañana, actualizando mi perfil de facebook, he compartido una imagen de una doctora de la que soy fiel seguidora.  Ella, al verlo, se ha puesto por primera vez en contacto conmigo y sus palabras me han emocionado. Además de reconocer y apoyar la figura de la Doula, me felicitaba por mi trayectoria personal y comentaba lo afortunadas que serían las mujeres que yo acompañara en sus maternidades. Las lágrimas han asomado sin llamarlas…

Emocionada  estaba cuando en pocos minutos ha entrado otro mensaje que me ha puesto la carne de gallina.  En esta ocasión, una matrona ha entrado para descalificarme, para insultarme, para ofender: a mí –sin conocerme- y al trabajo que hacemos las Doulas.
 
No daba crédito cómo en pocos minutos podía haber sucedido esto. Lo positivo y lo negativo. El yin y el yang del ser humano.  Lo mejor y lo peor que se puede albergar en el alma de una persona…

Con la doctora, ginecóloga y obstetra, he intercambiado varios mensajes que me han transmitido una paz y una armonía que me han mostrado a una mujer, a una madre y profesional realmente maravillosa, de esas que hacen posible confiar en el ser humano, de esas que transmiten calma y confianza a la mujer en cualquiera de sus procesos.

En cambio, los desagradables comentarios de esta matrona me han hecho pensar en la ruindad que puede albergar una persona desde el mal entendido celo y cuidado hacia lo que es su profesión.  Lo lamentable es que no es la primera vez que puedo ver esto, que bajo la apariencia de cuidado y defensa de una profesión, ocupación o cargo, se esconden los miedos, la inseguridad, la falta de respeto y de empatía… se esconden las propias sombras que emergen ante la luz que puede emitir cualquier otro ser que no esté dentro del limitado margen que su pensamiento le proporciona… y solamente saben defenderse desde el ataque.  Muy triste, pero real.

Han sido momentos intensos… no daba crédito a lo que estaba leyendo. A pesar de que mi actitud ha sido conciliadora en todo momento, a pesar de su mala educación y descortesía hacia una persona que no conoce, hacia un lugar que no le pertenece… la he invitado a que permaneciera allí si es que necesitaba un lugar donde desahogarse.  Pero no es la primera vez que yo leía los comentarios de esta mujer ya que anda entrando en otros espacios metiendo cizaña. Finalmente y aconsejada por compañeras, alguna de ellas abogada, he intentado bloquearla para que no me bombardee más con sus desagradables comentarios.

En fin, estaba dispuesta a escribir una entrada en base a lo poco que escribo ya en mi blog y mira por donde que, de nuevo, la Vida me ha brindado la oportunidad de seguir escribiendo.

Espero que esto quede en otra anécdota que comentar y que cada persona, cada ser humano aporte siempre lo mejor que tiene, aquello que sirve para colaborar en un mejor estar, aquellos hechos y palabras en positivo que contribuyan a vivir de la mejor forma a todas las personas al margen de su estatus o situación, trabajo o afición.
 Con Amor.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Violencia OBSTÉTRICA



Como mujer que me interesa el proceso de llegada a la vida, me ocupo en procurar el mejor nacimiento a los nuevos seres, informando, apoyando y acompañando desde un punto de vista emocional a la madre que así lo desea en su parto.  Por ello, quiero hablaros de otro tipo de violencia: la violencia obstétrica.

Se suele dar por buenas aquellas actuaciones intimidatorias realizadas por personal sanitario durante estos procesos antes mencionados. Así, se hacen tactos vaginales innecesarios de forma abusiva y violentando la intimidad de la mujer, se hacen cortes en la vagina sin necesidad y, de la misma forma, violando el derecho de toda mujer a que su cuerpo sea respetado…  Son muchos los protocolos obsoletos que siguen estando en la mayoría de los paritorios de los hospitales españoles anulando la voluntad de la mujer y siendo, de esta forma, vejada e infantilizada.  La mayoría de ellos, dejan graves secuelas tanto físicas como emocionales.

Para que nos hagamos una idea,  este corte en el periné “sin importancia” llamado episiotomía, se sigue realizando en un gran porcentajes a pesar de que la OMS no lo recomienda.  La cesárea innecesaria, la posición en decúbito supino (tumbada de espaladas), la prohibición de la deambulación y de la ingesta de alimentos, la falta de apoyo y atención emocional, las respuestas groseras y airadas, y cualquier situación que a una mujer que está de parto, momento sumamente vulnerable y que necesita de unas condiciones especiales, la hacen sentirse sola, desatendida… y violada en sus más íntimas emociones.

