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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

martes, 26 de julio de 2011

¿Por qué?


¿Por qué no puedo estar “tranquila” en mi casa como la mayoría de mujeres de mi edad?

¿Por qué no puedo parar de pensar en cuántas cosas me quedan por hacer, por aprender?

¿Por qué no soy consciente de la edad física que tengo?

¿Por qué no me conformo en dejar pasar mis días sin más, sin haber hecho algo útil, sin haber vivido… sin haber sentido?

¿Por qué necesito cambios?

¿Por qué busco, indago, averiguo… aprendo, transmito, comparto…?

Sé que todo tiene un porqué, sé que mi vida está conformada por muchas circunstancias, sé que mis antepasados tienen su peso… pero ahora no quiero averiguar más. Ahora acepto. Ahora necesito parar. Ahora empiezo a sentir el peso, el cansancio… ahora necesito descansar. Un tiempo… no demasiado, lo justo para recuperarme.

He emprendido un nuevo camino e ilusionada espero el momento.  Más ahora, paro. Es necesario.  ¿Cuánto tiempo? No lo sé. El Universo será mi guía. Él dirá.

sábado, 23 de julio de 2011

Autorregulación infantil


Los adultos nos empeñamos demasiadas veces en que los niños hagan lo que nosotros queremos. Así, les “obligamos” a comer, a dormir, a jugar… según nuestro criterio que no siempre coincide con sus necesidades.
Han tenido que pasar algunos años para que yo pudiera ser consciente de la magnífica capacidad autorreguladora  que poseen los bebés, los niños, ya desde el mismo momento de su nacimiento.

Una criatura recién nacida, sabe cuándo y cuánto ha de comer, y de dormir, aunque cueste creerlo. 
Es por ello el que se recomiende lactancia materna a demanda, con todo el sentido de la expresión. No cada tres horas, ni diez minutos en cada pecho… lactancia a demanda significa tener al bebé bien cerca, con su madre, para que cuando sienta hambre pueda suministrarse. U ofrecerle el pecho al menor gesto que nos indique esta necesidad. Así, un bebé también desarrollará sus necesidades de sueño en torno a su personalidad. Los habrá que necesiten dormir más horas que otros. Ellos, mejor que nadie lo saben, con  lo que echarlos a cabecear sin tener en cuenta su necesidad puede conducirlos a un mar de llantos aparentemente incomprensible.

Estos últimos días he podido observar, con cierto deleite, como mi nieta que en pocos días cumplirá dos años, tiene esta capacidad autorreguladora bien desarrollada y perfectamente entendible.
La niña es muy buena comedora, come de todo y todavía toma teta de su madre. Ella –mi hija- está preparando un importante examen y durante este mes los niños están conmigo en una casa en un pueblo cercano a Valencia con lo que los papás van y vienen por las noches para estar con los niños. Estos últimos días y ante la proximidad de la prueba final, mi hija está muy centrada en el estudio, con lo que han decidido que no vendrán.  Y es maravillosa la capacidad de adaptación de la niña, francamente sorprendente.
El primer día no fue nada fácil, lo confieso, pues lloraba con pesar al buscar a su madre. Con mucho mimo, con mucho bracito y cuidado le iba explicando que ahora estaba con la yaya… Yo sufría con ella la “angustia de la separación”.
Ahora, cuando la nena se despierta llama a su madre y como yo estoy a su lado, le explico que mamá no está… que está con la yaya. Ella, muy graciosamente me pregunta con su lengua de trapo ¿Yaya teta? A lo que le respondo, “yaya si tiene teta, pero no tiene leche”  y ella insiste ¿mamá teta si? Y continuamos nuestra conversación “mamá teta si, mamá  si tiene leche… pero ahora mamá no está…” y rápidamente lo asimila, con lo que me pide desayunar… “Yaya, ñam, ñam…”  y se toma su vaso de leche natural de vaca con cereales tostados enteros o con lo que pide en ese momento.
A lo largo del día parece mi sombra: allá donde voy, ella detrás de mí.  A media mañana o cuando siente la necesidad,  me vuelve a pedir de comer: una pieza de fruta, un trozo de queso… un pedazo de pan.
A la hora de comer, tras su buen plato de sopa o de arroz y su fruta o postre lácteo,  me pide ir a dormir ¡ella sola! Y la pongo a ello.  Hace su siesta de poco más de una hora y cuando se despierta me pide otra vez comer: yogour, vaso de leche… lo que le apetece.
Y por la noche, a eso de las ocho de la noche comienza con su “yaya, ñam, ñam” con lo que le pongo la cena y vuelve a pedir “yaya, momir”.  Me pide pipi y todo lo que necesita,  a su modo, pero se hace de entender.
Juega, entra, sale, sube y baja, se cae y se levanta.  Ella sola. Es independiente y autónoma. Sabe lo que quiere y lo que necesita. "Yo sola" repite a menudo. Bajo mi mirada atenta pero sin interferir apenas, la niña está pasando esta semana. Me pregunta por su mamá y le explico.  Estoy convencida de que me entiende.