No es cosa poca lo que estoy comentando. Cada vez son más las mujeres que se informan y que hacen valer sus derechos amparados por ley. Cada vez hay más personal sanitario que se pone de su lado e intentan que se produzca el cambio, pero la realidad es que estamos a años luz de otros países donde los nacimientos se producen de forma normal, natural y respetada.


Quisiera que estas palabras mías sirvieran para que quien las lea, se haga un planteamiento de esta cuestión y anime y apoye también, en esta causa.  Las mujeres debemos exigir dignidad, porque la violencia obstétrica, existe.









jueves, 21 de noviembre de 2013

Tiempo de introspección




El otoño es tiempo de introspección.  Aunque algo tarde, han llegado los días fríos y apetece recogerse en casa. Los colores pierden vivacidad, la luz se torna mortecina, los rayos de sol pierden fuerza, la penumbra que da paso a la oscuridad avanza cada día un poco más.

Como mujer cíclica y madura, cada vez siento más los cambios en la Naturaleza, cada vez me siento más conectada a ella. 
Escucho los mensajes que el cuerpo me manda, los que me envía la Vida en este paso de mi otoño personal. Y aunque no siempre es sencillo ver y aceptar, es cuestión de, a través del aprendizaje, de la práctica, y de la voluntad coger las riendas de mi existencia.  Finalmente, el paso por el sendero transcurre consciente y tranquilo.

Hoy vivo y siento esa necesidad de recogimiento, de soledad e incluso de silencio. Son momentos de tejer el capullo y permanecer en él gestando el cambio y esperando a que se vuelva a producir la metamorfosis que dará pie al nacimiento de la nueva mariposa.  Son momentos de acoger la actitud de los tres monos sabios: ver, oír y callar. 

Imagen: "Monos Sabios" de Hidari Jingoro en el santuario Toshogu.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Noche oscura del alma



Como siempre que algo me ronda por la cabeza, la madrugada me ha despertado con un murmullo interior. Entonces mi necesidad es la de levantarme, y tras unos momentos de meditación para serenar la mente, intentar VER qué hay tras todo ello.

Finalmente, llego a la conclusión de que no soy yo, sino quien está en el otro lado el que transpira necesidad de atención, de cariño… de amparo, y de que lo reclama como sabe. O como puede. Porque es posible que, tras su propia historia personal, exista una necesidad no cubierta.

A pesar de la edad y de que mis ciclos reproductivos ya no están activos, sigo siendo una mujer cíclica, especialmente en cuanto al tema emocional se refiere.

Recuerdo con mucho cariño a la terapeuta con la que estuve trabajando en la búsqueda de mi yo interior. Ella siempre me decía que nuestro crecimiento a través de la Vida no es lineal, sino que se asemeja a una línea ondulada, incluso a veces, quebrada.

Y así lo vivo en propias carnes.
Porque hay momentos en los que no puedo evitar sentir cierta tristeza y desazón al ser consciente de este mundo en el que vivimos. Y no me refiero solamente a aquellos acontecimientos que nos afectan a nivel global, como las guerras y luchas por el poder, las hambrunas, las enfermedades… sino a cosas sencillas y cotidianas que, en el día a día, también me muestran la vileza del ser humano.

Esa tristeza viene dada a veces por darme cuenta de que no todo el mundo se manifiesta bueno, principio que siempre aplico hasta que se demuestra lo contrario…
Por darme cuenta de que hay ciertas personas que para conseguir sus objetivos son capaces de saltar por encima de otras, sin pensar qué dejan atrás.  Personas que censuran, critican, difaman gratuitamente, sin justificación y en base a bulos y comentarios infundados, sin tener la valentía para ir de cara e informarse directamente de las fuentes…

Me comentaba el otro día una persona querida, con manifiesto dolor, que se sentía desengañada de la gente, que no comprendía cómo podía ser tan ingenua para seguir confiando plenamente cuando ya le habían dado de bofetadas…

No diré que sean fáciles estos momentos y como he mencionado al principio, soy consciente de que son cíclicos. Quizás el Universo, en su inmensa Sabiduría, me envíe este cáliz para ser todavía más consciente del trabajo que he de seguir realizando, de que no puedo bajar la guardia y he de seguir mi camino, mi búsqueda.
Cierto es que este bagaje me aporta la experiencia con la que, cada vez, el sendero pedregoso es más fácil de caminar.


Y lamento en el alma ver a estos seres queridos en sus momentos de flaqueza y dolor, pero sé y acepto que han de seguir su propia vía y, aunque en momentos puntuales pueda aportarles algo de Luz en su noche oscura, no puedo más que caminar cerca… atenta y abierta, por si es necesario en algún momento acompañar durante algún tramo. Porque nada más puedo hacer, simplemente ESTAR y dejar que cada cual encuentre su mejor camino de la misma forma que yo sigo en la búsqueda del mío.


domingo, 13 de octubre de 2013

Una Doula muy "normal"


Contactó conmigo una mujer embarazada de su primer hijo. Me localizó por Internet a través de mi blog. Y quedamos para conocernos.
Me habló del estado en que se encontraba emocional y físicamente en su quinto mes, de cómo estaba lidiando con algunos inconvenientes ajenos a ella respecto a la forma en que pensaba enfocar el  parto y la crianza de su hijo. Me preguntó mi forma de trabajar y me dijo qué era lo que esperaba de una mujer que estuviera a su lado durante el tiempo que durara el acompañamiento.
Clara, concreta y concisa, con un pensamiento sereno y racional, con unas ideas claras. Así da gusto…

Después de estar un buen rato charlando y explicarle la forma de llevar a cabo mi trabajo, en qué me baso cuando doy alguna información, cuáles son mis sentimientos respecto a esta profesión, me dijo ¡qué bien, he encontrado a una Doula “normal”!  No pude por menos que reírme, pues nunca antes me habían calificado de esa forma.

La verdad es que le pedí me explicara el porqué del comentario, aunque yo imaginaba por donde iban los tiros.

Me dijo que antes de contactarme había estado buscando y que lo que había encontrado se movía dentro de un misticismo que no iba con ella, que no negaba que ella tenía su parte espiritual pero que quedaba en su interior, en su vida privada. Me comentó que por lo que había estado leyendo se le daba a esta profesión cierta aura que no iba con ella, que buscaba a alguien con los pies en la tierra… y volví a sonreírme, pues –le dije- esa es una de mis máximas.
Tras una hora y pico de charla, me dijo feliz, que había encontrado la persona que buscaba y que se pondría en contacto conmigo en breve. Nos despedimos y me fui cavilando hacia mi casa pensando en cuanto me había dicho esta mujer.

Porque ciertamente, hay un desconocimiento –o  lo que es peor- un batiburrillo de actuaciones, de temas, de modos de enfocar el Ser Doula, que realmente lleva a confusión.

Porque para ser Doula no es necesario ser maestra de Reiki ni terapeuta floral, de la misma forma que no es necesario tener formación en shiatsu ni en reflexoterapia podal.  Pero tampoco necesitamos las Doulas ser terapeutas: ni consteladoras, ni renacedoras, ni formadas en Gestalt...  De la misma forma que no es necesario invocar a Pachamama, ni ser vegetariana  o macrobiótica, ni llevar faldas largas, ni ser profesora de yoga… ni cantar mantras. Y por supuesto que siendo Doula no se es chamana y muchísimo menos, partera.

Para ser Doula se necesita tener vocación de servicio y ayuda a los demás. Para ser Doula es importante tener las heridas propias cerradas para que no se reabran frente a las heridas de las mujeres a las que acompañamos. Para ser Doula es necesario saber escuchar sin imponer y sin exigir… Para ser Doula es imprescindible ser consciente de las propias posibilidades y ser honesta reconociendo hasta donde se puede llegar. Para ser Doula es importante saber que nuestra profesión se basa en el acompañamiento y la escucha desde una posición imparcial, ajena a nuestras propias vivencias y criterios.

Y reconozco que es fácil dejarse arrastrar creyendo que una va a ser mejor Doula si acumula formaciones, talleres y cursos varios basados en las corrientes espirituales-místico-esotéricas que , finalmente, envuelven con un halo de irrealidad a las prestaciones de muchas de las mujeres que se han dedicado al acompañamiento como Doulas.

No digo que a título personal una persona deba de renunciar a aquello en lo que cree. Está bien que cada cual desarrolle su parte religiosa o mística,  de cualquier creencia, o se mantenga en su ausencia de fe,  pero eso forma parte de su vida privada, no es algo que deba extrapolarse a la profesión de Doula… de la misma forma que ningún otro profesional lo hace.

Ciertamente debería de ser necesario un consenso entre Doulas, pero siento que cada vez estamos más alejadas de esta realidad. Así, y nunca mejor dicho, cada cual hace de su capa un sayo y sálvese quien más corra.  O quien mejor venda sus “aptitudes”.