Y de nuevo pienso en lo perfecta que es la naturaleza humana… si se le permite manifestarse con toda su grandeza, con todo su instinto, con toda su emoción, sin condicionantes, sin imposiciones…

Y pienso en algunas criaturas sometidas a un continuo esto no se hace, esto no se toca, esto no se dice…a una continúa manipulación por parte de unos adultos que creemos que “hacemos lo mejor para ellos”  cuando lo mejor para ellos, desde un cuidado amoroso y poco intervencionista, es dejarlos estar. Es permitir que su sentido de autorregulación funcione, porque están perfectamente preparados para ello.

Porque de esta forma el día de mañana serán adultos seguros, autónomos, independientes y confiados, con alta autoestima. Creo que, al fin y al cabo, de eso se trata.

(Gracias, hija, por confiar en tu madre)

jueves, 21 de julio de 2011

Cuento



Un  aguador  de  la  india  tenía  sólo  dos  grandes  vasijas  que   colgaban  en  los  extremos  de  un  palo  y  que  llevaba sobre  los  hombros.  Una  tenía  varias  grietas  por  las  que  se  escapaba  el  agua  de  modo  que  al  final  del  camino  sólo  conservaba  la mitad, mientras  que  la  otra  era  “perfecta”  y  mantenía  intacto  su contenido.

Esto   sucedía  diariamente.  La  vasija  sin  grietas  estaba  orgullosa  de  sus  logros  pues  se  sabía idónea  para  los  que  fue  creada.  Pero  la  pobre  vasija  agrietada  estaba  avergonzada  de  su  propia  imperfección  y   de  no  poder  cumplir  correctamente  su  cometido.   Así  que  al  cabo  de  dos  años  le dijo  al  aguador:  “Estoy  avergonzada  y  me  quiero  disculpar  contigo  porque   debido  a  mis  grietas  solo  obtienes  la  mitad  del  valor  que  deberías  recibir  por  tu  trabajo”.

El  aguador  le  contestó:  “Cuando  regresemos  a casa  quiero  que  veas  las  bellísimas  flores  que  crecen  a  lo  largo  del  camino”  Así  lo  hizo  la  tinaja  y,  en  efecto,  vio  muchísimas  flores  hermosas  a  lo  largo  de  la vereda,  pero siguió  sintiéndose  apenada  porque  al  final   sólo  guardaba  dentro  de  si  la  mitad  de   agua  que  al  principio.

El  aguador  le  dijo  entonces:  “¿Te  das  cuenta  de  que  las  flores  sólo  crecen  en  tu lado  del  camino?  Quise  sacar  el  lado  positivo  de  tus  grietas  y  sembré  semillas  de  flores.  Todos  los días  las  has  regado  y   durante   dos años  y  he  podido  recogerlas.   Si  no  fueras    exactamente  como  eres,  con  tu  capacidad  y  limitaciones  no  hubiera  sido  posible  tanta  belleza”
  
Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

lunes, 18 de julio de 2011

Pérdidas


Tres más en este mes. Tres mujeres queridas, tres jóvenes en busca de un hijo, de una hija,  se han visto con sus ilusiones truncadas, con sus esperanzas rotas, con el vientre vacio… y con una sensación de dolor y de pérdida que necesitarán sanar desde el reconocimiento y el adiós a ese ser que un día decidió venir y al poco quiso marchar.

A simple vista y sin ahondar, es una situación que se está repitiendo con demasiada frecuencia. Y realmente no sé a qué es debido aunque puedo intuir varias razones. En cualquier caso, ahora más que nunca me estoy enterando de que hay muchos abortos espontáneos, bastantes más de los que había cuando yo viví mis embarazos o al menos, más de lo que sucedía entre las personas de mi entorno. 