Me he levantado muy pronto y ha venido a mi mente el comentario de esta chica y no he evitado la sonrisa porque en el fondo sé que tiene razón. Quizás porque  yo solamente soy Doula. Y sí, soy muy normal, entendiendo la palabra como dice la Real Academia Española de la Lengua.

  Normal: Dicho de una cosa: que se halla en su estado natural.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi PARTO deseado





Después de dos hijos, uno nacido mediante un parto absolutamente medicalizado y el otro, un nacimiento express pero cargado de miedo y adrenalina, parir a un tercer hijo de esta forma ha supuesto obtener SU parto deseado. Para algunas mujeres hay un antes y un después de un hecho así. Este es el relato de una madre que nos habla de sus emociones. Gracias por querer compartirlo.


"Parece hace unos días y ya ha hecho un año que nació Mara.

Recuerdo perfectamente cuando mi hija mayor me decía: mamá, quiero una hermanita” y yo le contestaba que ya tenía un hermano, y que otro no podía ser… pero dentro de mí yo también quería otro niño, o niña, siempre había soñado con tres hijos, sentarme en la mesa y tenerla llena.

Sin saber que estaba embarazada, mi hija me lo preguntaba. A los pocos días yo ya lo sospechaba. Las semanas pasaban y yo tenía mucha hambre y empecé a tener dolor en los pechos cuando mi hijo mamaba. Aquí fui consciente de que sí lo estaba…

Yo me sentía pletórica, feliz. ¿Te acuerdas Concha cuando te lo dije después de la reunión en la asociación de lactancia? ¡Qué afortunada soy! Siempre recordaré las palabras que me dijiste y que me sirvieron para reafirmarme en lo que yo sentía y darme fuerzas para continuar con este especial embarazo. Mara ha venido como un regalo inesperado, pero fue muy bienvenida, ella lo sabe y por eso vino, para empoderarme y demostrarme lo fuerte y valiente que es una madre y para que yo fuese consciente de ello. Y sobre todo para hacerme el regalo más hermoso: tener mi parto, un parto precioso donde disfrutar de su nacimiento, con alegría y placer, con emoción y nervios, pero tranquila y segura y con todo el poder que las mujeres tenemos y que gracias a ti, pude ver y sacar de dentro.

El contar contigo en este periodo de mi vida ha sido un regalo inolvidable, desde aquel día en las escaleras de Sina,  hasta el día y momento del nacimiento de Mara, cuando hablábamos por el móvil. ¿Te acuerdas? ¡Qué hermoso! Aunque no estuvieras conmigo físicamente en la sala de partos, lo estabas conmigo energéticamente.

No tengo suficientes palabras de agradecimiento, eres MI DOULA, mi confidente, mi amiga, mi madre, mi pilar en esta etapa de mi vida.  Sin ti no hubiera llegado a suceder lo que sucedió. Tú me diste la fuerza y despertaste en mi la sabiduría para continuar hacia delante con unas ganas que nunca antes hubiera imaginado.
El saber tuyo, el contar contigo en aquellos momentos personales tan difíciles… no te puedes imaginar el bien que nos has hecho a todos. Ahora sé por qué decidí que tú fueras MI Doula. Necesitaba una persona sabia a mi lado y ahí estabas tú.

Muchas gracias Concha, Mara y yo nunca olvidaremos tu trabajo y tu saber.  Me acuerdo perfectamente de tus palabras, tenía miedo de no responder bien cuando llegara el momento y tú me decías “ya verás cómo sí sabrás qué hacer en cada momento… no todos los partos son iguales”  y así fue. Mara nació en la semana 41 y sus hermanos en la 38.

Algo en mí sabía que había llegado el momento. A las 21 h del jueves, dándoles la cena a los niños, rompí aguas. Las contracciones comenzaron a ser cada 5 minutos y salimos hacia el hospital.  Eran las 21:15 h. y llovía.
De camino intentaba relajarme… tantas emociones y hablando contigo por teléfono para reafirmarme una vez más que Mara iba a nacer y todo saldría estupendamente, para confiar en ella, para confiar en mí y en que mi cuerpo se abriría como una flor de loto.

A las 21:45 h llegamos al hospital donde una enfermera me acompañó y me presentó a la matrona quien me dijo que todo iba bien. Le expliqué todo lo que quería como si se tratara de mi hada madrina y ella me dijo que si todo seguía así, así sería.

Sentada, sin correas, sin episiotomía, consciente y con las hormonas en pleno apogeo, escuchando y sintiendo en cada contracción cómo bajaba Mara y se abría mi flor de loto cantando AAAAAAA…. Y cuando creía que ya no podía más, que me partía de dolor, la matrona me dijo que ya estaba allí “Coge a tu Mara, sácala y tómala en brazos…”
¡¡El momento más emocionante de mi vida!! ¡¡Dios, qué sensación tan maravillosa en mi cuerpo y mi alma!! Cogerla por las axilas, sacándola de dentro de mí y ponerla sobre mi cuerpo…Eran las 22:15 h del 28 de septiembre de 2012

Alumbré la placenta y la matrona nos dio la enhorabuena, estaba emocionada al ver cómo había llevado yo el parto. Mi marido y yo le dimos las gracias por haber respetado mi sueño, mi parto natural.

Después de dos horas los tres solos, subimos a la habitación… recuerdo que te llamé y te di las gracias, y a todas las mujeres que me habían dado fuerzas y me habían ayudado con su sabiduría. Estaba eufórica, con un chute de energía que no había tenido en mis otros dos partos. Cuando me levanté de la cama pude ir al baño, pude andar, no me dolía nada… ¡qué maravilla la sensación de estar entera, sin cortes…!

Pasé toda la noche con Mara al pecho, piel con piel, enamorándonos una de la otra. Estaba preparada y tuve el parto que deseaba.

Gracias Concha por estar ahí, por tu sabiduría y tu saber estar. Por acompañarme en este momento tan especial y mágico de nuestras vidas. Te tengo muy presente y nunca te olvidaré. En mi corazón siempre tendrás un espacio".





miércoles, 25 de septiembre de 2013

Madres y Padres. Y viceversa.




A menudo me asaltan ideas, pensamientos que necesito plasmar en un papel, pero no siempre es el momento oportuno para poder hacerlo y voy dejándolas en anotaciones, en papelitos que se amontonan por mi estudio esperando el momento de darles un hilo conductor, de unirlos y enlazarlos en un texto. Unas veces  salen a la luz, los publico en mi blog, otras veces… se quedan en la carpeta, simplemente han servido para expresarme y para canalizar algo que me bulle por dentro.
Suelo hablar desde mi experiencia, desde lo que observo, desde aquello que siento.

Termino de volver a leer un libro que me regaló una Laura querida el pasado año. “Las brujas no se quejan” de Shinoda Bolen, es fácil de leer y de entender, y porque estoy en esa edad madura a la que hace referencia, me siento muy identificada con lo que ella dice.
Es posible que la lectura de este libro me haya animado a escribir ahora sobre este tema pues “la anciana –la mujer madura- es atrevida, medita a su manera, defiende con fiereza lo que le importa, decide su camino con el corazón, dice la verdad con compasión, saborea lo positivo de la vida…”

Voy a ello.

Mucho se ha hablado sobre el patriarcado y la represión ejercida por el hombre sobre la mujer a lo largo de la historia. Todavía hoy, en muchas cuestiones sale a relucir la herencia acumulada y lo que está costando deshacerse de esos patrones.  Si tengo ocasión de participar en algo que haga mención a este pasado, expreso mi opinión de que ya está bien y que hay que construir mirando hacia adelante pues de nada nos sirve quedarnos ancladas en algo que en su momento fue.
Se habla de la presión y de la supremacía ejercida por el hombre sobre la mujer en cuestiones políticas, de familia, de religión, de educación, de pareja, de sexo… y no voy a negar que no haya sido cierto. Ahí está la historia y sus múltiples testimonios.

Afortunadamente y desde la toma de conciencia las cosas están cambiando, o al menos en una sociedad como la nuestra. Son muchas las mujeres que han tomado las riendas de su vida y pueden hacer y decidir lo que quieren. Eso está bien, pues es signo de libertad y de igualdad.  Y la persona ha de ser y sentirse libre para ser feliz.

Pero tengo la sensación de que desde el modelo de sociedades industrializadas se nos ha vendido una supuesta igualdad al hombre, y en este intento de hacer cambiar nuestras inercias como mujeres,  se le está dando al hombre un papel que, en muchos casos, no le compete. Así, parece que hemos pasado de un patriarcado impuesto a una especie de patriarcado encubierto y elegido, aunque quizás no debería de llamarlo patriarcado y como me siento incapaz de encontrar la palabra adecuada, lo resumiría diciendo que ahora, en algunos sectores, se le está queriendo dar al hombre una participación y un protagonismo en roles que, según mi criterio, al entender de una mujer de más de sesenta años, quizás no le corresponden.