Creo que algunas mujeres emprenden un camino de búsqueda sujeto a tanta tensión que puede resultar obsesivo: toma de temperatura basal, test de ovulación, control de moco cervical, e incluso el comienzo de un calvario hacia una fecundación asistida… sin causa real aparente que impida la fecundación y el embarazo. Así es que cuando se da un mínimo retraso en la menstruación, en ocasiones desde la ansiedad y la desconexión con el instinto,  enseguida se acude al test de embarazo que ahora suelen ser muy efectivos e indican, en pocas horas,  si hay fecundación o no.  Si da positivo, con la lógica alegría, rápidamente se propaga la noticia… a todo el mundo, porque para eso están los grupos sociales en Internet. Pero en ocasiones y cuando la madre menos lo espera, esa célula fecundada apenas convertida en un embrión decide marcharse… con el consiguiente disgusto y con el dolor que acarrea esta pérdida.

En una ocasión, comenté con un grupo de mujeres en edad fértil la conveniencia de resguardar íntimamente este tema de la búsqueda, concepción y fecundación hasta que el embarazo estuviera más avanzado, hasta sentir que todo marchaba con normalidad, hasta haber establecido la conexión con la criatura que ha elegido ese útero para crecer en él hasta ver la luz… y sentir la suficiente confianza en el proceso para poder compartirlo. O hacerlo, si apetece, con pocas personas muy íntimas.
Las respuestas fueron contundentes, todas pensaban en la conveniencia de decirlo enseguida, nada más obtener las dos rayitas. Todas comentaban la necesidad de dar a conocer la noticia cuanto antes e ir, día tras día, transmitiendo los avances. Como si de una novela radiofónica se tratase…

Está bien, todo es como tiene que ser. Pero he podido ver cómo algunas de estas alegrías se han marchitado en apenas dos o tres meses, cómo esa euforia se ha convertido en un  dolor que, al fin y al cabo, solamente siente la madre en sus propias carnes.

Y ahora de nuevo tres situaciones que me han hecho recordar, que me han llevado al sentimiento de si realmente no sería mejor vivir estas situaciones en la intimidad con esa pequeña alma y en conexión con una misma hasta que el instinto nos asegure que todo marcha como ha de ser. Y entonces tirar las campanas al vuelo, lanzar cohetes y sonar fanfarrias. Porque sí,  porque hay que celebrar que una nueva vida está creciendo y nos ha elegido para ser un nido acogedor,  amoroso... y silencioso.

miércoles, 13 de julio de 2011

de DOULAS


Contacté por Internet, a través de un foro de maternidad, con una médico cirujana de nacionalidad uruguaya y residente en una población cercana a Barcelona. A pesar de no haber utilizado los servicios de una Doula, sí conoce cuáles son nuestras atribuciones.
Parece ser que le habló de mí a un amigo suyo, uno de sus profesores en Uruguay y el señor se interesó por el tema.  Me ha enviado esta reseña y como me ha parecido muy interesante, quiero compartirla.

Es posible que mucha personas no sepan por qué existimos las  Doulas, quizás puedan pensar que teniendo madre no somos necesarias y también hay quien cree que no se debe de pagar por recibir apoyo emocional en este proceso… Cada cual está en su derecho de creer  lo que le venga, seguramente desde el más absoluto desconocimiento.   Mi intención es, una vez más, aportar información.

Quiero dar las gracias, especialmente,  al Dr. Díaz-Rosello por el interés y la colaboración. Y a Cristina a quien pude conocer y abrazar, con gran alegría, hace unos días.

Breve reseña de los pediatras Marshall Klaus y John Kennell  y el inicio de la denominación DOULA, que ellos originaron:

Estos dos pediatras en la decada del 70 eran profesores en el Departamento de Neonatologia del Rainbow and Children Hospital de la Case Western Reserve University, en Cleveland, EEUU.

Marshall Klaus era un prestigioso investigador que ya había hecho aportes sustantivos a la fisiología de la adaptación respiratoria de los prematuros.
En 1974 Klaus publicó el primer texto moderno sobre el manejo del Recién nacido de alto riesgo con su discípulo Avroy Fanaroff.
John Kennell, era un pediatra clínico con un profundo interés en el cuidado de los padres. Casualmente, su clínica había sucedido a la del Dr. Benjamin Spock, cuyas teorías sobre la crianza y cuidados infantiles fueron seguidas y luego discutidas durante medio siglo en América.