Antes de continuar, quiero decir que en mi vida hay grandes hombres a los que amé, a los que amo. 
El primero mi abuelo materno con quien me crié, hombre rudo y gruñón pero que conmigo siempre fue respetuoso, atento y cariñoso.
El segundo, mi padre, quien hace un año se marchó para no volver…  y a pesar de nuestras discusiones,  cada vez soy más consciente de cómo ha marcado mi vida, de todo lo que me enseñó, de cuántas cosas conservo de él.
En tercer lugar, mi marido. El hombre con quien comparto mi vida y con quien siempre me he sentido libre, desde hace más de 40 años y con quien desearía estar otros tantos, incluso volver a ser su pareja con la misma libertad si hubiera otra vida…
Mis dos hijos varones, a los que amo con todo mi corazón y con los que puedo establecer una preciosa comunicación, cada uno desde el lugar que le corresponde estar.
Y de mis tres nietos, dos son niños. Unos preciosos chiquillos que me tienen robado el sentido, que me tienen francamente enamorada.
Así es que NO desprecio para nada al varón, sino que lo respeto, lo valoro y lo admiro en lo que es. Porque creo que somos distintos y complementarios.

Y vuelvo al tema que me ha llevado a escribir esto. Es posible que vaya a echar piedras sobre mi propio tejado, pero he de decir lo que siento porque en ello está mi vivencia. 

Tras leer sobre el matriarcado y de cómo en otras sociedades no tienen los problemas de convivencia y de educación que estamos teniendo en las culturas occidentales, vuelvo a pensar en mi infancia.
Cuando mi madre lo compartía todo con mi padre, cuando era él quien también tomaba muchas de las decisiones que a mis hermanas y a mí concernían, cuando yo no le contaba MIS cosas a mi madre... porque tenía la certeza de que luego ella se las decía a él.
Porque él también decidía si necesitaba unos zapatos, porque él también venía al médico cuando yo iba con mi madre, porque él tuvo que opinar cuando tuve mi primera regla... porque él era el padre partícipe que mi madre había permitido, al que mi madre le había otorgado parte de su poder. Porque él estaba para todo... y yo no lo necesitaba.

 Entonces no lo supe, simplemente había algo que no me gustaba, algo que hasta donde alcanzan mis recuerdos siendo muy pequeña, me hizo sentir ausencia de madre a pesar de estar ella presente.  Y que muchos años después pude verbalizar, comentar y sanar con ella mediante esta frase "¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeña?

Entrando en materia, voy a referirme al embarazo y parto, por ser algo que veo con relativa frecuencia. Así, me resulta extraño cuando un hombre que va a ser padre utiliza estas expresiones: estamos embarazados, o salimos de cuentas, o vamos a parir de tal manera, o estamos de parto,  ¡se incluye en ese estado fisiológico que solamente vive la mujer! A veces, es la misma mujer quien lo incluye… y dependiendo de la confianza que tenga con ellos, le suelo decir “no, ELLA es la que está embarazada, ELLA es la que está de parto, es ELLA quien va a parir a vuestro hijo  porque… puede ser signo de modernidad, pero ¿no es una forma de darle a ese padre un protagonismo que no le corresponde?  ¿No lo está perdiendo ella?

Marchemos mucho tiempo atrás.  Ancestralmente, las mujeres han crecido rodeadas de mujeres. Los procesos fisiológicos -menstruación, embarazo, parto, lactancia- y la crianza de los hijos, han sido actos compartidos y comentados entre mujeres, ya de la misma familia, ya de la misma vecindad. Así, las niñas aprendían de lo que veían y seguían los dictados de la Naturaleza desde la más absoluta aceptación y normalidad.

Vayamos al parto. A partir de los años 70, los hombres comienzan a tener protagonismo en el nacimiento de sus hijos. Los partos pasan a ser atendidos por obstetras hombres… y los nuevos padres están junto a la mujer que va a parir.   Esta moda se propaga y llega un momento en que la mujer para parir necesita tener al lado a un hombre, ya sea médico, ya sea su pareja… aunque a él no le apetezca para nada vivir esta situación, aunque él esté ausente en espíritu, aunque sea la misma mujer quien no quiera ser acompañada por su pareja… nos vemos abocadas a ello. Y así, es como nos hacen ver que la mujer para parir necesita la compañía de un hombre. Aparece de nuevo infantilizada y sumergida en una necesidad de protección…   ¿No te lo habías planteado?  