En ese libro se introducían en forma pionera el manejo de la adaptación de funciones fisiológicas y la naciente área de la pediatría del comportamiento.
Klaus y Kennell escribían en ese texto un capítulo sobre el “Cuidado de los padres del recién nacido”.
En el capítulo señalaban las necesidades de los padres en el recién nacido sano, como en el que nace con  problemas,  y especialmente se dedicaban a aquellos que sufren la pérdida de sus bebes en ese periodo.

Casi simultáneamente  Klaus y Kennell publicaron un libro  sobre las increíbles capacidades del recién nacido y la formación del vinculo con quienes lo crían.
Se destacaba la importancia de no separar al recién nacido y su madre en los primeros momentos de su vida, aun cuando requieran cuidados especiales con la ayuda de enfermeras.

Para América fue el renacimiento del Alojamiento Conjunto del Recién Nacido con su madre y la participación familiar en los cuidados del recién nacido en Cuidados Especiales.
Con ellos nace el concepto pediátrico de la construcción del apego entre el recién nacido y quien o quienes lo cuidan (bonding)  desde los primeros minutos de vida.

A finales de la década del 70, agregaron  un nuevo concepto central en perinatología, la importancia de quiénes cuidan a la madre y recién nacido.
Su énfasis fue en las personas que acompañan a la madre durante el parto.

La creciente incorporación del parto en el ámbito institucional en la primera mitad de siglo XX en los países industrializados resultó en mayor seguridad de las madres y los recién nacidos,   con la consecuente  disminución de la mortalidad materna y neonatal.
Sin embargo se fueron produciendo efectos indeseables sobre la continuidad del trabajo de parto que generaba sucesivas instancias de stress, al cambiar de ambiente varias veces desde el  inicio al momento del nacimiento.

Klaus y Kennell percibieron que la presencia de una persona cercana a la madre como acompañante continua de ese proceso era altamente beneficiosa, y podía resolver la dificultad que planteaba el  hospital maternidad moderno. Era el apoyo social que antropológicamente estaba en el parto a través de la breve historia de la humanidad en todas las culturas.

La palabra Doula fue incorporada entonces por Klaus y Kennell para distinguir a aquella persona que acompaña aun sin tener una función institucional especifica en los cuidados obstétricos modernos.
Doula en griego  quiere decir algo así como  ¨sirvienta"  o ¨acompañante¨  y fue sugerida por un colega griego conocido de ellos. Sería la persona a cuya casa se mudaba la futura madre previo al parto y se quedaba unos días después. 

Hubo varios estudios clínicos aleatorizados que sustentaron la importancia médica de ese concepto.
Si bien era también un tema de derechos, la reducción de la indicación de cesárea en las madres que estaban acompañadas por la Doula, le dio mayor trascendencia en el ámbito de los servicios de salud.

Luego del lanzamiento de la idea,   Marshall y Phillis Klaus (psicologa ) escribieron el libro de las Doulas que le llamaron  ¨Mothering the mother¨  reiterando   la frase de la antropóloga americana  Margaret Mead quien había sostenido que la madre debía ser protegida por otras madres mientras cuidaba a su recién nacido.

Una historia tal vez poco conocida sobre Klaus y esta idea ocurrió en los años siguientes cuando se buscaba la forma de no continuar incrementando  el número de cesáreas.
Un famoso escocés, que se llamaba O´Driscoll tenía un método de infusión de oxitocina que aseguraba era tan sistemático y efectivo que cuando quería lograba el parto en pocas horas. 
Marshall Klaus lo fue a visitar, y luego de ver como las midwives escocesas colocaban la infusión con las bombas de jeringa y lograban que la madre llegara rápido al expulsivo, se reunió con O´Driscoll para felicitarlo y darle su humilde punto de vista.

Este relato lo recuerdo de una conversación con Marshall, mientras yo era fellow en su Departamento en 1979.
Algo novelada, la conversación pudo haber sido así:

MK  ¨Me parece magnífico su método y Ud sabe que nosotros los americanos también tenemos mucho interés en desarrollarlo…

¨O´    ¨Pues con la enorme capacidad tecnológica que Uds tienen seguramente lo lograran¨

MK   ¨Lo dudo, pues ya lo hemos intentado, pero hemos fracasado rotundamente¨

O´    ¨¿Por qué?¨

MK    ¨Tal vez Ud no lo sepa pero antes que Uds., nosotros hemos realizado inducciones monitorizadas con cardiotocógrafos de última generación y con infusiones a flujo continuo pero con eso aumentamos la tasa de cesárea¨

O´   ¨Deberían entonces comprar nuestra tecnología, tal vez sea más segura¨ replico O´Driscoll

MK  ¨Por supuesto, de eso se trata, pero sería muy complejo llevarnos a vuestras parteras y que se queden al lado de nuestras madres, como lo hacen aquí¨

 Marshall Klaus descubrió que O´Driscoll no se había percatado...

Sus "midwives" no se separaban en ningún momento de las madres luego de colocar la infusión y ellas mismas atendían el parto. La compañía durante el parto era la mejor garantía para no interrumpir mil veces el proceso de parto, con la colocación del orinal, la higiene del cuarto, el tacto vaginal por el médico de guardia, y tantas otras de las más de tres o cuatro interrupciones por hora que ocurren en la  intimidad del trabajo de parto...

Doula, o como  le quieran llamar,  es alguien que frena el mundo exterior moderno y permite parir en paz

Dr. José Luis Diaz-Rossello
Médico uruguayo especializado en pediatría perinatal y comportamiento humano.
Docente, colaborador en investigaciones de Caldeyro Barcia en Uruguay y de Marshall Klaus en Cleveland en los comienzos de la perinatología moderna.
Actualmente vive en Uruguay dirigiendo una Unidad de Neonatología, realizando docencia,  investigación y tareas asistenciales, luego de dedicar más de 30 años a la cooperación técnica internacional en la mejoría colaborativa de los servicios de atención perinatal, en más de 35 países de la Región de América y el Caribe como funcionario de la Organización Panamericana de la Salud-OMS.



sábado, 9 de julio de 2011

Bruce Lipton: la biología de la creencia

 
Bruce H. Lipton, es doctor en biología celular por la Universidad de Virginia (1972). Ha sido profesor e investigador en varias universidades y colegios universitarios de diversos países. En la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin desarrolló diversas investigaciones, algunas de ellas sobre el entorno como regulador de la actividad génica, consideradas como precursoras de la epigenética.

Lipton se convirtió en uno de los pioneros en la investigación con células madre, concretamente sus estudios se centraron en los mecanismos moleculares que controlan el comportamiento celular.  Una técnica de trasplante experimental desarrollado por el Dr. Lipton y su colega, el Dr. Ed Schultz, fue empleada más tarde como una nueva forma de ingeniería genética humana.

En la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, se convirtió en un vehemente partidario de la nueva biología, siendo un pionero del estudio científico de la biología celular, Sus experimentos, junto a los de otros investigadores en el campo de la biología, han examinado minuciosamente los mecanismos mediante los cuales las células reciben y procesan información.

Ha impartido enseñanza sobre biología celular, histología, anatomía humana, fisiología, embriología médica, biología fractal, biología de la conciencia, biología de la medicina complementaria e inmunología.
Además de numerosos artículos científicos, publicados en las más prestigiosas revistas de ciencia norteamericanas, ha escrito y también colaborado en diversos libros, algunos de ellos textos académicos. También ha participado y participa en numerosos documentales, programas de radio y televisión, cursos y talleres, además de una intensa actividad como conferenciante.

Se le ha concedido el premio al mejor libro de ciencia en 2006, por la USA Book News, y el Premio Goi a la paz por la Goi Peace Foundation (Tokyo, Japón), en 2009.
Pertenece a la American Association for the Advancement of Science (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia) y a la Association for Prenatal and Perinatal Health and PsychologyHa realizado numerosos estudios en torno a la vida intrauterina.



jueves, 7 de julio de 2011

Revitalizar relaciones


Tiempo de descanso... y la ocasión ideal para dar un salto en nuestra comunicación y mejorar nuestras relaciones afectivas. ¿Vacaciones para desconectar o reconectar?
Por Ferran Ramon-Cortés (EPS)

Cenaba hace unos días con unos compañeros de trabajo para despedir el curso laboral y celebrar la llegada del verano. Empezamos a hablar de las vacaciones, y enseguida surgió la palabra mágica: desconectar. Todos expresamos nuestra particular ansia de desconexión, hasta que le llegó el turno a un compañero, que, tras escucharnos a todos, nos dijo: “Yo lo que de verdad necesito estas vacaciones es reconectar. Porque inmerso en mi día a día, con jornadas de trabajo de 14 horas y fines de semana llenos de actividades metódicamente programadas, me siento cada vez más lejos de los míos: de mi mujer, de mis hijos, de mis amigos...”