Michel Odent, siendo obstetra y hombre ha investigado mucho respecto al tema. Por supuesto que no todas las mujeres están de acuerdo con él… porque ¿dónde queda el escucharse a una misma y desde el corazón, haciendo caso a su necesidad primal y a su instinto que reclama lo que necesita? ¿dónde quedan las reacciones hormonales y emocionales?  Porque quizás, si esa mujer se conecta con las mujeres de su linaje descubrirá que lo que necesita es parir en silencio o cantando, pero rodeada de mujeres… que la entiendan en sus emociones, que la protejan, que la acompañen… que se pongan en su piel, mientras el padre de su criatura, vigila atento y cuida de la logística, de su entorno exterior…

No es fácil para mí hacer públicos estos sentimientos, aunque sé que hay más mujeres que piensan como yo.  Soy Doula, y como tal respeto las decisiones de la madre en primer lugar, y desde la información objetiva y consecuente, ambos padres son los que deciden de qué forma quieren que nazcan sus hijos y deciden cómo criarlos.  Yo no les emito opinión alguna  pero si me preguntan con sinceridad, con el corazón en la mano qué es lo que siento al respecto…sí que soy franca y me expreso.

“La Doula es una mujer experta en partos que acompaña a la mujer en sus emociones durante el proceso de la maternidad” y una de las cualidades que define a la Doula es su empatía, su capacidad para ponerse en el lugar de otra mujer para saber qué es lo que siente y desde ahí… acompañarla.
   
Ya hay varios hombres Doulas y me sorprende, francamente. Pero está claro que si  están es porque hay mujeres que los buscan, y sin juzgarlos como personas, veo que volvemos a lo mismo, de nuevo a una mujer que tiene necesidad de la protección de un varón, pero ¿un varón se funde con ella en los desgarradores momentos del parto? ¿un hombre se puede poner en los zapatos de una mujer si sus emociones llegan a estar desbordadas durante el embarazo, o cuando su bebé está siendo amamantado, o cuando se siente cual loba recién parida? ¿cuál es la vivencia de una mujer al escoger a un hombre ajeno para estar acompañada íntima y emocionalmente en su viaje hacia la maternidad?

Una vez el bebé ha nacido, las nuevas corrientes implican al padre tanto como a la madre. Y lo siento tal como lo digo,  pero creo que la madre tiene un papel que por mucho que pasen los siglos, seguirá siendo suyo.
Creo que la presencia de la madre es absolutamente necesaria para un niño hasta al menos sus dos primeros años de vida. La implicación del padre -si lo hay- en la crianza (desde mi punto de vista, pues tengamos en cuenta las madres solteras, las inseminadas sin pareja, las madres lesbianas…) es un referente muy importante de apoyo, de contención, de soporte, de suministro… hacia la madre, para que ésta lo sea de su cachorro. Pero de eso a pretender que sea el padre quien haga de madre… ¡si no hay más que ver a un chiquitín cómo reclama a su madre cuando se cae, cuando está malito, cuando está triste!  Porque con la madre se ha establecido un vínculo mucho antes de nacer y que permanecerá a través de la Vida.  

¡He conocido a hombres con tal afán de posesión hacia sus hijos que solo les faltaba haberlos parido ellos!

Creo que en cualquier situación en la que el niño pueda expresarse y elegir, está bien que se actúe indistintamente, pero desde la decisión unilateral (del padre o de la madre) y desde la imposición y los “acuerdos” por cuestiones prácticas, no me parece tan justo.

Y termino con esta reflexión a modo de final. ¿Le estamos dando de nuevo un protagonismo al hombre a cambio de restárselo a la mujer?  
Ah, no, claro, porque antes era desde la imposición, lo sé.  En cambio hoy estas situaciones son elegidas desde unas corrientes del ahora… lo que me lleva a pensar que, probablemente,  desde esa herida profunda por sentir ausencia de madre, algún día esos hijos cuando sean adultos les pregunten a las suyas ¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeño? 












lunes, 16 de septiembre de 2013

Maternidad idealizada. Reflexiones.




Cervera de Pisuerga,  21 de agosto de 2013

Reflexiones

Estoy sola, sentada en un Paraje Natural cerca de la cabecera del río Pisuerga que discurre tranquilo y sereno por su cauce,  fluyendo como lleva haciendo desde que comenzó a manar.
Nadie ni nada lo desvía de su marcha, no hay mano externa que lo reconduce ni lo aleja de su trayectoria. Es la Naturaleza pura en su origen.
En esta soledad mía elegida en el día de hoy, acuden a mi mente algunos pensamientos que giran en torno a la conexión con la naturaleza del ser, con el saber-se, con el sentir-se, con el confiar en que, finalmente, estando unidos a la Esencia todo es como tiene que ser.

Y mi mente, ahora, tras un tiempo de haberla mantenido en calma mediante una meditación activa, comienza a divagar… y me voy hacia el tema que, en estos momentos,  ocupa parte de mi tiempo: la maternidad.

Y en esta calma llego a la conclusión de que estamos llegando a un punto en que, quizás, la maternidad se esté idealizando demasiado, porque NO todas las realidades son ni se viven de igual forma. 

Comentaba días atrás una compañera asesora de lactancia lo entristecida que estaba al ver a una madre recién cesareada tan despegada del bebé, de ese hijo que terminaba de nacer. No comprendía ella desde su formación y desde su propia experiencia de madre, cómo esto podía suceder...

Cuando vemos que un parto termina siendo altamente intervenido necesitamos buscar explicaciones ajenas… cuando vemos que una lactancia no termina de instaurarse sin haber ninguna aparente causa fisiológica que lo impida, “culpabilizamos” a las hormonas. No digo que no tengan su importancia, que sí la tienen y mucha, pero creo que habría que estudiar cuáles son las circunstancias en las que esa madre está envuelta.  Habría que pararse a ver su propia historia de hija para entender su relación de madre ahora…

Leía tiempo atrás –no recuerdo donde- que la maternidad es el mejor regalo para una mujer.  Y enseguida pensé que sin duda lo era… para aquella que DESEA ser madre. Porque todas las mujeres NO lo desean y no por ello son menos mujeres.

Y es que, posiblemente, no son los mismos ojos los que miran desde la juventud que los que ven desde la madurez.
En más de una ocasión siento que he de callar pues, esas madres con niños pequeños que están inmersas en una nube de bondades, no están para atender a las otras realidades distintas a las suyas…

Pero volvamos a esa idealización de la maternidad donde hay todo un mundo que gira en torno a ella y desde la que se nos intenta instruir, desde la que se nos pretende enseñar,  incluso vender como ser la madre más maravillosa para tener los más maravillosos hijos. Sinceramente, como antes he dicho, creo que cada una es portadora de su propia historia personal y es algo que se ha de tener presente ya que forma parte de la vida de cada cual.

Si bien es cierto que desde la toma de conciencia se pueden cambiar patrones aprendidos, no es menos cierto que muchas madres inmersas en soledades profundas, se van a sentir más frustradas si tras cursos y formaciones no consiguen ser esas madres modélicas que se pretende que sean. Y hablo con conocimiento de causa porque ya conozco a quien se debate entre lo que su cuerpo y su mente le piden, y lo que desde fuera se pretende que alcance.

Mirando el transcurrir del río por su cauce, siento cómo la Naturaleza sique sus ciclos, y solamente se ve perjudicada cuando interviene la mano del hombre….

Sinceramente y desde el corazón, sin ánimo de herir susceptibilidades, creo que no es necesaria tanta formación para cuidar de los hijos con el mismo respeto y con el mismo cariño que nos gusta ser atendidos,  satisfacer sus necesidades en la medida que demandan, sin minimizar, sin exigirles… porque cada hijo es único y así ha de ser amado.  Atender a los hijos sabiendo que son seres puros en evolución y que TODO lo que hacemos les llega con tal fuerza que de alguna forma marcará sus destinos.  Escuchar a los hijos con la conciencia de que sus necesidades básicas están por encima de las nuestras, ya que los pequeños viven el momento presente y –todavía- sin conocimiento de la dilación del tiempo.

Así, son muchas las mujeres que estando conectadas a su esencia, a su instinto primal, y contando con personas que las hagan sentirse acompañadas, no necesitan más que ese apoyo en la confianza de que lo que hacen está bien…  y conectar con esa sabiduría ancestral de las mujeres que las han precedido, criando con amor, con intuición y desde el corazón.  Porque poco más necesitamos para ser madres.

Es en este entorno natural y bucólico donde estoy ahora, cuando me pregunto si quizás no estamos queriendo sacar partido de algo que debería de ser más sencillo, más simple… más natural.

La Historia en su evolución nos habla de épocas de oscurantismo, de la represión desde la tradición judeo-cristiana, de un patriarcado ejercido durante años y años.  Pero esos son tiempos pasados... porque somos muchas las mujeres que estamos trabajando para que así sea.

Estoy convencida de que está bien formarse e informarse en aquellos ámbitos que nos interesan, pero por mucho acopio que hagamos de lo que nos llega desde fuera, si no estamos conectadas con nuestra fuerza y nuestra sabiduría de mujer, confiando en las mujeres de nuestro entorno y mirándonos en sus espejos de mujeres sabias, de poco nos servirá todo el esfuerzo y la inversión externa .

Con Amor.