Relaciones que se desdibujan. “Somos tan felices como nuestras relaciones lo sean” (John Powell)
En nuestro ajetreado día a día, nuestras relaciones se resienten de la crónica falta de tiempo para atenderlas, pero también, y de forma importante, de la superficialidad en nuestros encuentros y de la falta de sustancia en la comunicación.
Como afirma el profesor Sebastián Serrano, en el agobiado mundo en que nos movemos, vivimos bajo mínimos en los niveles de afecto. Y eso es letal para cualquier relación.
Ahora llega nuestro tiempo de descanso, podríamos aprovecharlo para mimar un poco nuestras relaciones, reforzarlas, hacer crecer nuestros vínculos de amistad y afecto, y situarlas en un nivel superior, de manera que no tengamos que temer por ellas cuando nos toque volver a la “normalidad”.
Como nos asegura John Powell, el éxito o el fracaso en las relaciones humanas viene principalmente determinado por el éxito o el fracaso en la comunicación. Parece, pues, que nos convendría prestar especial atención a cómo y cuánto nos comunicamos si queremos ver crecer nuestras relaciones. Será el ingrediente básico que las revitalice y las despierte del letargo y que nos permita recuperar parcelas de felicidad.
Tendremos relaciones con sustancia si somos capaces de dotar de sustancia nuestra comunicación. Pero ¿cómo hacerlo? Distinguimos cinco niveles de comunicación que tienen un efecto muy distinto en la relación. Profundizar en estos niveles, y ser capaces de llegar al quinto nivel en algunas relaciones que tienen un especial significado para nosotros, será el camino a recorrer.

Primer nivel: Hablamos de “cosas”. Se trata de la clásica conversación de ascensor. Hablamos del tiempo, del ruido de las obras de los vecinos o del último estreno de la cartelera. La mayoría de las veces nos limitaremos a expresiones tópicas, a frases hechas desprovistas de toda intención comunicativa. En este estadio, lo único que hacemos es reconocernos mutuamente nuestra presencia y llenar un silencio que nos incomoda. Todos somos conscientes de la superficialidad de la interacción, y por eso no se nos ocurre contestar sinceramente a las preguntas de cortesía como por ejemplo: ¿todo bien?, o ¿qué tal la familia? No compartimos nada de nosotros en este estadio, hablamos, pero no nos comunicamos en absoluto. Es un nivel neutro, que ni nos ayuda ni nos perjudica.

Segundo nivel: Hablamos de los otros.  No nos atrevemos aún a hablar de nosotros, y por ello elegimos a terceras personas como sujeto de conversación. Hablamos de los que no están presentes comentando sus vidas, sus anécdotas, o haciéndonos eco de comentarios que hemos oído. En este nivel sigue sin haber un verdadero intercambio, y no es ni tan siquiera neutro: a la larga, contamina las relaciones.

Tercer nivel: Hablo de mí. Lo hago descriptivamente: quién soy, cuántos hijos tengo, dónde trabajo…, incluso puedo manifestar algunas opiniones. Es como sumergir el pie en la piscina para comprobar la temperatura del agua antes de tirarme. En realidad, estoy comprobando la respuesta de los demás, viendo cómo reaccionan a mis palabras y si me corresponden o no. Pero existe un riesgo: fácilmente puedo acabar diciendo lo que los demás esperan oír de mí, simplemente para ganarme su complicidad. Este nivel es un preámbulo a la comunicación. Necesario en muchos casos, pero no suficiente.

Cuarto nivel: Hablo de mis sentimientos. Comunico lo que siento. Aquí empieza la comunicación de verdad. Permito que me conozcan tal como soy. Empieza por tanto un intercambio de gran calidad. Sólo tiene un pequeño inconveniente, y es que yo puedo estar contándote mis sentimientos, y tú los tuyos, pero no necesariamente tienen que tener ninguna relación. Estaremos intercambiando comunicación, pero no estableciendo propiamente un diálogo. Todavía nos queda recorrido.

Quinto nivel: Hablamos de nuestros sentimientos interpersonales. Qué siento yo respecto a ti y qué sientes tú respecto a mí. Cómo me afecta tu vida y cómo afecto yo a la tuya. Si me das energía o me la quitas, si me levantas el ánimo o me siento mal a tu lado… Se trata de la comunicación en mayúsculas, la que hace crecer una relación, el verdadero diálogo. Es el nivel que supone complicidad, comprensión y acercamiento.

“Auditoría” de nuestras relaciones. Sería interesante valorar a qué nivel nos relacionamos habitualmente y a qué nivel podemos llegar con cada una de nuestras relaciones más próximas. Una vez hecho el diagnóstico podemos decidir cuáles queremos y nos determinamos a llevar más lejos.
Deberemos necesariamente ser selectivos, pues hacerlo con todas ellas nos agotaría. Pero hacer la “auditoría” nos puede dar muchas pistas y nos puede ayudar a descubrir relaciones que tenemos en la vía muerta, y los motivos por los que están en este letargo.

Respetando la simetría de la relación. Debemos evitar en todo momento “saltos al vacío”, tomando una relación que se desarrolla en un nivel absolutamente intrascendente (nivel 1) y llevándola de golpe al sentimiento interpersonal (nivel 5). Corremos el riesgo de desconcertar a la otra persona, y que no estando dispuesta a ponerse a nuestro nivel, simplemente escape corriendo. Es importante no dejar que haya grandes asimetrías en la relación, que avancemos paso a paso y que nos aseguremos que el otro también avanza. Una cosa es llevar la iniciativa, y otra, desbordar al otro.

“Excursiones” al quinto nivel. Es evidente que no podemos pretender establecer relaciones que se desarrollen sólo y por sistema en el quinto nivel: supondría un nivel de permanente transcendencia agotador, y probablemente no hay relación que tuviera tema para estar siempre en este nivel.
Lo interesante es llegar a él en ocasiones, y saber que podemos –si lo queremos o necesitamos- llegar a él. Dialogar los sentimientos interpersonales es el único camino para solucionar un conflicto. Es bueno, por tanto, hacer idas y venidas en cada nivel, pequeñas excursiones al nivel quinto para mantener el canal abierto, y eso sí: el primero y el segundo, ¡evitarlos!

Oxígeno para las relaciones. Éstas son algunas de las cosas que podemos hacer este verano para revitalizar nuestras relaciones, hacerlas crecer o, simplemente, sacarlas del letargo:
1.     Menos actividades y más encuentros. Planifiquemos tiempo para compartir con los nuestros. Sin actividad de por medio. Sin horarios ni prisas. Simplemente, para dejar que fluya la conversación.
2.    Cenas a solas con cada hijo. O con cada amigo. Busquemos ocasiones para compartir de tú a tú una buena conversación sin espectadores.
3.    Estar con los ojos muy abiertos. No dejar pasar signos que nos piden a gritos “una hora de amistad, complicidad o ternura”.
4.    Conquistar una nueva relación. Buscar una relación que nos apetezca llevar más lejos, por intuición, o porque nos parece especialmente interesante, y llevar la iniciativa. En la mayoría de los casos habrá correspondencia.


http://www.rbalibros.com/ferran-ramon-cortes-muntaner_autor-1207-es.html

lunes, 4 de julio de 2011

Abrazo


Mi primera incursión en el mundo de los foros, fue en uno de maternidad responsable donde se debatía sobre la crianza “natural”.
El primero de los hilos que me impresionó y por el que, seguramente, me enganché fue el de una joven madre que contaba cómo tras su embarazo, y a consecuencia de un desprendimiento de placenta que la condujo a una cesárea de urgencia, había perdido a su bebé ya a término.

Algo más allá de mi entendimiento me hizo conectar con esta mujer y ahí comenzó una bonita relación virtual. Me maravillaba su entereza, su ánimo para darle a ese hijo no nato el lugar que le correspondía. Compartimos su tristeza y su rabia, su dolor y su pena.  Sus historias personales, familiares… Desde mi escucha, cariño y empatía recorrí con ella un breve camino hasta que, de nuevo, quedo embarazada.

No llegué a entender por qué… quizás algunos agobios, los miedos de nuevo, tal vez los dolorosos recuerdos o puede que circunstancias ajenas y desconocidas… pero poco a poco dejó de contestar a mis misivas. Y un día entendí que no debía de escribirle más.
Seguí su embarazo,  paso a paso, a través del foro donde ella lo relataba… cómo el bebé crecía con normalidad, sus planteamientos frente al parto que se avecinaba.  Pregunté por ella a algunas de las chicas que la conocían. Todo marchaba bien. El bebé nacería en agosto.